Pinochet y la “Operación Cóndor”
La ideología militar de los EE.UU.
y las dictaduras
Enrique Arellano
El Siglo
La ideología
del sistema de dominación militar de América Latina se
denominó Doctrina de Seguridad Nacional, que postula la
"guerra total y permanente contra el comunismo".
Ella identifica al "enemigo interno" en cada país:
los partidos comunistas y movimientos de izquierda,
guerrillas, organizaciones antiimperialistas.
La estrategia militar es fundamental en la dominación que
ejerce EE.UU. en América Latina y el mundo en general. Tiene
mucho que ver con la idea de los gobernantes y los mandos del
Pentágono de que su imperio no está totalmente asegurado, y
por tanto deben preservarlo de fisuras o ataques, y además
fortalecer la capacidad para imponerse por la fuerza en
cualquier parte del planeta.
Los EE.UU. ejercieron en los años de la post-guerra mundial
el control de las fuerzas armadas de la región a través del
TIAR -Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca- firmado
en 1947. Los ejércitos estaban subordinados a la estrategia
militar global norteamericana, situación que era reforzada
mediante los convenios de asistencia militar, que incluían la
venta de armas y el entrenamiento de oficiales y suboficiales
en la Escuela de las Américas. El Sistema Interamericano de
Defensa y el Comando Sur, dirigidos por generales
norteamericanos, estuvo varias décadas instalado en Panamá.
La Doctrina de Seguridad Nacional
La DSN fue la que aplicaron precisamente todas las dictaduras
militares en las décadas del 60 y del 70 en la región.
El denominado Comité de Santa Fe, integrado por ex generales,
diplomáticos y políticos reaccionarios de los EE.UU., elaboró
el informe "Nueva política interamericana para los años
80". En él se justificaba la intervención
norteamericana en cualquier lugar del Hemisferio Occidental
donde estuviera en peligro la "seguridad nacional de los
EE.UU. Resaltaba el "peligro comunista" en América
Latina y especialmente en el Caribe debido al régimen
socialista existente en Cuba, apoyado por la URSS y todos los
países socialistas. Se planteaba la necesidad de poner coto
al régimen popular en Granada y la necesidad de derrotar a
los movimientos guerrilleros.
Tanto la DSN, ideología militar imperialista, como la
concepción táctica del Conflicto de Baja Intensidad pasaron
en los 90 a ser parte integrante del documento "Una
estrategia para América Latina en los 90", informe
elaborado por expertos norteamericanos por encargo del Consejo
para la Seguridad Interamericana, denominado también
"Santa FE II". En él se otorga a los ejércitos de
la región un carácter de órgano "permanente",
mientras sostiene que los gobiernos son
"transitorios", por lo cual las FF.AA. deben cumplir
un "rol de garantes de la institucionalidad".
Los Jefes Conjuntos de Estado Mayor definieron el Conflicto de
Baja Intensidad (CBI) y lo incluyeron en el Mando de
Entrenamiento y Doctrina del Ejército de los EE.UU. (TRADOC,1985).
La definición expresa: "El conflicto de baja intensidad
es una lucha político-militar limitada para alcanzar
objetivos políticos, sociales, económicos o psicológicos.
Es muchas veces prolongado y varía de presiones diplomáticas,
económicas y psico-sociales hasta el terrorismo y la
insurgencia. El conflicto de baja intensidad generalmente se
limita a un área geográfica y muchas veces se caracteriza
por constreñimientos en las armas, tácticas y nivel de
violencia".
El CBI ha sido utilizado por EE.UU. como un modelo que
comprende la intervención directa de las tropas
norteamericanas en otro país, aunque con pretextos destinados
a disfrazar el interés que tiene el gobierno de los EE.UU. en
dichas acciones. Los motivos que da EE.UU. para intervenir en
los CBI tienen como centro la "defensa de la seguridad y
la democracia", tanto en un país dado como en los
propios EE.UU. Ha servido y sirve aún tanto para derrocar
gobiernos como para proteger otros amenazados por movimientos
de izquierda, revolucionarios o reformistas.
La "Operación Cóndor"
Los EE.UU. estuvieron no sólo en conocimiento de la
planificación y actividades del llamado "Plan Cóndor",
sino que también intervino en ellas tratando de no dejar
huellas de sus agentes o gobernantes en los pasos que dio para
apoyar a los dictadores de esos años en el Cono Sur.
Las acciones de inteligencia y de terrorismo aplicadas en
Chile, Argentina, Uruguay y Paraguay fueron coordinadas entre
los aparatos de seguridad respectivos, e incluso tuvieron la
ayuda de los regímenes represivos existentes en Bolivia y
Brasil. Desde sus comienzos, la CIA estuvo involucrada en
dichos planes y en los crímenes cometidos contra militantes o
simpatizantes de partidos y organizaciones antidictatoriales.
El informe de la CIA de septiembre del 2000 requerido por la
Enmienda Hinchey señala que "A un año del golpe, la CIA
y otras agencias del gobierno de EE.UU. estaban al tanto de la
cooperación bilateral entre los servicios de inteligencia de
la región para seguir la pista de las actividades, y en
algunos casos matar a opositores políticos. Este fue el
precursor de la Operación Cóndor, un acuerdo de compartir
inteligencia entre Chile, Argentina, Brasil, Paraguay y
Uruguay, establecido en 1975".
En gran medida, los contactos establecidos en esos años por
los oficiales y agentes de las dictaduras se vieron
facilitados por el conocimiento personal entre ellos
establecido durante los cursos y actividades de entrenamiento
que les fueron impartidos por las escuelas militares y
academias norteamericanas, en Argentina y Panamá, así como
en otras instancias de participación común bajo el pretexto
de la "ayuda militar" impartida desde el Pentágono.
La DINA de Pinochet
Manuel Contreras, jefe de la DINA, concibió y organizó la
Operación Cóndor, la que tuvo como tarea "La recolección,
el intercambio y el almacenamiento de datos de inteligencia
relacionados con los activistas de izquierda, los comunistas y
los marxistas, con el fin de eliminar a los terroristas
marxistas y sus acciones en la zona". Contreras viajó
hacia Argentina, Bolivia, Paraguay, Venezuela y Estados
Unidos, con el objeto de asegurar el funcionamiento del
aparato de coordinación de las dictaduras.
En el informe sobre las actividades de la CIA que se elaboró
a partir de la Enmienda Hinchey, del congreso norteamericano,
se expresa: "Durante el periodo entre 1974 y 1977, la CIA
mantuvo contactos con Manuel Contreras, quien más adelante
llegó a tener notoriedad por sus abusos a los derechos
humanos. El núcleo que decidía las políticas del gobierno
de EE.UU. aprobó los contactos de la CIA con Contreras, dada
su posición como jefe de la principal organización de
inteligencia en Chile, como necesaria para lograr la misión
de la CIA, a pesar de las preocupaciones de que esta relación
pudiera exponer a la CIA a acusaciones de ayudar en la represión
política interna".
En agosto de 1975, Contreras se entrevistó en Washington con
Vernon Walters, director adjunto de la Agencia Central de
Inteligencia (CIA) de los EE.UU.
Contreras sostuvo entrevistas personales desde 1974 con el
general Ramón Camps, Jefe de la Policía de Buenos Aires, y
con el general Ibérico Saint Jeant, Interventor de la
Provincia de Buenos Aires. En Venezuela se reunió con Rafael
Rivas Velásquez, director del Servicio de Inteligencia
venezolano. En Paraguay habló con los generales Benito Guanes
Serrano, jefe de Inteligencia del Estado Mayor y Francisco
Brites, Jefe de la Policía de la República.
Fruto de estos encuentros de alto nivel fueron los acuerdos
entre los servicios secretos de Argentina, Bolivia, Chile,
Paraguay y Uruguay, más la cooperación de Brasil y Perú.
El "Acuerdo de Cooperación" firmado por los regímenes
militares nombrados permitió, según los "Archivos del
Terror" hallados en Paraguay, cometer los asesinatos del
ex ministro chileno Orlando Letelier; del ex Presidente de
Bolivia, general Juan José Torres, asesinado en Argentina; de
los legisladores uruguayos Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez
Ruiz, así como del doctor Agustín Goyburú, dirigente del
Movimiento Popular Colorado, de Paraguay, y de cientos de
activistas políticos chilenos, argentinos, paraguayos y
brasileños. El atentado contra el dirigente DC chileno y ex
vicepresidente del país Bernardo Leighton también fue parte
de la "Operación Cóndor".
Patricia Derian, subsecretaria para asuntos de derechos
humanos en A.L. del Departamento de Estado, declaró que
"Los servicios de inteligencia del Cono Sur se han
reunido y tienen un programa claro de ayuda mutua. La policía
secreta anda por el mundo con gran libertad. En América
Latina el sistema funciona casi a la perfección".
Bolivia-Paraguay-Brasil
Paraguay fue calificado por el Presidente Nixon como un modelo
de régimen político y eje estratégico para la lucha contra
el comunismo. La dictadura de Stroessner fue la más
prolongada de América Latina, extendiéndose desde 1954 hasta
1989. "No conozco otra nación que se haya levantado más
fuerte que la suya en contra de la amenaza del
comunismo", le dijo Nixon a Stroessner el 4 de mayo de
1968 en Asunción.
En el requerimiento del juez español Baltasar Garzón contra
Pinochet, cuando éste visitó Londres, se alude a la entrega
del ciudadano chileno Julio Valladares Caroca, refugiado en
Bolivia, a la dictadura chilena, y su posterior
desaparecimiento. Otro tanto ocurrió con una joven argentina
capturada en Oruro y entregada a la dictadura de Jorge Videla
en 1976. Estos casos ponen en evidencia la participación del
régimen dictatorial del general Banzer en la Operación Cóndor.
El Presidente brasileño, Emílio Garrastazu Médici, visitó
Washington entre el 7 y el 9 de diciembre de 1971 y sostuvo
varias reuniones con el Presidente Nixon, el Asesor de
Seguridad Nacional Henry Kissinger, el Secretario de Estado
William Rogers y el que en breve seria Subjefe de la CIA,
Vernon Walters. Henry Kissinger remarcó en esa oportunidad el
apoyo de Garrastazu Médici a la Doctrina Nixon de intervención
en América Latina.
El Frente Amplio uruguayo
En 1969, los acontecimientos en Uruguay se desarrollaban en
medio de una creciente crisis política, lucha de masas y el
naciente movimiento guerrillero de los Tupamaros. Los EE.UU.
doblaron la asistencia en Seguridad Pública con equipos y
entrenamiento policial. Los nuevos oficiales entrenados en los
EE.UU. ocupaban puestos clave en la policía y aumentaban las
denuncias de torturas.
Los EE.UU. estaban preocupados en 1971 de que en Uruguay
triunfara el Frente Amplio y se repitiera la experiencia
chilena con Allende. Los organismos de inteligencia de Brasil
y Argentina establecieron en ese momento un acuerdo para
intervenir en los acontecimientos políticos en Uruguay. La
Embajada de EE.UU. recomendó actividades abiertas y
encubiertas para contrarrestar los avances del Frente Amplio y
facilitar la cooperación entre Brasil y Argentina.
En septiembre de 1971, el gobierno uruguayo lanzó operaciones
antisubversivas, coordinadas por el DNII, de las fuerzas
conjuntas (policiales y militares) contra los Tupamaros.
En 1972, el recién elegido Presidente Bordaberry dio mano
libre a los militares en la contrainsurgencia. Los militares
aplastaron a los Tupamaros, reprimieron a estudiantes
universitarios, sindicalistas y otros opositores al gobierno.
En 1973 los militares disolvieron el Congreso y en 1976
destituyeron a Bordaberry.
El golpe en Argentina
El 24 de marzo de 1976, Isabel Perón fue detenida por los
militares golpistas y trasladada a Neuquén. La Junta de
Comandantes asumió el poder, integrada por el teniente
general Jorge Rafael Videla, el almirante Eduardo Emilio
Massera y el brigadier general Orlando R. Agosti. Designó
como presidente de facto a Videla. Dispuso que la Armada, el
Ejército y la Fuerza Aérea compondrían el futuro gobierno.
En 1978 la dictadura terminó de liquidar la guerrilla
peronista, los Montoneros. Sus máximos dirigentes fueron
asesinados. La CGT fue disuelta y la guerra contra la subversión
se extendió sobre los líderes sindicales y obreros. Se
dictaron decretos prohibiendo la actividad política y
destituyeron de sus cargos a miembros de la Suprema Corte de
Justicia.
A comienzos de 1980 fue renovada la Junta Militar, formada
entonces por el teniente general Roberto Viola, almirante
Armando Lambruschini y brigadier general Horacio R. Graffigna.
En octubre fue designado Presidente de la Nación Roberto
Viola, quién asumió en marzo del año siguiente.
Liquidar la UP
La intervención abierta de la CIA y el gobierno de los EE.UU.
en Chile fue confirmada al darse a conocer los archivos
secretos de la CIA. En ellos se revela que el 15 de septiembre
de 1970 el Presidente Richard Nixon citó a su oficina en la
Casa Blanca a sus principales asesores, Henry Kissinger entre
ellos, y les dijo: "Estados Unidos no puede aceptar el
gobierno socialista de Allende".
De acuerdo al plan Track I de la CIA se intentó que el
congreso chileno no invistiera a Allende Presidente, el cual
fracasó.
Los agentes de la CIA en Chile aconsejan "hacer
propuestas a oficiales de menor grado", como consigna el
cable 424, enviado el 23 de septiembre de 1970 desde la sede
de la CIA en Santiago a la oficina central. "Deseamos
incentivar a (el general Roberto) Viaux para que continúe y
afine sus planes", señala el cable 729, fechado el 13 de
octubre. Kissinger explica en Washington que "Se le debe
advertir a Viaux en contra de cualquier acción precipitada...
Hemos llegado a la conclusión que en este minuto un golpe no
puede tener éxito".
La CIA creó un grupo especial de agentes, al que denominaban
Task Force, que bajo las órdenes de Thomas Karamessiness debía
realizar una serie de acciones para derribar al Presidente
Allende. Al fracasar el primer plan se implementó el Track
II, cuyo objetivo era crear todas las condiciones para un
golpe de Estado, con el cual el comandante en jefe del Ejército,
René Schneider, no comulgaba. Algunos de los complotadores
implicados en dicho plan secuestraron el 22 de octubre de 1972
a Schneider y lo asesinaron con las mismas armas que suministró
la CIA, de acuerdo con la admisión de la misma agencia al
Senado de EE.UU. publicada en abril de 1975. Posteriormente,
al grupo de asesinos se le pagó por la CIA 35.000 dólares.
Según el Senado de EE.UU., la CIA "decidió apoyar y
diseñar el asesinato del general Schneider con la intención
de abrir camino para un golpe".
En el citado Informe Hinchey, del 18 de septiembre de 2000, se
constata cuál era el interés estratégico que tuvo el
gobierno de los EE.UU. para intervenir en el proceso político
chileno. Expresa el documento: "En los años '60 y a
principios de los '70, la CIA llevó a cabo proyectos específicos
de actividades encubiertas en Chile como parte de la política
del gobierno de los Estados Unidos para intentar influir en
los acontecimientos de Chile".
Más adelante dice: "El telón de fondo histórico arroja
una importante luz sobre las políticas, las prácticas y lo
que se percibía como la urgencia principal en aquel entonces.
La revolución cubana y el afloramiento de los partidos
comunistas en América Latina había traído la Guerra Fría
al Hemisferio Occidental. Miles de oficiales del ejército
chileno vinieron a los Estados Unidos para entrenarse, lo que
incluyó presentaciones acerca del impacto del comunismo
mundial en su propio país. Después de que Allende obtuviera
la mayoría simple en las elecciones presidenciales del 4 de
septiembre de 1970, existía el consenso en los más altos
niveles del gobierno de los Estados Unidos de que una
presidencia de Allende dañaría gravemente los intereses
nacionales de los Estados Unidos".
Segunda parte y final del artículo publicado en la pasada
edición, del 12 de septiembre, bajo el título "De la
Revolución Cubana al triunfo sandinista"
19-9-03
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