La Viga en tu Ojo
Hola amigo y amiga del Evangelio horizontal. Uno de los peores males que afectan a las relaciones humanas en todo el globo es el de la crítica condenatoria. Los cristianos, desafortunadamente, no estamos exentos de este mal. Al contrario, este mal existe en una forma más pronunciada pero sutil en nuestro medio, pues está vestida de un manto de religiosidad.
La crítica de la cual estamos hablando es tan morbosa que es muy probable que el sólo pensar en su existencia pudiera hacernos mirar a otros como que la padecen, mientras nos eximimos de culpa a nosotros mismos. Su libre ejercicio ha causado ruina de reputaciones, ruptura de amistades, trifulcas entre vecinos, y más que todo, ha traído oprobio sobre el nombre de Cristo, cuyo nombe llevamos.
Cristo, en su tiempo, echó juicio sobre el acto de juzgar, y condenó al que condena. En realidad, enseñó que es el mismo que juzga a su prójimo quien echa sobre sí condenación. Enseñó que el acto mismo de condenar es pecaminoso. En adición, el que juzga y condena a su prójimo es culpable del mismo mal que ve en otro.
Dijo: “No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? !Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano” (Mateo 7: 1-5). Es interesantísima la analogía utilizada por el Salvador en su ilustración. El que posee la paja en su ojo es obviamente el afectado. Es su propio problema. Amigo, amiga, quizás recuerdas cómo en tu niñez ibas llorando donde tu madre porque tenías una incidiosa paja en tu pequeño ojo. Ella con comprensión y compasión soplaba sobre tu ojo con el fin de remover a tan molestosa intrusa.
Amigo, amiga, como miembro del cuerpo de Cristo pídele a tu Maestro que “unja tus ojos con colirio”; luego, “saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano”. Sólo cuando la Iglesia sea limpiada por el Señor de los males así revelados, podrá señalarle al mundo su enfermedad y su remedio.