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Queridos compañeros:
Una de
las tareas mas gratas de un revolucionario, es ir observando
en el transcurso de los años de Revolución cómo se van
formando, decantando y fortaleciendo las instituciones que
nacieron al inicio de la Revolución; cómo se convierten en
verdaderas instituciones con fuerza, vigor y autoridad entre
las masas, aquellas organizaciones que empezaron en pequeña
escala con muchas dificultades, con muchas indecisiones, y
se fueron transformando, mediante el trabajo diario y el
contacto con las masas, en pujantes representaciones del
movimiento revolucionario de hoy.
La
Unión de Jóvenes Comunistas tiene casi los mismos años que
nuestra Revolución, a través de los distintos nombres que
tuviera, a través de las distintas formas de organización.
Al principio fue una emanación del Ejército Rebelde. De allí
quizás surgiera también su nombre. Era una organización
ligada al ejercito para iniciar a la juventud cubana en las
tareas masivas de la defensa nacional, que era el problema
más urgente y el que precisaba de una solución más rápida.
En el
antiguo Departamento de Instrucción del Ejército Rebelde
nacieron la Asociación de Jóvenes Rebeldes y las Milicias
Nacionales Revolucionarias. Después adquirieron vida propia:
esta última la de una pujante formación de pueblo armado,
representante del pueblo armado y con categoría propia,
fundida con nuestro ejército en las tareas de defensa. La
otra, como una organización destinada a la superación
política de la juventud cubana.
Para
ello, la Unión de Jóvenes Comunistas alza sus símbolos, que
son los símbolos de todo el pueblo de Cuba: el estudio, el
trabajo y el fusil.
Y en
sus medallones se muestran dos de los más altos exponentes
de la juventud cubana, muertos ambos trágicamente sin poder
llegar a ver el resultado final de esta lucha en que todos
estamos empeñados: Julio Antonio Mella y Camilo Cienfuegos.
En este
segundo aniversario, en esta hora de construcción febril, de
preparativos constantes para la defensa del país, de
preparación técnica y tecnológica acelerada al máximo, debe
plantearse siempre, y ante todo, el problema de que es y que
debe ser la Unión de Jóvenes Comunistas.
La
Unión de Jóvenes Comunistas tiene que definirse con una sola
palabra: vanguardia. Ustedes, compañeros, deben ser la
vanguardia de todos los movimientos. Los primeros en estar
dispuestos para los sacrificios que la revolución demande,
cualquiera que sea la índole de esos sacrificios. Los
primeros en el trabajo. Los primeros en el estudio. Los
primeros en la defensa del país.
Y
plantearse esta tarea no sólo como la expresión total de la
juventud de Cuba, no sólo como una tarea de grandes masas
vertebradas en una institución, sino como las tareas diarias
de cada uno de los integrantes de la Unión de Jóvenes
Comunistas. Para ello, hay que plantearse tareas reales y
concretas, tareas de trabajo cotidiano que no pueden admitir
el más mínimo desmayo.
La
tarea de la organización debe estar constantemente unida a
todo el trabajo que se desarrolle en la Unión de Jóvenes
Comunistas. La organización es la clave que permite atenazar
las iniciativas que surgen de los líderes de la Revolución,
las iniciativas que plantea en reiteradas oportunidades
nuestro Primer Ministro, y las iniciativas que surgen del
seno de la clase obrera, que deben transformarse también en
directivas precisas, en ideas precisas para la acción
subsiguiente.
Si no
existe la organización, las ideas, después del primer
momento de impulso, van perdiendo eficacia, van cayendo en
la rutina, van cayendo en el conformismo, y acaban por ser
simplemente un recuerdo.
Hago
esta advertencia porque muchas veces en este corto y, sin
embargo, tan rico período de nuestra Revolución, muchas
grandes iniciativas han fracasado, han caído en el olvido
por la falta del aparato organizativo necesario para poder
sustentarlas y llevarlas a buen fin.
Al
mismo tiempo, todos y cada uno de ustedes deben tener
presente que ser joven comunista, pertenecer a la Unión de
Jóvenes Comunistas, no es una gracia que alguien les
concede, ni es una gracia que ustedes conceden al Estado o a
la Revolución. Pertenecer a la Unión de Jóvenes Comunistas
deben ser el más alto honor de un joven de la sociedad
nueva. Debe ser un honor por el que luchen en cada momento
de su existencia. Y, además, el honor de mantenerse y
mantener en alto el nombre individual dentro del gran nombre
de la Unión de Jóvenes Comunistas. Debe ser un empeño
constante también.
En esta
forma avanzaremos aún más rápidamente. Acostumbrándonos a
pensar como masa, a actuar con las iniciativas que nos
brinda la gran iniciativa de la masa obrera y las
iniciativas de nuestros máximos dirigentes; y, al mismo
tiempo, actuar siempre como individuos, permanentemente
preocupados de nuestros propios actos, permanentemente
preocupados de que nuestros actos no manchen nuestro nombre
ni el nombre de la asociación a que pertenecemos.
Después
de dos años podemos recapitular y observar cuáles han sido
los resultados de esta tarea. Y hay enormes logros en la
vida de la Unión de Jóvenes Comunistas.
Uno de
los más importantes, de los más espectaculares, ha sido el
de la defensa.
Los jóvenes que primero -algunos de ellos-, subieron los
cinco picos del Turquino; los que se enrolaron en una serie
de organizaciones militares, todos los que empuñaron el
fusil en los momentos de peligro estuvieron prestos a
defender la Revolución en cada uno de los lugares donde se
esperaba la invasión o la acción enemiga.
A los jóvenes de Playa Girón les cupo el altísimo honor de
poder defender allí a nuestra Revolución, defender allí las
instituciones que hemos creado a fuerza de sacrificio, los
logros que todo el pueblo ha conseguido en años de lucha;
toda nuestra Revolución se defendió allí en setenta y dos
horas de lucha.
La intención del enemigo era crear una cabeza de playa
suficientemente fuerte, con un aeropuerto dentro, que
permitiera hostilizar todo nuestro territorio, bombardearlo
inmisericordiamente, convertir nuestras fábricas en cenizas,
reducir a polvo nuestros medios de comunicación, arruinar
nuestra agricultura. En una palabra: sembrar el caos en
nuestro país. La acción decidida de nuestro pueblo liquidó
la intentona imperialista en sólo setenta y dos horas.
Jóvenes que aún eran niños, se cubrieron de gloria. Algunos
están hoy aquí como exponentes de esa juventud heroica, y de
otros nos queda por lo menos su nombre como recuerdo, como
acicate para nuevas batallas, que habrá que dar, para nuevas
actitudes heroicas frente al ataque imperialista.
En el
momento en que la defensa del país era la tarea más
importante la juventud estuvo presente. Hoy la defensa del
país sigue ocupando el primer lugar en nuestros deberes.
Pero no debemos olvidar que la consigna que guía a los
Jóvenes Comunistas está íntimamente unida entre sí: no puede
haber defensa del país solamente en el ejercicio de las
armas, prestos a la defensa, sino que, además debemos
defender el país construyéndolo con nuestro trabajo y
preparando los nuevos cuadros técnicos para acelerar su
desarrollo en los años venideros. Ahora esta tarea adquiere
una importancia enorme y está a la misma altura que la del
ejercicio directo de las armas.
Cuando
se plantearon problemas como estos la juventud dijo presente
una vez más. Los jóvenes brigadistas respondiendo al
llamamiento de la Revolución, invadieron todos los rincones
del país. Y así, en pocos meses y en batalla muy dura -donde
hubo incluso mártires de la Revolución, mártires de la
educación-, pudimos anunciar una situación nueva en América:
la de que Cuba era el territorio libre de analfabetismo en
América.
El
estudio a todos los niveles es también hoy una tarea de la
juventud. El estudio mezclado con el trabajo, como en los
casos de los jóvenes estudiantes que están recogiendo café
en Oriente, que utilizan sus vacaciones para recoger un
grano tan importante en nuestro país, para nuestro comercio
exterior, para nosotros, que consumimos una gran cantidad de
café todos los días. Esta tarea es similar a la de la
alfabetización. Es una tarea de sacrificio que se hace
alegremente, reuniéndose los compañeros estudiantes -una vez
más- en las montañas de nuestro país para llevar allí su
mensaje revolucionario.
Son muy
importantes esas tareas porque dentro de ellas la Unión de
Jóvenes Comunistas, los jóvenes comunistas no solamente dan.
Reciben, y en algunos casos más de lo que dan: adquieren
experiencias nuevas, una nueva experiencia del contacto
humano, nuevas experiencias de cómo viven nuestros
campesinos, de cómo es el trabajo y la vida en los lugares
más apartados, de todo lo que hay que hacer para elevar
aquellas regiones al mismo nivel que los lugares más
habitables del campo y las ciudades. Adquieren experiencia y
madurez revolucionarias.
Los
compañeros que pasan por aquellas tareas de alfabetizar o
recoger café, en contacto directo con nuestro pueblo
ayudándolo lejos de sus hogares reciben -puedo afirmarlo-
más aun de lo que dan, ¡y lo que dan es mucho!
Esta es la forma de educación que mejor cuadra a una
juventud que se prepara para el comunismo: la forma de
educación en la cual el trabajo pierde la categoría de
obsesión que tiene en el mundo capitalista y pasa a ser un
grato deber social, que se realiza con alegría, que se
realiza al son de cánticos revolucionarios, en medio de la
camaradería más fraternal, en medio de contactos humanos que
vigorizan a unos y otros, y a todos elevan.
Además,
la Unión de Jóvenes Comunistas ha avanzado mucho en su
organización. De aquel débil embrión que se formara como
apéndice del Ejército Rebelde, a esta organización de hoy,
hay una gran diferencia. Por todas partes, en todos los
centros de trabajo, en todos los organismos administrativos,
en todos los lugares donde puedan ejercer su acción, allí
hay jóvenes comunistas y allí están trabajando para la
Revolución.
El
avance organizativo debe ser considerado también como un
logro importante de la Unión de Jóvenes Comunistas.
Sin embargo, compañeros, en este camino difícil ha habido
muchos problemas, ha habido dificultades grandes, ha habido
errores groseros, y no siempre hemos podido superarlos. Es
evidente que la Unión de Jóvenes Comunistas, como organismo
menor, como hermano menor de las Organizaciones
Revolucionarias Integradas, tiene que beber allí de las
experiencias de los compañeros que han trabajado más en
todas las tareas revolucionarias, y debe escuchar siempre
-con respeto - la voz de esa experiencia.
Pero la
juventud tiene que crear. Una juventud que no crea es una
anomalía, realmente. Y a la Unión de Jóvenes Comunistas le
ha faltado un poco de espíritu creador. Ha sido, a trabes de
su dirigencia, demasiado dócil, demasiado respetuosa y poco
decidida a plantearse problemas propios.
Hoy se
está rompiendo eso. El compañero Joel nos hablaba de las
iniciativas de los trabajos en las granjas. Son ejemplos de
como se empieza a romper la dependencia total - que se
convierte en absurda - de un organismo mayor, como se
empieza a pensar con la propia cabeza.

Pero es
que nosotros, y nuestra juventud con todos nosotros, esta
convaleciente de una enfermedad que, afortunadamente, no fue
muy larga, pero que influyó mucho en el retraso del
desarrollo de la profundización ideológica de nuestra
Revolución. Estamos todos convalecientes de ese mal, llamado
sectarismo.
¿A qué condujo el sectarismo? Condujo a la copia mecánica, a
los análisis formales, a la separación entre la dirigencia y
las masas. Incluso en nuestra Dirección Nacional, y el
reflejo directo se produjo aquí, en la Unión de Jóvenes
Comunistas.
Si nosotros - también desorientados por el fenómeno del
sectarismo - no alcanzábamos a recibir la voz del pueblo,
que es la voz más sabia y más orientadora, si no
alcanzábamos a recibir las palpitaciones del pueblo para
poder transformarlas en ideas concretas, en directivas
precisas, mal podríamos dar esas directivas a la Unión de
Jóvenes Comunistas. Y como la dependencia era absoluta, como
la docilidad era muy grande, la Unión de Jóvenes Comunistas
navegaba como un pequeño barquito al garete, dependiendo del
gran barco: nuestras Organizaciones Revolucionarias, que
también estas marchaban al garete.
Aquí se
producían iniciativas pequeñas, que era lo único capaz de
producir la Unión de Jóvenes Comunistas, las cuales se
transformaban a veces en slogans groseros, en evidentes
manifestaciones faltas de profundidad ideológica.
El
compañero Fidel hizo serias criticas de extremismos y de
expresiones, algunas tan conocidas por todos ustedes como:
"la ORI es la candela...", "somos socialistas, p'adelante y
p'alante..." Todas aquellas cosas que criticara Fidel, y que
ustedes conocen bien, eran el reflejo del mal que gravaba
nuestra Revolución.
Hemos
salido de esa etapa. La hemos liquidado totalmente, pero,
sin embargo, los organismos van siempre un poco más
lentamente. Es como un mal que hubiera tenido inconsciente a
una persona Cuando el mal cede, el cerebro recupera la
claridad mental, pero todavía los miembros no coordinan bien
sus movimientos. Los primeros días después de levantarse del
lecho el andar es inseguro y poco a poco se va adquiriendo
la nueva seguridad. En ese camino estamos nosotros.
Así
debemos definir y analizar objetivamente todos nuestros
organismos para seguir limpiando. Saber, para no caernos,
para no tropezar e irnos al suelo; conocer nuestras
debilidades para aprender a resolverlas, conocer nuestras
flaquezas para liquidarlas y adquirir más fuerza.
Esa falta de iniciativa propia se debe al desconocimiento,
durante un buen tiempo, de la dialéctica que mueve los
organismos de masas y al olvido de que los organismos como
la Unión de Jóvenes Comunistas no pueden ser simplemente de
dirección, no pueden ser algo que constantemente mande
directivas hacia las bases y que no reciba nada de ellas.
Se
pensaba que la Unión de Jóvenes Comunistas y todas las
organizaciones de Cuba eran organizaciones de una sola
línea. Una sola línea que iba desde la cabeza hacia las
bases, pero que no tenia un cable de retorno que trajera la
comunicación de las bases. Un doble y constante intercambio
de experiencias, de ideas, de directivas, que vienen a ser
las más importantes, las que hicieran centrar el trabajo de
nuestra juventud.
Al
mismo tiempo se podían recoger los puntos en que estuviera
más flojo el trabajo, los puntos donde se flaqueara más.
Nosotros vemos todavía cómo los jóvenes, héroes de novelas
casi, que pueden entregar su vida cien veces por la
Revolución, que se les llama para cualquier tarea concreta y
esporádica, y marchan en masa hacia ellas. Sin embargo a
veces faltan a su trabajo porque tenían una reunión de la
Unión de Jóvenes Comunistas, o porque se acostaron tarde la
noche anterior, discutiendo alguna iniciativa de los Jóvenes
Comunistas, o simplemente no van al trabajo porque no, sin
causa justificada.
Cuando
se observa una brigada de trabajo voluntario donde se supone
que están los Jóvenes Comunistas en muchos casos no los hay.
No hay uno. El dirigente tenía que ir a una reunión, el otro
estaba enfermo, el de más allá no se había enterado bien. Y
el resultado es que la actitud fundamental, la actitud de
vanguardia del pueblo, la actitud de ejemplo viviente que
conmueve y lleva adelante a todo el mundo - como hicieron
los jóvenes de Playa Girón -, esa actitud no se repite en el
trabajo. La seriedad que debe tener la juventud de hoy para
afrontar los grandes compromisos - y el compromiso mayor es
la construcción de la sociedad socialista - no se refleja en
el trabajo concreto.
Hay
debilidades grandes y hay que trabajar sobre ellas. Trabajar
organizando, trabajar puntualizando el lugar donde duele, el
lugar donde hay debilidades que corregir, y trabajar sobre
cada uno de ustedes para poner bien claro en sus conciencias
que no puede ser buen comunista aquel que solamente piensa
en la Revolución cuando llega el momento del sacrificio, del
combate, la aventura heroica, de lo que se sale de lo vulgar
y de lo cotidiano y, sin embargo, en el trabajo es mediocre
o menos que mediocre.
¿Cómo
puede ser eso, si ustedes reciben ya el nombre de Jóvenes
Comunistas, el nombre que nosotros, como organización
dirigente, partido dirigente, todavía no tenemos? Ustedes
que tienen que construir un futuro en el cual el trabajo
será la dignidad máxima del hombre, el trabajo será un deber
social, un gusto que se da el hombre, donde el trabajo será
creador al máximo y todo el mundo deberá estar interesado en
su trabajo y en el de los demás, en el avance de la
sociedad, día a día.
¿Cómo
puede ser que ustedes que ya hoy tienen ese nombre, desdeñan
el trabajo? Ahí hay una falla. Una falla de organización, de
esclarecimiento, de trabajo. Una falla además, humana. A
todos nosotros -a todos, yo creo- nos gusta mucho más
aquello que rompe la monotonía de la vida, aquello que de
pronto, una vez cada cierto tiempo lo hace pensar a uno en
su propio valor, en el valor que tiene dentro de la
sociedad.
Y me
imagino el orgullo de aquellos compañeros que estaban en una
"cuatro bocas", por ejemplo, defendiendo su patria de los
aviones yanquis, y de pronto a alguien le tocaba la suerte
de ver que sus balas alcanzaban un avión enemigo.
Evidentemente es el momento más feliz en la vida de un
hombre. Eso nunca se olvida. Nunca lo olvidarán los
compañeros a los que les tocó vivir esa experiencia.
Pero
nosotros tenemos que defender nuestra Revolución, la que
estamos haciendo todos los días. Y para poder defenderla,
hay que ir construyéndola, fortificándola con ese trabajo
que hoy no le gusta a la juventud, o que, por lo menos
considera como el último de sus deberes, porque conserva
todavía la mentalidad antigua, la mentalidad, proveniente
del mundo capitalista, o sea que el trabajo es, si, un
deber, es una necesidad, pero un deber y una necesidad
tristes.
¿Por
qué ocurre esto? Porque todavía no le hemos dado al trabajo
su verdadero sentido. No hemos sido capaces de unir al
trabajador con el objeto de su trabajo. Y al mismo tiempo,
de impartirle al trabajador conciencia de la importancia que
tiene el acto creativo que día a día realiza.
El
trabajador y la máquina, el trabajador y el objeto sobre el
que se ejerce el trabajo son dos cosas diferentes y
antagónicas. Y ahí hay que trabajar, para ir formando nuevas
generaciones que tengan el interés máximo en, trabajar y
sepan encontrar en el trabajo una fuente permanente y
constantemente cambiante de nuevas emociones. Hacer del
trabajo algo creador, algo nuevo.
Ese es
quizás el punto más flojo de nuestra Unión de Jóvenes
Comunistas. Hoy por eso recalco este punto, y en medio de la
alegría de festejar esta fecha aniversario, vuelvo a poner
la pequeña gota de amargura para tocar el punto sensible,
para llamar a la juventud a que reaccione.
Hoy nos
pasó en una asamblea en que se discutía la emulación en el
Ministerio. Muchos de ustedes probablemente ya hayan
discutido la emulación en sus centros de trabajo y hayan
leído un tremendo papel que esta circulando. Pero ¿cuál es
el problema de la emulación, compañeros? El problema es que
la emulación no puede regirse, por papeles que la
reglamenten, la ordenen y le den un molde. El reglamento y
el molde son necesarios para poder comparar después el
trabajo de la gente entusiasta que está emulando.
Cuando
dos compañeros empiezan a emular, cada uno en una máquina
para construir más, después de un tiempo empiezan a sentir
la necesidad de algún reglamento para, determinar cuál de
los dos produce más en su máquina: de la calidad del
producto, de la cantidad, de las horas de trabajo, la forma
en que queda la máquina después, cómo la han atendido...
Muchas cosas. Pero si en vez de tratarse de dos compañeros
que efectivamente emulan y a los cuales nosotros vamos a
darles un reglamento, aparece un reglamento para otros dos
que están pensando en que llegue la hora para irse, a su
casa, ¿para qué sirve el reglamento, qué función cumple?
En muchas cosas estamos trabajando con reglamento y haciendo
el molde para algo que no existe. El molde tiene que tener
un contenido, el reglamento tiene que ser en estos casos, lo
que defina y limite una situación ya creada. El reglamento
debiera ser el resultado de la emulación llevada a cabo
anárquicamente si quieren, sí, pero entusiasta, desbordante
por todos los centros de trabajo de Cuba. Automáticamente
surgiría la necesidad de reglamentar, de hacer una emulación
con reglamentos.
Así
hemos tratado muchos problemas, así hemos sido formales en
el tratamiento de muchas cosas. Y cuando en esa asamblea
pregunté por qué no había estado, o cuántas veces había
estado el secretario de los Jóvenes Comunistas, supe que
había estado alguna vez, pocas, y que los Jóvenes Comunistas
no habían estado.
Pero en
el curso de la asamblea, discutiendo estos problemas y
otros, los Jóvenes Comunistas, el núcleo, la Federación de
Mujeres y los Comités de Defensa y el Sindicato,
naturalmente, se llenaron de entusiasmo. Por lo menos se
llenaron de un rescoldo interno, de amargura, de un deseo de
mejorar, un deseo de demostrar que eran capaces de hacer
aquello que no se ha hecho: mover a la gente. Entonces, de
pronto, todos se comprometieron a hacer que el Ministerio
completo emulara en todos los niveles, a discutir el
reglamento, después de establecer las emulaciones, y a venir
dentro de quince días a presentar ya todo un hecho concreto,
con todo el Ministerio emulando entre sí.

Ya allí
hay movilización. La gente ya ha comprendido y ha sentido
internamente -porque cada compañero de esos es un gran
compañero- que había algo flojo en su trabajo. Se ha llenado
de dignidad herida y ha ido a resolver. Eso es lo que hay
que hacer. Acordarse de que el trabajo es lo más importante.
Perdónenme si insisto una y otra vez, pero es que sin
trabajo no hay nada. Toda la riqueza del mundo, todos los
valores que tiene la humanidad, son nada más que trabajo
acumulado. Sin eso no puede existir nada. Sin el trabajo
extra que se da para crear más excedentes para nuevas
fábricas, para nuevas instalaciones sociales el país no
avanza. Y por más fuertes que sean nuestros ejércitos
estaremos siempre con un ritmo lento de crecimiento, y hay
que romper eso, romper con todos los viejos errores,
manifestarlos a la luz pública, analizarlos en cada lugar, y
entonces, corregirlos.
Quiero
plantear ahora, compañeros, cuál es mi opinión, la visión de
un dirigente nacional de las ORI, de lo que debe ser un
joven comunista, a ver si estamos de acuerdo todos.
Yo creo
que lo primero que debe caracterizar a un joven comunista es
el honor que siente por ser joven comunista. Ese honor que
le lleva a mostrar ante todo el mundo su condición de joven
comunista, que no lo vuelca en la clandestinidad, que no lo
reduce a fórmulas, sino que lo expresa en cada momento, que
le sale del espíritu, que tiene interés en demostrarlo
porque es su símbolo de orgullo.
Junto a
eso, un gran sentido del deber hacia la sociedad que estamos
construyendo, con nuestros semejantes como seres humanos y
con todos los hombres del mundo.
Eso es
algo que debe caracterizar al joven comunista. Al lado de
eso, una gran sensibilidad ante todos los problemas, gran
sensibilidad frente a la injusticia; espíritu inconforme
cada vez que surge algo que esta mal, lo haya dicho quien lo
haya dicho. Plantearse todo lo que no se entienda; discutir
y pedir aclaración de lo que no esté claro; declararle la
guerra al formalismo, a todos los tipos de formalismo. Estar
siempre abierto para recibir las nuevas experiencias, para
conformar la gran experiencia de la humanidad, que lleva
muchos años avanzando por la senda del socialismo, a las
condiciones concretas de nuestro país, a las realidades que
existen en Cuba: y pensar -todos y cada uno- como ir
cambiando la realidad, como ir mejorándola.
El
joven comunista debe proponerse ser siempre el primero en
todo, luchar por ser el primero, y sentirse molesto cuando
en algo ocupa otro lugar. Luchar por mejorar, por ser el
primero. Claro que no todos pueden ser el primero, pero sí
estar entre los primeros, en el grupo de vanguardia. Ser un
ejemplo vivo, ser el espejo donde se miren los compañeros
que no pertenezcan a las juventudes comunistas, ser el
ejemplo donde puedan mirarse los hombres y mujeres de edad
más avanzada que han perdido cierto entusiasmo juvenil, que
han perdido la fe en la vida y que ante el estímulo del
ejemplo reaccionan siempre bien. Esa es otra tarea de los
jóvenes comunistas.
Junto a
eso, un gran espíritu de sacrificio, un espíritu de
sacrificio no solamente para las jornadas heroicas, sino
para todo momento. Sacrificarse para ayudar al compañero en
las pequeñas tareas, para que pueda así cumplir su trabajo,
para que pueda cumplir con su deber en el colegio, en el
estudio, para que pueda mejorar de cualquier manera. Estar
siempre atento a toda la masa humana que lo rodea.
Es
decir: se plantea a todo joven comunista ser esencialmente
humano, ser tan humano que se acerque a lo mejor de lo
humano, purificar lo mejor del hombre por medio del trabajo,
del estudio, del ejercicio de la solidaridad continuada con
el pueblo y con todos los pueblos del mundo, desarrollar al
máximo la sensibilidad hasta sentirse angustiado cuando se
asesina a un hombre en cualquier rincón del mundo y para
sentirse entusiasmado cuando en algún rincón del mundo se
alza una nueva bandera de libertad.
El
joven comunista no puede estar limitado por las fronteras de
un territorio: el joven comunista debe practicar el
internacionalismo proletario y sentirlo como cosa propia.
Acordarse, como debemos acordarnos nosotros, aspirantes a
comunistas aquí en Cuba, que somos un ejemplo real y
palpable para toda nuestra América, y más aún que para
nuestra América, para otros países del mundo que luchan
también en otros continentes por su libertad, contra el
colonialismo, contra el neocolonialismo, contra el
imperialismo, contra todas las formas de opresión de los
sistemas injustos; acordarse siempre de que somos una
antorcha encendida, de que nosotros todos somos el mismo
espejo que cada uno de nosotros individualmente es para el
pueblo de Cuba, y somos ese espejo para que se miren en él
los pueblos de América, los pueblos del mundo oprimido que
luchan por su libertad. Y debemos ser dignos de ese ejemplo.
En todo momento y a toda hora debemos ser dignos de ese
ejemplo.
Eso es
lo que nosotros pensamos que debe ser un joven comunista. Y
si se nos dijera que somos casi unos románticos, que somos
unos idealistas inveterados, que estamos pensando en cosas
imposibles, y que no se puede lograr de la masa de un pueblo
el que sea casi un arquetipo humano, nosotros tenemos que
contestar, una y mil veces que si, que sí se puede, que
estamos en lo cierto, que todo el pueblo puede ir avanzando,
ir liquidando las pequeñeces humanas, como se han ido
liquidando en Cuba en estos cuatro años de Revolución; ir
perfeccionándose como nos perfeccionamos todos día a día,
liquidando intransigentemente a todos aquellos que se quedan
atrás, que no son capaces de marchar al ritmo que marcha la
Revolución cubana. Tiene que ser así, debe ser así, y así
será, compañeros. Será así, porque ustedes son jóvenes
comunistas, creadores de la sociedad perfecta, seres humanos
destinados a vivir en un mundo nuevo de donde habrá
desaparecido definitivamente todo lo caduco, todo lo viejo,
todo lo que represente la sociedad cuyas bases acaban de ser
destruidas.
Para
alcanzar eso hay que trabajar todos los días. Trabajar en el
sentido interno de perfeccionamiento, de aumento de los
conocimientos, de aumento de la comprensión del mundo que
nos rodea. Inquirir y averiguar y conocer bien el porqué de
las cosas y plantearse siempre los grandes problemas de la
humanidad como problemas propios.
Así, en un momento dado, en un día cualquiera de los años
que vienen -después de pasar muchos sacrificios, sí, después
de habernos visto quizá muchas veces al borde de la
destrucción-, después de haber visto quizá cómo nuestras
fábricas son destruidas y de haberlas reconstruido
nuevamente, después de asistir al asesinato, a la matanza de
muchos de nosotros y de reconstruir lo que sea destruido, al
fin de todo esto, un día cualquiera, casi sin darnos cuenta,
habremos creado, junto con los otros pueblos del mundo, la
sociedad comunista, nuestro ideal.
Compañeros, hablarle a la juventud es una tarea muy grande.
Uno se siente en ese momento capaz de transmitir algunas
cosas y siente la comprensión de la juventud. Hay muchas
cosas que quisiera decir de todos nuestros esfuerzos,
nuestros afanes; de cómo, sin embargo, muchos de ellos se
rompen ante la realidad diaria y como hay que volver a
iniciarlos. De los momentos de flaqueza y de cómo el
contacto con el pueblo -con los ideales y la pureza del
pueblo- nos infunde nuevo fervor revolucionario.
Habría
muchas cosas de que hablar. Pero también tenemos que cumplir
con nuestros deberes. Y aprovecho para explicarles por qué
me despido de ustedes, con toda mala intención si ustedes
quieren. Me despido de ustedes, porque voy a cumplir con mi
deber de trabajador voluntario a una textilera; allí estamos
trabajando desde hace ya algún tiempo. Estamos emulando con
la Empresa Consolidada de Hilados y Tejidos Planos que
trabaja en otra textilera y estamos emulando con la Junta
Central de Planificación, que trabaja en otra textilera.
Quiero decirles, honestamente, que el Ministerio de
Industrias va último en la emulación, que tenemos que hacer
un esfuerzo mayor, más grande, repetido constantemente, para
avanzar, para poder cumplir aquello que nosotros mismos
decimos de ser los mejores, de aspirar a ser los mejores,
porque nos duele ser los últimos en la emulación socialista.
Sucede,
simplemente, que aquí ha ocurrido lo mismo que les ha
ocurrido a muchos de ustedes: la emulación es fría, un poco
inventada, y no hemos sabido entrar en contacto directo con
la masa de trabajadores de la industria. Mañana tendremos
una asamblea para discutir esos problemas y para tratar de
resolverlos todos, de buscar los puntos de unión, de
establecer un lenguaje común de una identidad absoluta entre
los trabajadores de esa industria y nosotros los
trabajadores del Ministerio. Y después de logrado eso, estoy
seguro de que aumentaremos mucho los rendimientos allí y que
podremos, por lo menos, luchar honorablemente por los
primeros lugares.
En todo
caso, en la próxima asamblea el año que viene les contaremos
el resultado. Hasta entonces.
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