Hijos de la Promesa
Hola amigo y amiga del Evangelio horizontal. Es probable que muchos de los que se nos unen en esta meditación hayan recibido en algún momento una herencia, ya sea de sus padres que pasaron al descanso o de algún otro familiar. También es probable que muchos otros nunca hayan recibido una herencia, y nunca la recibirán. No al menos de bienes materiales.
La Biblia nos habla de una herencia que ha sido dejada a cada uno de nosotros. Sí, hermano y amigo. Eres heredero, no de bienes raíces o inmuebles, sino de una herencia insospechada, una herencia que mientras más la compartes con otros, más rico te hace.
Abrahán era viejo cuando recibió tanto la promesa de una herencia como la de engendrar a un heredero. El tenía posesiones materiales en abundancia, pues “era riquísimo en ganado, en plata y en oro” (Génesis 13: 2). Pero no tenía descendiente alguno a quién dejársela cuando muriera. Su esposa era también de edad avanzada y aunque hubiese sido joven, no hubiese podido tener hijos, pues era estéril.
Pero Dios le hizo una promesa cargada de bendiciones. En realidad, no solamente tenía bendiciones por venir, sino que su aceptación misma era una bendición. Le dijo Dios: “haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. “Y creyó Abrahán a Dios y le fue contado por justicia”
La simiente de Abrahán era el heredero prometido. A la vez, era el canal a través del cual las bendiciones de la promesa fluirían a “todas las naciones de la tierra”. Comenzando con Isaac y siguiendo con cada niño, a través de los siglos, el pueblo de Israel esperaba al hijo de la promesa, al Mesías. Al fin el Mesías vino trayendo consigo la bendición prometida a Abrahán, a sus descendientes, y a la misma humanidad.
El apóstol Pablo nos recuerda que Cristo era esa simiente, y aún más, que “si sois de Cristo, simiente de Abrahán sois, y herederos conforme a la promesa” (Gálatas 3: 29). Sí, hermano, hermana. Si sois de Cristo sois herederos de la promesa. Pero más que herederos sois canales a través de los cuales serán benditas todas las naciones de la tierra.
Quizás te has visto tentado a pensar que eres una carga o aún una desgracia para tu pareja, tus padres o alguna otra persona. La realidad es que si crees en la promesa, ésta se hará una realidad, aquí y ahora. Serás una bendición a los demás, aún a los de tu propia casa.
El libro de Apocalipsis llama a la Iglesia remanente: “el resto de la simiente” (Apocalipsis 12: 17). Si Cristo es la simiente, y nosotros el resto de la simiente, entonces nosotros somos lo que ha quedado de Cristo sobre esta tierra. Sí, si somos de Cristo, somos parte de Cristo, como los pámpanos son parte de la vid. Si somos de Cristo, seremos sus manos para levantar al caído, sus pies para andar en búsqueda del perdido, sus labios para hablar palabras de aliento. Y a través de ti y de mí, serán benditas todas las naciones de la tierra.