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Temas del Laicismo Chileno |
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La Construcción Ontológica de la Derecha Postmoderna. Angel Morales Figueroa [...]
Lo contrario del pensamiento es el estado de adormecimiento de quienes
reducen el mundo común a un mundo propio, esto es, a un mundo de meras
sensaciones[...] Heráclito
de Éfeso, Fragmento 89 En
tal sentido, los principios del ser humano, los cuales emanan obviamente
de su propia naturaleza en sociedad, se van transformando en el soporte
central para la consecución de una Nación más justa, equitativa y
libre, capaz de ofrecer a todos los ciudadanos la posibilidad real y
concreta de realizar sus proyectos de vida, y disfrutar así del
desarrollo social, material e intelectual necesario como para que puedan
ser felices en esta vida. La
pretensión de este artículo es
poder llegar a abrir la discusión entorno a la construcción ontológica
(1) de
la derecha política de nuestro país, como así también el ofrecer un
diagnóstico crítico de un “enfermo terminal” llamado Alianza por
Chile. Para esto me basaré en diversos artículos y autores, e intentaré
demostrar que se ha errado intencionadamente el camino hacia la
conformación de una sociedad más libre, justa y democrática, optando
por mantener las relaciones de poder y el mapa político actual que
sirven solamente a los intereses de unos pocos. En definitiva, en este
artículo lo que pretendo es ayudar a que los lectores se formen una
visión integral sobre lo que es la derecha postmoderna chilena y sus
actuales problemas valóricos. Como
muchos de los lectores de este artículo sabrán, la
constitución ontológica del mapa político chileno se gestó a partir
de las ideas de grandes maestros de la economía, el derecho y la política.
Sin embargo la dotación intelectual de una persona y su capacidad de
raciocinio no aseguran que sus ideas vayan a estar en directa correlación
con la búsqueda del bienestar social. Pienso al respecto en personajes
como Milton Friedman, economista de la Escuela de Economía de la
Universidad de Chicago, quien ideologizó teóricamente el modelo económico
neoliberal actual, sirviendo Chile como laboratorio indicado para probar
las “recetas” económicas norteamericanas dada la crisis política
de la cual proveníamos y el estallido financiero que detonó en nuestro
país a inicios de la década de los ´80. Para ello se creó un nexo
estratégico entre la Universidad de Chicago y la Pontificia Universidad
Católica de Chile bajo el alero de algunos “próceres” de la patria
como Sergio de Castro, Miguel Kast, Jaime Guzmán y el mismísimo Joaquín
Lavín. Esto sin mencionar por cierto la gestación y posterior aplicación
de aquél texto de cabecera de los tecnócratas de la época, denominado
“El Ladrillo” (publicado en mayo de 1973), el cual se constituyó en
la base de las políticas económicas del Gobierno Militar hasta el
desplome de la banca nacional en 1982. Fue luego de este descalabre
financiero que comenzaron a implementarse las políticas neoliberales
provenientes del país del Norte, las que dieron paso al oscuro proceso
de privatización de las empresas estatales a partir del cual se
emprendió la construcción, en términos ontológicos, la derecha
postmoderna en nuestro país (2). La
Política en la Era Capitalista. Como
bien sabemos, en los ’80 el concepto de postmodernismo inundó con
bastante éxito las aulas universitarias y las casas matrices de los
medios de comunicación masivos. Aunque su aparición como fenómeno
cultural fue anterior a los conflictivos años ’80, el postmodernismo
alcanzó su cuota de mayor aceptación social en la década pasada,
revolucionando el mundo del pensamiento, de las artes, la literatura, la
cultura y hasta el propio mapa político de Occidente.
En
términos filosóficos, el postmodernismo se convierte en el paradigma
del pensamiento “infértil”, de la ruptura con los llamados
pensamientos fuertes que, como el liberalismo (y su derivado por
antonomasia: el neoliberalismo) y el marxismo, constituyen sistemas de
ideas que intentan abarcar la globalidad de la existencia social y
humana en este mundo. Fue
a mitad del pasado Siglo XX, en que el postmodernismo se transformó en
un pensamiento de tipo inimitable, indesmentible e infranqueable, afianzándose
así como la “nueva filosofía política” de la era contemporánea,
realzando los incentivos perversos del mercado y convirtiéndose de esta
manera en el principal soporte ideológico del neoliberalismo global. El
pensamiento único se presenta de manera indirecta como sucesor
umbilical del postmodernismo político occidental. La diferencia
sustancial es que el pensamiento único es una ideología cerrada y
totalizadora, la cual se autoafirma presentándose con la autoridad de
lo indiscutible. Caído el muro de Berlín, no habría ya otra
alternativa que la globalización capitalista y su puesta en práctica a
escala internacional a partir de la firma del Tratado de Washington en
el año 1949 (3). En
relación a lo anterior, para el polémico y controversial docente de la
Universidad de Chile, Carlos Valenzuela Yuraidini (4), en la historia de
la humanidad se han gestado numerosas globalizaciones. La más extendida
es la cristiana, pero también está la islámica, la judía, la
hinduista y la budista. El materialismo gnóstico (religión muy
poderosa, que se inicia con el racionalismo e ilustración francesa)
generó dos globalizaciones que curiosamente nacieron juntas a mediados
del siglo XIX: el Liberalismo (teorizado por Juan Calvino durante el
Siglo XVI), y el Materialismo Histórico (elaborado por Marx Y Engels en
el Siglo XIX) (5). Del
carácter despótico de la democracia chilena Como
algunos saben, uno de los más destacados estudiosos de la democracia
chilena ha sido Felipe Portales (6), quien expone magistralmente en sus
textos la idea de que la identidad republicana está plagada de fuertes
características autoritarias, las cuáles son en su mayoría un legado
de la conquista española. La violencia, el despojo, y la muy
cuestionable superioridad del más fuerte, brotan de la
institucionalidad política de Chile. La oligarquía nacional consolidó
un régimen sociopolítico a su imagen y semejanza, el cual se fue
perfeccionando paulatinamente durante más de un siglo, hasta 1958,
cuando se proclamó la Ley de Cédula Única, que además de establecer
que en Chile existiría un sistema democrático, con sufragio universal,
igual, secreto y libre, impediría que los patrones compraran el voto de
sus trabajadores. Portales
asevera a su vez que antes del año 1958, y bajo un ropaje democrático,
teníamos en Chile una estructura fundamentalmente autoritaria, clasista
y excluyente que comenzó a entretejerse a partir de la Conquista. Si
bien hubo avances importantes en términos del buscar eliminar la
autocracia nacional, en el siglo XIX se instauraría una República Oligárquica,
a la cual luego se integrarían sectores de clase media hasta 1958. A
partir de 1958, según Portales, se observa un crecimiento importantísimo
de la izquierda y del centro, como por ejemplo la Democracia Cristiana.
Sin embargo, lamentablemente estos partidos no lograrían estructurar
una democracia plena porque básicamente se destruirían entre sí. Lo
que culmina con el golpe militar de 1973, es un despilfarro histórico
de sectores de centro-izquierda, que son incapaces de darse cuenta de
los intereses comunes que tienen y privilegian la construcción de utopías,
de modelos muy radicalizados, que lo único que hacen es servir a los
intereses de la derecha que nunca, desgraciadamente, ha asumido los
valores democráticos en Chile. Felipe
Portales afirma tajantemente que la matriz social de Chile (que viene
dada desde la Época de la Conquista), es una matriz clasista, racista y
común en América Latina. Pero que en el caso de Chile tiene características
más notorias (propias de la guerra de Arauco), que generó una
mentalidad bélica propiamente tal. Chile era un país muy remoto, donde
se podían hacer actos infames sin que se tuviese control alguno sobre
ello. En ese sentido, se genera una estructura injusta en términos
sociales y una composición étnica sumamente traumática. Hay un
mestizaje mayor que en otros lugares de América Latina, pero a la vez
mucho más violento, mucho más agresivo. Esta contradicción entre la
teoría y la práctica, que se manifiesta en que la ley se acata pero no
se cumple, es una característica fundacional de la Conquista Española.
Esto se expresa a lo largo del siglo XIX en una República Democrática,
que en el fondo es una bella envoltura de una estructura muy
autoritaria. Nuestro país siempre ha sido más ordenado que el resto de
los países de América Latina, pero esta eficacia cívica tiene
connotaciones muy negativas. Sin
embargo, Portales sostiene que el desplome de ese breve periodo democrático,
entre 1958 y 1973, permitió la reinstalación en nuestro país de los cónclaves
autoritarios que históricamente nos han regido. La dictadura y sus
mentores intelectuales establecieron el actual orden social en Chile,
caracterizado por la represión (por sobre la educación), el
confesionalismo político-religioso, la desigualdad económica, la falta
de libertades individuales y la escasez de oportunidades. Dicho modelo
ha sido perpetuado por la Concertación hasta nuestros días,
materializado en la existencia de innumerables modos de control social,
y la imposibilidad casi absoluta de poder romper para siempre las
ataduras antidemocráticas de la Constitución que nos dejó como legado
el Régimen Militar, lo cual no hace más que eternizar el término
definitivo de la transición a la democracia y nos somete una vez a la
concentración del poder en manos de unos pocos (7). En
conclusión, para Felipe Portales, aún no podemos decir que nuestra
democracia es un sistema sólido y bien constituido, puesto que hoy en día
tenemos un modelo nominal-representativo. En términos de la Constitución,
contamos con una Carta Fundamental despótica, opresora y abusiva, y
todo un sistema en el plano económico, normativo y social que es básicamente
el que nos dejó como herencia política el gobierno del Régimen
Militar en Chile (8). La
erosión intelectual de la derecha en Chile En
varias conversaciones sostenidas por Ignacio Ramonet (Director de Le
Monde Diplomatique Francia) con el mítico Marcos en México (9),
se va develando de la idea de de que la globalización ha sido
posible gracias a dos revoluciones mediáticas: la tecnológica y la
informática, dirigidas ambas desde sus inicios por el poder financiero.
De la mano, la tecnología y la informática, han hecho desaparecer las
distancias y han roto todas las fronteras, quedando como única zona
“vírgen” nuestro Estado-Nación. Si la tecnología y la informática
han unido al mundo, el poder financiero que las usa lo está quemando a
fuego lento. Dado
lo anterior, inicio la entrada a uno de los principales focos de atención
que tiene por objeto este artículo: el mundo “intelectual” de la
derecha en Chile. Por lo mismo, es a partir del fenómeno de la
globalización que podemos afirmar que el mundo ha cambiado
radicalmente, por ende las funciones de los intelectuales también han
sido modificadas. En su lugar, una nueva generación de “entelequias
pensantes” habrá de emerger, los cuales tendrán a su vez nuevas
funciones que realizar dentro de sus quehaceres intelectuales. Sin
embargo, al igual que la globalización, los intelectuales están ahí,
son una realidad de la sociedad moderna, y su “estar ahí” no se
limita a la época actual, sino que se remonta a los primeros pasos de
la humanidad. Ahora
bien, los intelectuales no poseen una definición conceptual precisa
sobre lo que los constituye como tales. Sin embargo, al intentar definir
la “función intelectual”, podríamos decir que
consiste en determinar críticamente lo que se considera una aproximación
satisfactoria al propio concepto de verdad, pudiendo esto desarrollarlo
cualquier individuo en tanto cuanto no reaccione ante los
acontecimientos observados con pasión, sin imponer la “criba” de la
reflexión, tal como lo
expone Umberto Eco (10) en su
texto Cinco escritos morales (1998).
Si esto es así, entonces el quehacer intelectual debe ser
fundamentalmente analítico y crítico en su concepción original.
Frente a un hecho sociopolítico por ejemplo, el intelectual analiza lo
evidente, lo afirmativo y lo negativo, buscando lo abstracto. El
intelectual busca entonces poder exhibir, es decir, comunicar, develar y
denunciar, todo aquello que no es públicamente evidente. Para
Umberto Eco la función intelectual se ejerce siempre con adelanto o con
retraso a los hechos que, se están por dar o que se han dado en el
mundo. Por lo tanto, los intelectuales raramente reaccionan a partir de
lo que está sucediendo, principalmente por razones de ritmo temporal,
puesto que los acontecimientos son siempre más rápidos y acuciantes
que la reflexión sobre los hechos en sí mismos. De esta manera la
función del intelectual sería la de transformarse en una especie de
conciencia incómoda, indiscreta, atrevida, insolente e impertinente de
la sociedad. Es
aquí donde se da origen a la histórica división entre intelectuales
progresistas y reaccionarios, o puesto de otro modo, entre intelectuales
de izquierda e “intelectuales” de derecha. De esta manera, mientras
los progresistas siguen en la crítica a la inmovilidad, a la
permanencia, a la hegemonía y a lo homogéneo, los reaccionarios
enarbolan la crítica al cambio de fondo, al movimiento, a la rebelión
y a la diversidad. El intelectual reaccionario olvida su función
intelectual, renuncia a la reflexión crítica y su memoria se recorta
de modo que no hay pasado ni futuro, tan sólo presente, ya que este sería
el único plano temporal factible de ser analizado según ellos. Una
de las críticas más agudas hacia la derecha es que se han convertido
con el paso del tiempo en un grupo de observantes pasivos e
intelectualmente estáticos, que solo realizan inferencias tecnocráticas
de la realidad social a partir de datos muestrales observados. Por otro
lado, es sabido que los llamados “Think Tanks” (centros de estudios
e investigación) tienen hoy un carácter casi dogmático en las
sociedades modernas como la nuestra puesto que de ellos emergen los
nutrientes básicos del modelo neoliberal, por intermedio de complejos
estudios que van en una dirección “políticamente correcta” para el
mercado, buscando con esto poder darle mayor validez al sistema
socioeconómico imperante en gran parte del Cono Sur. Ciertamente,
el argumento de lo inevitable se presenta hoy como un paradigma social
invariante llamado “globalización neoliberal” (o pensamiento único),
es decir, la traducción en términos ideológicos y con pretensión
universalista de los intereses de un conjunto de fuerzas económicas, en
particular, las del capital financiero internacional. En tal sentido,
configuraciones absolutistas como las del fin de la historia, la
omnipresencia de organismos multilaterales y la omnipotencia del dinero,
cobran una inusitada importancia en nuestros días, estableciéndose el
presente como único futuro posible. Esto sin tomar en cuenta la
existencia de un cúmulo de externalidades negativas propias del modelo
económico global, como por ejemplo, las desigualdades en las relaciones
de poder, la justificación de la sobreexplotación humana y ambiental,
el racismo, la usura, la corrupción, la intolerancia, la injusticia y
la exclusión social. Este
nuevo paradigma social implica que las noticias y la información se
presentan en la evidencia de su inmediatez, por tanto es real lo que se
nos muestra, consecutivamente es verdadero lo que vemos, y de esta
manera la imagen termina por constituirse en lo único cierto. Ya
no hay lugar para la reflexión crítica, a lo sumo hay espacio para
“opinólogos” que completen la lectura de la imagen vista. Por ende,
en esta era, lo visual no está hecho solo para ser visto, sino que para
entregar conocimiento, verdades absolutas, teorías divinas, doctrinas
fundamentalistas, dogmas de fe, representaciones incuestionables,
realidades paralelas y mundos que nos son ajenos. Es
evidente que en una época como la actual, el “intelectual” de
derecha ni siquiera tiene
que ser original, puesto que el reaccionario ya tiene internalizada la
mecánica capitalista. En esta misma línea y según lo propuesto por
Andrés Monares en su ensayo titulado Reforma
e Ilustración (publicado por Editorial Universidad Bolivariana, Año
2006), los “sacerdotes” de
la teología neoliberal seleccionan a jóvenes estudiantes provenientes
de las mejores universidades del país, para marcarles en la frente la
cruz de los principios anglosajones. Y sin problema alguno estos
“sacerdotes” les introducen en la boca mordazas sonoras, que a su
vez generan pastosas palabras que se adhieren a sus dientes,
falsificando sus mentes y corrompiendo sus espíritus. En
esta era capitalista es fácil que florezcan grupúsculos fácticos que
buscan emplearse a fondo en elogiar al ideario neoliberal proveniente de
las mentes de los llamados “intelectuales” reaccionarios, implicados
subyacentemente en las relaciones de poder que dominan y someten al
mundo a los intereses de los oligarcas. Estos miembros del estamento señorial,
buscan reprimir sistemáticamente cualquier intento de reflexión en
nombre de la “moral”, la “modernidad”, la “realidad”, y la
“razón”, que afirman el carácter ineludible de la evolución
actual de las cosas, predicando el justo destierro de los críticos del
sistema actual, arrojando a las tinieblas de lo irracional a todos
aquellos que se nieguen a aceptar que el estado natural de la sociedad
es el libre mercado. En
el libro de conversaciones con Ignacio Ramonet se reafirma todo lo
anteriormente expuesto, señalándose a su vez que: “Lejos de la
reflexión, del pensamiento crítico, los “intelectuales” de derecha
se convierten en los pragmáticos por excelencia, destierran la función
intelectual y se transforman en ecos del modelo social mediático,
niegan a quienes piensan en una sociedad distinta, castigan a los que
buscan transformar la realidad, someten a la sociedad a sus recetas
cortoplacistas, y por sobre todas las cosas, reprimen el libre
pensamiento de los seres humanos.” Queda
de manifiesto entonces que los “intelectuales” de derecha alteran
voluntariamente su esencia, adquiriendo así nuevas y amplias
“virtudes”, es decir, se convierten en entes impetuosamente pusilánimes
y complejamente triviales. En el estado actual de la sociedad, los
reaccionarios fácilmente pueden ostentar una impetuosa pusilanimidad y
una compleja trivialidad, dado que la preeminencia absoluta del poder
financiero los mantiene protegidos en pomposas “torres de marfil”.
Por esto, la derecha “intelectual” se ha vuelto peligrosamente
intransigente con sus detractores. Por otro lado, el ingreso a estas
majestuosas “torres de marfil” no es nada fácil, puesto que hay que
renunciar a la imaginación crítica, a la autocrítica, a la
inteligencia, a la argumentación, a la reflexión, y optar finalmente
por el nuevo credo universal: el capitalismo neoliberal. A
estas alturas ya se pueden sacar algunas conclusiones, como por ejemplo,
el hecho de que el nuevo “intelectual” de derecha tan sólo se
preocupa de ejecutar labores que refuerzan la idea de que el libre
mercado es el óptimo social al cual una Nación en vías de desarrollo
como la nuestra puede llegar. Se niega toda posibilidad de poder crear
nuevas realidades en el largo plazo, pasando de la palabra a la imagen,
de la discusión a la mercantilización, y de la reflexión al
comentario televisivo. Como vemos, el reaccionario ni siquiera tiene que
esforzarse por legitimar directamente un sistema totalitario, racista,
intolerante y excluyente como el nuestro, tan solo le basta con guiar
las corrientes del pensar hacia lo pragmático. Es
así como los “intelectuales” reaccionarios se han ido apropiando
profusamente de la doctrina neoliberal, a tal punto que hasta han sabido
sacarle partido a las externalidades negativas del modelo socioeconómico
para utilizarlos como anzuelo político en sus campañas electorales,
haciendo énfasis en problemáticas nacionales como la delincuencia, la
seguridad ciudadana, y el desempleo, evitando así que la mirada de la
ciudadanía se centre en temas actualmente poco rentables en términos
políticos (y que afectarían por cierto al estado actual de las
relaciones de poder), como por
ejemplo, la reforma al sistema electoral binominal, el cambio del
sistema previsional
y el modelo económico capitalista que hoy
existe. Es
por lo mismo que, con una cara moderna y remozada, la derecha en Chile
adopta una postura acomodaticia y se empecina en conquistar espacios de
centro. Esto les ha sido posible porque se han esforzado en construir
una nueva imagen neopopular, alejada de su pasado violento y
autoritario, y más cercana a una ciudadanía carente de estabilidad
socioeconómica, amenazada por los perjuicios del modelo social y
errante en un sistema de sociedad que siente ajeno. De
la animadversión popular hacia la “elite intelectual” En
Chile han existido diversos grupos fácticos de conservadores religiosos
que históricamente han sabido sacar partido de la animosidad que las
capas bajas de la población experimenta en contra de las elites de
intelectuales, esto para poder proteger a los detentores del poder y
dirigir su ira contra estos personajes ilustrados, presuntamente
hostiles a la gente humilde y sencilla. De esta manera se llega a
conceptualizar lo que Pierre Bourdieu (11) llamó “racismo de la
inteligencia”, para referirse a este recurrente fenómeno social que
se aloja en el seno de las minorías instruidas en relación al vulgo,
es decir, a las “masas sociales populares”. Desde
tiempos inmemoriales, los poderes económico-religiosos en Chile se han
preocupado de etiquetar a los intelectuales como entes desdeñosos de la
moral y partidarios de concentrar el poder en manos de quienes poseen
mayores conocimientos. Dado esto, la derecha fundamentalista ha buscado
proletarizar su imagen, interpretando el registro de la guerra de
subculturas ciudadanas a nivel de naciones por intermedio de los más
sofisticados métodos mediáticos. Asimismo,
[...] todos los temas sobre los cuales la derecha insistiría más tarde
ya se dejaban ver en el libro del ultraconservador William F. Buckley,
como por ejemplo el relativismo moral, el estado burocrático, y la
subversión de los intelectuales. Por aquél entonces, uno de los
ingredientes fundamentales del discurso republicano de las décadas
siguientes era la justificación pseudo democrática de la desigualdad
de ingresos, por medio de la teorización de un “populismo de
mercado”, que mezcla gastos individuales y sufragio universal. De tal
forma, el poder financiero de
las grandes empresas respondería a la “voluntad” de un hombre común,
puesto que, en última instancia, provendría de la decisión de decenas
de millones de consumidores. En cambio, si la
intelillentsia pretende imponer al país su utopía igualitaria adosándose
a la burocracia del Estado, eso significa que la dictadura estaría
cerca. De esta manera el deber del pueblo es luchar contra los
intelectuales que no sueñan con otra cosa que con repartir las fortunas
entre todos [...] (12). Retomando
la idea de la globalización fragmentada, derivada de las conversaciones
de Ignacio Ramonet con Marcos en México, podemos corroborar que el
sistema de libre mercado se vende como el mejor de los mundos posibles,
invocando a la teología neoliberal para suplir con “dogmas” y
“fe” la falta de argumentos. Asimismo, el papel de los
“sacerdotes” neoliberales incluye el perseguir a los herejes, a los
mensajeros del mal y a las ovejas descarriadas, es decir, a los
intelectuales críticos del “mensaje divino”, y qué mejor forma de
combatir a estos sujetos críticos del sistema de sociedad que acusándolos
de “mesianismo” ideológico y doctrinal. Sin
embargo, si en algún lado hay “mesianismo”, es en la derecha
“intelectual” y tecnocrática. Las sectas de los intelectuales
neoliberales químicamente puros llegan a ser “mesiánicas” cuando
prefiguran la fatalidad de un universo basado en una verdad única e
indesmentible (el mercado único y la teología dominante), la cual nos
sentencia a un status quo
sempiterno. Hacia
un nuevo pensamiento sociopolítico. El
darwinismo macroeconómico que profesan los “sacerdotes” de la
teología neoliberal, tal como lo postula el biólogo Albert Jacquard en
su libro Yo acuso a la economía triunfante (publicado por Editorial Andres
Bello, Año 1996), busca imponer la selección natural de las economías
más fuertes y adaptables, excluyendo a grandes áreas geopolíticas
como África, que no han sido invitadas al gran juego de la globalización,
más que como meros espectadores. Por ende el problema socioeconómico
de países pobres o emergentes como el nuestro ni siquiera tiene que ver
con el de la redistribución de las riquezas sino que con el de la
redistribución de las relaciones de poder. En
tal sentido el profesor de ética Carlos Valenzuela sostiene que: “Un
régimen que redistribuyera la riqueza no serviría de nada, porque esta
iría de nuevo a parar a las manos de quienes tienen el poder. Por otra
parte, estamos en condiciones de reemplazar aproximadamente un 80% de
toda la actividad manual y gran parte de la actividad intelectual de los
oficios humanos. La estructuración social en base a la división del
trabajo no tiene sentido y es mantenida por los que tienen el poder político
y económico en este país, ya que de otra forma lo perderían para
siempre”
(13). Dado
este nuevo escenario el profesor Carlos Valenzuela nos plantea las
siguientes preguntas: ¿Es el ejercicio de la libertad igualmente libre
para todos? ¿Puede condenarse a la miseria a los seres humanos no bien
dotados de inteligencia, sagacidad y agresividad para competir en el
mercado, o a aquellos que no acepten por motivos éticos este sistema de
convivencia? La propuesta se vuelve aterradora al considerar países muy
estratificados como Chile. El acceso a la libertad, al mercado, a la
educación, a la salud, y al poder también están estratificados en
nuestro país, y no hay otro destino sino el que conlleva a que los
estratos altos se alejen cada vez más de los bajos ya que toda inversión
social de dinero se hará para adquirir más prestigio, poder o dinero.
Como sólo los estratos altos pueden hacer esta inversión no queda otra
cosa que entonces los estratos bajos se empobrezcan más y más, no sólo
en relación a los estratos altos, sino que en relación al
enriquecimiento promedio global esperado por el enriquecimiento de los
estratos altos, aunque su ingreso se vea aumentar en algunas unidades. En
esta misma senda, el profesor Carlos Valenzuela enuncia que: “La
libertad presupone la autonomía de su uso, y la llegada a la autonomía
puede ser muy diferente según los estratos, no por diferente dotación
genética, sino porque su ejercicio en el estrato bajo, el cual puede
ser hasta peligroso para la vida. La redistribución del ingreso no
puede realizarse sin una redistribución del poder para utilizarlo, lo
que implica una igualdad de oportunidades educacionales, que no es y no
será nunca el caso de Chile, a menos que se cambie su orientación
sociopolítica y cultural”. Por
lo pronto, en lo personal creo que debería expandirse íntegramente la
igualdad de oportunidades en nuestro país para poder dar el primer paso
hacia la transformación de la realidad sociopolítica de la Nación. De
esta manera serían la meritocracia, la voluntad de poder y el trabajo
los factores determinantes en la vida socioeconómica de cada chileno
(14), desterrando para siempre aquellos factores enajenantes que aún
determinan la vida de los cuatro primeros quintiles pertenecientes a la
actual estratificación existente en Chile, como por ejemplo, el origen
de cuna, el colegio del cual se provenga, o la situación socioeconómica
de la familia. Pero, ¿será esto posible dentro de un sistema de
sociedad basado en el capitalismo neoliberal actual? La
Igualdad de Oportunidades implica un compromiso social, un deber
comunitario de asegurar que todos cuenten con las herramientas
elementales y básicas para desarrollar sus potencialidades durante la
vida. En particular me refiero al acceso a educación de calidad, a la
atención médica integral, a la propiedad de viviendas dignas y por
cierto a condiciones laborales más humanas. Esto debe ir de la mano de
un proyecto país sustentable en el largo plazo, de carácter orgánico
e institucional, que vaya en ayuda de los grupos sociales mas
vulnerables, otorgándoles así una cobertura que les permita
sobreponerse a las condiciones adversas que a cada uno le ha tocado
vivir, permitiendo que la pobreza no vuelva a ser nunca más una
determinante social, sino tan sólo una condicionante temporal y
susceptible de ser superada. En
conclusión, espero haber satisfecho las expectativas generadas en los párrafos
introductorios de este artículo, principalmente en cuanto a mi intención
de poder abrir la discusión respecto de la construcción ontológica de
la derecha postmoderna en Chile, como así también en relación a la
presentación de un diagnóstico crítico vinculado al actual estado de
la Alianza por Chile, y finalmente en concordancia a mi pretensión de
haber intentado comprobar que la derecha chilena ha equivocado
intencionadamente la vía hacia la consecución de
una sociedad más libre, justa y democrática. A modo de
corolario podríamos decir que la nueva construcción “valórico-ideológica”
de la centro-derecha debería cimentarse en una dialéctica continúa
que recoja la experiencia de los hechos históricos, que analice críticamente
los contextos sociopolíticos, que contribuya a la evaluación dinámica
de la coyuntura nacional y que logre esbozar con responsabilidad el
futuro. Esta nueva plataforma ideológica tendrá que permanecer en
constante modelamiento, formación y evolución de tal manera que no se
transforme en una doctrina fundamentalista, ortodoxa e inmóvil sino que
permita poder generar nuevos imaginarios sociales y constructos políticos
viables para la consecución posterior de un proyecto país más democrático,
creíble y sustentable en el tiempo. __________________________ NOTAS: (1)
Del “ser”, y -logía. Ontología se refiere entonces a
aquella parte
de la metafísica que trata del ser en general y de sus propiedades
trascendentales; Diccionario de la Real
Academia de la Lengua, Vigésima Segunda Edición, Versión Digitalizada
para Internet, Año 2001. (2)
Véase el libro de María Olivia Mönckeberg, El
Saqueo de los Grupos Económicos al Estado chileno, Ediciones B
Chile, Marzo de 2001. (3)
Basado en el artículo de Javier García, Globalización,
Postmodernismo y Pensamiento Único, publicado en el folleto político
¿Qué es la globalización?, Julio de 1997. (4)
Médico cirujano, Doctor en Ciencias Exactas, Profesor
Titular de la Universidad de Chile de Genética, Ética y Epistemología.
Es Postdoctorado en Citogenética Teórica, París, Francia. Es
investigador y autor de diversas publicaciones científicas y sociopolíticas
no editadas de las cuales se han extraído las referencias hechas en
este artículo. (5)
Con
relación al Liberalismo Clásico, según el mismo profesor Carlos
Valenzuela, el “calvinismo” tiene algunos componentes gnósticos
especialmente en relación con la esfera socioeconómica y política. La
creencia de que la estratificación socioeconómica y la distribución
de la riqueza son de origen divino (proveniente de la captación directa
por la mente de los economistas), revela entonces lo que conocemos como
la “voluntad de Dios”. Dado que los “calvinistas” creen en la
predestinación, entonces el éxito económico es un indicador de elección
divina (se revela la Providencia Divina, que es captada directamente por
la mente humana). Como sabemos fueron sobre estas mismas ideas
“calvinistas” que se fundaron el mercantilismo, el capitalismo, y
el neoliberalismo global. (6)
Felipe Portales es Sociólogo de la Pontificia Universidad Católica de
Chile, autor de los libros “Chile: una democracia tutelada”,
Editorial Sudamericana (1999); y “Los mitos de la democracia
chilena”, Editorial Catalonia Libros (2004). (7)
El
profesor Carlos Valenzuela, parece concordar con las sentencias de
Felipe Portales al haber expuesto durante una conferencia realizada en
la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Chile (el primer
semestre del presente año), que: “El Problema de Chile es el de haber
sido fundado bajo tres sistemas de obediencia que funcionan
inexorablemente: el militar, el religioso y el patronal. Respecto a la
educación hay que revisar, desde la Conquista y la Colonia, el enorme
efecto que tuvieron las escuelas parroquiales y misionales para la
sociedad, posteriormente de los sistemas socializados de influencia
radical y autoritaria”. (8)
Entrevista realizada por Juan Pablo Cárdenas a Felipe Portales, para el portal Web de la
Radio Universidad de Chile (http://www.radio.uchile.cl), publicada
en Agosto de 2004. Las
referencias que prosiguen en relación a Felipe Portales también
provienen de dicha entrevista. (9)
Entrevista de Ignacio Ramonet a Marcos (Autor de Oxímoron), publicada
en Le Monde Diplomatique Chile, Editorial Aún Creemos en los Sueños,
Octubre de 2001, Páginas 65 a 91. Las
referencias que prosiguen también provienen de dicha entrevista. (10)
Doctor en Filosofía, escritor y profesor universitario, nació en
Italia en 1932. Sus obras mas conocidas son El nombre de la rosa (1980),
El péndulo de Foucault (1988), La isla del día de antes (1994),
Baudolino (2000), La misteriosa llama de la reina Loana (2004). (11)
Sociólogo y filósofo francés, quien realizó sus estudios superiores
en París. Algunas de sus principales Obras fueron: Los estudiantes y la
cultura (1964); La distinción (1979); Homo Academicus (1984); La
miseria del mundo (1993); y Meditaciones pascalianas (1997). (12)
Serge
Halimi, El
pueblo contra los intelectuales,
publicado en el Dossier: “Guerra de las Ideas”, Revista Le Monde
Diplomatique Chile, Mayo de 2006, en referencia a William F.
Buckley Jr, y su libro God & Man at Yale, Gateway, Washington, 1986.
El libro fue publicado inicialmente en 1951 en EE. UU. (13)
Carlos Valenzuela Yuraidini, El
Futuro Socioeconómico de Chile,
artículo inédito sin publicar, Marzo de 1990. Las citas que prosiguen
también provienen de dicho escrito. (14)
Véase la publicación “Movilidad y vulnerabilidad en Chile”, En
Foco Nº 56, publicado por EXPANSIVA (Año 2005), basado en el estudio
“Dinámica de la Pobreza y Movilidad Social:Chile 1996-2001”, del
Departamento de Economía de la Universidad de Chile. Dante Contreras,
Ryan Cooper, Jorge Hermann, y Christopher Neilson.
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