La Guitarra en Venezuela

Para entender mejor el proceso de la guitarra en Venezuela es preciso retroceder un poco hasta ubicarnos en el siglo XV y principios del XVI, cuando en cumplimiento de órdenes explícitas dadas en 1497 por los Reyes Católicos a Cristóbal Colón, los conquistadores debieron introducir por primera vez una pequeña guitarra de cuatro órdenes dobles que luego de varias "mutaciones" daría origen al cuatro venezolano:

"Asimismo deben ir, algunos instrumentos e músicas para pasatiempo de las gentes que allá han de estar".

El instrumento que entonces se llamaba guitarra no gozaba de muy buena estima, tal como se desprende de ciertos comentarios de la época en los cuales no siempre aparece en un marco muy decoroso.

"Se juntan diez hombres con una guitarra quedándose tres o cuatro a tocar y a cantar mientras que los demás trepan por las casas y las desvalijan. Las malas mujeres, hijas o criadas de algunos hombres, al oir tocar la guitarra, abren las puertas y duermen con los guitarristas quienes al irse no dejan de llevarse alguna cosa". En vista de ello, los procuradores decidieron que "después del toque de queda donde lo hubiese y después de las nueve de la noche hasta después de la salida del sol en los demás sitios, el guitarrista que fuese hallado con una guitarra en ciudad, villa o lugar público en que no se celebrase fiesta o boda muy concurridas con antorchas y luminarias, iría preso y además perdería la guitarra, las armas y la ropa que llevase".

En España es Fray Juan Bermudo, uno de los máximos exponentes de la música especulativa del renacimiento español, quien alza su voz para increpar a la guitarra: "...pues no sé si es mas sabio el que pretende contentar oídos, o por no decir orejas del pueblo al cual contentan con el canto de Conde Claros, tañido en guitarra, aunque sea destemplada". De sus palabras se desprende que las "orejas" del pueblo solo podían apreciar la música simple y trillada de la canción Conde Claros, acompañada a un instrumento, la guitarra renacentista, que, por el contexto tan poco halagüeño en que aparece, no era precisamente sinónimo de elegancia y refinamiento.

También el compositor español Mateo Flecha arremete contra la pobre guitarra renacentista cuando escribe en su Ensalada "La Viuda":

Y del vulgo en general
me querello
porque tiende mas al cuello
al tintín de la guitarrilla
que a lo que es por maravilla
delicado.

Con todo, sería precipitado creer que la guitarra renacentista no era más que un instrumento grosero y tosco, compañera de juergas y trasnoches, puesto que, tal vez por su mismo desenfado, también supo granjearse los favores de no pocos compositores de alto talento quienes, rescatándola de las malas compañías, la elevaron a alturas insospechadas.

Por una de esas extrañas incongruencias históricas, fueron precisamente las pocas composiciones pertenecientes al género de la música culta las únicas que para este instrumento nos ha legado el siglo XVI. Ello podría causar a primera vista una falsa impresión respecto al papel que desempeñaba la guitarra en la sociedad renacentista, pues, si bien es cierto que en algunas ocasiones era tañida con delicadeza por el músico solista, también es verdad que en la práctica cotidiana la "guitarrilla", como la llamara Flecha, no dejaba de ser un instrumento popular y de acompañamiento. Desgraciadamente, de aquel "tintín", de aquel rasgueo desaforado que tantos estragos hiciera en la virtud de las lisboeta, no nos ha llegado ni una sola nota escrita.

La Vihuela era un instrumento de seis ordenes bastante parecido a la guitarra y destinado a desempeñar un papel muy destacado dentro de la música renacentista española.

La Vihuela no solo superaba a la pequeña guitarra renacentista de cuatro órdenes, sino que también descollaba por encima de instrumentos como el Rabel o el mismo órgano.

El período álgido de la Vihuela puede situarse entre 1536 y 1576, fechas en que aparecieron respectivamente el primero y el último libro de composiciones para dicho instrumento.

Fue precisamente en uno de estos libros de Vihuela, dado a luz por Alonso de Mudarra en 1546, donde se publicaron las primeras obras para guitarra renacentista que se conocen hasta la fecha. Mudarra haciendo alardes de "inteligencia y uso" de la guitarra, nos dejó unas pocas piezas que, por su consumada belleza, pueden ser consideradas auténticas joyas de la literatura renacentista universal.

En cuanto a su construcción, la vihuela seguía muy de cerca la forma y hechura de la guitarra renacentista, si bien por el ámbito que le proporcionaban sus seis órdenes o pares de cuerdas, se prestaba mejor que esta última a la música solista. Por lo tanto, y a pesar de su consanguinidad, la vihuela y la guitarra renacentista se diferenciaban principalmente por el tipo de música a que se destinaban: si la primera se tocaba punteada e intervenía esencialmente en el género polifónico, la segunda se solía rasguear y se utilizaba mayormente en un tipo de música de acompañamiento por acordes, que a la sazón se llamaba música golpeada.

La estrecha afinidad entre estos dos instrumentos repercutió de forma muy interesante en la terminología que se utilizaba entonces para designarlos. Así vemos que Miguel de Fuenllana, uno de los grandes vihuelistas españoles, nos describe la guitarra como "vihuela de cuatro órdenes". También Fr. Bermudo apunta que Mercurio inventó la "vihuela de cuatro órdenes" y, mas adelante, refiriéndose al mismo instrumento lo llama "guitarra". Vemos, por lo tanto, que en la España del siglo XVI la guitarra renacentista también se conocía bajo el nombre genérico de vihuela, si bien se le añadía generalmente el apéndice de cuatro órdenes para diferenciarla de la vihuela común, la cual, según hemos visto, disponía de seis.

Esto nos lleva a comprender el porqué existían en Venezuela hasta principios del siglo XIX las designaciones paralelas de guitarra y vihuela para el cuatro, pues con ello no se hacía más que recoger una ambigüedad lingüística que debió llegar al país junto con el instrumento mismo.

En Venezuela la adopción generalizada del término cuatro es relativamente reciente y que los vocablos guitarra y sus derivados, tales como guitarrita, guitarrilla y similares que aún se oyen en algunos caseríos apartados de los grandes núcleos urbanos, tuvieron gran difusión hasta principios del siglo XX.

La guitarra renacentista de cuatro órdenes pasó luego a ser guitarra barroca al agregársele un quinto orden y luego a la guitarra moderna que conocemos hoy de seis cuerdas simples. Estos cambios no llegaron a Venezuela en donde se conservaron los nombres originales por mas de cuatro siglos. Tan sólo en los últimos 60 años y bajo el impacto de los medios de comunicación, en los cuales se utiliza de forma casi exclusiva el vocablo cuatro, ha ido desapareciendo la palabra guitarra para referirse nuestro instrumento nacional.

El primer dato histórico que se ha encontrado sobre la llegada de la vihuela a Venezuela, se ubica en 1529, seis años antes de la publicación en Europa del célebre tratado titulado "El Maestro" (Valencia, 1535) de Luis Milán. Ese año llegaron a Nueva Cádiz de Cubagua, la primera ciudad del país, 15 vihuelas con el precio de 1 peso y 3 reales cada una. Estos instrumentos fueron traídos al nuevo continente por los comerciantes italianos Sciion Pechi, Juan Antonio Piccolomino y Luis Lampignan. En los años y décadas siguientes sin lugar a dudas arribaron a nuestras costas más instrumentos musicales. La vihuela, así como otros instrumentos de cuerdas, se fue arraigando poco a poco, y en la medida en que se forjaba la identidad social, étnica y cultural del pueblo venezolano, el instrumento se transformaba adaptándose a los nuevos géneros y estilos musicales. Ejemplo de estas transformaciones es el cuatro venezolano y sus parientes cercanos, el seis tocuyano y otros. Estos instrumentos aún conservan la afinación tradicional de la vihuela solo que la cuarta cuerda (la prima) afinada una octava mas baja.

Tomás Antero (hacia 1835) publicó en caracas un método titulado 'Nuevo Método de Guitarra o Lira' . Este método ofrece un desarrollo gradual y metodológico de la técnica, e incluye una serie de breves obras que abarcan desde fragmentos de óperas hasta sencillos valses venezolanos. Se desconoce el nombre del autor de este método el cual se prefirió usar un seudónimo.

Las primeras partituras, aparte de las que aparecen en el nuevo método, son del compositor José María Osorio (1803-1852), quién nació en Caracas y se estableció posteriormente en Mérida. En estas obras se aprecia el conocimiento que el autor tenía sobre el instrumento. Cabe destacar que en algunos archivos del siglo XIX se han encontrado los métodos de Dionisio Aguado y Fernando Carulli.

 
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