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camino a casa
luis moreno
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     Camino a casa record� que no ten�a tanta prisa por la carretera. Y eso que hac�a un tiempo desapacible all� afuera, tras de los cristales salpicados por la misma luna. Esa luna que nos acompa�� en nuestro primer paseo por un pueblito de la ruta de los m�s blancos del Sur.

      El coche surcaba el asfalto en todo el ancho, en un suave juego de luces. Todo era mon�tono, anodino, cercano a la misteriosa esfera del sue�o. Era as� de tarde y yo regresaba. Conduc�a raudo camino a casa. Los amigos intentaban dormir en la parte de atr�s, abrazados, cabeceando, besando sus cuerpos con un abrazo de solemne amistad. Esa amistad salpicada de amor que antes yo tanto hab�a envidiado. Parec�a que dorm�an en la ternura, en el descanso de las horas muertas. Se dejaban arrastrar por un camino oscuro salpicado de estrellas. Y no hicieron ninguna pregunta, ni la m�s precisa.

      Yo, simplemente, conduc�a camino a casa y se me antojaba de otra manera. La mirada perdida en el horizonte recortado de los faros hal�genos. Los pensamientos encarrilados en luces suaves de atardeceres pl�cidos, hermosos. Y de alguna manera, tu presencia. Y las l�grimas que promet�an su impetuosa tempestad, y que acababan en el sopor, en la verg�enza de las miradas furtivas.

      Los kil�metros pasaban unos detr�s de los otros, entre curvas pronunciadas y rectas bacheadas, y no parec�an llevarme a ninguna parte. S�lo hab�a una luz que quer�a ver recortada sobre el horizonte: la de un avi�n, la de tu sonrisa. Y eso que hac�a tan s�lo un par de horas que ya deb�as estar en casa, pero ya ves, las cosas pueden ser as� de absurdas, y tan hermosas...

      Recordaba escenas de una leyenda llevada al cine. La pel�cula que acababa de ver en la gran ciudad: un fragmento de la mitolog�a china, llena de dragones y luchadores y de princesas atrapadas entre rejas de oro y tedio. La dosis suficiente, por unos instantes, tan s�lo por unos instantes, de irrealidad musical, bien relatada, para alejarme del malestar, de la a�oranza.

      Y camino a casa, de camino a casa, emerg�an las sensaciones que me arrastraban hacia un lugar de mi vida, que por desconocido, deseaba en demas�a, en tanto... Y ocurri� que el tiempo perdi� sus dimensiones, y aparecieron los sucesos en un presente fuera de toda l�gica. EL principio y el presente eran un mismo momento de alegr�a y renovadas esperanzas. Todo ocurr�a a la vez. Y nada ten�a sentido. Y todas las cosas eran una pieza musical con una sola voz. Tu voz. Y la sonrisa con la que me abrazas el alma y tus besos de miel y tus ojos de luz...

      Y, de repente, no supe hacia d�nde iba. No sab�a cu�l era mi casa. Camino a casa, algo me conduc�a hasta la tuya. Y ah� fue. Ah� fue donde romp� a llorar, en el silencio de la noche, en la complicidad de las estrellas m�s oscuras. Y me dije que era muy bonito eso de estar enamorado y perderse a uno mismo y apagar las luces de la l�gica que reside en el intelecto y conducirse sobre las brasas que la pasi�n enciende sobre un oc�ano ancho... que nos invita a sumergirnos... a besarnos y a cerrar los ojos y vernos con el coraz�n.
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Para Elena, con amor.
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"Camino a casa". Ilustración de Ethan Mesa.
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