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laCuerda Una mirada feminista de la realidad |
Año 6, No. 62 Guatemala,
noviembre/2003 |
Editorial—
De la incertidumbre a las certezas
Con alivio momentáneo recibimos los primeros
resultados de las elecciones, apenas consoladas porque no se entronizó el
genocida, agradecidas porque el pueblo votó en su contra. Ésos son los
sentimientos del instante.
Pero la voz de la
experiencia ya nos habla de los riesgos que corremos, los peligros que siguen
al acecho. Estamos conscientes de las debilidades que tienen los contendientes
por la presidencia de la República, con equipos integrados por personajes poco
honrosos y el agravante de no tener clara su posición política. Seguimos a la
espera de un resultado definitivo que se conocerá cuando alguno llegue al poder
y empiece a ejercerlo.
Nuestro papel ahora
es tomarles el pulso, ver cómo actúan y hacia dónde nos llevan. En adelante
queremos que cumplan con lo que ofrecieron, con los compromisos que firmaron.
Que honren su palabra.
Sólo en ocasiones
puntuales nos damos cuenta hasta dónde la política se mete en nuestras vidas.
Aun cuando no queramos, nos afecta, porque tener ciudadanía es ser políticas.
Los niveles en que nos involucremos se relacionan con decisiones personales,
con posición social y, por supuesto, con sexo. Dar un voto es un compromiso que
se adquiere como colectivo. A las mujeres guatemaltecas nos toca seguir
participando, en la cotidianeidad, defendiendo nuestros derechos y exigiendo
que se atiendan nuestras viejas demandas. No importa quién quede, queremos que
nos cumplan.
Muchas señoras y
jóvenes se hicieron cargo de las mesas, sobre todo en algunos centros de
votación de la capital. No tenemos a la mano el dato, pero había muchísimas
secretarias, fiscales y escasas presidentas. Sería interesante saber cuántas
mujeres ejercieron su derecho al voto. Es difícil obtener esas cifras, porque
no se consideran relevantes.
Ojalá podamos saber
también cuánta gente joven votó. Son datos que pueden reflejar aspectos que
pasan inadvertidos o que se ocultan por oficio. laCuerda constató el interés
que mostraron por su participación las guatemaltecas: indígenas, negras,
ladinas, criollas, jóvenes, ancianas, ricas y pobres. Mujeres cargando niños,
viejitas de bastón, señores con sus perritos, familias enteras, todos fueron
con la disposición de participar. En una escuela una pareja se puso a bailar al
son de la marimba.
Sin duda abrumadora
fue la victoria de la diputada Nineth Montenegro. El triunfo para sus
compañeros de partido tiene cara de mujer. Ojalá no lo olviden. La gente le dio
su confianza a una persona que ha marcado, con trabajo y tesón, la diferencia
con otros congresistas corruptos, haraganes e incapaces. Desde aquí la
felicitamos.
Es nuestro deseo que
las guatemaltecas que se involucraron en esta campaña electoral sigan allí,
poniéndole un sello de mujer a la política. Que se multipliquen y lleguen cada
vez más lejos, sin olvidar a sus congéneres. A las esposas de los candidatos, a
las diputadas e integrantes de las organizaciones y movimientos, las instamos
para que juntas, nosotras las mujeres, hagamos de la democracia y la
equidad una realidad palpable.
Audacia, osadía, temeridad, arrojo
contra el miedo
Rosalinda Hernández Alarcón, laCuerda
En esta edición mujeres y hombres con
diferentes realidades nos referimos a los miedos. Uso el término en plural en
tanto éstos son variados, con orígenes, interpretaciones e intensidades
diversos. Todos ellos rondan en distintas etapas de la vida.
La inquietud por
abordar este tema es la posible utilidad que representa conocer sus significados,
efectos en los ámbitos individual y social, percepciones en la condición de
mujeres y hombres, así como tener en cuenta el elemento contradictorio que
tiene consigo el miedo.
Según el
"Diccionario de los Sentimientos", de José Antonio Marina y Marisa
López Penas (1999), el miedo es la percepción de un peligro o la presunción de
que algo malo va a suceder. Tiene diferentes desencadenantes: puede exceder la
capacidad de previsión, representar contratiempo, desgracia o amenaza. También
se asocia al temor a la mirada de los otros, vergüenza, timidez.
El miedo puede
impulsar a la acción, movilizar con desequilibrio o paralizar. Es un regulador
de comportamiento. En el extremo contrario se encuentran sentimientos y
actitudes que reaccionan con firmeza: la valentía, el coraje, la furia, la
bravura.
Espacios individuales
Los factores reales e imaginarios que
provocan esa sensación ingrata se manifiestan con frecuencia como alerta en lo
cotidiano, en casa o cuando salimos a la calle, en los centros de estudio o
trabajo; también como reto cuando nos enfrentamos a la posibilidad de hablar,
participar o decidir.
Los efectos más
evidentes del miedo convierten a las mujeres en pasivas, obedientes y sumisas.
En el ciclo de la violencia intrafamiliar desde las víctimas, en las llamadas
cuatro etapas está presente el miedo: en la acumulación de enojo, la explosión,
el distanciamiento y la reconciliación.
Si este sentimiento
tiene como asidero la falta de confianza o una valoración endeble de nuestros
talentos (habilidades, capacidades y valores), controlarlo nos trae como
resultado fortalecer nuestra autoestima. Cuántas de nosotras hemos comprobado
que es posible superar la boca seca, falta de voz, garganta cerrada, manos
sudadas, corazón desenfrenado.
El miedo superado nos
transforma, nos da fuerza, abre la posibilidad de autovalorarnos, porque somos
nosotras mismas quienes tenemos noción de su intensidad y grado de dificultad
para superarlo. Es fácil comprobar que las rebeldes, insumisas y activas hemos
tenido que sobreponernos al miedo de manera constante.
En el "Elogio de
la mujer brava", Héctor Abad comenta que las "mujeres nuevas exigen,
piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan y se desnudan si les da la
gana".
Espacios sociales
Los miedos con impactos sociales tienen como
origen medidas sustentadas en antivalores como la violencia, la arbitrariedad,
la crueldad, el autoritarismo, el militarismo, el machismo.
Paradójicamente esas
situaciones han contribuido a desarrollar formas de solidaridad y apoyo entre
conglomerados para hacerles frente a los mecanismos que alientan el miedo como
medida de control social.
La falta de
libertades políticas y de seguridad ciudadana provoca permanentes miedos
sociales. En contrapartida, existen movimientos que luchan por el derecho a la
vida sin violencia, contra la delincuencia común y el crimen organizado, el
aparato contrainsurgente y la represión.
Entre los rasgos
generales consignados en el Informe de la Recuperación de la Memoria Histórica
(REMHI) en Guatemala, se establece que los efectos del miedo generado por el
aparato contrainsurgente inhibieron la comunicación, hicieron que las personas
se desvincularan de procesos organizativos, fomentaron el aislamiento social y
la desconfianza en las comunidades.
Ello explica que en
estos tiempos, a diferencia de otros países del área, existan aquí niveles de
organización social y política muy escasos. A pesar de las garantías políticas
establecidas nacional e internacionalmente, el miedo es el principal disuasivo
para evitar que la gente ejerza sus derechos de expresión, movilización,
etcétera. Es decir, esa noción de peligro y amenaza, con diferentes
intensidades, impide el ejercicio de derechos.
El REMHI afirma que
el miedo "también puede ser un mecanismo que ayuda a defender la vida.
Cuando las situaciones de crisis se fueron haciendo más intensas, la percepción
de riesgo vital hizo que muchas personas y comunidades tomaran la decisión de
huir, protegerse y apoyarse mutuamente".
Antepongamos la valentía
Con el propósito de retomar algunos elementos
de la dimensión del peligro, el "Diccionario de los Sentimientos"
describe que el valor no sólo consiste en oponerse a los miedos físicos, sino
también a coacciones sociales. De ahí que sus contrapartes se convierten en
atrevimiento, audacia, osadía y temeridad. Califica al valor como el ánimo y
aliento que desprecia el miedo en empresas y resoluciones; en tanto, la
valentía tiene el significado de esfuerzo, vigor, arrojo y determinación.
En las páginas que
siguen encontrarán argumentos que explican desde un punto de vista psicológico
los tipos de miedo, testimonios de cómo mujeres y hombres los viven, su
dimensión cultural y elementos de la filosofía maya que enuncian al amor como
antídoto del miedo.
En fin, es un tema
del que nadie está ajeno. Los sentimientos y actitudes que provocan los miedos
pueden convertirse en flaqueza, amilanamiento pusilanimidad, timidez, vergüenza
y cobardía. La otra opción es aprender a dimensionarlos para descubrir los
posibles antídotos. La imprudencia puede provocar que los olvidemos o la
capacidad de sufrir nos hace aguantarlos. Mejor que la confianza nos ayude a
anular los miedos, la fuerza a disminuirlos y la valentía a afrontarlos.
laCuerda
Guatemaltecas destacadas
Julia Gabriel, migrante guatemalteca, recibió
el premio del Centro Robert F. Kennedy por su lucha en la denuncia y
eliminación del trato esclavista en las plantaciones de tomate. Ella es
lideresa de la Coalición de Trabajadores de Imokalee en Florida, Estados
Unidos. De su lado, la cantante guatemalteca Irenne Coronado obtuvo dos
galardones -Mejor Artista y Mejor Disco del Año- de los Unity Awards (equivalentes
a los premios Oscar), en una ceremonia celebrada en el estado de Ohio.
Mujeres comprometen a
presidenciables
Delegadas de más de 20 organizaciones
presentaron a candidatos presidenciales su agenda denominada "Mujeres en
la diversidad", que contiene demandas prioritarias a favor de la equidad.
Plantea reformar la ley de partidos políticos para garantizar la participación
femenina en puestos de decisión, así como la autonomía de la Secretaría
Presidencial de la Mujer. Candidatos de nueve partidos políticos, a excepción
del PAN y el FRG, se comprometieron con las guatemaltecas mediante la
suscripción de un acuerdo.
Agreden a Rigoberta Menchú
Simpatizantes del Frente Republicano
Guatemalteco agredieron a la Premio Nobel de la Paz y a otras personas que asistieron
a una vista pública relacionada con el amparo contra la inscripción de Efraín
Ríos Montt como candidato a la Presidencia. Rigoberta Menchú denunció el hecho
ante las autoridades, a quienes solicitó la destitución del fiscal Carlos
Pineda por no haber ejercido su autoridad. Además exigió una investigación
exhaustiva de la actuación del presidente de la Corte de Constitucionalidad,
Guillermo Ruiz Wong, quien no llamó al orden.
Descubren pruebas falsas de
ADN
La Fiscalía de la Mujer encontró pruebas falsas
de ADN en 102 denuncias presentadas contra abogados que tramitan adopciones.
Esta prueba es uno de los requisitos que deben cumplir las personas que desean
adoptar legalmente a un menor. La institución investiga si estos casos se
relacionan con alguna organización dedicada al robo de menores.
Desapariciones de niñas y
niños
Un promedio de tres denuncias diarias de
desaparición de menores recibe la Policía Nacional Civil. En los primeros nueve
meses del año, 408 niñas y niños han desaparecido en Guatemala y las
autoridades temen que al finalizar el 2003 la cifra supere los 505 casos
reportados el año pasado. La falta de empleo, el maltrato infantil, la
desintegración familiar y la criminalidad son señaladas como las principales
causas que influyen en este fenómeno.
Miles de jóvenes viven con VIH
en América Latina
Cerca de 560 mil jóvenes viven con VIH/sida
en América Latina y el Caribe, reveló un informe del Fondo de Población de
Naciones Unidas. Pese a que la mayoría son hombres (69 por ciento), la proporción
de mujeres infectadas va en aumento. El informe destaca que la región tiene
menor incidencia de infectadas (31 por ciento) que países industrializados,
Asia Central y Europa Oriental, donde la enfermedad alcanza a más del 33 por
ciento.
Trastornos psicosomáticos
Más del 50 por ciento de la población
guatemalteca sufre trastornos psicosomáticos, que especialistas del Ministerio
de Salud atribuyen a las secuelas del conflicto armado interno, la violencia e
inseguridad ciudadana. Muchas de las personas afectadas habitan en el área
Ixil, Quiché, donde los suicidios se han incrementado considerablemente. Las
alteraciones más frecuentes son ansiedad, angustia, temor y depresión.
Reporte de violencia
En octubre, 87 mujeres fueron víctimas de
violencia y accidentes. Quince quedaron heridas en intentos de homicidio. Ocho
fueron secuestradas, cuatro violadas y 19 asesinadas (de éstas, una estaba
embarazada y algunas fueron torturadas). Dos sufrieron atentados, una más un
intento de linchamiento, tres recibieron amenazas y cuatro están desaparecidas.
En accidentes fallecieron ocho y 23 resultaron lesionadas.
Miedo: La percepción de un peligro o la
anticipación de un mal posible provoca un sentimiento desagradable, acompañado
de deseos de huida.
Susto: La percepción de algo imprevisto o que
aparece bruscamente provoca un sentimiento negativo, intenso y breve,
acompañado de la incapacidad de reaccionar.
Horror: La percepción de algo que sobrepasa la
posibilidad de control, sea peligroso o no, provoca un sentimiento negativo,
acompañado de incapacidad de reacción.
Fobia: Un objeto o una situación provoca un
sentimiento negativo, una aversión intensa, incontrolable e irracional, que
conduce necesariamente a conductas de evitación. Puede ir acompañado de ataques
de ansiedad.
Fuente: Marina, José Antonio y Marisa López
Penas.
"Diccionario de los sentimientos".
Anagrama. Barcelona. 1999.
Qué es el miedo y cómo enfrentarlo
Wendy Santa Cruz, laCuerda
Es natural que en ocasiones sintamos miedo.
Seguramente alguna vez escuchamos advertencias como: "si te portás mal, te
va a llevar el cachudo; portate bien o Santa no te traerá nada; si te orinás en
la cama, te vamos a hacer jabón de coche".
Nos educan y crecemos
con numerosos miedos. Tememos a la enfermedad, la muerte, la soledad, a perder
nuestro trabajo o caer en la pobreza. Nos da miedo hacer cambios, ser
diferentes y que no nos acepten socialmente.
¿Qué es el miedo y
cuáles son sus manifestaciones? ¿Qué tipos de miedo podemos sentir? ¿Cuáles
elementos influyen en la manera de percibirlo? ¿Cómo lo podemos afrontar? A
estas preguntas responden personas que ejercen la Psicología: María Helena
Jourdain, brasileña residente en Guatemala; Gustavo Castellanos, del Centro de
Desarrollo Humano; Elsy Barillas Divas, de la Liga Guatemalteca de Higiene
Mental, y Marina de Villagrán, involucrada en el proyecto y desarrollo de una
Maestría de Psicología Social y Violencia Política. A continuación rescato
algunas de sus consideraciones.
Una emoción básica
Las personas entrevistadas concuerdan en
definir el miedo como una de las emociones básicas del ser humano, un mecanismo
que nos prepara para dos reacciones: la huida o la defensa. Es una sensación
muy desagradable e incómoda que se adquiere debido a un condicionamiento frente
a un estímulo.
Esta emoción
desencadena lo que en Psicología se denomina "Síndrome de
Activación", el cual pone en marcha una serie de mecanismos defensivos que
nos preparan para reaccionar ante cualquier amenaza. Entre sus manifestaciones
físicas están el cese de la digestión, aceleración de las palpitaciones, sudoraciones
frías o temblores en diferentes partes del cuerpo, mareos y náuseas.
Cuando es demasiado
fuerte, el miedo priva de discernimiento a la persona, quien puede llegar a
paralizarse o acelerar su respuesta, mantenerse hiperalerta, tener una
sobrevaloración de la causa de su temor o trivializarlo.
Sentir miedo es
natural, pero cuando éste es sostenido, quien lo padece se mantiene en un
estado de tensión y puede llegar a interiorizarlo. Al suceder esto, los daños
van mucho más allá de una situación traumática leve y la persona se inhibe de
realizar una serie de actividades.
Tipos de miedo
Quienes ejercen la Psicología no se han
puesto de acuerdo en una clasificación general del miedo. Tampoco han podido
definir con claridad si existen miedos congénitos, aunque mencionan algunos
como el temor a caer, a la oscuridad, a los fenómenos naturales y a la muerte.
La división clásica
es: racionales o adaptativos e irracionales o no adaptativos. Los primeros se
designan como naturales; son los que previenen un peligro. Los irracionales
dejan de ser habituales y se convierten en patológicos, los cuales hacen
recordar la primera vez en que fueron sentidos.
Otra forma en que la
Psicología suele agruparlos es en innatos, que como su nombre indica son
inherentes a los seres humanos; y los aprendidos, que se adquieren en el
transcurso de la vida por diferentes circunstancias.
Además de estas
maneras de organizarlos, resulta que cada forma diferente de miedo tiene un
nombre distinto. Es decir que, dependiendo de su intensidad, deja de llamarse
miedo y pasa a ser ansiedad, pánico, terror, entre otros. (Ver
recuadro)
Factores que inciden en
nuestros temores
Los miedos tienen orígenes muy diversos, pero
la mayoría se deriva de la falta de confianza de una persona en sí misma. No es
agradable hablar de ellos y menos reconocerlos ante los demás porque supone
mostrar nuestras debilidades e inseguridades.
La Psicología afirma
que el origen de los miedos también tiene un componente cultural. La forma de percibirlos está determinada por
la cultura de la persona, en la medida en que ésta establece lo que "está
bien" y lo que "está mal". Se supedita, además, a la filosofía
del sujeto, sus valores y credo, que de alguna manera tienen influencia de la
sociedad.
En todas las personas
hay temores similares, pero la construcción social de los roles que asumen
mujeres y hombres también influye en que unas y otros manifiesten sólo aquéllos
que supuestamente corresponden a su sexo.
Históricamente el
miedo ha sido y se sigue utilizando como arma de control. Guatemala no es la
excepción. Aquí hemos subsistido, durante muchos años, con un sistema de poder
ilegítimo, gobiernos autoritarios, militares o militarizados, que entran en
alianzas con sectores económicos para que nada cambie y que los recursos y el
mando se mantengan en las mismas manos. Este sistema se ha impuesto a través de
la violencia y el miedo con el fin de mantener quieta a la población.
Enfrentarlos paso a paso
Las personas suelen huir de sus miedos, actitud
con la cual limitan su capacidad de crecer con ellos, lo que no significa
soportarlos. Una de las primeras soluciones ante esta emoción desagradable es
enfrentarla. Los expertos aseguran que la mejor manera de hacerlo es paso a
paso para evitar incrementar su intensidad al tratar de vencerlo
apresuradamente.
Lo primero que
recomiendan es aceptar que se tiene miedo. De esta manera la persona se hará
más consciente e intentará descubrir las causas que originaron su temor. Al
conocer las motivaciones que le dieron inicio, podrá convivir con él por un
tiempo y no tardará en recobrar la confianza en sí misma. Con esta esperanza
tendrá la capacidad de enfrentarlo.
Este proceso lo puede
hacer individualmente, pero cuando el miedo es demasiado intenso o irracional
lo mejor es que busque ayuda especializada para tener acompañamiento.
Respecto a los
temores de la sociedad guatemalteca, las personas entrevistadas aseguran que la
ruta para vencerlos pasa por hacer cambios en las conductas cotidianas y
esfuerzos de convivencia entre sus integrantes. Esto significa renunciar a la
pasividad y actuar, participando en cada ámbito social para crear espacios y
aprender a confiar de nuevo mutuamente.
En efecto, derrotar
los miedos no sólo representa un triunfo sobre nuestras incertidumbres, sino
vencer a quienes los utilizan en beneficio de sus propios intereses.
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Miedo: Temor a un objeto, persona
o situación.
Ansiedad: Miedo anticipatorio, cuando
se tiene temor a lo que pueda suceder sin tenerlo claro. Puede ser irracional
y hasta fantasioso.
Pánico: Miedo irracional muy
intenso que aparece bruscamente y priva de discernimiento a la persona.
Pavor: Temor con espanto y
sobresalto.
Terror: Miedo interiorizado,
exacerbado y demasiado intenso.
Susto: Temor que se da de manera
sorpresiva.
Angustia: Está asociada a situaciones
apuradas y a la desesperación.
Fobia: Tipo de miedo intenso a un objeto
o situación concreta. Suele ser irracional, aunque puede tener explicaciones
racionales. |
Anabella Acevedo, laCuerda
Miedo a la risa. Miedo a la noche. Miedo a
nuestros cuerpos. Miedo a la guerra. Miedo a decir lo que queremos. Miedo a la
verdad. Miedo a lo que los demás puedan decir de nosotras. Miedo a la
independencia. ¿Con cuántos miedos tenemos que convivir día a día? ¿Cuáles
reconocemos y cuáles podremos conquistar?
Desde niña, una de
las expresiones que más escuchaba era ese tan temido "eso no se
hace", que fue alimentando el miedo por la naturalidad que luego tanto
tiempo me tomó empezar a borrar. Un "eso no se hace" que con
frecuencia estaba unido a "eso no lo puede hacer una mujer", porque
las buenas costumbres, porque qué van a decir, porque es peligroso, o
simplemente porque no estaba bien. De esta forma aprendí a decir que sí, que
estaba bien, aunque eso significaba negarme a mí misma y negarme, sobre todo,
el derecho a decidir.
Más adelante, a esos
temores cotidianos y domésticos, reales o impuestos, vendrían a unirse otros
todavía más inexplicables. Nadie me dijo entonces que estábamos en guerra y que
en tantos pueblos de Guatemala las personas vivían permanentemente con miedo a
la destrucción, a la muerte, a la tortura. Así, empecé a vivir mi adolescencia
sintiendo miedo y aprendí que en mi país se vivía con miedo y que había que
acostumbrarse a observar cuidadosamente todo y a todos para poder sobrevivir. A
sentir miedo. Miedo a lo que los periódicos dirían al día siguiente, a lo que
significaban los helicópteros en el cielo, a las llamadas de teléfono o a sus
silencios, porque a menudo eso quería decir no saber dónde estaban mis hermanos
o mis padres cuando explotaba alguna bomba en el centro, por ejemplo. Fue sólo
hasta unos años después que esos miedos adquirieron nombres concretos y muchos,
muchos nombres propios que por un breve momento tuve la esperanza de ver
anulados por la historia.
Años más tarde,
cuando me fui de Guatemala para estudiar en un pueblo tranquilo, no podía dejar
de sentir miedo, y aun cuando vivía sola y nadie estaba en casa esperándome
para regañarme por llegar tarde o por no ser la hija perfecta, todavía me
dejaba guiar por el temor a la desaprobación y a los juicios de los demás, a
quienes por otro lado quería con locura -- y eso era lo peor, porque ahí
estaban la culpa y el deseo. Afortunadamente, a lo largo de mi vida fui conquistando
espacios y conociendo personas maravillosas que me fueron enseñando a reconocer
mis miedos y a lidiar con éstos, a hablar cuando tenía ganas de hacerlo y,
sobre todo, a no sentirme culpable cuando no había motivos reales para ello.
Nada originales mis
miedos, por cierto. Nada extraños para una mujer guatemalteca, clase media,
católica, que ha vivido la mayor parte de su vida en un país en guerras y
postguerras, y donde día a día otras mujeres son víctimas de las más diversas
vejaciones. Tal vez sólo una ventaja, y es precisamente el reconocimiento y el
rechazo del origen de mis miedos, fantasmas con los que he ido aprendiendo a
convivir y a los cuales les voy reclamando la plena posesión de mí misma,
aunque regresen, aunque algunos parezcan atados a mí de una manera permanente.
María Eugenia Solís García, laCuerda
"Para variar", la creatividad
estuvo ausente en la publicidad de la campaña electoral. Por meses hemos estado
saturados de cancioncitas sin gracia, mensajes babosos sin vigor ni contenido
enriquecedor. Los candidatos nada tienen de buenos oradores ni agitadores de
masas. Vaya que terminó porque esto ha sido entre pesadilla y circo, como dijo
Carolina Escobar Sarti en su columna.
Es urgente legislar
para controlar el origen del financiamiento de las campañas. Si se exige
transparencia podremos atar vínculos de los partidos políticos con el lavado de
dinero, el narcotráfico y las mafias corporativas. Pero debe regularse acerca del
periodo de duración de la campaña electoral. En otros países lo han logrado.
Pienso que si la forma y contenido de la campaña van a ser similares a ésta, un
mes es demasiado largo...
A propósito de
mensajes, el premio sexista se lo llevaron Quiroa y la ANN. Recurrieron a
exhibir una mujer desnuda, como cualquier corriente y vulgar publicista lo hace
en el diseño de una campaña para vender ron, llantas, cerveza o carros. Vaya
forma de llamar la atención.
Quienes salvaron el
cuadro fueron Nosotras las Mujeres. Son las únicas que se han lucido con su
serie de mensajes con contenido político y sus diseños gráficos.
Quiero hacer énfasis
en dos mensajes cargados de violencia. Ambos buscaron despertarnos los miedos
atascados que llevamos dentro.
El 14 a las 14...
Resulta que el PAN y su candidato a la cabeza
intentaron por todos los medios generar odio contra las maras. Vaya forma de
hacer mercadeo de votos.
Con siniestra
intención les atribuyen a las maras la inseguridad ciudadana que vivimos día a
día en este país. Nada más alejado de la realidad. Quienes son responsables de
la delincuencia son el crimen organizado, el narcotráfico, las bandas de
secuestradores y asaltantes conducidos por adultos, muchos de ellos incrustados
en las estructuras gubernamentales.
Claro, la incapacidad
de las instituciones responsables de la seguridad ciudadana y el sistema de
justicia contribuyen a que el problema no mejore sino al contrario; la
impunidad la tienen asegurada y esto lo agrava.
Los medios hacen eco
de estos mensajes y contribuyen a levantar odio contra la gente joven, la mitad
de la población guatemalteca. Debe quedar claro que las maras son espacios
secundarios de socialización para adolescentes y jóvenes en muchísimos países.
Lógicamente, el espacio primario es la familia. Las personas integrantes de las
maras tienen sentido de pertenencia, viven una solidaridad y hermandad que en
otros espacios no han encontrado. Las maras no son organizaciones creadas para
cometer delitos. Bastaría con acercarse a los estudios que contienen
testimonios de sus miembros para comprender lo que ellas y ellos encuentran en
su organización.
En inadecuado afirmar
que las maras y las pandillas juveniles en conflicto con la ley penal son
sinónimos. Definitivamente no lo son. Las maras son un fenómeno social que debe
analizarse desde sus orígenes socioeconómicos y culturales. Distinto problema
son los jóvenes que forman bandas para delinquir o son utilizados por
"capos" adultos. De esto tiene suficiente evidencia la Secretaría de Bienestar
Social que maneja estadísticas acerca del tipo de delitos que cometen los
adolescentes.
El mensaje amenazador
contra las maras oxigena una serie de prejuicios igualmente peligrosos contra
la gente joven menos afortunada de este país. El prejuicio opera contra los que
sobreviven en áreas precarias o urbano-marginales. "Como te veo, te
trato" es lo que está entrelíneas cuando escuchamos ese tipo de mensajes.
La criminalización de
la pobreza está oculta en esa propaganda. No ofrecieron reprimir a los jóvenes
acomodados de Guatemala. Nos trataron de convencer que ellos/ellas son malos o
potencialmente malignos porque usan aretes, tatuajes, se visten y llevan el
pelo de tal o cual manera. Todo ello viene a reforzar discriminaciones de las
que no hemos podido desprendernos los guatemaltecos. Cabe preguntarnos: ¿qué
podemos esperar de una sociedad que rechaza a sus jóvenes?
Como si no fuera
suficiente aterrorizarlos, también a los adultos nos dieron una dosis de miedo.
En forma inaudita nos ofrecieron seguridad a partir del 14 a las 14 sacando
soldados a las calles a cuidarnos. Háganme el favor, ¡qué era aquello!
Regreso del dolor hacia la vida
Carmen Álvarez, guatemalteca, k'iche'
Un principio de la filosofía maya es la
dualidad, que es a su vez uno de los elementos fundamentales de la búsqueda del
equilibrio. Así como en ésta existen el día y la noche, también se plantea que
tanto las sociedades como las personas tenemos luz y sombra. Lo que pasa es que
la ideología predominante nos ha hecho separar lo bueno y lo malo y eso hace
que nos empeñemos sólo en querer ver la luz y lo bonito y escondemos o negamos
la sombra.
De la misma manera,
tanto el mundo como cada ser humano están regidos por dos fuerzas
fundamentales: el amor y el temor. El temor se enmarca en el miedo, el
resentimiento, la rabia, el odio, la destructividad, la crueldad, la agresión,
la irresponsabilidad, la avaricia, el estancamiento, la putrefacción... Y el
amor se basa en el afecto, la ternura, la comprensión, la búsqueda, la
creatividad, la responsabilidad, el equilibrio...
La historia de
nuestro país está plagada de relaciones de opresión, explotación, violencia y
autoritarismo, ya que durante siglos los ejércitos -incluidos los más
recientes- han sometido a nuestros pueblos para quitarnos cualquier posibilidad
de riqueza. Todo ello le ha impreso un determinado carácter a la sociedad
guatemalteca, condicionándola a ser una sociedad llena de miedos que se han ido
transmitiendo de una generación a otra.
Si reflexionamos cómo
todo esto se ha guardado en nuestras imágenes inconscientes -es decir, en la
memoria corporal, la mente, la conciencia y el imaginario que actualmente
tenemos tanto hombres como mujeres-, sin darnos cuenta nos movemos más en la
energía del miedo, ya que no pasa un día sin que oigamos evocarlo. Así, el
miedo como fenómeno psicológico y social nos mueve a encerrarnos, a
reprimirnos, a volvernos obedientes y sumisas. Ya no vemos que también somos
seres de luz. Por ello evitamos hablar, sentir, actuar, pensar, salir a la
calle, ser nosotras mismas en libertad, vivir con alegría y gozo, que no vienen
de afuera sino de adentro de nosotras.
Por eso, en la medida
en que rescatemos la historia y el proceso de opresión, especialmente de las
mujeres, y entendamos cómo hemos interiorizado el pensamiento y los valores
opresores, podremos desconstruirlos y construir una identidad que no nos haga
repetir esos patrones de comportamiento. De allí que desconstruir ese temor
interiorizado es un trabajo que nos toca a nosotras hacer y la clave es
intentar explicar de dónde proviene ese miedo profundamente enraizado en
nuestro propio interior.
El Estado, por su
parte, tiene el desafío de erradicar la cultura de violencia y construir una de
amor, no solamente haciendo decretos sino trabajando con los entes individuales
y colectivos que lo componen, inclusive con sus miedos, sus opresiones y la
violencia que han vivido, pues por eso siguen reproduciendo la opresión de la
cual son víctimas a la vez.
Si queremos erradicar
la opresión en Guatemala, tenemos que atacar los miedos que se han apoderado de
nosotras. No podemos transformar nuestro entorno si no cambiamos nosotras para
dejar de transmitir y repetir los patrones aprehendidos y trabajar por sentir
orgullo y dignidad por nuestro país y las cosas que hacemos.
El sentido más
antiguo de la palabra miedo es "más allá", del griego
"meta". Esto significa que pasar por el miedo forma parte del proceso
de crecimiento, lo cual es una invitación a tomar conciencia de dónde estamos y
de ya no sentirnos solamente víctimas sino declarar, como dice María Eva Ares:
"Regreso del dolor hacia la vida... y ya no tengo miedo ni hace frío y
bebo con el ansia de los cardos la savia de la tierra y el rocío".
Evelyn Blanck y Rosalinda Hernández Alarcón
Nuestros interlocutores en ocho departamentos
mostraron interés en escuchar una iniciativa para promover la libertad de
expresión desde el protagonismo de los grupos sociales y la producción
periodística.
Fue un privilegio
escuchar voces de mujeres y hombres de variadas edades, quienes con rasgos
distintos conforman un mosaico que queremos compartir. Se trata de personas que
pertenecen a grupos privilegiados, en tanto se encuentran entre las pocas que
opinan o participan en algún grupo social o entidad estatal pro derechos
humanos.
Como integrantes de
las asociaciones DOSES y La Cuerda realizamos entre julio y septiembre una gira
para promover la democratización de los medios mediante la responsabilidad
compartida entre potenciales fuentes y periodistas en: San Marcos,
Quetzaltenango, Chiquimula, Alta Verapaz, Izabal, Escuintla, Retalhuleu y
Chimaltenango.
En estos encuentros
nunca tuvimos que presenciar la salida repentina de las personas asistentes o
retrasos mayores a los 30 minutos, como por costumbre sucede en la capital.
Esta iniciativa de
compartir esfuerzos, desde dos campos de acción social, en el futuro
posiblemente genere acciones que rompan el círculo entre la queja contra
periodistas y los reclamos contra actores sociales que se abstienen de informar
por temor a que sus declaraciones sean distorsionadas.
Este recorrido nos
sirvió para ubicar más de acerca realidades diferentes a los escenarios
capitalinos. Nos llena de esperanza ver que dentro del terrible subdesarrollo
de las áreas fuera de la ciudad de Guatemala, existe un crecimiento en procesos
de rearticulación social, aunque todavía carecen de impacto en los medios de comunicación.
Diferentes formas de conversar
Aprendimos a dejar de decir "en el
interior del país"; ahora nos resulta natural hablar de los departamentos
o los espacios fuera de la capital. Tuvimos la oportunidad de participar en
distintos diálogos, todos ellos con un toque peculiar.
Apertura en el
intercambio de opiniones en Chiquimula, increíble puntualidad. Dificultad para
opinar en Quetzaltenango, estilo distante y en ocasiones hasta ceremonioso. En
Retalhuleu, mucha dispersión en la charla, quizás faltan espacios de debate. En
San Marcos compartimos una conversación muy directa y con gran facilidad entre
personas de distintas edades. En Chimaltenango los periodistas con un amplio
conocimiento de la realidad social; nuestros interlocutores, indígenas o no
indígenas, anotaron números mayas en la lista -- ¿será un reflejo de identidad
bicultural? En Alta Verapaz, nuestros invitados hablaron de manera formal sin
entrar a detalles, gran contraste al comparar la reunión en Escuintla.
Las manifestaciones
machistas fueron evidentes en más de una ocasión. Para muestra unos
comentarios: "las mujeres no hablan porque no quieren, nosotros les damos
la oportunidad; ella es inquieta; ellas son muy bravas, no es fácil conversar
con ellas". Estos últimos calificativos los dieron a mujeres críticas que
defienden sus puntos de vista con firmeza.
Lo cierto es que las
voces femeninas están presentes con diferentes tonalidades. En Izabal, las
garífunas sin duda son quienes manifestaron mayor fuerza en su discurso, al
igual que las jóvenes periodistas en San Marcos, que además de contar con
capacidad de propuesta tienen reconocimiento en su localidad.
Manejo de medios de
comunicación
Este tema despierta interés. Para la mayoría
era totalmente desconocido. Resultó interesante ver cómo lo descubrían, unos
más que otros. Difícil saber si en Retalhuleu lo lograron; en Alta Verapaz fue
claro que sí. Tuvimos la impresión que en Escuintla y Chiquimula por primera
vez hablaban al respecto.
No nos equivocamos al
programar encuentros con nuestros colegas departamentales y potenciales
fuentes. Comprobamos que hay un interés por abrir espacios en los medios a
partir de iniciativas de la sociedad civil.
Reflexionar en torno
al concepto de ciudadanía y el derecho de libertad de expresión como
responsabilidades compartidas provocó distintas reacciones. Unas personas
defendieron la visión tradicional que asigna a la prensa la responsabilidad de
ejercer tal derecho. Otras comentaron que hacer realidad tal prerrogativa
implica la defensa y la acción de las agrupaciones sociales y organizaciones no
gubernamentales (ONG).
Periodistas y probables
fuentes
En los departamentos faltan opciones para
quienes aspiran a mejorar su preparación profesional en el campo periodístico.
Las organizaciones sociales todavía carecen de voceros, así como de planes para
relacionarse con los medios de comunicación y periodistas.
Entre las inquietudes
de algunos colegas sobresale lo expresado por varias periodistas, quienes
manifestaron su disposición por incorporar nuevos temas y ampliar el número de
fuentes, pero sus medios poco lo favorecen.
A nivel de quejas
conocimos casos en los que por fallas en la acción periodística se ha afectado
la integridad de actores sociales, situación que ha dañado al gremio en varias
localidades.
El mayor número de
periodistas lo encontramos en Cobán, donde paradójicamente carecen de algún
medio escrito. El único que conocimos fue el que editan en Chiquimula. Sin duda
faltan medios escritos a nivel departamental. La televisión por cable se ha
desarrollado, aunque se puede mejorar la formación de los reporteros.
La actitud de los
representantes de la sociedad civil es de reclamo hacia los medios y
periodistas; casi igual se percibe en la capital y los departamentos. Hay un
desconocimiento casi total de cómo relacionarse con la prensa. Se ve que les
interesa, pero no habían visto la necesidad de prepararse para hacerlo y menos
diseñar estrategias de comunicación.
Existe la mala
interpretación que los periodistas tienen que estar donde la sociedad civil
desea actuar. En uno de los encuentros, una persona lanzó el reclamo y la
respuesta del colega fue: "es que los periodistas no sabemos todo".
En estos encuentros
la participación de las ONG fue relevante. Si las y los posibles actores
interesados en promover la democratización de los medios son únicamente ONG,
sin duda faltarán las organizaciones sociales y comunitarias, cuyo
funcionamiento puede desarrollar un mayor protagonismo.
Establecer compromisos
compartidos en la rama de la comunicación puede ayudar a superar las quejas y
actitudes de cautela, así como a impulsar acciones de cambio en un contexto en
el que hay mejores condiciones para hacerlo.
Lucía Escobar, laCuerda
En la oscuridad de la noche, en la intimidad
de la cama, en el instante antes de cerrar los ojos a la vida, es ahí donde
somos más vulnerables a nuestros miedos. Es en esos momentos cuando nos
encontramos solas ante lo que somos; sin testigos, sin excusas, sin
distracciones.
El miedo es un
sentimiento muy humano, una perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo
real o imaginario que produce reacciones motoras (encogimiento, palidez,
paralización, temblor y deseo de huir). Es, asimismo, motor de vida, instinto
de supervivencia.
Todos sentimos miedos
en la vida, algunos reales, otros sicológicos. Y cada cual tiene maneras
distintas de enfrentarlos. Hay quienes se paralizan ante el enemigo; otras
personas se enfrentan a él seguras de ganar.
De este sentimiento
se han aprovechado muchos a lo largo del tiempo para imponer sus deseos y
pensamientos. Las religiones, las iglesias, viven del miedo humano a un castigo
divino. Juegan con los temores de sus feligreses para expandir su dominio.
Los miedos también
cambian con los años. A los bebés les asustan los ruidos desconocidos, son más
vulnerables a las vibras, a los sentimientos ocultos. Los niños más grandecitos
ruegan por escuchar cuentos de miedo, aunque 10 minutos después estén muertos
de pánico. Los adolescentes suelen acercarse a lo que antes les causaba terror:
pasean en los cementerios, andan en lugares oscuros, practican deportes
extremos. Ya en la primera fase de la vida adulta empiezan los miedos sociales,
a fracasar, a no tener dinero, estatus, esposa o marido, carro, hijas o hijos,
carrera. Así seguimos siempre con miedos nuevos, con fobias diferentes, con
terrores acumulados. Y siempre en el fondo de nuestra cabeza, el miedo eterno a
la muerte, a desaparecer un día sin dejar huella.
Los miedos urbanos
son diferentes a los rurales. En el campo les huimos a las culebras, a los
alacranes, a los chuchos en los callejones, a los hombres escondidos entre la
milpa. La naturaleza es una Diosa explosiva. En cambio, en la ciudad el miedo
es a que nos maten en la esquina, a que un camionetero nos choque, a
encontrarnos un policía en medio de la noche, a que nos asalten, violen o
torturen. Mucha gente, hablando de miedos, prefiere encontrarse con los muertos
y no los con vivos.
Pero si hablamos de
miedos superados, tenemos que empezar por recordar a Rosalina Tuyuc,
enfrentándose cara a cara con los asesinos de sus familiares, quienes han
tenido el descaro de rondar las exhumaciones, como si no les bastara con haber
sido actores principales de las masacres. Y qué decir de Rigoberta Menchú,
inmensamente fuerte ante la maldad de los retrógrados racistas. Por supuesto,
hablamos también de Nineth Montenegro, caminando en los años ochenta con su
altavoz en una mano y la foto de su marido en otra. Y de Helen Mack, exigiendo
justicia para su hermana, acusando a militares, llevándolos a la cárcel y
obligándolos a asumir su culpa.
Así que las
guatemaltecas somos buenas para convertir el miedo en fuerza. ¡Fuerza, pues!
... para estos días de terror.
Las sutilezas de dormir con el enemigo
Adelma Bercián, guatemalteca, periodista
Al nacer, los seres humanos traemos incluidas
tres emociones básicas. Una de ellas es el miedo. Desprovista de él, la
humanidad atentaría contra sí misma al carecer de alertas mentales que le
prevengan del peligro.
¿En qué momento,
entonces, la emoción que nos salva se convierte en nuestro peor enemigo? ¿Por
qué, en vez de hacernos huir, el miedo nos petrifica, nos inmoviliza? ¿Qué nos
hace estancarnos frente a personas o situaciones eminentemente peligrosas? Y
cuando nos armamos de valor y desafiamos nuestros miedos, ¿es el peligro el
resultado de nuestra subjetividad? ¿Por qué siempre resulta ser el obstáculo
menos complicado de lo que nos parecía?
La cinta
"Durmiendo con el enemigo", protagonizada por Julia Roberts y
estrenada en 1991, desarrolla, en un guión muy bien escrito, las implicaciones
de vivir con miedo. Un filme que merece ser visto varias veces, porque a la
primera se cae en la tentación de odiar al abusador y celebrar el triunfo de la
víctima como se aplaude la victoria del bien sobre el mal.
Pero una revisión más
profunda del filme descubre los muchos niveles en la vida de una persona que
llega a inundar el miedo cuando alguien abusa de él o lo inflige en otra
persona. La película ofrece lecciones sutiles pero importantes. Por ejemplo,
que para sobrevivir es necesario vencer hasta los terrores más arraigados. O
que los miedos más difíciles de asumir son aquéllos que existen únicamente en
la mente y no los reales, como debería suponerse.
Rescato acá la
importancia de no desviar la atención que se debe a las víctimas, porque aunque
al final logren sobreponerse, nada ni nadie retribuye la vida perdida, las
cicatrices ni las secuelas irreversibles de una víctima de violencia
intrafamiliar.
A propósito del 25 de
noviembre, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las
Mujeres, y que temo quedará relegado -más- de la atención pública por el
proceso electoral, para mí la lección más importante de la película es que el
miedo puede ser el motor de muchas acciones de las cuales nos creemos incapaces
hasta que las circunstancias nos obligan. Como sobreviviente exitosa de un
evento de violencia parecido al del filme, puedo asegurar que una no duerme
junto al enemigo, sino con el enemigo por dentro.
Laura E. Asturias, laCuerda
Todo se presta para una mente ingeniosa que
quiere infundir terror (y, de paso, lucrar con los productos de su
imaginación). Desde ratas (las pobres, que más razón tienen de asustarse de la
gente que ésta de ellas) hasta inofensivos pájaros se convierten en crueles
culpables del pavor humano. Y como si la vida cotidiana no fuera
suficientemente horrorosa, hay quienes pagan para sudar adrenalina y darse
baños de pánico en una sala de cine.
A estas alturas, las "películas
de miedo" ya no me asustan (¡no tanto!), como sí lo hacen, por ejemplo,
los productos de mentes con cero ingenio observables en algunos suplementos
para mujeres en el país; ésos que buscan transformarnos el cuerpo para
convertirnos en meras muñecas de consumo, sílfides, plagadas de trastornos
alimenticios y diuréticos.
Podríamos enumerar
cientos de películas que nos dan escalofríos mientras las vemos y hasta un mes
después cuando entramos a un cuarto oscuro. Cada quien tendrá su propia lista
de horrores fílmicos, pero hay algunos que han dejado a muchísima gente con los
ojos pelados por buen rato antes de poder conciliar el sueño.
¿A quién no le
levantó más de algún pelo de la nuca "El exorcista"? Han pasado 30
años desde su estreno y todavía hay quienes tiemblan al ver los trances de
Linda Blair y el vómito verde que le lanza a un sacerdote.
Si hablamos de
directores que han convertido en monstruos perversos a ciertas criaturas,
Alfred Hitchcock se llevó las palmas en 1963, con el clásico "Los pájaros".
Y el gran Steven Spielberg se ha rayado muchas veces ("ET" y
"Encuentros cercanos del tercer tipo" son, para mí, dos de sus
mejores producciones), pero no nos hizo un gran favor con "Tiburón"
(1975): después de ver la cinta, pocas personas se adentraban así nomás en un
mar que no fuera totalmente cristalino o sin la garantía de que esos dientudos
pececitos no rondaban por ahí.
"Alien"
(1979) fue sin duda una de las más atemorizantes sobre monstruos
extraterrestres, pero el magnífico papel de la protagonista, Sigourney Weaver,
rompió de tal manera el molde de damisela indefensa que fue su valentía lo que
más me impresionó. Y me atrevo a decir que la mayoría de niñas y niños ha
tenido a su lado a alguien así cuando los fantasmas acechan desde el armario.
Una película que me
impactó sobremanera fue "Soylent Green" (1973), protagonizada por
Charlton Heston, el ahora octogenario que ha dado más terror en su papel real
como presidente de la NRA, la Asociación Nacional del Rifle en los Estados
Unidos, en la cual todos, absolutamente todos sus representantes de campo son
hombres.
En ese filme, de lo
más futurista en aquellos tiempos, era el año 2022. El mundo estaba atestado de
gente, la contaminación ambiental era insoportable y la escasez de recursos
reducía el papel de las autoridades a conseguir comida para las grandes masas.
El nombre de la película es el del alimento artificial cuyos ingredientes eran
desconocidos por la sociedad. Y el protagonista es un rudo detective de
homicidios que fortuitamente descubre un secreto tan abominable que nadie le
cree. "Soylent Green" eran nada menos que los cadáveres, reciclados
en verdes y nutritivas galletas, de las personas que iban a morir voluntariamente
a un lugar donde, mientras ingerían un vinito letal, les mostraban en video
bellos parajes ya inexistentes de la Tierra.
En estos días están
pasando "Rose Red" por HBO. Es la historia de Joyce Reardon, una
profesora de psicología decidida a demostrarle al cínico presidente de su
departamento que lo inexplicable realmente existe y ocurre. En ese empeño lleva
a un equipo de psíquicos a una vieja y abandonada mansión, "Rose
Red", que tiene "vida propia". Sus esfuerzos liberan al espíritu
de la antigua dueña de la casa y descubren los horrendos secretos de quienes
ahí vivieron y murieron, obligando a algunos del equipo a confrontar sus
propios demonios internos.
Recomendable si te
entusiasman los caserones donde deambulan muchos espíritus intranquilos, de ésos
que de verdad asustan al ponerte una mano oscura sobre el hombro. Y en ausencia
de televisión por cable, una pasadita por el Congreso de la República o la Casa
Presidencial logrará el mismo efecto.
Dispuestas a defender la libertad de expresión
Marielos Monzón, guatemalteca, periodista
"La prensa no puede ser realmente libre
a menos que la voz de las mujeres se eleve en un plano de igualdad". Éste
es el lema de la Fundación Internacional de Mujeres en los Medios, que cada año
otorga un reconocimiento al coraje periodístico a mujeres que trabajan en este
campo, quienes a través de sus historias exponen la injusticia, exclusión y
violaciones a los derechos fundamentales de sus pueblos.
Quizá la vivencia más
importante de esta experiencia fue conocer a colegas de otros países con
diferentes formas de interpretar el mundo, distintas necesidades y carencias,
diversos idiomas y códigos culturales. Todas ellas comparten la misma pasión
por el periodismo y luchan incansablemente por hacer visibles temas, actores y
sectores excluidos; su voz y sus palabras coinciden en la lucha contra la
represión, impunidad, violencia y pobreza.
Anne Garrels es una
corresponsal de la Radio Pública Nacional de Estados Unidos que cubre las
historias de vida de quienes se encuentran en medio de la guerra. En la
invasión contra Irak, ella fue una de las dos periodistas mujeres que
permaneció en Bagdad y reportó lo que ocurría en la vida diaria de las familias
iraquíes. Expuso lo que las grandes cadenas de televisión obviaron o no
quisieron mostrar y proporcionó "la otra cara de la moneda" de lo que
estaba sucediendo. "Desnuda en Bagdad" es el título del libro que
publicó acerca de su experiencia. De Anne me impresionó su sentido del humor,
humanismo, conocimiento profundo sobre la realidad latinoamericana, pasión por
contar historias y su compasión por quienes sufren; además por la cantidad de
idiomas que habla y la visión crítica de la política externa e interna del
gobierno de su país.
Tatyana Goryachova es
la editora del diario ucraniano "Berdyansk Delovoy", el único medio
independiente de su pueblo natal. El año pasado un desconocido le arrojó ácido
en la cara como represalia por las publicaciones sobre corrupción y
malversación de fondos de las autoridades locales. Por tres meses quedó
completamente ciega, tuvo que ser sometida a cirugía para reconstruir parte de
su rostro que había quedado desfigurado. A pesar del acoso, amenazas y cerco
económico que le han impuesto, Tatyana continúa al frente de su publicación y
afirma valientemente que nada hará que la deje de publicar. Ahora mismo está
buscando fondos para pagar a la oficina de correos el dinero que le exige para
seguir circulando. De ella me conmovió su valentía, determinación, trabajo incansable,
el amor por su familia; asimismo me sorprendieron, guardando las distancias,
las similitudes en carencias y necesidades de nuestros pueblos.
Magdalena Ruiz tiene
casi 50 años de ser periodista de radio, prensa y televisión. Su trayectoria le
ha valido el reconocimiento y cariño de la sociedad argentina; hay quienes la
definen como "un vicio nacional". Durante décadas se ha dedicado a la
defensa de los derechos humanos y la libertad de expresión; formó parte de la
Comisión Nacional de Desaparecidos de Argentina, que documentó los abusos de la
dictadura militar que desapareció más de 30 mil personas, incluidos niños y
bebés recién nacidos. Magdalena es un claro ejemplo de libertad, alegría, buen
humor, pasión y coraje; una de esas mujeres que desafió la exclusión y
discriminación contra las mujeres, en la época donde hablar de equidad de
género era casi un delito.
Conocerlas, compartir
con ellas y saber que, al igual que muchas de mis colegas en Guatemala, hay
periodistas dispuestas a jugársela para defender la libertad de expresión con
equidad, ética, valentía y responsabilidad, reafirma mi compromiso.
Alma Vásquez, guatemalteca, antropóloga forense
Dolor, tristeza, soledad, ansiedad,
inquietud, curiosidad, empeño, lucha, sufrimiento, tranquilidad... Son algunos
de los sentimientos que se pasean por mi mente cuando platico con cada una de
las muchísimas mujeres que fueron víctimas, y que aún lo son pero han ido
quedando olvidadas al paso del tiempo. Ellas buscan la oportunidad de ser
notadas y tomadas en cuenta en un proceso como lo son las exhumaciones que se
realizan en Guatemala, de las personas que fueron brutalmente masacradas en la
época del conflicto armado interno.
Cada mañana se
presentan a tempranas horas a esperar que sigamos trabajando con el afán de que
aparezcan sus esposos, hijos, padres, hermanos, abuelos u otros familiares que
desaparecieron durante la época de guerra que se vivió en nuestro país y a
quienes hasta la fecha ellas siguen buscando.
Su paciencia y
silencio es guardado en cada uno de los colores que adornan sus güipiles. Éstos
las hacen vistosas a cualquiera que las mira caminando en la calle o en algunos
de los pueblos, pero que nunca imagina que frente a sí hay una mujer que fue
abusada sexualmente, incluso siendo una jovencita, para luego arrebatarle a su
esposo o hijos, madre, padre, hermanos, o que fue testiga de la forma en que
murieron o fueron torturados y luego llevados a un lugar que ellas desconocen y
esperan poder hallar a cada momento.
Son admirables por el
valor y la fuerza de voluntad para presentarse ante personas extrañas que les
preguntan acerca de lo que les sucedió en aquel entonces. Esto es para ellas
muy difícil mencionar, pero saben que de alguna forma sanará su alma y espíritu
por el dolor que causa tener demasiados recuerdos tristes en la mente.
Miedo es uno de los
sentimientos que atacan cuando sabes que te enfrentas a hechos totalmente
diferentes, nuevas personas, nuevas mujeres, nuevas expresiones, nuevos
difuntos y nuevos hallazgos. A cada momento éstos se van descubriendo e
impresionan al revelar señales de las torturas que sufrieron personas
inocentes, quienes en su momento también sintieron miedo de ser asesinadas.
Hubo un caso en el
que sentí demasiada angustia, tristeza y dolor porque se encontró a una mujer
joven que en su pelvis tenía los restos de un bebé. Ese momento ha sido uno de los mas difíciles que
he tenido. Allí estaban todas las familiares llorando y diciendo:
"¡Pobrecita mujer, cómo la mataron con todo y bebé!" Sentí mucho
miedo cuando limpiaba los restos del bebé por lo delicado de sus huesos. Además
tenía toda la atención de las mujeres que observaban el trabajo que realizaba.
En ese momento existía una conexión entre la difunta, yo y las que miraban: nos
conectaban la tristeza de ver a un bebé que ni siquiera supo lo que es vivir y
muchas ideas más que no encuentro palabras para expresar.
En sí, los
sentimientos son para mí algo indescriptible -- están nombrados por palabras
que realmente resultan vanas para expresar lo que esto significa, pero que de
alguna forma quise compartir con ustedes.
Igual que sobreviviente que vuelve de la guerra...
Gladys Hernández, ciudadana guatemalteca
El título de este artículo es una frase de la
hermosa canción de Mercedes Sosa, "La cigarra". Con esa canción como
fondo nos reunimos en la Plaza de la Constitución el pasado 17 de octubre,
convocadas por un grupo que ha dado en llamarse Nosotras las Mujeres. En éste
convergen integrantes de diversas organizaciones y ámbitos, con el propósito de
formar una conciencia social para rechazar la violencia política y doméstica
hacia las mujeres. Buscan además preservar la memoria histórica, no permitir
que olvidemos el pasado reciente de terror y muerte, para que éste no vuelva a
repetirse.
Ellas, demostrando
sus capacidades y enorme imaginación, impulsan acciones renovadoras, llenas de
contenido, que han logrado impactar a la población que observa estas
actividades. Si en algún momento sienten miedo, estas mujeres saben vencerlo;
por eso se levantan, actúan y no callan.
A principios de
octubre salieron a las calles a pintar unas siluetas simulando los cuerpos de
las personas asesinadas durante la época de mayor represión en Guatemala.
Escogieron puntos clave, simbólicos, donde en el pasado reciente se asesinó o
secuestró a alguna ciudadana o ciudadano que desafió con sus ideas y su voz al
poder civil o militar del momento -- entre otros, los escenarios de los
asesinatos de Oliverio Castañeda de León y Myrna Mack, así como la antigua sede
de la CNT, donde fueron secuestrados 27 sindicalistas. El mensaje escrito en
las siluetas fue "En tu voto no me olvides". Dibujaron en total 19 siluetas,
19 puntos que no permitirán que olvidemos a esos mártires.
Días después colgaron
mantas en varias pasarelas de la ciudad con la leyenda "Por la vida de las
mujeres, ni una muerte más", en protesta por los 160 asesinatos de mujeres
ocurridos en los últimos meses y la falta de investigación y castigo a los
responsables.
En la actividad del
17 de octubre, convocada en solidaridad hacia las familias que realizan
exhumaciones en Comalapa en busca de los restos de sus seres queridos
masacrados por el ejército durante la guerra, extendieron en el piso mil cruces
que posteriormente fueron salpicadas de rojo, simbolizando de esta manera la
sangre derramada de miles de mujeres, hombres, niñas, niños y personas ancianas
de muchas comunidades. Asimismo, tres jóvenes de HIJOS, dos hombres y una
mujer, tirados en el suelo y cubiertos de lodo, simbolizaron los cuerpos que
han sido desenterrados en el destacamento militar de Comalapa.
Fue una acción
conmovedora, en la que se hizo sentir a las viudas de Comalapa que no están solas,
que tienen la solidaridad de una parte del pueblo que no olvida ni perdona.
Tuvo un punto culminante muy emotivo, cuando las personas presentes alzamos
una, dos o tres cruces, rodeamos a la joven y los muchachos que yacían en el
suelo y a una sola voz cantamos "La cigarra: ...Tantas veces me mataron/
tantas veces me morí/ sin embargo estoy aquí resucitando.../ cantando al sol
como la cigarra/ después de un año bajo la tierra/ igual que sobreviviente que
vuelve de la guerra..."
Hacer periodismo, a pesar de todo
César León, guatemalteco, aprendiz de periodista
¿Qué tiene el periodismo, que atrae a decenas
en este país a ejercerlo, a pesar de todos los riesgos, responsabilidades y
consecuencias que implica? Porque, aunque suena muy romántico cuando los
grandes nombres (como García Márquez o Restrepo) describen las maravillas de
dedicarse a este menester, la carga diaria de hacer periodismo puede ser
agobiante.
A ver, hagamos
cuentas: a menos que uno tenga suerte, toca trabajar en un medio que no anda en
bonanza económica, así que el salario no será para volverse millonario y los
recursos para cubrir la noticia (equipo, transporte, viáticos, etcétera) serán
bastante limitados.
Luego, hay que ver lo
fácil que se ganan enemistades en este medio. Y no digo de las que matan; para
ésas reservo un lugar más adelante. Me refiero a los nuevos enemigos adquiridos
por cualquier cosa: Una fuente cuya información al final de cuentas no se
publicó, porque más bien trató de meter datos que sólo le promocionaban y no
eran relevantes. Un político o empresario que se sintió afectado (o en realidad
salió perjudicado) por una publicación (asumiendo que se trata de algo
verificado e irrefutable). O simplemente el colega que tiene envidias o celos,
porque hay que ver que en cada medio guatemalteco nacen a diario nuevas
intrigas o chismes de todos contra todos.
Después, la
responsabilidad de publicar. La información debe ser consultada, confirmada,
citable, verificada, interesante, concisa y digerible. Además, tiene que estar
para ayer por la mañana. Ni pensar que vaya a tener errores, no por temor a un
juicio por calumnia y difamación... (ésos aquí ni prosperan). El temor es que
mi nombre, mi única arma confiable y garantizada en periodismo, se convierta en
la carabina de Ambrosio.
Por último, y quizá
lo más serio, el riesgo de resultar herido o muerto. O algo peor, que un
familiar resulte herido o muerto. No hay mes que pase sin que se escuche de
asesinatos, amenazas o agresiones contra comunicadores sociales. Así, el futuro
resulta incierto.
Entonces, repito,
¿qué tiene el periodismo de atractivo, a pesar de todo? Sobre la desventaja de
la precariedad económica, consuela pensar que son contadísimos los casos de
personas que se han vuelto ricas ejerciendo alguna profesión humanitaria. Y, al
final de cuentas, quien se dedica a un trabajo en función social no anda tras
el dinero, así que santos en paz.
Sobre las
enemistades, éstas se ganan en cualquier lugar. En el cine, en el parque, en el
súper, en el bus y, sobre todo, en el tráfico. Sobre la posibilidad de salir
herido o muerto, se trata de un riesgo para cualquiera, no sólo para quien hace
periodismo. Vivimos en una sociedad descompuesta, violenta, en confrontación.
Igual puedo trabajar como contador, repartidor de pizzas, lustrador, vendedor o
gerente financiero, que cuando salgo a la calle ya estoy en peligro. Aquí nos
tocó o decidimos vivir, así que no hay de otra.
Ser periodista es
tener una opinión para todo y expresarla. Es querer estar enterado de todo. Es
el gusto por andar averiguando y platicando con las personas, entrevistarlas,
arrinconarlas y hacerlas que se revelen, para mostrarlas como son. O
simplemente para conocerlas. Es sentirse agente de cambio, y soñar con que mi
escrito hará alguna diferencia, ayudará a alguien o corregirá algo. Es lograr
que alguien comprenda mejor su realidad, y así yo pueda entender mejor esa
realidad. Es tener en primer lugar a mi lector, a mi audiencia, por encima de
mí mismo y mi medio.
Todo esto es lo que
resulta atractivo de hacer periodismo: anhelar y aspirar a ser un periodista,
ésos de verdad, a pesar de todo.
Charla entre candidatas y periodistas
laCuerda
Una entre tres candidatas, quienes
seguramente llegarán al Congreso, se reconoció feminista. Todas se comprometen
a defender los derechos de las guatemaltecas, tales como la incorporación de
más diputadas a través del establecimiento de cuotas en cargos de elección.
Coinciden además en
que para lograr cambios legislativos a favor de las mujeres, éstos deben ser
promovidos por las organizaciones sociales. Ellas entienden las limitaciones
que tendrán en el Congreso, dado que la representación parlamentaria femenina
será escasa. Aunque ninguna lo hizo explícito, dejaron claro que sus partidos
carecen de fuerza política para empujar modificaciones de ley en busca de la
equidad de género.
Integrantes de la Red
de Mujeres Periodistas en Guatemala se reunieron con Nineth Montenegro, de la
Alianza Nueva Nación (ANN); Anabella de León, del Partido Patriota, y Alba
Estela Maldonado, de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG).
Informadas sobre el
hecho de que en Guatemala la mortalidad materna asciende (oficialmente) a 153
muertes por 100,000 nacidos vivos y sus principales causas son las hemorragias
y el aborto, las periodistas solicitaron la opinión de las políticas sobre cómo
abordar esta problemática social.
La representante
feminista de URNG dijo que existen situaciones específicas en que las mujeres
tienen que recurrir a la interrupción del embarazo, decisión que sólo a ellas
corresponde, y para ello deberían contar con respaldo del Estado, tanto a nivel
legal como en la prestación de servicios de salud de calidad. Agregó que
mientras el aborto esté penalizado, se practicará de manera clandestina y en
malas condiciones.
Para la aspirante de
la ANN, éste es un tema controversial en el que desgraciadamente recae toda la
responsabilidad social y económica en la mujer. Afirmó que apoyará un marco
regulatorio, tras señalar la importancia de asignar un presupuesto para hacer
realidad la Ley de Desarrollo Social, que busca evitar los embarazos no
deseados.
La ex diputada del
PAN y de la UNE y hoy postulada por la alianza GANA manifestó al inicio de la
charla su desacuerdo con la opción de interrumpir un embarazo, incluso
provocado por una violación sexual. Después de escuchar a sus colegas, anotó
que aunque ella jamás optaría por un aborto, apoyaría una modificación
constitucional para legalizarlo en determinadas circunstancias.
Ante el machismo de
la mayoría de diputados, las candidatas mencionaron que mientras no haya un
mínimo de 30 por ciento de representación femenina en el Congreso será difícil
legislar a favor de las mujeres. En ese sentido, avalan una reforma a la Ley
Electoral y de Partidos Políticos para fijar cuotas a fin de aumentar el número
de diputadas.
Elena Supall, coordinadora de la Oficina
Municipal de Atención Social y de la Mujer, informó que la Secretaría
Presidencial de la Mujer (SEPREM) impartió un Diplomado de Planificación con
Enfoque de Género y Políticas Públicas. La capacitación duró siete meses y a
finales de octubre se graduaron 18 mujeres y cinco hombres de Izabal.
Estas actividades,
que se realizaron con anterioridad en los departamentos de Zacapa y Chiquimula,
fueron calificadas por la funcionaria como de gran beneficio para las mujeres
de Livingston.
Organizaciones de mujeres de este
departamento realizaron ocho foros con candidatos a alcalde y a diputado,
reportó la promotora en derechos humanos Jeanne Roblero. En estas actividades
los aspirantes fueron cuestionados acerca de sus agendas a favor de la
población femenina marquense, tras lo cual ellos se comprometieron a ejecutar
acciones en ese sentido y mantener un diálogo con ellas.
Entre las demandas a
nivel municipal destacan: el reconocimiento legal de sus grupos, creación de
secretarías de la mujer en cada municipio, apoyo a proyectos de producción y
construcción de centros de desarrollo infantil. A los aspirantes al Congreso
les demandaron mayor presupuesto para servicios de salud y educación.
Entre los grupos de
San Marcos que promueven estos foros figuran la Defensoría de la Mujer de la
Procuraduría de los Derechos Humanos, la Red de Mujeres al Aire, Foro
Departamental de la Mujer, Defensoría Indígena, Pastoral de la Mujer y Centro
de Trabajadoras de Casa Particular (CENTRACAP).
VI Encuentro Regional de la Red de Mujeres Periodistas
laCuerda
La misión de la Red de Mujeres Periodistas de
México Centroamérica y el Caribe seguirá siendo "visibilizar a las mujeres
en los medios de comunicación, defender sus derechos y promover la perspectiva
de género". Así lo reafirmaron las asistentes al sexto encuentro de la
red, que se llevó a cabo del 9 al 12 de octubre en Managua, Nicaragua.
La globalización de
las comunicaciones está obligando a las y los periodistas a hacer su labor con
una línea editorial conservadora que a menudo veda el derecho a la libre
emisión del pensamiento. Por ello, uno de los principales objetivos de esta agrupación
es trabajar de manera conjunta, mediante el intercambio de información, para
tener una mayor fortaleza a nivel regional.
Colegas de distintas
naciones que laboran en medios tradicionales expresaron que corren el riesgo de
quedarse sin empleo cuando quieren darles otra visión a sus notas o incluir el
enfoque de género en uno de sus artículos.
El intercambio de
experiencias de delegadas de algunos países que trabajan en forma consolidada
enriqueció la actividad para quienes quieren empezar o tener más actividades en
sus redes. Las agrupaciones más fuertes de la región están en República
Dominicana, México y Guatemala.
Las redes de cada
país son integradas en su mayoría por mujeres periodistas. Sin embargo, en
República Dominicana, México y Panamá se han asociado compañeros dedicados al
ejercicio periodístico que creen en la igualdad y la causa de las mujeres y
luchan por ello.
La red de Guatemala
trabaja de manera constante desde 1998. Integra aproximadamente a 35 mujeres
periodistas en activo. Después de dar a conocer su trayectoria, dos de sus
representantes dieron entrevistas para la radio y televisión nicaragüenses y la
agencia mexicana de noticias CIMAC.
Haciendo eco por nuestros derechos
laCuerda
Alrededor de 30 representantes de
organizaciones de mujeres centroamericanas asistimos en Antigua Guatemala, del
23 al 25 de octubre, al taller "Haciendo eco... Por las mujeres y sus
derechos", convocado por Ipas y Católicas por el Derecho a Decidir (CDD).
La actividad se
centró, por un lado, en los problemas que enfrentan las organizaciones para
colocar en los medios de comunicación el debate sobre los derechos sexuales y
los reproductivos.
Más allá de
identificar problemas, el taller buscaba capacitar a las participantes en
habilidades y herramientas prácticas de comunicación sobre el aborto y la
anticoncepción de emergencia, dada la pertinencia de estos temas para nuestras
sociedades. Ello se deriva del reconocimiento que las percepciones de la
ciudadanía y tomadores de decisiones en torno a propuestas y discursos
relevantes suelen darse a través de los medios.
Con este tipo de
capacitaciones se persigue que sean fluidos nuestros contactos con los medios y
a éstos les ofrezcamos informaciones en un lenguaje que pueda ser fácilmente
transmitido a la sociedad. Todo ello puede redundar en la construcción de
alianzas más amplias centradas en la promoción de los derechos sexuales y los
reproductivos.
Entre otros útiles
materiales, las participantes recibimos la guía "Cómo hablar del aborto
inducido", que estará disponible en la oficina de laCuerda a partir de
enero del 2004 para quienes lo requieran.
|
Medios,
aborto y anticoncepción "El papel social de los medios de comunicación va mas allá del
ser simples transmisores: con frecuencia se convierten en intérpretes de la
realidad social, en formadores de opinión pública y constructores de la
representación social de la realidad. De acuerdo con los diagnósticos, el
temor de los gobiernos centroamericanos a un enfrentamiento con la jerarquía
de la iglesia católica ha propiciado una transmisión parcial y sesgada de las
propuestas democráticas y laicas sobre el aborto y la anticoncepción de
emergencia. En este contexto, es imprescindible que la ciudadanía reciba
información no distorsionada de las posturas laicas y científicas, así como
de las propuestas feministas democráticas sobre el aborto". (Fuente: CIDHAL, 1997. Primer Encuentro de
Periodistas sobre los Derechos Sexuales y Reproductivos) |
Exigen derechos laborales para campesinas
laCuerda
Como parte de la reivindicación por los
derechos de los pueblos indígena y campesino, así como el principio de equidad
de género, la Plataforma Agraria exigió que en los primeros 100 días de la
próxima Legislatura se reforme el Artículo 139 del Código de Trabajo. En la
actualidad ese apartado sólo reconoce la fuerza laboral de las campesinas como
"ayuda al jornal de los hombres".
Existen innumerables
casos de trabajadoras agrícolas que ganan entre 10 y menos de 20 quetzales
diarios (el salario mínimo para actividades agrícolas es 31.90 quetzales, 3.90
dólares), incluso cuando hay riesgos involucrados (como abonar o fumigar) y en
periodos que van desde las siete de la mañana hasta las seis de la tarde,
aseguró el líder campesino Juan Tuyuc, durante la Mesa Redonda "Cinco
medidas para los primeros 100 días de gobierno", el pasado 29 de octubre.
En el II Encuentro
Regional de la Plataforma Agraria, denominado "El clamor campesino
marquense por romper las cadenas de injusticia", se denunció que en las
fincas de San Marcos incluso a los hombres no les pagan el salario mínimo. En
los municipios de El Tumbador, San Pablo y San José el Rodeo, el pago por tarea
va de tres a siete quetzales (para descopar, desombrar, limpiar). A decir de
varios participantes, muchas de estas tareas requieren que sus esposas e hijos
se integren a la misma jornada.
Otra denuncia
reiterada en este encuentro, que tuvo lugar el 18 y 19 de octubre, fue que en
fincas cafetaleras de diferentes partes del país emplean a mujeres, niñas,
niños y jóvenes, a quienes solamente les pagan la mitad del salario que
devengan los hombres adultos.
La Plataforma Agraria
aboga por que se reconozca a las mujeres como sujetas de derechos laborales, es
decir, que su trabajo sea reconocido de igual manera que el de los
trabajadores. Esto implica el pago de salarios oficiales, seguridad social,
vacaciones, Bono 14, indemnizaciones y el séptimo día, además de las prerrogativas
que protegen la maternidad.
Qué atemoriza a unas y a otros
María Dolores Marroquín, guatemalteca, socióloga feminista
Aunque a primera vista pareciera que las
mujeres y los hombres tenemos los mismos miedos, habría que analizar algunas
cositas sobre esto, porque si bien es cierto no existen diferencias
sustanciales, sí las hay en como los expresamos y las implicaciones que tienen
para nuestras vidas.
Las mujeres podemos
llorar y mostrar miedo, mientras que ellos deben ser fuertes y soportar todo.
Es injusto -¿verdad?- llevar un estigma toda la vida. Pero en el asunto de los
miedos podemos ver que hay sorpresas.
Creí que las mujeres
estaban más preocupadas por su ser interno, pero resulta que los hombres también.
Pensé que ellos les tenían miedo sólo a riesgos mayores y no es así: también
les atemorizan las armas o algunos animales.
Lo que sí marca la
diferencia es que a las mujeres nos da mucho miedo lo relacionado con nuestro
cuerpo -que nos toquen, nos violen- o con la maternidad y el parto. Los hombres
no mantienen ese miedo latente. Esto, por supuesto, se explica a partir del
orden social que dicta que nosotras debemos estar a disposición de cualquiera,
que somos objetos sexuales, como también por la sublimación social de la
maternidad.
Pareciera que los
miedos de los hombres están más en no cumplir con las expectativas sociales que
hay sobre ellos: no ser buenos proveedores, trabajadores, esposos, etc.
A partir de un
artículo que leí, de Antonio García Domínguez,* se me abrieron los ojos sobre
miedos nuevos que estamos viviendo ambos sexos en este camino hacia la igualdad
entre mujeres y hombres. Él desarrolla más la parte de los hombres y dice que
muchos temen que este proceso nos lleve a darle vuelta a la tortilla, a la
supremacía de las mujeres sobre ellos, y que eso está generando una serie de
efectos en la vida de los hombres, como la misoginia (odio a lo femenino) o el
aislamiento.
Pero en la balanza
pongo a las mujeres y los nuevos miedos -lo cual por supuesto no significa que
se eliminen los anteriores- y podemos darnos cuenta que aquéllas que han
decidido tomar las riendas de su vida tienen miedo a estar solas, a no
encontrar una pareja con quien compartir el amor, la vida y la lucha hacia la
igualdad. Y este miedo no es tanto porque la otra persona tenga o no el mismo
discurso, sino que pasa por el comportamiento diario y las actitudes
cotidianas.
Entonces, los miedos
¿qué son? ¿Paralizantes o empujadores? Pues depende (dijo Pepito). Creo que los
miedos pueden ser tan triviales como determinantes en la vida. Hay algunos que
debemos resolver, como el miedo a la soledad, al desamor, a no cumplir con las
expectativas de los y las otras. Resolver un miedo, aunque sea doloroso,
siempre nos proporcionará tranquilidad.
Hay miedos, como a la
violencia, que están a nuestro alrededor y nos deben mantener en alerta. Pero
hay otros que nos llevan a buscar la libertad, como el miedo al estancamiento,
a no crecer y a la búsqueda de la felicidad. Esos miedos al cambio deben ser
superados para dejar de sufrir y romper las cadenas invisibles que nos
mantienen en un dolor perpetuo.
Y vos ¿ya descubriste
a qué le tenés miedo?
* "Bases psico-sociales del sexismo y la violencia de género. Una
perspectiva histórica". Este texto, cuyo autor es presidente de la
Asociación de Hombres por la Igualdad de Género (AHIGE) en Málaga, España, se
encuentra en www.ahige.org/texto_arti.php?wcodigo=50111.
Andrea Carrillo Samayoa, laCuerda
De las cosas que nos gustan y nos hacen reír
hablamos siempre, pero de los sentimientos que producen temor, angustia y a
veces paralizan, no se dice nada.
El miedo está ahí,
nos acompaña pero se guarda. Les pregunté a 12 personas, de edades y en todo
diferentes, acerca de sus miedos. Por las caras de susto o duda, y los segundos
que tomaron para responder, pude darme cuenta que, entre varios, me contaron "el
de a de veras", el más fuerte e íntimo.
En distintas formas y
con intensidades diversas, a todas las personas nos invade. Lo bueno es que,
cuando logramos superarlo, nos hace crecer.
De las mujeres
"Perderme mentalmente, quedarme aislada, así como en
el laberinto, que te metés y te metés y a veces ya no encontrás salida. Ése es
un miedo que tengo metido dentro de mí; claro que lo racionalizo, pero ahí está
latente".
"No graduarme. Para mí la universidad es súper
importante y ha habido elementos que me han impedido tener todo el conocimiento
que debería haber alcanzado en esta etapa de mi carrera. Entonces, mi principal
miedo es no ser una buena profesional y tener muchos vacíos".
"Cuando era chavita mi mayor miedo era tener un hijo
y al parto le tenía pánico. Ahora que ya pasó, siempre estoy pensando en el
futuro. Me ahueva pensar en lo que pueda pasar mañana. Me asusta lo que vaya a
suceder con mi vida el otro año, si voy a tener trabajo, qué va a pasar con mi hijo.
Siempre estoy como muy pendiente de lo que pueda ocurrir después. Y claro, cada
día vas resolviendo, pero pensar a largo plazo me da mucho miedo. Tal vez
porque mi vida ha cambiado de repente, de un día para el otro".
"Tengo muchos planes, y pensar que tal vez no pueda
realizarlos antes de morirme, ése es mi mayor miedo. Lo he ido superando, quizá
de ver cómo poco a poco he alcanzado las metas que me he propuesto. De las que
me hacen falta cada vez me siento más capaz, con más herramientas para conseguirlas
en un futuro".
"Mi mayor miedo es quedarme sola en algún momento de
la vida, sin nadie alrededor de mi familia o alguien querido. Otro miedo que
tengo es a la muerte, pero no al momento, sino que me horroriza pensar morir
violentamente".
"No estar segura de algo. Mi miedo sería mi
inseguridad, no poder afrontar algo que yo quiero porque la misma me detiene. A
enfrentar situaciones fuertes de mi vida. En ocasiones he podido superarlo.
Pero lo que necesito es un empujón, algo en qué sostenerme para lanzarme. Y
además de apoyo, práctica para enfrentarme a ese temorcito".
De los hombres
"Le tuve miedo al sagrado corazón de Jesús que tenía
mi abuelita, al que le prendía veladoras; tenía pesadillas con todo el rollo de
la religión católica. Ahora temo por la seguridad de las personas cercanas a
mí, pero no vivo con eso, no forma parte de mi cotidianidad. En algún momento
de mi vida decidí que quería vivir sin miedo y a pesar de enfrentar muchos
peligros trato de controlar esa emoción. Puede sonar un poco presuntuoso, pero
así es como enfrento ese sentimiento. Creo que el miedo viene cuando uno pierde
el control ante los riesgos, cuando no sabe qué hacer. Tenerlo es una opción,
por lo menos en mi caso, y yo he optado, mejor, por vivir".
"El mayor miedo que he sentido, que me ha
acompañado, es decepcionar a mis padres. Ellos trabajan mucho para mantenerme y
haría mal en no responderles. Creo que voy a poder superarlo hasta que me
gradúe de la universidad".
"Perder la conciencia, que me permite sentirme vivo,
es mi gran miedo. Según la época cada uno va teniendo conflictos. Cuando
reflexiono al respecto y logro resolver mis conflictos, entonces consigo
superar el miedo, aunque después reaparece o aparecen otros".
"A descubrir que uno no es amado. A encontrarme que
estoy con alguien que nunca me amó de la forma que yo la amé. Ese miedo de
alguna manera se supera cuando uno adquiere seguridad y aprende a amar a la
otra persona como individuo, ni siquiera como complemento. Pero el amor siempre
es una incertidumbre, porque hay diversas intensidades. De ahí hay otros
miedos, como el terror a la inseguridad ciudadana, que aprendés a superar con
lo cotidiano; o el temor a la vida porque nadie tiene la certidumbre del
futuro. Sin embargo, se aprende a luchar contra esa duda. Con el amor no,
porque es algo tuyo, algo interno, y encontrar esa desilusión es un vergazo
mucho más duro".
"Temor a la muerte de un ser querido, de alguien
cercano. Me da miedo pensar qué voy a hacer sin esa persona, sea quien sea,
amigo, hermano, madre. Y no puedo superarlo porque ese temor pisado ha ido
haciéndose más fuerte".
"Tengo un miedo que se ubica más en el plano
sociológico, que se relaciona con nuestras posibilidades de construir y
fortalecer un movimiento político capaz de imaginar y concretar un nuevo
sistema social que subordine el crecimiento y coloque en el centro la
redistribución, el respeto al patrimonio natural y la equidad. Me da un miedo
profundo ser incapaces de quedarnos como estamos. En el plano personal, les
tengo miedo a los bichos raros, que pueden ser una amenaza a mi integridad
física. Por eso les tengo miedo a los demonios contrainsurgentes que siguen
fuertes, se desdoblan y reconfiguran. Ahora se hace más difícil percibirlos. A
veces son grotescos, pero también sutiles. En cualquier momento atacan y matan.
Desde mi punto de vista, el miedo es un resorte interno que se activa cuando
observamos señales de amenazas que ponen en peligro nuestra dignidad o
integridad física. Es nuestra capacidad de asombro e indignación. Sentir miedo
es sentir que estamos vivos y que vemos el mundo desde una perspectiva
ética".
Raúl de la Horra, guatemalteco, psicólogo y escritor
¿Cómo viven los hombres el miedo? Mal,
supongo, al igual que las mujeres. A veces con deseos de salir corriendo.
Otras, con falsa indiferencia. Y las menos, atacando aquello que nos atemoriza.
No creo que haya gran
diferencia entre lo que hombres y mujeres sienten ante el miedo. En cambio, es
en su expresión psicosocial que es posible hablar de miedos masculinos
específicos, sobre todo al considerar sus fuentes o los estímulos que los
suscitan. Con toda evidencia, nuestros miedos están ligados a la cultura en la
que vivimos, a la época, al origen social, al estatus, a los roles que
ejercemos y a las expectativas que la familia, la escuela y la sociedad han
depositado en nosotros.
¿Cuáles son los
temores específicos de los hombres? Además de los comunes al ser humano (miedo
a la muerte, a la enfermedad, al dolor, a la inseguridad, al futuro, etc.),
parece que los miedos masculinos se aglutinan alrededor de la representación de
macho reproductor y jefe de tribu, confortada y estimulada por la iglesia y el
Estado al estatuir que a los hombres nos corresponde ser los cabezas de la
familia, cosa que hoy, con las mutaciones de la sociedad postindustrial y los
fenómenos de globalización, resulta cada vez más disfuncional y anacrónica. Con
esto me refiero a los comportamientos que tienen que ver con el miedo a la
castración, entendida no sólo en su literalidad, sino en su simbolismo: miedo a
todo aquello que ponga en causa el orden social sobre el que suponemos reposan
"desde siempre" nuestros testículos y nuestra conciencia.
Pienso, por ejemplo,
en los miedos a la carencia de poder sexual, económico, social y psicológico:
miedo a ser considerados menos inteligentes que las mujeres, a ganar menos que
ellas, miedo a no poder seducirlas, a que nos sean infieles, miedo a la burla,
a perder la figura y la autoridad, miedo a que nos vean en toda nuestra
fragilidad, miedo a la sinceridad, a la mirada del otro, a que nos consideren
cobardes o maricas, y miedo a que las mujeres evolucionen, nos cuestionen y nos
abandonen. Y es éste, el miedo al abandono, el que quizá cierra el ciclo vital
de miedos que se inician en el miedo a no ser considerados como centro del
universo y que nuestras madres, en su infinito desamparo e inconsciencia, nos
han inculcado.
Los miedos de los
hombres son una especie de agujero negro en la conciencia: no los conocemos y
no queremos verlos. Tampoco la familia o la sociedad hacen gran cosa para que
lo hagamos. Estamos, pues, ante una sociedad básicamente miope e hipócrita, que
reivindica y fomenta la desigualdad social y sexual. Una sociedad que inventa
-no sin razón- chistes como éste: "Teemor es cuando por primera vez no
llegas al segundo. Y terror, cuando por segunda vez, no llegas al
primero".
Miedos, en suma, que
no son otra cosa sino miedo a nosotros mismos.
De cómo la verdad brota de la tierra
Aldea
Palabor, Comalapa
laCuerda
El sitio donde están haciendo las
exhumaciones cerca de Comalapa está al lado de una extensa milpa, donde sopla
un aire fresco. Hace más de 20 años fue ocupado por el ejército con un
destacamento militar. Allí enterraron a cientos de personas inocentes, luego de
torturarlas. Los esqueletos todavía tienen lazos amarrados al cuello, aparecen
atados de pies y manos o están degollados. Son los restos de campesinos de la
región que fueron sacados con violencia de sus casas o atrapados en las calles
del pueblo sin que nunca más sus familiares pudieran saber nada de ellos.
Es hasta ahora que un
equipo de antropólogos forenses los está rescatando del suelo para luego darles
una sepultura digna. Las mujeres, viudas, huérfanas o parientes, han estado
esperándolos por todo este tiempo. Muchas cuentan que han llorado tanto que
hasta han perdido la vista; otras narran con dolor el prolongado sufrimiento
que han cargado desde el día en que los desaparecieron. Jóvenes, niñas y niños
se asoman a las fosas donde yacen aquéllos a quienes nunca conocieron pero que
han estado presentes en el recuerdo familiar.
Impresiones de expertos en
exhumaciones
Comalapa parece un pueblo bastante unido, la
gente está al tanto de lo que pasó y mantiene las expectativas de encontrar a
sus familiares. La convivencia con las personas es muy buena, son
colaboradores, afirmó un antropólogo que trabaja en el lugar. "El apoyo
que tenemos no sólo es de parte de las señoras de CONAVIGUA sino de todos.
Tienen gestos como el de compartirte una naranja, hasta apoyos en nuestra
labor. Así se trabaja lo mejor posible", agregó.
El trabajo en este
sitio tiene sus peculiaridades, a diferencia de otros lugares donde las
personas saben que su difunto esta allí. Por ser éste un antiguo destacamento
militar, es probable que se encuentren enterrados restos de personas que fueron
trasladadas de otras regiones.
Signos de crueldad
Hasta finales de octubre habían sido
encontradas 108 osamentas, de las cuales siete son mujeres, 100 hombres y un
niño de unos 12 años de edad. Un dato que destaca es que la mayoría de los
restos pertenece a población sub-adulta (que no llega cumplir la mayoría de
edad). "Claro que hay personas adultas pero, a diferencia de otros
lugares, una gran cantidad es gente joven comprendida entre 12 y 17 años de
edad", declaró una antropóloga.
Un alto porcentaje de
las osamentas localizado está con los ojos vendados, aunque los integrantes del
equipo de antropología forense no han efectuado ningún análisis específico para
determinar el material que se utilizó para ello. Se cree que es cinta adhesiva
que se usa para sellar cajas de cartón, ya que está adherida totalmente al
hueso. Además presentan signos como lazos atados a las muñecas, cuerdas
alrededor del cuello, entre otros. Esto implica inmovilidad de las víctimas en
el momento de su muerte, lo cual es un agravante legal, porque se encontraban
en desventaja en el momento del asesinato. Hay evidencia significativa de que
antes de morir esas personas fueron torturadas, método utilizado por los
autores de estos crímenes para obtener información que les fuera de utilidad.
Muchos presentan
traumas por heridas punzantes, cortantes y obtusas. Por la medida y patrones se
presume que la mayoría de las lesiones fue hecha con machete. En una fosa en la
que se encontraban 11 cuerpos, todos estaban decapitados y al centro de la fosa
sólo había tres cabezas. En algunos casos se presume que hubo un
estrangulamiento, a partir de que hay un lazo en el cuello; la muerte se da
regularmente por asfixia, ya que no siempre llega a romperse un hueso por la
región en que se ubica.
Se observa un patrón
particular de los destacamentos militares: utilizaban armas de fuego en la
minoría de los casos, porque era como dar aviso a la gente que estaba alrededor
de lo que estaba pasando dentro. En una fosa sí se encontraron elementos de
balística.
La Comisión para el
Esclarecimiento Histórico comprobó que la violación sexual de las víctimas,
durante su tortura o antes de ser asesinadas, fue una práctica común dirigida a
destruir la dignidad de la persona. Al ser consultada sobre este tema, una de
las expertas explicó que lamentablemente no pueden determinar si las siete
mujeres encontradas sufrieron violación; tampoco han encontrado algún indicio
que les permita suponerlo.
Hacia una posible
identificación
Los expertos afirman que en los destacamentos
se reduce la posibilidad de identificar a las víctimas. El primer
reconocimiento de campo generalmente se hace a partir de la ropa, pero en este
caso se podría obviar esa primera fase, debido a que algunos sobrevivientes han
testificado que dentro de estos lugares los mantenían desnudos y con los ojos
vendados, en determinado momento les ordenaban vestirse y tenían que tomar la
ropa que tuvieran a su alcance. La identidad debe basarse en la memoria de la
familia como contraparte a los hallazgos del laboratorio; tienen que encontrar
una característica particular, como cuando falta una pieza en la dentadura o
hay una fractura, para tener mayor seguridad pues tampoco se cuenta con
registros médicos.
En el área de exhumación hay momentos de un
silencio profundo, triste, largo como la espera. Pero también hay ratos en los
que la risa se cuela de la mano de la esperanza. Es cuando se cobra conciencia
de la importancia histórica del momento y de los hechos. La gente constata el
horror pasado y confirma su convicción de evitar a toda costa que esto se
vuelva a repetir.
Curso de introducción a la hipnosis ericksoniana
"ACT Institute" es una organización
para el entrenamiento y tratamiento del trauma. Busca combatir los efectos de
éste en las personas, familias, comunidades y organizaciones. Próximamente
presentará su división en Guatemala y para ello impartirá, el 7 y 8 de febrero
del 2004, un curso de introducción sobre los principios básicos y el uso de
Hipnosis Ericksoniana. Será facilitado por Betty Alice Erickson, hija del Dr.
Milton H. Erickson, junto con el Dr. Stephen Paul Adler.
Más información:
Carmen Álvarez Medrano
Tel. 294-4357 y 406-5162
Correo-e: [email protected]
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