Introducción
El Sábado, observancia rica en simbolismo, cofre que encierra los recursos infinitos de la omnipotencia, es la mayor bendición que el cristiano pueda encontrar en su caminar a través del tiempo. Su significado llena la vida misma de significado. Verdaderamente entendido, hace de un aparente capricho de un Dios exigente una delicia que recuerda constantemente del interés personal de un Dios infinito sobre sus criaturas finitas.
El Sábado fue instituido por Dios más que para un mero descanso físico. Implicaba desde el principio la provisión de recursos espirituales que restaurarían las reservas del cristiano que de otra forma se agotarían. Mientras el conflicto entre el bien y el mal se desarrollaba en este campo de batalla que es nuestro mundo, el Sábado iría adquiriendo un significado mas y mas evidente en el drama de los siglos. Aun más, este día tan especial serviría como retiro temporal al soldado con Cristo al frente como capitán; retiro en el cual, el soldado habría de recibir, cada vez más, nuevas provisiones de energías y municiones para la batalla, así como motivación e instrucción que renovarían su firme propósito al ejecutar su misión.
Nuestro capitán mismo, quien luchó nuestras luchas en su vida terrenal, dio ejemplo al respecto, para que sigamos sus pisadas. Lo encontramos allí en Nazaret en la sinagoga donde entraba cada Sábado conforme a su costumbre (Lucas 4: 16). Era su costumbre observar este día en todo aspecto, y no solo en su asistencia a cultos semanales. Esto lo vemos en su frecuente obrar a favor de otros en Sábado, y en sus declaraciones que en ninguna manera disimulaba su propósito de resaltar su verdadero significado. “Porque el hijo del hombre es Señor Aún del Sábado” (Marcos 2: 28). Con esta declaración, se arrogó la propiedad del día, y el derecho a interpretar su significado y verdadera observancia. Su costumbre de descansar en Sábado fue hasta la muerte, porque en su misma muerte descansó un séptimo día en la tumba de José de Arimatea. Todo esto lo hizo con tal de que nosotros apreciáramos y disfrutáramos a plenitud de este don.
“Acordarte has del día de reposo para santificarlo” (Exodo 20: 8). Sí, hay algo de qué acordarnos en forma especial como parte de la obediencia a Dios. Se trata de algo cuya memoración nos recuerda quién es Dios, y quiénes somos nosotros. Nos recuerda de dónde venimos y cuál es nuestro destino. Nos señala que a pesar de nuestra debilidad y pecado, hay una gracia inefable que sobreabunda. Nos señala que en esta vida hay un propósito en vivir, en obedecer, en servir y en descansar. Este monumento en el tiempo sirve como baluarte que evoca fe en aquellos que procuran cada vez una más profunda experiencia espiritual.
“Porque en seis días hizo Jehová los cielos, la tierra y el mar, y todas las cosas que en ellos hay, más reposó el séptimo día. Por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó” (Vers. 20: 11). Todo lo que Dios espera del hombre tiene un por qué. Que no hayamos llegado a su entendimiento pleno no significa que sea capricho divino. Dios apela a la razón santificada de forma que podamos comprender inteligentemente su sabiduría infinita, en lo que cabe, considerando la densa neblina con que el pecado ha nublado nuestro entendimiento. Apela a nuestra razón con argumentos convincentes. Pero la mayor convicción proviene de la experiencia práctica que acompaña al entendimiento intelectual, y sobre todo espiritual. La religión de Cristo no es una mera fórmula. No es una abstracción de conceptos que no tiene relevancia en la vida diaria. Tampoco es una serie de prescripciones que llevan a una obediencia mecánica que no tiene mas por qué que la codicia por la recompensa, o temor por el castigo.
Dios apela primero a nuestra razón dándonos su propio ejemplo. “Porque . . . Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó”. Lo hizo para establecer un precedente, para dar un ejemplo. No podemos bendecir lo ya bendito de Dios, pero podemos santificarlo como El santificó, y descansarlo como el descansó. “Porque el que entra en su reposo, descansa de sus obras como Dios de las suyas” (Hebreos 4: 3). Santificar el Sábado implica una acción deliberada, una decisión basada en la razón que lleva a un trato distinto y especial del día.
Dios no pudo haber enfatizado en mayor forma la importancia de nuestra observancia de este don semanal que dándonos ejemplo a seguir. No tenía necesidad alguna del mismo, pues el que todo lo puede “no se cansa ni se fatiga” (Isaías 40: 28). Pero nosotros sí habíamos de cansarnos, y en medio del afán diario, olvidarnos de lo que Dios no quería que nos olvidáramos. Acordarnos del Sábado para santificarlo, indudablemente conlleva el acordarnos del por que de su observancia, y del rico simbolismo espiritual que encierra.
A través del tiempo, Dios ha tenido a sus representantes fieles que han seguido sus pisadas y ejemplo. Estos se han acordado de santificar 24 horas al fin de la semana, en cumplimiento del mandato divino. Han demostrado al mundo el por qué de la obediencia. Dios siempre ha tenido personas que a través de sus vidas transformadas han demostrado lo que Dios puede hacer en todo aquel que, al igual que ellos, pone su vida y voluntad en manos del Todopoderoso para obedecerle. Estos han manifestado que la obediencia demuestra por sus frutos que ésta es producto de un plan elaborado por Aquel que encarna la sabiduría infinita, teniendo en cuenta el bienestar eterno de sus criaturas. El Sábado es parte de este diseño y plan; y como tal, trae bendiciones insospechadas.
Los que han disfrutado en su mayor plenitud de las ricas bendiciones encerradas en su observancia, son aquellos que han llegado a un mayor entendimiento de su profundo valor espiritual. Las bendiciones del Sábado son en proporción directa a nuestro entendimiento de los diferentes aspectos del plan de la redención, y del trato de Dios hacia sus hijos, como son simbolizados por este día santo. Aún su observancia nominal puede rendir algo de sus beneficios. Sin embargo, observar superficialmente este mandato, apegándonos a su letra e ignorando, o descuidando su espíritu, sería como inclinarse a recoger un anillo de oro encontrado sobre un terreno de nuestra propiedad, bajo el cual se encuentra una rica mina de este precioso metal, mientras ignoramos que el anillo no es más que una ínfima parte de la riqueza que nos aguarda.
Querido amigo lector, imagínate que te hacen un pago con un cheque que descubres, para tu sorpresa, que es sin fondo. ¿Cómo te sentirás? ¿Defraudado? ¿Engañado? ¿Quizás enojado? ¿Te sentirás que te han tomado de tonto? Imagínate que ahora te regalan un cheque por una enorme suma, y que recordando con escepticismo el engaño anterior, lo arrojas quién sabe donde, y luego lo olvidas, hasta que descubres que quien te lo regaló era un filántropo de mucha reputación por su bondad y honestidad. ¿Qué harás? ¿Buscarás el cheque desesperadamente? Lo mas importante, ¿lo encontrarás?
No un Capricho Divino. Los Siete significados del Séptimo Día trae en sus páginas, convicción e inspiración espirituales sobre el día Sábado, que hacen de su lectura una amena y profunda a la vez. El lector encontrará en su recorrido a través del rico contenido de este libro, joyas del pensamiento teológico respaldadas por las Escrituras mismas, de donde se derivan sus enseñanzas.
El libro está dividido en 7 capítulos después de su introducción, un capítulo por cada significado. Sigue una secuencia lógica, tanto desde una perspectiva cronológica de la gran controversia, como desde la perspectiva de la experiencia cristiana. Este libro presenta cada significado del séptimo día, como edificado sobre el fundamento del significado previo, o lo que es lo mismo, cada significado expande el previo que sirvió como su base. El libro se desarrolla en un órden progresivo, en el cual cada significado del séptimo día se interconecta con doctrinas mayores. Esta relación o conección fluye naturalmente, y no artificialmente. Sin embargo, ya que este significado obvio es tan frecuentemente ignorado, se da una explicación detallada basada en la Biblia en una forma clara y entendible. Aunque cada capítulo está más bien centrado en una doctrina bíblica, o en un aspecto de la gran controversia, el Sábado está presente a cada paso, y cada significado es claramente derivado.
No un Capricho Divino. Los Siete significados del Séptimo Día trae a tu mente una fresca motivación para observar este día. No importa cual sea tu afiliación religiosa, si te has preguntado el por qué de este mandamiento, Dios te ha hecho un regalo de valor infinito al añadir a la semana de afán un séptimo día. Descubre el regalo divino como es tu privilegio descubrir. Si ya crees haberlo encontrado, te invito a que redescubras significados insospechados encerrados dentro de sus horas sagradas. Que la lectura de este libro abra tus ojos a riquezas infinitas puestas por el cielo a tu disposición, y que extendiendo la mano de la fe puedas apropiarte de las gemas de verdad encerradas en el mensaje del Sábado.
Danilo D. Gómez
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