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| Domingo C�rdenas claudio lozano |
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| Cruzar los Baj�os de los M�rtires hacia Punta Carena hab�a robado dos noches de sue�o y dado treinta leguas de miedo a Domingo C�rdenas, porquero extreme�o en coraza de conquistador. Las nuevas recibidas por un mozo de aguada en Isla �baco acerca de la sangrienta matanza en la reducci�n jesuita de Tuxpa le hab�an dejado mal cuerpo y devuelto a la mente la leyenda de Pedro Barba sobre las doncellas indias que las fuertes lluvias desenterraron en Paloquemado y cuyos cabellos bajo aquella tierra roja crecen por siempre jam�s. Si la mar se hace larga, la tropa la coge con algo, para volcar tensiones si el miedo achucha. Esta vez tocaba la brea apestosa y fresca con la que el Capit�n hab�a ordenado embadurnar a la nave en Puerto Deseado, una mixtura viscosa y negra hecha a medias con savia de ahuehuete y chero cocido con semillas de guaba; "para ahuyentar a los mosquitos" dec�a. Lo cierto es que, con el calor h�medo de los d�as sin viento, el hedor de aquello pod�a ahuyentar a las �nimas. El Capit�n ten�a miedo, como todos, de remontar con aquel Patache hediondo R�o Alvarado, los mosquitos de tierra adentro pod�an acabar trayendo las fiebres y evaporando la raz�n de los pocos hombres que quedaban enteros en la Santa Bego�a. Santiago Garay se sent� con Domingo despu�s del rancho a maldecir un rato antes de acostarse, la moharra anaranjada que le resbalaba por la manga derecha indicaba que la herida del hombro no hab�a cerrado bien. - �Qu� vamos a hacer cuando no podamos maniobrar r�o arriba? �desatascar los riscos del r�o de cuerpos sin la bendici�n de Dios y sin cabeza como les toc� hacer a los del� San Telmo en R�o Banderas? D�melo t� Domingo. Nos dijeron que �bamos a cobrar soldada en Isla �baco con el agua y m�ranos... Domingo le mir� fijamente y espet�: - S�, pero all� nadie se qued�, llevaban m�s de tres meses sin saber de la barca de pertrechos� y ning�n nav�o de aviso hab�a aparecido con nuevas. A ellos les quedan otros tres meses esperando o que alguien les d� noticias con la aguada. �Acaso no prefieres tentar una suerte que quedarte en aquella isla llena de indios enfermos? Mira lo que les pas� a la tropa de Crist�bal de Olit, despu�s de un mes de exploraci�n remontando R�o Bernardo dieron con tres galeazas varadas en una playa y tuvieron que dejar m�s de la mitad de la carga de oro por llevar la bodega a rebosar. Santiago se agarr� a la borda,� santigu�ndose. - Esos desdichados que vararon se comieron los unos a los otros Domingo, no pongas lutos en el aire... Ambos callaron y miraron en silencio c�mo el agua oscura� y turbulenta de R�o Alvarado bajaba mansa, cargada de juncos negros que se trenzaban lentamente alrededor del casco del Santa Bego�a, como largos cabellos de india. |