El traslado de los restos de los h�roes de la guerra del pacifico en el a�o de 1890, fondea en el puerto de Arica la ca�onera "Lima" para trasladar a la capital de la republica, los restos de los h�roes de la Pampa de la Alianza y del Morro de Arica
Por Nilo Rueda Valverde
TRAEN DE SANTIAGO Y VALPARA�SO LOS RESTOS MORTALES DE LOS HEROES� DE LA GUERRA DEL PACIFICO
����������� El 8 de julio del a�o 1890, constituye una fecha gloriosa para los pueblos de Tacna y Arica, porque irgui�ndose unidos, supieron honrar a sus valerosos h�roes que cayeron defendiendo el honor de la Patria.
����������� El triste deber para con sus queridos restos fue cumplido a la altura del fervor patri�tico de estos pueblos, que recogieron las cenizas del campo de batalla con respetuosa ternura.
����������� Para trasladar los restos de los soldados, jefes y oficiales que sucumbieron en la guerra del pacifico, el gobierno del General C�ceres, nombro una comisi�n con la finalidad de trasladar sus restos para que reposen en la capital de la republica.
����������� La humanitaria y noble comisi�n fue presidida por los se�ores, el Dr. Manuel de La Torre y el Capit�n de fragata don Melit�n Carvajal, quienes embarc�ronse en la ca�onera  "Lima".
����������� Con motivo del traslado de los restos mortales de los h�roes de Santiago a Valpara�so, el viernes 27 de junio de 1890, el gobierno chileno decret� los honores correspondientes a los restos del egregio marino don Miguel Grau, con el grado correspondiente a un Vicealmirante de la Armada chilena.
El cuerpo diplom�tico, el congreso y las corporaciones civiles fueron invitadas a la ceremonia. Los restos fueron acompa�ados hasta Valpara�so por una comisi�n nombrada por el ministro de guerra.
El gobierno chileno, orden� que� el Crucero ?Esmeralda?, escoltara hasta el Callao a la Ca�onera "Lima". Comandante de la nave chilena fue el marino don Policardo Toro; presid�a la comitiva chilena, el coronel del ejercito don Ricardo Castro.�����
La Ca�onera " Lima" condujo los cad�veres de se encontraban en San Bernardo: de don An�bal Alayza, 2� maquinista del "Manco C�pac"; de don Andr�s Medina, Teniente de la Bater�a del Norte del Morro de Arica y de don Andr�s Ugarte, Teniente del� "Cazadores del Misti".
De los cad�veres que yac�an en Santiago, se condujo las urnas de don Juan Pablo Ayll�n, Teniente Coronel de la Bater�a del Norte, en Arica, de don Manuel M. Ayll�n, Capit�n graduado del "Artesanos de Tacna"; de don Enrique Young, Teniente del "Gendarmes de Tacna".
Del puerto de Valpara�so, embarcar�nse los ata�des que conten�an los cad�veres de don Rosendo Ball�n, Sargento Mayor del batall�n  "Iquique N�1"; de don Jos� Rodr�guez, Capit�n del batall�n "Pisagua N�1" (c�vico); de don Sim�n Medina, Capit�n del "Puno N�6"; de don Jos� Gabriel C�ceres, Teniente de Artiller�a de Campa�a y de don Jos� Quelopana, Teniente del "Artesanos de Tacna".���
En el puerto de Antofagasta, embarc� los restos del Coronel don Miguel de Los Rios.
El vicario de Antofagasta, como un homenaje a la Comisi�n peruana y oficialidad que hab�a desembarcado a tierra, ofici� en la iglesia unas exequias f�nebres que adquirieron contornos relevantes.
En el puerto de Mejillones, fueron exhumados por la comisi�n peruana los restos de los marinos: El�as Aguirre, 2� comandante del Hu�scar� y de Diego Ferr�, Teniente 1� ayudante del Comandante Grau. A cada uno de ellos se les extrajo una carta que conservaban en sus bolsillos; llam� la atenci�n que los cad�veres se encontraran intactos.
En Iquique fueron embarcados los restos de los Coroneles don Ladislao Espinar y de don Jos� Mar�a Mel�ndez Zubiaga; de los hermanos Pardo de Figueroa, de don Manuel Su�rez, Juan Antonio C�ceres, Perla y Sixto Mel�ndez.
EL TRASLADO DE LOS HEROES EN TACNA Y ARICA
Los restos que hab�a en el pante�n de Tacna, fueron trasladaron a la Iglesia de San Ram�n el domingo 6 de julio a las cuatro y treinta de la tarde; antes de salir del pante�n los ata�des que conten�an los restos de los restos de los h�roes, pronunciaron inspiradas piezas oratorias los p�rrocos M. Federico Otamendi y Marcelino Albarrac�n.
El pueblo �ntegro de Tacna, pose�do del m�s enfervorizado sentimiento patri�tico, acompa�o los 33 ata�des, desfilando en hombros de los socios de la Sociedad de Artesanos en el siguiente orden: Cabo 1� Alberto H. T�llez; Teniente Enrique Chocano;� Teniente Carlos Maria Vidal; Sargento Mayor Samuel Alc�zar, Sargento Mayor Nicol�s Ortiz; Tenientes Coroneles: Jos� Luis Espinoza y Napole�n R. Vidal; Coroneles: Federico Bust�os, Gregorio Albarrac�n y Jacinto Mendoza.
Las cenizas de los soldados que cayeron en el Campo de la Alianza y cuyos huesos fueron recogidos por gran parte del pueblo, eran conducidas en una urna por gente de las clases populares.
Cerca de las seis de la tarde lleg� el cortejo a la Iglesia de San Ram�n, donde nuevamente hicieron uso de la palabra los p�rrocos Otamendi y Albarrac�n. En este templo fueron velados por el pueblo los restos de los ca�dos en el Campo de la Alianza, que en esta forma deseaban exteriorizar su postrero homenaje de admiraci�n y respeto.
El d�a 8 de julio a las ocho y cuarto de la ma�ana, el silbato del tren anunciaba la hora de la partida. Las personas que hab�an conseguido boletos para el tren expreso, ocuparon sus asientos, sin distinci�n de primera ni segunda clase.
El entusiasmo patri�tico de los Tacne�os por una parte y el gran pedido de boletos por otra, hac�a dif�cil colocar a cada persona en su respectivo lugar.
El carro que conduc�a los ata�des, lujosamente decorado, ocupaba un lugar preferente y lo custodiaban por turnos los bomberos de la Compa��a Tacna.
En los coches iban los miembros de diversas comisiones, numerosas distinguidas se�oritas, el cuerpo de bomberos, la sociedad de artesanos, la "Estudiantina Tacna", m�s un vag�n que ocupaba la artiller�a.
La estaci�n y las calles vecinas encontr�banse atestadas de gente por personas que por sus ocupaciones u otras causas, no pod�an tomar parte activa en el duelo del pueblo Tacne�o.
Cuando sali� el tren de la Estaci�n, orgulloso de su gloriosa carga, un murmullo general, despidi� los restos queridos, algo como el triste suspiro de un pueblo cautivo, el supremo dolor de un pueblo, estall� en esa hora de solemne despedida, pues las envolturas materiales de los h�roes �banse a reposar el sue�o eterno de la gloria en la Capital de la Patria, por la cual lucharon y murieron heroicamente.
Al arribar el convoy al puerto de Arica, este presentaba el m�s glorioso espect�culo, un inmenso gent�o hab�ase apostado en el trayecto por donde desfilar�a la comitiva. En el muelle esperaba gran cantidad de personas.
La Iglesia de San Marcos, suntuosa y magn�ficamente adornada por las� damas arique�as, presentaba un imponente aspecto, Inici�se la misa con el mayor recogimiento; la orquesta� "La Estudiantina de Tacna" acompa�o la misa y en el trascurso de esta, dej�se escuchar la voz delicada de se�oritas de la sociedad arique�a. A continuaci�n ocup� el pulpito, el elocuente orador sagrado, el Ilustr�simo can�nico don Federico Otamenti.
La comitiva retir�se del templo con orden y circunspecci�n; en dos hermosas urnas iban los restos de los soldados peruanos muertos en los combates de Tacna y Arica y en m�s de treinta ata�des la de los oficiales y jefes; profusi�n de coronas, ramas de laurel, cintas con los colores nacionales cubr�an las urnas y los ata�des, y para compartir las glorias y desgracias de la guerra, la colonia boliviana residente en Tacna, envi� por intermedio de una comisi�n especial, una humilde guirnalda, s�mbolo de gratitud, homenaje y respeto a los valientes defensores de la patria que se inmolaron en las candentes arenas del Campo de la Alianza.
Llegada al muelle la comitiva, hizo la entrega oficial el presidente de la comisi�n de Tacna, Sr. Pastor Jim�nez al presidente de la comisi�n enviada de Lima, Capit�n Melit�n Carvajal, en los discursos pronunciados abundaron los m�s nobles sentimientos patri�ticos.
A continuaci�n el joven poeta tacne�o, Federico Barreto, ley� su composici�n po�tica, titulada: "POR LA PATRIA.
Fuente: LA VOZ DE TACNA, Tacna 28 de agosto de 1957.�������
ESTE ARTICULO FUE PROPORCIONADO POR CRISTIAN VASQUEZ
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