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| Yo, el gato de Juan Bonilla, me llamo Tiberio: Emperador Romano antecesor de Cal�gula que fue "adoptado" por Augusto, despu�s de dos a�os de retiro en Rodas a causa de la infidelidad de mi mujer. Os preguntar�is por qu� s� tanto de historia; bueno, Juan tiene siempre un trasiego de libros que van de ac� para all�, y los coloca en los lugares m�s c�modos de su habitaci�n, que es� mi lugar favorito de la� casa. Cuando Juan trae un libro que especialmente le gusta lo machaca en vez de leerlo y yo aprovecho para dormir encima; no se como sucede, pero la informaci�n me la quedo, as� que tengo algunos datos que los humanos no pueden demostrar que poseo. Pero es que soy un gato asi�tico, de Siam. Y ya sab�is que �ramos sagrados, aprendimos mucho entonces. Pero no estoy aqu� para hablar de mi, sino de mi due�o. Juan me adopt� en su vida cuando sali� de casa de su madre, ten�a 22 a�os y ha sido mi compa�ero durante diez a�os. Ahora me he quedado sin amo. He sido su confidente, su confesor, su compa�ero de juegos y alguien a quien acariciar, tambi�n alguien al que tirarle un libro encima cuando me pon�a muy pesado. Pero ahora que le veo en esa caja de madera y subo encima de su pecho y est� fr�o, sus ojos no me miran y sus manos no se mueven ni para espantarme, ni para acariciarme. S� que algo que ellos llaman muerte esta ocupando a Juan. Siento algo que s�lo un gato� puede sentir y me acurruco encima de �l, intentando con mis vibraciones transmitirle un poco de calor. Creo que me ha dejado s�lo, quiz�s su madre quiera recogerme o si no que me dejen aqu�, con que me traigan la comida yo seguir� cuidando de las cosas de Juan Bonilla. Por que a lo mejor vuelve, quiz�s en otra forma, me esconder� hasta que se vayan y decididamente; le esperar�. Juan ha sido un buen amo, un buen compa�ero y sincero s�lo conmigo, ante mi no ten�a que fingir como lo hacia con los dem�s. Cuidaba mi alimentaci�n y me hac�a participe de sus elucubraciones y de sus escritos que� le�a, esperando una respuesta por mi parte; yo me acercaba a �l, si el texto era bueno, y ronroneaba satisfecho. Si no me gustaba no le hacia ni caso, y lo miraba con los p�rpados entornados, haci�ndole ver mi indiferencia.� No s� si �l lleg� a darse cuenta de que le entend�a, aunque mi percepci�n fuera distinta a la suya. Cuando Juan me compr� hace diez a�os yo era un gato de� tienda de animales, ten�a dos meses y saltaba tras una mosca que se hab�a colado en mi jaula; los otros dos compa�eros de raza de mi misma edad, dormitaban continuamente. Juan se par� frente al escaparate, y observ� mis acrobacias con cara de estar divirti�ndose de veras. Cuando me di cuenta de que captaba su atenci�n desplegu� al m�ximo mis cualidades felinas, sin calcular que la jaula era estrecha y baja: El porrazo me hizo caer atolondrado, y mir� a Juan desde el suelo, bizqueando por el golpe. Creo que eso le hizo decidirse. Entr� en la tienda y me compr�, enseguida sent� su vibraci�n hacia mi. Me relaj� en sus manos. Me habia salvado de aquella c�rcel. Cuando llegamos a la que ser�a desde entonces mi casa, sufr� un choc emocional que a�n no he superado, porque Juan me meti� en el lavabo con agua tibia y me embadurn� con una sustancia apestosa y� espumosa. El se re�a pero en ese momento yo intentaba no ahogarme, a la vez que le ara�aba enfurecido. Me habia equivocado con �l, era un psic�pata gatuno, ahora me torturar�a de otra forma y acabar�a para mi la vida. Pero no, despu�s de eso me sec� y pude ver unos bichitos peque�os flotando en el agua del lavabo. Me dio leche tibia y un bland�simo coj�n que fue mi cama desde entonces.� Dorm� bastante sin sentir los molestos picores que me hab�an acompa�ado desde que nac�. |
| Juan era un muchacho divertido. A sus 22 a�os era un chico sencillo, simp�tico, amigo de sus amigos y bastante juerguista, aunque aparentemente no se le notara, con un halo entre ingenuo y turbador, por que Juan en realidad era victima de su propia personalidad contradictoria, le atra�an el bien y el mal, y ten�a �pocas tranquilas, pero en su interior era un hechicero, con las connotaciones buenas y malas. Por eso me gustaba, a lo mejor por esa parte misteriosa de Juan, y que no era otra cosa que una curiosidad por lo desconocido y por la provocaci�n, que le atra�a, a veces a su pesar. Esa peculiaridad de Juan con los a�os se fue acentuando y haciendo mayor el deseo que ten�a de acercarse al otro lado, de traspasar el l�mite. Juan no se conoc�a y eligi� la f�rmula m�s atractiva para �l, la oscura. Yo fui viendo esa metamorfosis de Juan, aunque conmigo no cambiaba, era testigo de sus actos y sus confusiones. Juan empez� a interesarse demasiado por la muerte. Todo empez� cuando ese tipo de aspecto agradable pero que a m� no me enga�aba, por que ten�a una vibraci�n densa y un olor apestoso, empez� a visitarle. Y mira que me erizaba y sub�a el lomo hasta parecer un triangulo "bufando" col�rico, ense�ando los dientes, utilizando mi maullido m�s sobrecogedor. Ese t�o no me hac�a ni caso, y Juan se sorprend�a de mi reacci�n sin preguntarse nada m�s, embaucado por el personaje. Ese t�o era malo, no me gustaba nada, pero Juan en su sabia inocencia no se enteraba. Las propuestas que le hac�a s�lo las sab�an ellos, porque bien que se ocupaba el t�o de que yo no estuviera presente; s�lo s� que Juan, cuando el otro se iba, ten�a los ojos vidriosos y durante dos o tres d�as apenas dorm�a. Y si lo hac�a era de manera inquieta y angustiosa. Juan en los �ltimos meses de su vida tuvo relaci�n con una mujer, una chica que le amaba de verdad: Yo lo sabia porque cuando entraba en casa a Juan se le pon�a la vibraci�n rosa, es una forma de explicarlo, y cuando se acercaban mucho el uno al otro, o se besaban, todo era rojo. Era feliz, lo sab�a por que cuando ella se marchaba Juan estaba horas habl�ndome en su sill�n, yo dormido en su regazo y �l cont�ndome� de ella, lo que sal�a de su boca era tan bello que no me importaba escucharle horas. Pero no s� como el T�o nefasto aparec�a y lo jod�a� todo. Llegaba con su aspecto elegante y cordial y dejaba a Juan otra vez con esa cara de cad�ver que le duraba d�as. Poco a poco, Juan fue marchit�ndose ante mis ojos. Los amigos le llamaban; su chica, incluso su familia empez� a dar se�ales de querer verle, pero �l ya estaba entregado a esa vor�gine emocional que le destru�a. Cuando sali� aquella noche, me sent�a intranquilo e intent� ronroneando entre sus piernas que desistiera de salir; s� que habia quedado con ese t�o, y ese t�o era m�s negro que el carb�n por dentro, en realidad a m� me ol�a a chamuscado. Pero no me hizo caso, una breve caricia inquieta y nerviosa fue lo �nico que arranqu� de �l. Cerr� la puerta de un portazo, y esa fue la �ltima vez que vi a mi amo. Si ese t�o aparece le arrancar� los ojos con mis u�as aunque me lleven a sanidad para observarme. Porque ya no le volv� a ver hasta que lo trajeron en esa caja. Con el fondo acolchado de raso azul claro. |
| -Oigo voces, as� que me esconder� en un hueco de esta caja y me quedar� con �l. As� no nos separaran -Un golpe seco y oscuridad. Voces fuera y el llanto m�s fuerte que ninguno de la chica de Juan y de su madre-. Juan vivi� 32 a�os y yo diez. |
| yo, el gato de juan bonilla clara del r�o |
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