En tu camino
Hola amigo y amiga del Evangelio horizontal. Quizás te has preguntado cuál es tu don o talento, y cómo podrás descubrirlo. Hay dos talentos muy fáciles
de descubrir para los cuales hay innumerables oportunidades. Son los talentos o dones del servicio y el de hacer misericordia (Romanos 12: 7, 8).
Muchos cristianos los subestiman y aún los menosprecian. No con mucha frecuencia se reciben aplausos o alagos por su ejercicio. Pero pocos dones nos
hacen más semejantes a Jesús como éstos.
Jesús cierta vez contó la parábola que hoy conocemos como la del ?buen samaritano?, y que encontramos en Lucas 10. En esta parábola Cristo presentó la
historia de un peatón que transitaba el peligroso camino que conducía de Jerusalem a Jericó. En su trayectoria, el peatón fue asaltado, mal herido, y
dejado medio muerto a la orilla del camino.
Un sacerdote quien irónicamente regresaba de oficiar en el templo de la santa ciudad, al ver al moribundo, lo ignoró por completo y prosiguió su camino.
Luego pasó un Levita que al ver a la víctima de tan horrendo crímen, simplemente lo vió como un obstáculo y pasó a la otra orilla para proseguir su viaje.
Pero al fin se acercó un samaritano, despreciado por judíos tales como los anteriores. Pero el samaritano no pensó en prejuicios. No se detuvo a consultar
sus sentimientos de rechazo causado por los judíos. No se puso a racionalizar sobre el poco tiempo o dinero que tenía o en la molestia que le causaría
socorrer al herido.
Simplemente ?fue movido a misericordia? (Versículo 33). Tomó en sus brazos al moribundo, y ungió y vendó sus heridas. Lo montó sobre su cabalgadura y
lo llevó a un mesón donde por un tiempo él mismo lo cuidó. Al partir le pagó al encargado para que cuidara del herido, con la promesa de pagarle cualquier
gasto adicional cuando regresase.
El buen samaritano de la parábola no solamente representa un ejemplo a imitar por todos. También representa a Cristo quien toma al necesitado, y como si
fuésemos mesoneros, trae a nuesras vidas a otros para que les mostremos su amor.
Amigo, amiga, ¿has pensado que a diario hay moribundos en tu camino que necesitan una mano ayudadora que los rescate? Tal vez no veas las oportunidades
para ayudar a otros, pero están allí. Pídele a Dios que te abra los ojos para que veas dichas oportunidades, aún en las cosas pequeñas. Pídele a Dios
que te ponga en el camino al necesitado de su amor. Aún más, pídele al Señor que te guíe por la senda del que perece.
Quizás puedas ofrecerte para hacer trabajo voluntario en algún hospital o institución caritativa, o quizás simplemente puedas hacerles favores a los ancianos
de tu vecindario. Sentirás para tu sorpresa, como si se te multiplicara el tiempo y el dinero, pues habrán cambiado tus prioridades. Sentirás la gran
satisfacción de usar tus dones al servicio de los demás, y como si fuera poco, cuando Cristo regrese te lo pagará. Pero sobre todo, glorificarás a tu Salvador
al reflejar su imágen.
A los de su Iglesia que sean diligentes en prestar ayuda, Cristo les dirá en aquel día: ?Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros
desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me dísteis de comer; tuve sed, y me dísteis de beber; fui forastero, y me recogísteis; estuve desnudo,
y me cubrísteis; enfermo, y me visitásteis; en la cárcel, y vinísteis a mí. De cierto os digo que en cuanto lo hicísteis a uno de estos mis hermanos más
pequeños, a mí lo hicísteis?.