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luis moreno
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strawberry passion company �
     La magia de las palabras me ha encerrado m�s de una vez en sus enredos, sus delicias. Tal vez a ti tambi�n, pi�nsalo por un momento. Mira a ver d�nde es que te tocan estas mis palabras sobre las mismas palabras que ahora nos enredan. Recuerdo que cuando he querido acercarme a mi intimidad, tal vez a la del otro, me han jugado una mala pasada estas mismas palabras. �Sabes c�mo? creo que despojando de belleza las mismas palabras que un otro d�a emanaban sin parar de un torrente. Que as� era como me sent�a frente a ese otro que no tiene rostro, ni sexo, y que viene a romper el silencioso abrazo de la soledad. La soledad cautiva, maestra, que me hace sentir tan bien, que tanto me aleja de los humanos. Es ese sentir con la suficiente comodidad, la justa medida de armon�a para dejarme estar frente a ese otro que no, a�n no, tiene opini�n, no tiene palabras, porque apenas me apetece molestarme a escuchar su decoroso silbido. No s� c�mo nos ocurre todo esto.
"PixxB_1_palabras". Ilustración de Ethan Mesa.
"PixxB_2_things". Ilustración de Ethan Mesa.
     Si te paras un momento sobre tus palabras y retrocedes a ratos, tratando de entenderte a ti mismo, si era eso exactamente lo que quer�as decir, si era esa la forma en que esperabas que reaccionara ese otro... Pero queda la sombra de la duda, de esa sutil traici�n de las palabras. Por mucho que las cuidamos, por mucho que se las trate de controlar, van y nos enredan, te hacen mentir de una forma harto descarada y el resto hay quienes creen que es mera especulaci�n. Se enmascaran en cosas que se asemejan a lo que queremos hacer llegar al mundo que por un instante tiene o�dos para nosotros, s�lo por un instante.
     Y vienen a decir cosas, s�, cosas que evocan en el otro tipos de respuestas de lo m�s variopinto, a veces, cercanas a lo que t� y yo esper�bamos con tanto empe�o. Pero no es m�s que pura casualidad: toda coincidencia con el objetivo inicial, es pura casualidad. Estamos encerrados en estrecha c�rcel de sintaxis que obliga a ajustar las palabras en estereotipados clich�s, y que significan a su antojo lo que nosotros sentimos en la soledad de nuestros cuerpos, en las tormentas de la mente m�s inquieta, que s�lo puede anhelar acercarse a un espejismo, que nunca alcanzar�. El otro es ese espejismo, y por m�s que tratemos de acercarnos, el esfuerzo se volver� en contra y todas las posibles explicaciones no har�n m�s que enredarnos m�s en esa enmara�ada mentira que compartimos todos.

      Pues no es m�s cierto para nadie lo que cada uno entiende por cada palabra, los significados que atribuimos y las expectativas que satisfacen en el coraz�n de los hombres. Creo que me entiendes ahora que dudo de las palabras. Y es un sue�o irreal. Apenas lleguen a ti estas palabras, nacidas de mi incertidumbre, mi desconfianza, t� empezar�s a traducir a tus propios esquemas, a tus vivencias. Y no es m�s que pura magia. La magia de la interpretaci�n, de creer que es real aquello que se presenta ante los ojos pretendiendo ser otra cosa, y desaparece violando todas las leyes de la F�sica.
     As� me siento ahora que quiero llegar hasta ti, que eres un espejismo en mi vida, cuando resulta que yo soy otro espejismo en la tuya y no podemos encontrarnos. No podemos hacer que yo sienta las mismas realidades que t� atribuyes a cada palabra, a cada verso, a cada significante. Y t� no puedes sentir esa forma en la que yo recibo las mismas palabras que hoy nos separan m�s que nunca. Porque yo he vivido otra vida, en este otro cuerpo que encierra mi alma, que transporta mis pasiones y mi dolor y mis deseos m�s celosamente guardados. Porque no puedo hacer el camino que t� hiciste paso a paso hasta la persona que ahora crees ser. S�lo puedo ahora llorar mi soledad, aliviar tus heridas, la herida que la vida abre en la soledad de todos los corazones que se llenan de palabras. Palabras de aliento, de desesperanza, de amores, de promesas por cumplir, de mentiras y de magia.

      Porque no puedo ir m�s all� de las cosas que hemos vivido, quiero so�ar en este preciso instante que la magia de las palabras venga a redimirnos a todos los so�adores, d�ndonos las alas de las aves m�s peque�as de este para�so terrenal.
"PixxB_3_la_clave". Ilustración de Ethan Mesa.
"PixxB_4_nos_vemos". Ilustración de Ethan Mesa.
   
      Y quiero invitarte a este espect�culo de magia llena de palabras, espolear tu imaginaci�n, poner frente a tus ojos el camino que hemos de andar, raudos e ingratos, hacia un lugar com�n. Un lugar en el que somos uno. Un lugar que no es un lugar, que no est� en ninguna parte, un lugar adimensional. Un lugar que carece de temporalidad, informe, exento de descripciones formales. Ese lugar que escapa a la vista de la ciencia, esa dama cruel, y al que podemos acceder cuando cerramos los ojos y dejamos de ver las diferencias, todo lo que nos separa.

      No creas a quien te diga que es mera utop�a. Conf�a en tu coraz�n, en las cosas que sientas en ese lugar donde no hay magia de ning�n tipo, y todos hablamos el mismo idioma y hemos vivido la misma vida y caminamos hacia el mismo lugar. All� reside el Universo entero. All� cabemos todos. En ese lugar del que ahora he regresado y ya tanto echo de menos. Est�s t� y el otro que no eres t�, las mil caras que escondes a los dem�s. Y las identidades que permanecen adormecidas en mi interior y los secretos que quiero enterrar. Y tus padres y tus hijos y todos los seres que nacieron y creyeron morir durante todos los siglos. Y los que a�n no llegaron aqu�, que a�n no nacieron, ya est�n all�, en ese lugar donde no hay m�s magia que la del coraz�n humano, con todas sus contradicciones. No creas a quien te diga que es el para�so. Ninguna religi�n tiene que ver. No hay vida eterna, no hay Bienes ni Males. No hay ning�n Dios, ni �ngeles custodios. Porque no es ning�n lugar ese lugar que no est� en ninguna parte.

      Porque es la magia de las palabras la que ahora nos enga�a a los dos, a ti y a m�, y a todos los dem�s, porque creemos que somos diferentes, vivimos nuestras diferencias, nos creemos separados en nuestras casas, nuestros cuerpos, nuestras historias, y no somos m�s que ondas peque�as, titilantes, de un oc�ano inmenso que tiene conciencia de s� mismo, y que permanece indiferente a cada ola, cada mol�cula, cada gota de agua.

      Porque somos las l�grimas perecederas, las ondas m�s vibrantes y min�sculas de ese oc�ano de vida, en el que las gotas de agua no tienen identidad por separado m�s que por un instante, cuando algo las golpea y salpican y se destacan sobre la superficie por un segundo. Mi vida y la tuya son pura magia, de las palabras que nos acercan ahora m�s que nunca. Magia del salto que protagonizamos sobre ese oc�ano que es madre, que es protector, que nos permite so�ar con una realidad separada, la de nuestra conciencia tr�mula y todas las cosas que creemos conforman nuestra vida y la de nuestros antepasados y la de nuestros herederos. Y ahora quiero ya volver a fundirme con las dem�s gotitas de agua, para renunciar a mi nombre, a mi cuna, a mi pasado y volver a ser el que era, el que soy, el que ser�: ese oc�ano que nos abraza, en el que t� est�s m�s cerca de m� de lo que jam�s habr�amos podido imaginar. Porque en este lugar no existe ni el t� ni el yo, ni siquiera el nosotros. No hay l�mites, no hay fronteras, no hay separatidad. Tan s�lo un sentimiento oce�nico que se alimenta de todas las vidas de todos los seres de todos los rincones de este Universo que rebosa de vida y en el que hay tantos que a�n siguen so�ando...
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