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la maniobra
claudio lozano
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strawberry passion company �
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     Un alisio rampl�n lam�a a ratos los trapos de Las Dulcenombre arrastrando la resignaci�n de los tripulantes sobre un Atl�ntico azul y calmo a 400 leguas mal contadas de Las Azores y a unas 1000 de Palos.

      Ricardo Sayago llevaba clavado al paladar, el sue�o del vino recio del valle del Timanfaya desde hac�a semanas, pero el viento se hab�a echado y le jodi�, le jodi� a el y a los amontonados, en una carabela lista para el desguace que hab�a dejado chirriando tablas La Guadalupe hac�a m�s de mes y medio. La nave estaba dormida sin apenas viento, la mariner�a pescaba, canturreaba o jugaba a naipes en una enso�aci�n caliente e iluminada de aquellos d�as de calma chicha Atl�ntica. - Pronto ser�n demasiados... - pens� el capit�n Ricardo Sayago a sabiendas de que apenas quedaban galletas secas y unas frutas podridas en un pa�ol y que el agua verdinosa de los toneles llevaba cuatro jornadas estrictamente racionada.

      Ignacio Cerde�o dormitaba sobre unos cabos en la base del baupr�s, una orden del piloto pidiendo parte lo levant� y lo hizo trepar a la cofa, escal� la jarcia de la mayor como un grumete a pesar de sus cuarenta a�os, all� se azoc� a la barandela y se agarr� a dos cabos, uno con cada mano.

- Velas blancas dos cuartas a estribor!!!.

      Todo el vaso dio un respingo y la tropa se compuso, la mariner�a empez� a vocearse, jale�ndose. El Piloto se coloc� de un salto en mitad de la cubierta con una larga vara que blandi� amenazante. - A ver callaos!!!. Distancia y pabell�n!!! - grit� arrastrando la mirada hasta el tope de la mayor.

- Tres leguas largas.., cuatro, no carga pabell�n visible, pero la andan jalando tres velas latinas.

      Se arm� bulla. Cada uno empez� a mentar una posibilidad, los j�venes se volv�an a los viejos, los viejos se miraban entre ellos y antes de que ninguno dijera algo un soldado espet� :

- Es el cacafuegos que ech� al fondo la Santa Mar�a Salom�, tiene la recalada en la Tercera de las Azores y con ese aparejo cazar� mas viento que nosotros y vendr� derecho a hundirnos.

      Hubo que poner paz en la cubierta de La Dulcenombre. Tras seis o siete varazos todo el mundo se coloc� en sus puestos. La mariner�a se puso a las labores del trapo, los grumetes despejaron la cubierta y los soldados acabaron de calzarse las mallas pensando en abordaje.

      El capit�n Sayago orden� virar a babor y abrir todas las porta�olas de fuego de aquella banda, puso la proa al Sol y mand� a los artilleros sobar bien los ca�ones con aceite.

- Que brillen!!! - orden�.

      La nave se mov�a laxa y sin tensi�n alguna para no parecer amenazante.

      Ignacio Cerde�o volvi� a gritar desde lo alto... Dos leguas!!. El capit�n mand� descolgar y apa�ar bien el pabell�n blanco con la cruz roja de la corona de Castilla en la popa.

      Para entonces, hab�a m�s de veinte versiones en las bocas de La Dulcenombre.

      Es una carraca infiel camino de Arcila enganchada por el alisio, es una carabela portuguesa en la derrota de Isla verde, es la capitana de una escuadra de combate, es un jabeque negrero de Ayamonte, son piratas al abordaje...

      Ignacio Cerde�o, en el fondo, se la jug�. Son Castellanos!!, Son Castellanos!!!. Un soplo de alegr�a abraz� La Dulcenombre. El capit�n pidi� confirmaci�n al piloto y este se la volvi� a preguntar al vig�a. Viraron seis cuartas a estribor y pusieron proa a un buque que ya por entonces tambi�n hab�a mostrado su costado, sus bocas de fuego brillantes y el pabell�n castellano ondeando a la popa.

      Ambas naves ci�eron proa a proa. Los hombres se apilaban en el bordo y gritaron como locos al irse acercando �C�mo est� Sanl�car?, �Hay alguien de Niebla? �Que carga�s?

      El encuentro dur� unos segundos, volaron panes, tortas de centeno, cueros de vino y agua, y mil voces, mil preguntas tronando en bater�a de banda a banda. Las manos se alargaban deseosas de tocarse, busc�ndose los ojos, saltaron astillas cuando la Dulcenombre y La Galga tocaron sus bordos, haciendo aquella media tarde de finales de Septiembre, el azul inmenso, mil leguas mas peque�o.
"Viejo galeón". Ilustración de Ethan Mesa.
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