laCuerda

Una mirada feminista de la realidad

 

Año 3, No. 32

Guatemala, marzo/2001

 

EL AMOR BAJO SOSPECHA

Editorial

Día de todas, lejos del olvido

Entrada

Una abstracción imprecisa (Anamaría Cofiño K.)

Sumario noticioso

Glosario

Saludos para laCuerda en su III Aniversario

Exigimos que el gobierno informe qué pasó con Mayra Gutiérrez

La médula

Esa nube dorada (Laura E. Asturias)

El no amor (Megan Thomas)

Desde el amor a mí misma (Paula Irene del Cid Vargas)

¿Qué tal de amores? (Mariel Aguilar)

Vida

De la separación de los amantes al truene conyugal (Anamaría Cofiño K.)

Detalles que se aprecian (Wendy Santa Cruz)

La paseante

Tristezas me dan tus quejas, mujer o El lado obscuro del bolero (Anabella Acevedo Leal)

La luna a estas horas les alumbra a los chinos

Libros libres: Género, propiedad y empoderamiento

Esta boca es mía

Más allá del más allá (Lucía Escobar)

No más sacrificios (Ma. Verónica Sajbín V.)

Publicidad denigrante (Carmen Palmieri)

El amor que no quiere decir su nombre (Edmundo Urrutia)

Aquí y ahora

Mayas: Por la lealtad étnica (Rosalinda Hernández Alarcón)

Programa de Salud Reproductiva (Wendy Santa Cruz)

Conocida abogada opta a la CC

Periodistas exigen indemnización

Trabajo y protagonismo infantiles

Agenda Legislativa y demandas de las mujeres

Convocatoria al premio ...Y tomamos la palabra

Femina sapiens

Sexualidad femenina: Un poco de historia (Diana Resnicoff)

Lectura de mujer sobre el erotismo (Nelssy Bonilla Becerra)

Movida

internacional

Ayuda a El Salvador

Marcha zapatista simbólica para latinoamericanas (Rosalinda Hernández Alarcón)

Brazos caídos para cambiar el mundo

 

Editorial

Día de todas, lejos del olvido

Con nuestra rebeldía y resistencia, imaginamos un ocho de marzo más. Con capacidad de amar y ser amadas, con la alegría de nuestro tercer aniversario, renombramos esta fecha, Día Internacional de las Mujeres, como el Día de Todas. Hagamos que no pase desapercibido.

Aquí en Guatemala, entre preocupaciones y tristezas, entre fuertes cargas de trabajo y momentos de ocio, inmersas en la incertidumbre y desconfianza provocadas por las instituciones estatales, no sucumbimos al conformismo ni a la reproducción de la angustia a que muchos políticos quieren llevarnos.

Felicidades, mujeres latinoamericanas, principalmente nuestras vecinas. Las del norte, las zapatistas, quienes marchan reivindicando su identidad y derechos como mujeres y como indias. Las del sur. Y las salvadoreñas, quienes hoy enfrentan una situación sombría ante la pérdida de vidas y bienes provocada por los terremotos, cuyas repercusiones han sido mayores por su situación de pobreza.

En esta conmemoración, con doble enfoque para laCuerda por ser Día de Todas y cumplir nuestra publicación feminista un año más, tenemos presentes los anhelos de cambio para las mujeres. No somos insensibles a las amenazas contra la libertad de expresión que están ocurriendo. Tampoco a la inseguridad que nos mantiene en zozobra permanente ante la posibilidad que hombres nos ataquen en la calle, en el bus, en la casa, en cualquier lugar.

En el Día de Todas, las guatemaltecas necesitamos entereza para no caer en la desesperanza con las ilegalidades en que incurre el partido oficial en el Congreso. Coincidimos con el Movimiento Ciudadano por la Justicia y la Democracia: la bancada que maneja a su sabor y antojo un general señalado de genocida ha cometido un golpe de Estado en el Legislativo. Si la legitimidad de los diputados subordinados al fundamentalista FRG fue cuestionada con la Ley de Bebidas, ahora crece la desconfianza hacia aquellos políticos constituidos en aplanadora azul.

Las guatemaltecas necesitamos tesón para reiterar nuestra exigencia de aplicación de la justicia, cuando conocemos que individuos e instituciones intimidan y coartan la acción de juezas y jueces, fiscales, abogados y demás operadores en todas las actividades que tienden a fortalecer la justicia.

La posibilidad de no abatirnos con este panorama es sumarle otras experiencias. Por ejemplo, la nueva opción política de mujeres indígenas Moloj. La lucha más amplia de grupos y personas que pugnan por la independencia judicial y la aplicación de la justicia para la paz, en diferentes ejes: elección de magistradas y magistrados a la Corte de Constitucionalidad, desafuero a diputados corruptos y presentación de denuncias a instancias internacionales.

En este Día Internacional de las Mujeres también es importante reconocer que un número mayor de actores sociales quiere, mediante nuevas alianzas, rescatar los Acuerdos de Paz, hoy prisioneros de un mal gobierno, un partido golpista y una representación política desacreditada.

Seguras estamos que lideresas de diferentes grupos son conscientes de la necesidad de perfilar nuevas estrategias combinadas para transcender en sus esfuerzos de cambio. Ellas luchan por las mujeres y la justicia, por la tierra y el desarrollo rural, en esferas del arte y la cultura, la niñez y juventud, medio ambiente y derechos humanos.

A todas, nuestro respeto y un saludo de hermanas.

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Una abstracción imprecisa

Anamaría Cofiño K., laCuerda

Nuestro país está zozobrando en una espiral violenta que da miedo. Cada día, por todas partes, hay asesinatos, asaltos, corrupción. Los jóvenes se maltratan, insultan y burlan. El racismo se cultiva como una amenaza constante. En el centro del abuso, están las niñas, las ancianas, las jovencitas, todas las mujeres. Hablar de amor, en estas circunstancias, es una protesta contra la violencia que pretenden contrabandearnos como cultura, para que la aceptemos como natural.

En laCuerda mantenemos permanentemente instalada la duda, la sospecha, y por eso queremos plantear e indagar cómo el amor nos toca a las mujeres. Estamos preguntándonos cómo queremos que nos amen, cómo queremos amar. Y más aún, cuáles son los cambios que esperamos en las relaciones amorosas.

En las sociedades contemporáneas, las parejas, la familia y el amor están en crisis, sometidas a observación y sujetas a transformaciones. El amor ha dejado de ser un cuento de hadas; ahora es un conflicto social. Un obstáculo para construir relaciones humanas que exigen cuidado, solidaridad y atención es el individualismo neoliberal. La ambición de poder carece de ética para amar.

Las mujeres y el feminismo están proponiendo cambiar el mundo con un discurso en el que encontramos palabras como equidad, libertad, democracia, autonomía, respeto, diferencia, transformación. Si a la práctica del amor le agregamos estos ingredientes, quizá lo convertimos en algo menos doloroso y complicado. Al amor también se le tiene que desconstruir, como dicen, para que deje de ser la causa por la cual algunas llegan a perder la vida.

La teoría de género ha demostrado que el amor es diferente para mujeres y hombres: no lo definimos igual, ni lo situamos en el mismo lugar; tampoco lo vivimos de la misma manera. A partir de esto podemos ir definiendo lo que es y no es para nosotras, cómo lo imaginamos, cómo lo sentimos y qué le pedimos.

Otras conjugaciones

El Amor -suspira- no existe. Lo que hay es una serie de sentimientos e ideas que hemos aprendido a llamar, automáticamente, amor. En todo caso, hablemos de amores: amor filial, amor erótico; amor platónico, amor romántico, amor postmoderno. Amores perros. Tampoco es eterno el amor. Ni es igual para todas las culturas o en todos los tiempos.

El amor, como nos lo han heredado, es un sistema de relaciones, sentimientos e ideas que conforman una abstracción imprecisa, en la que se experimenta atracción, deseo, inquietud, curiosidad, afecto, por otra u otras personas. A menudo sucede que cuando alguien nos atrae, sin saber bien por qué o cuánto, decidimos que estamos enamoradas y, a partir de allí, asumimos actitudes y posiciones inconscientes que en muchos casos acaban con el sentimiento noble y brillante con que iniciamos el acercamiento. Se confunde el deseo con el amor.

Según la iglesia católica, el amor es un sentimiento sublime que une a la mujer y al hombre para la procreación. Esta concepción ha influido en la cultura occidental de manera nefasta, presentando a la mujer como hembra dadora de hijos y al hombre como un dios todopoderoso. Al amor lo despoja de placer y lo convierte en deber, constriñéndolo a un espacio excluyente del que casi siempre logra escapar.

Las mujeres modernas queremos que nos amen como somos, es decir, como personas con todos los derechos individuales y colectivos, particulares y universales que nos corresponden. Queremos que nos escuchen y pongan atención, que nuestras opiniones, gustos y deseos sean tomados en cuenta a la hora de diseñar normativas y proyectos para la nación y la ciudadanía.

Queremos amar desde nuestros propios cuerpos, tomando decisiones por nosotras mismas, en calidad de individuas con autonomía y libertad. Amar con pasión y ternura, con los límites que cada una elija. Que nos amen sin chantajes, sin amenazas de abandono, sin coerción alguna. Que las relaciones de pareja sean transparentes y democráticas, es decir no hipócritas ni opresivas. Que se hable y todos tengan voz. Que el amor halle dónde expresarse, que amar no sea pecado. Y que nadie reciba golpes.

Aunque el amor siga provocándonos estremecimientos y arrebatos, y nos lleve a hacer las más grandes locuras, las mujeres lo estamos viendo con otros ojos e intentando vivirlo de otra manera. Sin duda, los hombres ya lo han detectado; en eso estamos juntos. Es cierto que el verbo amar se conjuga ahora desde otros tiempos y otras personas.

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Sumario noticioso

laCuerda

La violencia contra las mujeres no para

La violencia sigue en aumento en el país y las más perjudicadas son las mujeres. Dámaris Hernández de González, de 15 años y con seis meses de embarazo, fue muerta a tiros en la Zona 18. Mónica Yolanda López Contreras, de 22 años, fue hallada dentro de un automóvil con heridas de bala y murió luego de ingresar a un centro asistencial. Aracely Morales, también de 22 años, fue atacada a balazos en su residencia. Otra mujer, de 25 años y con ocho meses de embarazo, recibió un impacto de bala en el cráneo. Dos más, de 50 y 22 años, fueron muertas con arma de fuego y otra, identificada como Olivia Gálvez, fue herida en el pulmón derecho con arma blanca.

El 22 de febrero, Lizeth Pérez de Solórzano, de 27 años e hija del general retirado Otto Pérez Molina, fue atacada por desconocidos y herida de bala. El mismo día otros sujetos, posiblemente con el mismo propósito, persiguieron en un vehículo a Rosa María Leal de Pérez, esposa del militar, pero la confundieron con otra mujer, Myriam Castellanos de Aguilar, de 39 años, a quien asesinaron.

Jóvenes, las más agredidas

En un 34 por ciento de los casos de violencia denunciados las víctimas son mujeres entre 26 y 35 años de edad, dato que ubica a las jóvenes en edad reproductiva en mayor riesgo. La Defensoría de la Mujer de la Procuraduría de los Derechos Humanos contabilizó 4,908 denuncias durante el 2000, pero se estima que éstas representan sólo el 5 por ciento de los casos. Guatemala, Quiché y Quetzaltenango son algunos de los departamentos en los cuales se ha presentado mayor número de denuncias. La agresión verbal ocupa el primer lugar (38 por ciento de los casos) y le siguen los golpes con las manos, objetos y pies (18, 17 y 15 por ciento respectivamente).

Aviadoras realizadas

Krystal Salazar y Verónica Reyes se convirtieron en las primeras mujeres que optan al aprendizaje de pilotos de combate de la Fuerza Aérea Guatemalteca. Ambas ingresaron a la Escuela Politécnica en 1998 y por sus méritos académicos ahora tienen esa oportunidad. Orgullosas de ser las primeras mujeres del país en tomar el mando de un avión de combate, probablemente a finales de este año se encuentren surcando los cielos.

Prostitución infantil

Un diagnóstico reveló que a más de dos mil niñas, niños y adolescentes se les explota sexualmente, con fines comerciales, en prostíbulos ubicados en la capital. Guatemala, Escuintla, Izabal, San Marcos, Alta Verapaz, Huehuetenango, Jutiapa, Sololá y Antigua presentan los mayores índices de estos abusos. México es el principal país donde se da el tráfico de niñas centroamericanas. Recientemente, 14 adolescentes de 13 a 17 años de edad, procedentes de Guatemala, Honduras y El Salvador, fueron rescatadas de burdeles mexicanos, sobre todo en Tapachula, donde eran explotadas.

Otro Honoris Causa para Rigoberta

La Universidad Autónoma de Madrid, en una ceremonia realizada en el campus de ese recinto, nombró Doctora Honoris Causa a Rigoberta Menchú Tum por los méritos que ha desarrollado a lo largo de su lucha humanitaria.

Madres solteras sin cobertura

En un artículo publicado el 20 de febrero en elPeriódico, Paola Hurtado revela información de ocho compañías de seguros sobre la cobertura de gastos de maternidad para madres solteras. Siete de las empresas suelen excluirlas y ellas deben contratar el servicio como un beneficio adicional. Sólo pueden asegurar el nacimiento de su bebé si su compañero también está asegurado o si se trata de una póliza colectiva cuando la empresa contratante así lo haya acordado. Únicamente la Aseguradora General ofrece pólizas individuales para madres solteras.

Las deportistas

La tiradora Norma Casasola rompió su propia marca en la especialidad de pistola deportiva, fijándola en 552 puntos durante la realización de la Copa Quetzal. Dina Cruz se acreditó por tercera vez el título de Campeona Nacional de Campo Traviesa cuando dominó la prueba de 8,000 metros en el parque ecológico Jardines de Cayalá. Heidi Rodríguez, quien participó en el reciente campeonato mundial de levantamiento en potencia, ganó una presea mundialista al levantar 226 libras en peso muerto.

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Glosario

laCuerda

Sentir: Experimentar, percibir, notar lo que viene de dentro. Capacidad de percibir señales abstractas. Sentimos dolor, placer, atracción, afecto, odio, rechazo, etc.

Placer: Todo lo que nos provoca gusto, satisfacción. Lo que produce excitación sensorial o deleite.

Desear: Echar en falta algo, extrañar, anhelar, buscar. Tener ganas.

Querer: Usado como sinónimo de amar, es tener el anhelo de algo, de hacer algo, de poseer algo. (Ojo con esto.)

Odio: Antiamor, desafecto en extremo, disgusto por algo o alguien.

Celos: Sentimiento de inseguridad que sufre quien cree, imagina o presiente que puede perder el afecto, el cariño de su amante. Aquí también se conjugan la posesión y el amor.

Beso: En la cultura occidental, expresión de cariño, afecto, reverencia hacia otra persona haciendo un movimiento con los labios. Ósculo, intercambio de fluidos, acompañado de movimientos sensuales que dos bocas deseantes se prodigan.

Dependencia: Cuando se establecen lazos por necesidad, cuando se deposita la seguridad y el bienestar en otra persona. Relación desigual entre personas con distintos niveles de poder. Subordinación. Depender, estar o quedar al arbitrio de una voluntad.

Amor: Palabra con acepciones múltiples que varían con el tiempo y las culturas; puede comprender varias significaciones y usos. Tantos, que dejamos al público la tarea de elaborar sus propias definiciones, luego de leer este ejemplar.

Bibliografía consultada

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Saludos para laCuerda en su III Aniversario

Lydia Cacho, Red de Periodistas de México

Dicen que la locura es la cueva donde se aloja el miedo a vivir intensamente; la cordura es la valentía de enfrentar los miedos con la esperanza de cambiar las cosas para que el mundo sea mejor. Vaya pues mi cariño y admiración por todas y cada una de las compañeras que se han mantenido en laCuerda de la cordura feminista para darnos, durante tres años, voz a las mujeres de América.

Conferencia de Religiosos en Guatemala

Felicitaciones al periódico laCuerda en su tercer aniversario y al mismo tiempo les animamos en su trabajo solidario y profético en bien de nuestro pueblo y en particular de la mujer para que sea escuchada y valorada como hija de Dios.

Café León

Como suscriptores estamos muy complacidos con el material que hemos recibido, y en especial al conocer los buenos comentarios de todas y todos los clientes que visitan nuestros cafés, quienes degustan una deliciosa taza de café y a la vez aprovechan a darle una leída a laCuerda.

Patricia Castillo, Fundación Guillermo Toriello

Arribamos a marzo del siglo XXI y la lucha por la equidad sigue siendo necesaria. Es por ello que aprovechamos la oportunidad para abrazarlas fraternalmente al celebrar un aniversario más de laCuerda, que se ha constituido en una voz permanente de denuncia, crítica, debate y propuesta respecto a los temas que más interesan a las mujeres, pero también a quienes aspiramos a la construcción de una sociedad más equitativa y justa.

Secretaría de Género

Asociación de Estudiantes Universitarios "Oliverio Castañeda de León"

Las felicitamos en su aniversario, al ser las pioneras del fortalecimiento de los derechos de las mujeres, ayudando de esta manera a realzar el papel de nosotras mismas en la sociedad en que vivimos, abriendo puertas hacia una equidad que todas las personas necesitamos y por la cual debemos seguir luchando para hacerles más fácil el camino a recorrer a las generaciones venideras.

Doris González Mosquera, Red de Periodistas de Centroamérica

Conozco el esfuerzo quijotesco que realizan por visibilizar a las mujeres en todo el sentido de la palabra y sé perfectamente que a veces es más que titánico por las culturas de los países en que vivimos. Sigan adelante. Como decimos los ticos, ustedes y laCuerda ‘pura vida’.

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Exigimos que el gobierno informe qué pasó con

Mayra Gutiérrez

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Esa nube dorada

Laura E. Asturias, laCuerda

En las reuniones de planificación de nuestras ediciones, pocas veces nos hemos divertido tanto lasCuerdas como en la de este número. Fue una experiencia lúdica, en la que desmenuzamos sutilezas sobre el amor, la pasión y el sexo. Ojalá estas páginas lo reflejen.

A mí se me encargó intentar describir el enamoramiento. No el amor (esa construcción paulatina y cultivada), sino lo que experimentamos mucho antes de éste, cuando conocemos a alguien que de repente es la persona más especial y mejor del mundo y sentimos encenderse sentimientos y emociones que nos hacen anhelar su presencia (y hasta su permanencia).

Recuerdo mis primeros enamoramientos, esa pasión desenfrenada que me despertó fulano o zutano. Y constato hoy, tan lejos de la adolescencia, que no hay mayor diferencia entre esos apasionamientos iniciales y el más reciente. Están presentes los mismos ingredientes.

Es ese pasar por un arco de flores (mejor si son rosas rojas), levitar gelatinosamente hacia una nube color pastel (tu preferido) y caer sobre ella como lo hacen los mimosos Ositos Cariñositos de las caricaturas, sin importar tu peso o tamaño. Ya instalada en la nube, sólo importan la ilusión, lo que empezás a sentir por esa persona, la entrega desbordante que te inspira, el arrobo con que te metés a un nuevo contacto con potencial de relación.

Andás con la mirada medio perdida y una sonrisita permanente. Te hablan y tu reacción es lenta. La sola mención de su nombre te sobresalta. Cuando no está a tu lado, vivís pendiente de que suene el teléfono y te traiga esa voz y la promesa de un nuevo encuentro. Una cita cancelada se torna tragedia, pero le hacés yemas porque no queda otra. Y cuando está contigo, es incesante el galope dentro del pecho, el flujo de deliciosas sensaciones y líquidos, la necesidad imperiosa de privacidad, de más cercanía.

En la adolescencia no parece haber mayores diferencias entre cómo se enamoran mujeres y hombres. La ilusión, la incertidumbre y los titubeos son los mismos. Por cada jovencita que espera ansiosa el timbre del teléfono (aunque hoy son muchas quienes hacen la llamada), al otro lado hay un muchachito tradicional preguntándose nerviosamente ¿la llamo o no la llamo?

Las cosas cambian con los años. Mientras los hombres suelen crecer con horizontes que incluyen una carrera, éxito y también (como para nosotras) la obligatoriedad del matrimonio, a las mujeres se nos enseña, con mensajes sutiles o muy explícitos, que la relación ideal debe ser nuestro fin último, la mayor aspiración: ser la señora de (aunque la ley no te obliga a renunciar a tu apellido y asumir otro) y por supuesto con todo lo que ello entraña, particularmente la maternidad.

Así tejemos, nosotras, un mundo de sueños multicolor encaminados a encontrar al hombre ideal, que naturalmente no existe más que en nuestras fantasías. Y es en esa nube, la de los ositos primorosos, donde adornamos a esa persona especial con una infinidad de atributos: no los que realmente tenga, sino los que quisiéramos que tuviera para ser perfecta. Perfecta para nosotras y para que las cosas trasciendan y avancen hacia lo que será (¿qué más?) la relación ideal.

A menudo caemos de golpe y con ruido de esa tierna nube, sobre una realidad que dista mucho de nuestras ilusiones. Porque el sueño era sólo nuestro, porque no lo tejimos con lo que había sino con lo que queríamos que fuera. Y porque el enamoramiento es narcisista: buscamos en otra persona lo que más nos gusta de nosotras y no necesariamente lo que tiene que ofrecer. O bien aquello que creemos que complementará lo que somos: la vieja historia de la media naranja.

Quizás no haya nada malo en ello, mientras sepamos que es riesgoso tejer en el vacío; que nadie debe ser lo que no es por nosotras, ni está en el mundo para realizar nuestro sueño. Y que, como siempre nos recuerda nuestra editora, no es lo mismo estar enamorada que amortajada.

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El no amor

Megan Thomas

Cuando laCuerda me planteó escribir sobre el amor, mi reacción inmediata fue decir que hace tanto tiempo que vivo sin amor que no sabría qué decir. Claro, esta afirmación se refería a que vivo sin amor de pareja, sin amor sexual, sin el cariño y compañerismo cotidiano de otra persona adulta. Actualmente me encuentro en la singular situación de ser hija, madre y abuela simultáneamente. La crema de este pastel es que las cuatro generaciones vivimos en la misma zona de la misma ciudad. Todas estas estaciones de mi vida están signadas de amor, tanto el que siento y brindo como el que recibo. Sin embargo, queda un hoyito, como cuando comimos rico pero nos faltó algo dulce.

Así las cosas, acordamos que escribiría algo sobre el no amor. El hecho de que he pasado buena parte de mi vida adulta sin pareja me ha llevado a reflexionar periódicamente sobre el tema. Muchas de mis amigas son mujeres sin pareja y, al igual que yo, no necesariamente por elección propia. Sin embargo, no pareciera existir un universo equivalente de hombres pues ellos, al salir de una relación de pareja, tienden a caer casi de inmediato en otra. Los solteros de edad madura son una especie rara que no queda claro si alguna vez realmente existió más allá de las excepciones que comprueban la regla. Casi podríamos decir que, si existen, están en ese mismo lugar a donde van a parar los calcetines sontos, un lugar desconocido para todos.

A veces especulamos, mis amigas y yo, sobre esta aparente disparidad entre mujeres sin pareja y hombres sin pareja. La ley de probabilidades y la estadística nos dicen que la población se divide en partes casi iguales entre hombres y mujeres. Entre jóvenes tiende a funcionar la paridad y es rara la persona que transita por la adolescencia sin noviazgos y relaciones de pareja. Los jóvenes adultos se emparejan de manera casi natural y es excepcional encontrar personas que a los 30 años, por ejemplo, no estén casadas, viviendo en pareja o en transición entre una relación y otra. A estas edades la soltería tiende a ser voluntaria y transitoria.

¿Qué cambia cuando llegamos a la mediana edad? Pues, para comenzar, envejecimos, y ya el flechazo visual y la química de la atracción física no funcionan igual. El ritmo y estilo de vida también cambian y tienden a ser menos frecuentes las oportunidades de encontrar nuevas personas, de tomarnos el tiempo para conocer y explorarnos. Para bien y para mal, en la madurez (uno de mis eufemismos para referirme a la mediana edad) tendemos a ser menos flexibles, a estar más instalados en un yo soy así y a ser menos abiertos a lo nuevo y diverso. Arrastramos patrones de gustos, prejuicios, imaginarios ideales preestablecidos y todo un arsenal de estereotipos, lo cual nos conduce a descalificar o descartar a las personas con facilidad. Estamos en menor capacidad y menos dispuestos a invertir grandes energías emocionales, tenemos menos paciencia y tolerancia, somos menos propensos a tomar riesgos, al ensayo y error. Todo ello nos hace estar menos abiertas a nuevas relaciones y a relaciones de nuevo tipo. (Me doy cuenta que estoy hablando en primera persona plural, endosando esta reflexión a una generalidad que quién sabe si existe. ¿Alguien se reconoce en estos rasgos?)

En fin, desmenuzar, analizar y darle vueltas al tema es relativamente fácil. Lo que no es fácil, ni lo considero positivo, es aprender a vivir sin pareja, sin el compañerismo cotidiano, sin vida sexual, con un solo ingreso, criando hijos sola, sin tener con quién ir al cine sin tener que planificarlo. Me temo que esto de las relaciones íntimas no sea como aprender a montar bicicleta, que de veras nunca se olvida (yo retomé la bicicleta hace poco, luego de años y años de no montar, me consta que no se olvida.) Más bien creo que sin práctica sí se olvida cómo entablar relaciones íntimas, cómo acercarse y permitir que otro se acerque. Al igual que una bicicleta abandonada se desinfla y oxida, temo que en nosotros se apagan o se encogen, o simplemente se diluyen y desaparecen, los impulsos vitales de la sexualidad y la inclinación a buscar pareja.

No creo ser la persona indicada para decir mayor cosa sobre cómo revertir el no amor, pues no he sabido hacerlo. Agradezco reflexiones y sugerencias.

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Desde el amor a mí misma

Paula Irene del Cid Vargas, laCuerda

Si bien alguna vez tuve en mi niñez la intuición de que cada minuto de la vida era imposible que se repitiera, por lo tanto debía ser valiosamente mío y para mí, como muchas otras caí en la trampa de esperar al príncipe azul, quien con su sola mirada me haría sentir que mi existencia tenía una razón de ser, claro está, con los matices propios de los ochenta en la ciudad de Guatemala.

Atrapada en su mirada, además del éxtasis de verme reflejada en él, el amor significó tiempo y dinero, recursos perdidos irremediablemente en función de sus necesidades. Toda esta energía vertida en él, o en el príncipe de turno, desvió la mía de otros proyectos amorosos que me habrían fortalecido, como pudieron ser la academia, el trabajo o la seguridad económica.

¿Qué estaba mal? Los supuestos. Supuse que el otro me comprendía, que lo que me decía al oído era cierto, que se interesaba en mi necesidad de superación económica e intelectual, que siempre estaría a mi lado para apoyarme. Resultó que su interés y poca atención a mis palabras eran más en función de poder lucirse conmigo que en mi progreso, y que su amor no era incondicional. Definitivamente lo que yo daba no correspondía con lo que estaba recibiendo.

Viendo a mi alrededor y hacia atrás, todas las personas de los espacios en los que había transcurrido mi vida habían silenciado, matizado, mentido o aterrorizado sobre esta parte de la vida, de tal forma que me encontraba sin muchas herramientas para afrontar tal situación. Sólo recuerdo a una amiga, desaparecida hace años, quien con su alegría buscaba entablar otro tipo de relaciones.

Descubrí con desilusión que éste era un mal generalizado y que muchas mujeres habían experimentado que el vivieron felices para siempre se transformó en lavaplanchacuidayganadinero para siempre; que a costa de sacrificios personales mantienen una fachada en sus relaciones, viven con vergüenza el fracaso de sus sueños o tratando a cualquier precio de llegar a ser la mujer ideal, defraudando constantemente a quienes les rodean y a sí mismas, porque con poquito son colocadas en el bando de las malas mujeres. Para que te etiqueten de mala es suficiente que no te cuides puntual y apropiadamente, peor si has decidido experimentar un poco de placer con tu cuerpo e imperdonable si no deseas tener hijos.

El mandato que se nos envía es sé buena, entrega todas tus energías a los otros y en recompensa te daremos un ramo de flores, una licuadora o una tarjeta para el día de la madre. En esa entrega a los demás nos postergamos, quedamos al final del día rendidas, sin mayor capacidad para cuidarnos y, por si fuera poco, sin poder articular una conversación interesante que amenice la cena.

Gracias a que me he encontrado con muchas mujeres, algunas declaradamente feministas que rompen el código del silencio y manifiestan el desencanto y aburrimiento en el mejor de los casos y la violencia en el peor de ellos, he logrado introducir algunos cambios en mis expectativas. Con base en la experiencia, propongo:

Primero, como dice Marcela Lagarde, colocarnos en el centro de nuestras vidas, orientar en la medida de lo posible nuestra energía hacia la autonomía de nuestros cuerpos, a la búsqueda de varios proyectos (trabajo, estudio, placeres, estabilidad económica). Cualquiera es válido, siempre y cuando sea para nosotras.

Interrumpir el mandato y no seguir el juego, fomentar en nuestras hijas y hermanas que es válido verse a sí mismas como sujetas de derecho al ocio, al esparcimiento, al amor (pero del correspondido). Hablar claro; no mas tés de despedida de soltera en los que se previene sobre el hombre infiel, borracho, etc., y se nos conmina anticipadamente a comprenderlo y aguantarlo.

Legitimar el amor a nosotras mismas, ya que seres sin autoestima rara vez participan políticamente para mejorar sus condiciones de vida.

También sugiero que cambiemos los criterios enseñados para encontrar pareja. Ello implica dejar de buscar al hombre ideal, inexistente en lo concreto. Si encontramos alguien con quien nos sentimos a gusto, negociar, negociar y negociar. Si nos controla cariñosamente con una llamada cuando es novio, es de esperar lo que vendrá después. No somos diosas ni santas para cambiar a nadie.

Finalmente, si deseamos construir relaciones en equidad, y puesto que venimos y nos vamos solas de este mundo, deberíamos asumir la responsabilidad de nuestros afectos. No podemos delegar en el otro nuestra felicidad. Sólo nos queda compartir desde el amor a nosotras mismas.

El amor redefinido desde la ética feminista es clave en el trastocamiento del orden simbólico, al legitimar la prioridad del amor a mí misma como fundante de la mismidad y como hito en la redefinición de las relaciones con los otros. La única trama posible en el telar feminista es la propia vida que emana del amor de cada mujer a sí misma, el amor a las otras y los otros como seres equivalentes, semejantes y diferentes, y de la pasión por vivir en correspondencia con un mundo que realice los valores feministas.

Marcela Lagarde en "Aculturación feminista".

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¿Qué tal de amores?

Mariel Aguilar, guatemalteca, feminista

Probablemente a la fecha, dentro de los avances tecnológicos, ya se habrá puesto a funcionar un aparato o técnica que mida el tiempo, la energía y el pensamiento que utilizamos en relación a esa idea/sentimiento llamada amor. No sé si le habrán llamado amorómetro pero se me ocurre que, de existir, ha de ser útil para conocer y medir aquellas variables dependientes e independientes involucradas en los actos amatorios. Además, ha de ilustrar sobre la existencia o no de formas diferenciadas de expresar, sentir o vivir el amor, dependiendo de condiciones como sexo, edad, etnia, credo o situación económica.

Como ésta es una cuestión que, más allá de atraer la atención de científicos o tecnócratas, nos ocupa a nosotras de manera cotidiana, traigo a la memoria ideas extraídas de pláticas que he tenido sobre el tema con una diversidad de mujeres.

Llama mi atención que, indefectiblemente, cuando entre nosotras lanzamos la inofensiva pregunta ¿qué tal de amores?, ninguna vacila en responder en función de una relación de pareja. Aún no he encontrado alguien que diga mi mamá me ama o amo a mi prójimo.

Las respuestas van desde las frases más excelsas, acompañadas de profundo suspiro, sonrisa y mirada brillante, perdida en el horizonte, hasta expresiones que enfáticamente anuncian de eso ni me hablés o ya no quiero saber nada, más vale sola que mal acompañada. Entonces, la pregunta mental obligada es ¿qué está pasando o ha pasado para que las mujeres se expresen de manera tan diferente sobre un mismo tema?

Descartando que ellas hubieran disminuido su capacidad de amar o perdido la necesidad de dar y recibir amor, y sin pretender llegar a absolutos -ya que situaciones patológicas como la violencia marcan una diferencia-, encontramos que las respuestas son relativamente simples.

Y es que, básicamente, desde que se nos empieza a socializar se nos va construyendo el arquetipo de lo que debe ser el amor. Pero como a mujeres y hombres se nos socializa de manera diferente, cuando nuestras relaciones de pareja se dan dentro de los patrones de relacionamiento heterosexual, a la hora de experimentar o vivir el amor es como si estuviéramos escuchando el ensamble de una banda de circo con una sinfónica (sin demérito de ninguna).

De ahí que a menudo lamentamos que los hombres no nos saben amar, pero tampoco saben recibir nuestro amor. He escuchado frases como tienen la sensibilidad de una ostra, nos enfrían (moral y físicamente) con el hielo de su indiferencia, o su egoísmo puede llegar a ser más grande que el Everest. Y que, sea cual fuere su condición física, mental, social, cultural, económica o moral, siempre se sienten superiores a todas las mujeres, resultándoles el amor de ellas como un derecho adquirido que ejercen y disfrutan a voluntad y capricho.

Es aquí donde, además de corroerme la curiosidad por conocer qué opinan ellos sobre el asunto, no puedo dejar de pensar que mujeres y hombres podríamos estar atrapados en una telaraña (cultura, prejuicios, religión, intereses sociales y económicos...) que nos impide avanzar en el descubrimiento del otro, para conocerle, saberle, disfrutarle, saborearle y amarle en su esencia más profunda.

Pienso que toda propuesta liberadora, que apunte a que mujeres y hombres gocemos plenamente el derecho al amor, deberá partir de la idea de desconstruir el andamiaje que nos ha limitado el ejercicio de esa expresión humana, para construir nuevas formas de vernos, entendernos, sentirnos, comprendernos. Que a través de la práctica del amor podamos ver al otro y con la construcción del nosotros logremos llenar el profundo vacío de la soledad.

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De la separación de los amantes al truene conyugal

Anamaría Cofiño K., laCuerda

En la jerga popular, el truene se refiere a la separación. Estar tronando también se dice estar mal y significa, más o menos, estar en crisis o en proceso de deterioro. En la pareja, se invoca el truene cuando mantenerse juntos se hace, más que difícil, insoportable. Se dice que unos cuates tronaron como ejote cuando se acaba el amor o que tronaron a sapo cuando la cosa se puso fea. El caso es que el truene se convirtió en una palabra de nuestro tiempo, cuando el fenómeno tendió a multiplicarse.

El truene es lo que Igor Caruso investigó en La separación de los amantes,* libro altamente recomendable que ya es un clásico en la bibliografía del amor. Allí encontramos términos de mucha utilidad para entender lo que nos estaba pasando. La catástrofe de la separación, la muerte de la pareja. Era la época del marxismo y la lucha de clases se hacía patente en todos los rincones. La pareja -entendimos- no era una relación aislada de dos amantes, sino una construcción social.

Aceptar el fin del amor, vivir el duelo y sobrevivir son hechos de la vida que, tarde o temprano, nos tocan; unas veces en carne propia; otras, apenas de cerca. Hay quienes juran que a ellos no, porque el matrimonio es indisoluble y el amor eterno. Sin embargo, es sabido y reconocido que muchas parejas se mantienen por costumbre o temor, más que por afecto. Las crisis en las relaciones son inevitables, aunque se las minimice. También es cierto que hay truenes que se pueden superar y convertirse en experiencias que, vividas con transparencia, se vuelven argamasa para solidificar el edificio conyugal. Dicen.

Hay truenes populares y prolongados, cuya muerte está previamente anunciada, a muy largo plazo. Los hay recurrentes: volvemos a tropezar con la misma piedra. Están aquéllos que, al reventar, terminan en odio y repulsión, borran el amor y nublan el recuerdo. Existen los truenes pacíficos y civilizados, en los cuales la razón y la negociación definen un futuro de entendimiento o, al menos, de diálogo. Hay rupturas silenciosas que socavan las raíces y, de repente, hacen volar por los aires todo lo que parecía seguro. Otros tienen detonantes externos: la irrupción de terceras personas provoca separaciones o reacomodos inesperados. Hay truenes que nunca se definen por temor o por resignación. De truenes está plagada la transición a otras formas de amar.

Con las mujeres de mi generación hemos hablado y compartido experiencias y conocimientos que nos han hecho perder el miedo a la separación. Reconocer la culpa que nos amarra a un destino de frustraciones, identificar las causas de la ruptura y encontrar alivio a tanta confusión y dolor. Entender que el truene no mata y que a partir de allí tenemos la posibilidad de construir otras relaciones, nos ha posibilitado seguir intentando amar con libertad.

* Caruso, Igor, La separación de los amantes. Siglo XXI editores, México, 1981.

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Detalles que se aprecian

Wendy Santa Cruz, laCuerda

Según el diccionario de la Real Academia Española, un detalle es un rasgo de cortesía, amabilidad, afecto; y si le agregamos amoroso, se convierte en un gesto que manifiesta amor. Bien se dice que en gustos se rompen géneros, lo que también se aplica al amor. Durante el pasado febrero, laCuerda realizó una encuesta a personas de diferentes edades sobre los detalles amorosos que más aprecian. He aquí los resultados:

Las mujeres menores de 20 años valoraron detalles como las rosas, cualquier gesto de su pareja, las sorpresas como una cena inesperada, los peluches y la sinceridad. Las de 20 a 25 años se balancearon entre lo material y lo interno o más profundo. Así encontramos que aunque aprecian las rosas, las llamadas y regalos inesperados, palabras cariñosas y tarjetas elaboradas a mano, se inclinan más por el respeto, la solidaridad, la ternura y aceptación, el tiempo compartido, ser escuchadas, que no las hagan enojar, la sinceridad, la verdad y honestidad. A las más exigentes no les caería mal el desayuno en la cama y la colaboración en la limpieza del hogar. Algunas, un tanto apasionadas, mencionaron un buen masaje y los besos en las orejas, las miradas y caricias.

Los jóvenes entre 18 y 25 años dijeron que les gustan las tarjetas, un disco, ropa, cenas, cartas, sorpresas. También los besos, las caricias y miradas, la atención, los mimos, la puntualidad y sinceridad. Algunos no se consideran menos hombres por aceptar el buen consejo de una dama o porque ellas exijan que les den su lugar.

Las mujeres de 26 a 35 años dijeron preferir las caricias, miradas y palabras, el tiempo, las rosas. A una de las más románticas le gustaba que le escribieran un poema, y la más deportista desearía que le dedicaran un gol. La más atrevida expresó que antes de hacer el amor le gusta ver.

Los hombres entre 26 y 35 años se inclinaron por gestos más profundos como sinceridad, alegría, respeto, fidelidad, poner el corazón para luchar por la pareja, que les digan constantemente que los aman de una forma diferente. Otros expresaron que aprecian los recuerdos, la atención y comprensión, mantener una relación sin celos, ser recibidos cariñosamente luego de un día duro, que se les tome en cuenta y su pareja les comparta sus problemas.

Sobre este tema, no cabe duda, muchas más cosas se pueden seguir escribiendo.

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Tristezas me dan tus quejas, mujer

o El lado obscuro del bolero

Anabella Acevedo Leal, guatemalteca, crítica literaria

Tristezas me dan tus quejas, mujer, / profundo dolor se apiada de mí, / no hay pena mayor que me haga sentir / cuánto sufro y padezco por ti. Así va la letra del que es considerado como el primer bolero compuesto, que iniciaría en Cuba, hacia 1883, una larga tradición de música romántica con la que aún convivimos.

Recuerdo haber bailado boleros cuando éstos se volvieron a poner de moda a finales de mi adolescencia, en los últimos años de los setenta. Me gustaba su ritmo acariciante y seguramente me habré aprendido una que otra letra que todavía retengo. Sin embargo, fue mucho más tarde que empecé a ponerles atención a muchas de esas canciones románticas que acompañaron mi incomodidad en tantas fiestas a las que entonces me sentía obligada a asistir y en las que esperaba pacientemente que algún patojo se dignara sacarme a bailar, para luego sufrir ante mi desinterés por sus galanteos.

Cómo no sentirse culpable al escuchar clásicos como La barca, de los que no sabía cómo traducir su letra en términos de mi propia realidad: Hoy mi playa se viste de amargura, / porque tu barca tiene que partir / a cruzar otros mares de locura, / cuida que no naufrague tu vivir. / Cuando la luz del sol se esté apagando, / y te sientas cansada de vagar, / piensa que yo por ti estaré esperando / hasta que tú decidas regresar. Supongo que de ahí vendrían más tarde algunas de mis inseguridades y culpabilidades, que tal vez no eran sino las tensiones entre lo que se suponía que debía sentir y lo que en realidad sentía. Porque a veces lo que se descalifica como parte de nuestra formación por ser elemento de la cultura popular, resulta más fuerte de lo que creemos.

Repaso ahora algunas letras de boleros y descubro sin sorpresa que muchos de ellos siguen alimentando la imagen de la mujer como ese ser malvado, de corazón implacable, que causa tanto pesar a los hombres. Parte de mí me dice que no debería ponerles tanta atención a las letras; después de todo, dirían algunos, son canciones tradicionales que con frecuencia aluden al nostálgico pasado de nuestros padres y abuelos, al igual que muchos tangos y baladas sentimentales que durante años han ido construyendo una crónica musical de lo cultural aceptado por la mayoría como romántico.

Y sin embargo no quisiera que nadie me cantara al oído: Cuán falso fue tu amor, / me has engañado; / el sentimiento aquel era fingido; / sólo siento, mujer, haber creído / que eras tú el ángel que yo había soñado.

Tampoco quisiera ser enamorada al ritmo de: Tú me quieres dejar. / Yo no quiero sufrir, / contigo me voy, mi santa, / aunque me cueste morir. Porque ya hace algún tiempo dejé de querer ser ángel o santa y me concentré en ser mujer, algo no necesariamente más fácil pero sí más posible, tal vez menos romántico, eso sí.

Así, el amor al que aspiro ahora es enteramente terrenal y democrático, porque ante la adoración total en nombre del amor que celebran muchos boleros, se sobrepone un concepto de las relaciones sentimentales alejado de clichés, que crea sus propios términos y que obedece a necesidades personales establecidas entre dos. Por eso me asusto al leer palabras como las de la puertorriqueña Iris M. Zabala, quien dice de los boleros: Amor romántico es el mensaje del bolero, que transforma al tú y al yo en héroes y heroínas, aunque sólo sea fugazmente. En lo imaginario social nos convertimos en la dama y el señor, la princesa y el príncipe, en un juego recíproco de identidades e identificaciones.

Y me asusta porque temo que es precisamente este juego recíproco de identidades lo que niega a menudo nuestra condición de seres humanos ajenos a estereotipos y presiones sociales, seres que, en virtud a ese juego, con frecuencia nos vemos obligadas a pasar a ser personajes de boleros, amando hasta la muerte aunque esto signifique la negación del gozo y de la honestidad. Tal vez por eso prefiero no ser dama ni princesa, y mucho menos ángel o santa.

Claro, resulta casi sublime escuchar boleros como Frenesí, en el que una dulce voz nos confiesa: Quién si no fui yo / pudo enseñarte el camino del amor, / muerta mi altivez, cuando mi orgullo rodó a tus pies. / Quiero que vivas sólo para mí / y que vayas por donde yo voy, / para que mi alma sea nomás de ti, / bésame con frenesí.

Y sin embargo la vida vivida enteramente en los términos del otro me resulta sospechosa como definición del amor.

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La luna a estas horas les alumbra a los chinos

Colaboraciones anónimas

Al Sermón de la Montaña hizo falta tu jerga de verdulera. Tu palabra sencilla, grotesca y sincera, ésa que solamente puede manar de un corazón abierto a toda costa, contra los contragolpes y contra la adversidad que se nos venga encima. Esa palabra fue la que hizo falta para que comprendiera el mundo las intenciones de Dios. Lo que mana de tu boca es hermoso, no es el lenguaje 'exquisito' de Dios -que habló en parábolas, para más chingar-. No quiero besarte la boca, sino sentir con mi lengua tu lengua, besar esa melancolía, esa boca de carretera que hizo falta al Sermón de la Montaña.

Como reloj de péndulo, una gotera cuenta cada segundo que mi amor espera -frente a tu casa- a que tus amigos fumen y se droguen de ti.

Porque fuiste el doblaje tropical de la Beatrice inalcanzable -cuando ya nada asombraba o todo ensombrecía- es que no puedo separarte de mi 'infierno'... (debes leer: que no te olvido)

Ahora sé por qué seguimos juntos: tus odios y los míos se aman.

Me gustaría... que atoraras mi disco de colores y grises y negros y blancos y todo lo que sea sensible a mi hígado, corazón, estómago, vértebras y demás objetos que rellenan mi cuerpo para ser alguien. En otro contexto, con otro aparato ortopédico que me permita ser de nuevo sensible al mundo de lo abstracto, quizás me toque ser mujer y tú hombre, quizás me toque hacer lo que tú haces para que me ames y qué sé yo, pero lo que si sé es que te encontraré estés donde estés, te acosaré con más huevos que ahora, seré asesino, monje, puta, ama de casa, lo que sea, pero en algún milenio te amaré como sólo tú y yo podemos hacerlo. Yo no te quiero... Te amo.

Perdóname, niña triste, niña amada, cometí el pecado de adorarte y te herí, te ofendí, fui cruel; pero era un león enamorado. Gozá tu vida lejos de mí, niña amiga, gozá de la pureza del cielo que te pertenece. A mí (réprobo maldito) me espera el infierno donde fustigan a los maniáticos más insanos. Yo soy de la casta de los poetas malditos y de los delirantes amargados que debieran ser borrados de la tierra. Olvidame, niña amada, olvidame, como a lo mejor o peor que llegó a tu vida... Bueno, ya sé que me puse cursi, pero es bueno de vez en cuando...

A través de la pared de madera se escuchaba su risa, y se imaginaba el dibujo de sus labios (querrá salir algún día, aunque sea un solo día, y dejar que su risa ya no sólo sea reflejo del humor, sino también de la piel, de humedad de los cuerpos en lucha de poder -dar-), mientras por la ventana entra-sale la última pieza de luz que acompaña el día aburrido que acaba de terminar... Dame una oportunidad, sin ningún compromiso.

Tus cartas deberían llegar, como ésta te llegará llena de ansias y de angustia, saltando de mis ojos hasta tus recuerdos y mis palabras rotas se llenarán de tinta. Deberían llegar con tu aroma, con tu aire, con tu esperanza de que llegará el día en que ya no te llore. Maldigo ese día.

Me he convertido en eso que tú querías, un apasionado, un loco, un enfermo lleno de ternura y alegrías. He sido dos, diez hombres para ti, un aventurero, el que te quiere retener por siempre, el ansioso, el ridículo, el sublime, el poseído, el que por sobre todas las cosas, quiere que lo quieras.

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Género, propiedad y empoderamiento

laCuerda

Así se denomina el estudio comparado que presentaron recientemente sus autoras, la economista Diana Deere y la socióloga Magdalena León. En él se analiza la situación de las mujeres respecto de la tierra en 12 países latinoamericanos durante el período de reformas agrarias, entre los años cincuenta hasta parte de los ochenta, y el período neoliberal en la década 1980-90.

En 10 capítulos, las investigadoras desarrollan, desde una perspectiva feminista, temas como la construcción de la igualdad de género, análisis en las contrarreformas neoliberales, la lucha por los derechos de las mujeres a la tierra, herencias y propiedad. Tales aspectos no han sido considerados en otros estudios sobre la tierra, por lo que éste constituye un aporte significativo.

Cada capítulo permite descubrir que la supuesta igualdad entre hombres y mujeres, en cuanto a los derechos de propiedad sobre la tierra, no existe debido a barreras políticas, culturales y económicas. Las arraigadas tradiciones familiares se inclinan por una herencia mayor o absoluta para los hombres, ya que predomina la idea que el marido es quien debe proveer de techo a su mujer. De esta forma las mujeres quedan desprotegidas.

Las autoras consideran que la propiedad de la tierra es necesaria para que las mujeres logren su empoderamiento a fin de lograr una verdadera igualdad de género. Resaltan la importancia de negociar en el hogar y la comunidad, así como una mayor dinámica del movimiento de mujeres rurales.

Según el estudio, la reforma agraria en Guatemala tuvo un corto alcance para el género femenino: sólo ocho de cada 100 personas beneficiadas con la adjudicación de tierras fueron mujeres. Aquí, como en los otros países analizados, ellas han sido excluidas por no ser jefas de hogar. Indudablemente, las mujeres han sido relegadas de sus derechos debido al sistema patriarcal aún predominante en América Latina.

La propiedad de la tierra también debe ser puesta en manos femeninas, ya que además de ser la mujer sujeta de derechos, en la mayoría de los casos las hijas e hijos se encuentran a su cargo.

Entre sus recomendaciones, las autoras sugieren prácticas de herencia igualitaria para hijas e hijos, así como atención específica a las viudas, quienes sin la titulación de la tierra quedan desamparadas. Plantean también la creación de un banco de tierra y la puesta en marcha de políticas estatales que otorguen tierras al campesinado, además que la adjudicación o titulación de tierra sea a nombre de la pareja.

Deere, Carmen Diana y León, Magdalena. Género, propiedad y empoderamiento: tierra, Estado y mercado en América Latina. TM Editores, Tercer Mundo S.A. Bogotá, Colombia, 2000.

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Más allá del más allá

Lucia Escobar, guatemalteca, periodista

El amor es un tema del que me encanta hablar, leer, sentir y sobre todo vivir. El amor es, en mi opinión, lo único que puede salvarnos de la mediocridad, elevarnos a dioses y darnos la vida eterna (sin caer en panderetismos).

He vivido el amor intensamente, he renunciado a él y he tenido que entenderlo más allá de la muerte. Sin embargo, entre más trato de comprender su fuerza y su modo de atacar mi alma, más me pierdo en palabrerías que no dicen nada.

Historias de amor hay miles. ¿Cómo medirlas, clasificarlas, entenderlas? Locuras de adolescencia, amor de toda una vida separados, amor de cuatro noches de pasión, amor de cada día y cada noche. Con el amor lo importante es vivirlo, sin miedo a lo que suceda después. Son pajas eso de que no estoy preparado para el amor; uno nunca esta preparado para eso.

El amor, como el psicoanálisis y el arte, es un ejercicio fuerte de autoconocimiento. Es donde realmente nos vemos desnudos, sin máscaras. Porque en nuestra relación con el o la amada entendemos muchas cosas de nosotros y del mundo. Amar es entregarse sin peros, ni miedos, tirarse a ciegas al mar, apostar a perder. Amar es también una elección, una decisión individual de fe y confianza en el otro.

Además hay de amores y Amores. No todos se viven con la misma intensidad, ni duran lo mismo, ni saben igual. Unos exorcizan, te sacan el diablo; otros purifican, te elevan. El amor funciona cuando te obliga a sacar lo mejor de ti para estar a la altura del otro. Cuando cuestiona nuestras estructuras, rompe reglas, cambia vidas, nos enseña de nuestras debilidades, nos vuelve vulnerables, nos puede llevar a la locura o darnos la seguridad más absoluta de vida.

En La llama doble, Octavio Paz lo describe así: El amor es una de las respuestas que el hombre ha inventado para mirar de frente a la muerte. Por el amor le robamos al tiempo que nos mata unas cuantas horas que transformamos a veces en paraíso y otras en infierno. Después... Doble fascinación ante la vida y la muerte, el amor es caída y vuelo, elección y sumisión.

En un mundo tan violento y plástico, es difícil creer en la fuerza y la importancia de este sentimiento. Encontrar una razón para volver a apostar. Pero cierro los ojos y ahí está Juan viéndome a través de la muerte. Y aún siento con la misma fuerza mi amor hacia él, más allá del más allá. Y su amor hacia mí. Cuánto podría agradecerle al amor, cuánto de tu sonrisa, de lo que nunca más tendré, de tu loca forma de llenarme de felicidad y hacerme única. No me arrepiento, aunque la cuenta siempre llega y hay que pagarla.

Cuando veo la forma en que mi papá, después de 35 años de estar con mi madre, le toma la mano, la abraza y brillan sus ojos con tanto amor, descubro otra razón para no renunciar.

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No más sacrificios

Ma. Verónica Sajbin V., integrante del Grupo de Mujeres Mayas Kaqla

Amor. Una palabra tan corta, tan sencilla de pronunciar pero que encierra historias trágicas y de tantos sacrificios por parte de las mujeres. Sería muy interesante tomar el amor como objeto de estudio y ver cómo se ha ido construyendo y qué ha implicado esa palabrita para nosotras en las sociedades.

A lo largo de la historia se puede observar que las mujeres hemos hecho muchas cosas en nombre del amor: el oficio diario de la casa que, escondiéndose en la frase lo hago por amor, ha sido invisibilizado y por lo tanto no se ha valorado ni remunerado; el cuidado de nuestros compañeros de hogar, nuestras hijas, hijos y demás que lo necesiten: por amor estamos dispuestas a cuidarles, así nosotras lo necesitemos más. Además todo lo que hacemos y cedemos para vernos bien y, sobre todo, que nos vean bien. Por amor tenemos que ser buenas madres, buenas amigas, buenas novias, buenas esposas, buenas hijas, buenas en todo.

Y es así como siempre estamos expresando ese amor en función de los otros, pero ¿qué pasa con nosotras mismas, con nuestra autoestima, con el derecho que tenemos de darnos amor y demandar el que necesitamos de los otros? Cuando lo reclamamos se nos tilda de egoístas, y el egoísmo forma parte de los siete pecados capitales, entonces cuando nos damos amor propio no sólo nos tachan de egoístas sino de pecadoras.

Es necesario que las mujeres construyamos un nuevo significado del amor, uno que no implique renuncias, ni entregas, ni concesiones solamente por parte de nosotras; que sea recíproco e igualitario y sobre todo que nos dignifique como humanas.

Aportando a la construcción de una redefinición del amor, algunas mujeres mayas hemos iniciado a dar ideas para ir construyéndola y creemos que para ello es necesario crear espacios donde podamos reflexionar sobre el cariño, el afecto, la solidaridad, y también donde podamos apapacharnos tranquilamente y encontremos a alguien que nos escuche y apoye. Espacios que nos permitan crear valores con base en nuestros principios y expresar nuestras emociones con libertad. Además consideramos importante hacer que respeten nuestros cuerpos y aprender a respetar los cuerpos de los otros. Con todos estos elementos podemos ir construyendo una cosmovisión diferente, en donde el amor sea un elemento fundamental.

Tomar conciencia de quiénes somos nos lleva a reconocer que las mujeres no somos objetos sino sujetas, lo que significa gozar de la libertad de amar y ser amadas, de disfrutar el amor, de expresar nuestros sentimientos libremente; entonces dejaremos atrás el perfil de mujeres sacrificadas por amor. Pero para todo esto, necesitamos también que los otros cambien, se transformen, lo que implica que renuncien a considerarse nuestros dueños, nuestros amos, nuestros príncipes azules, para convertirse en aliados, en compañeros y compañeras de toda la vida.

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Publicidad denigrante

Carmen Palmieri, guatemalteca

En uno de los suplementos de compras del diario Siglo Veintiuno, publicado recientemente, encontré un anuncio de maquinaria distribuida y vendida por la empresa REVENSA.

Es la fotografía de una mujer vestida con un traje de baño (¿?) de encaje blanco, que voltea a ver al mundo con una mirada desafiante y provocativa. El texto del anuncio dice: La mejor maquinaria puede estar en sus manos... ¿Qué espera para aprovechar esta oportunidad?

Me pregunto: ¿es ésa la idea que estos genios de la publicidad tienen del sexo femenino? Somos maquinaria que produce ¿qué? ¿placer? ¿sueños eróticos? ¿cópulas? ¿hijos?

La pregunta más interesante: ¿están enterados en Briggs & Straton o en Joper de la manera en que están siendo anunciados sus productos? ¿Conocen el mensaje que están transmitiendo en Guatemala con relación a su respeto por el sexo femenino?

Es absolutamente indignante que se nos conceptúe como máquinas. No importa máquinas productoras de qué. Es inaudito que en el nuevo milenio y en este lugar del planeta haya alguna empresa que se atreva a pensar y a decir públicamente que las mujeres somos objetos.

No nos conceptúan como fuerza de consumo, ni como grupo que puede tomar decisiones que, en algún momento, modificarían la historia del comercio en el mundo. Creo, sinceramente, que los mismos medios deberían ir educando a sus anunciantes a este respecto. Es como con los niños: los padres tenemos más tiempo de vida, más experiencias, madurez y criterio (por lo menos, eso se supone) que van haciendo que podamos encaminarles en sus conocimientos, sentimientos, prioridades... Los medios tienen la fuerza y el don de moldear, cambiar, modificar, desarrollar y hacer crecer las mentes y conciencias de las personas. Conocen la historia, conocen las tendencias, conocen a los seres humanos. Es más, tienen la responsabilidad de hacerlo. ¿Entonces? ¿Por qué no empezar por combatir este tipo de publicidad nociva, irritante, irrespetuosa, denigrante y de tan mal gusto?

En Perú, un grupo de mujeres valientes se atrevió a oponerse y logró evitar que una campaña publicitaria machista y denigrante se echara a andar. Podríamos las guatemaltecas hacer algo similar o es más cómodo quedarnos sentadas detrás de la billetera y la espalda de nuestras parejas, aunque eso represente que nuestras hijas y nietas sigan siendo irrespetadas, desvalorizadas y violadas... aunque solamente sea en la mente de los hombres turbios y en las páginas de los diarios.

Los japoneses, siempre innovadores, tuvieron la idea de modificar y/o agregar cosas interesantes en los vehículos producidos en algunas de sus fábricas, cambios que gustan a las mujeres y hacen que nos decidamos a comprar o a influir en la compra de estos productos. ¿Por qué? Los japoneses se tomaron la molestia de averiguarlo, se ocuparon por saber qué cosas nos gustan y nos son útiles, porque reconocieron nuestro poder y nuestra importancia. Muy fácil y sencillo, ¿no? Pero esto sucede cuando se empieza a tener conciencia de que las mujeres somos seres humanos iguales, que tenemos poder económico, que tomamos decisiones, pensamos, sentimos. Cuando se ve la luz y se nos valora y respeta, todos ganamos. Hasta los fabricantes de máquinas.

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El amor que no quiere decir su nombre

Edmundo Urrutia, guatemalteco, filósofo

En la orilla de un camino un hombre luce cansado, abatido, nervioso. Mira obsesivamente hacia el camino que se abre, dos piernas infinitas delante de su endeble ser. Hipnotizado, no se mueve, no da un paso, a pesar de que se siente compelido, a pesar de que es una demanda de la vida. Medita interminablemente sobre sus posibilidades, lo que le ofrece una vía y la otra de la encrucijada, los universos de placer que colisionan por la tontería de la vida que dictamina que es imposible desdoblarse, experimentar caminos simultáneamente.

El hombre se consume, las dos pulsiones le demandan todo y él, extenuado, no puede dar nada. Parálisis, la vana pretensión de detener el mundo, pero lo que hace es asesinarlo. Si toma un camino cree morir por la senda perdida, los ojos que se tornarán irrecuperables. Y en el esfuerzo sobrehumano de mantener abiertas las puertas que conducen a los dos cielos -falsos paraísos-, va muriendo, con los ojos abiertos, pero sin ver nada.

Constant dijo que los hombres que no podían escoger eran aquéllos que tenían una profunda conciencia de la finitud de la vida, pero es un intento de dar cuenta, estéticamente, del defecto fundamental que es la imposibilidad de ser libre y que lleva en sí el amor ambivalente, el amor ambiguo, el que prefiere las disyuntivas porque ahorran la aterrorizadora obligación del compromiso, de la entrega no titubeante, de la responsable decisión de tomar un camino, de no quedarse varado en la entrepierna de una encrucijada.

Sí, somos una generación atrapada en la búsqueda compulsiva de la gratificación sensual, viviendo sin comprender el otro lado del amor, anhelando sin saber, presintiendo un más allá, pero impotentes, queriendo cruzar las aguas, pero sin la voluntad. Y no hay cosa más terrible que quedarse en medio del río, en la angustia de no saber adónde se va. Sí, nacimos de una oscuridad a otra oscuridad, de la negrura de la ignorancia al destello que enceguece. Nos aventaron la abrumadora verdad que encandila, fascina, seduce hasta la extenuación. Salimos de la silenciosa represión a lo estruendoso, lo escandaloso, lo poco sutil, a la pretensiosa convicción de saberlo todo y no saber nada. He visto a los mejores hombres de mi generación desgarrarse ante el doble vínculo, transidos de desesperación, obsesionados, atrapados, adheridos al dolor hasta la psicosis.

Amos y esclavos de los sentidos. Se hace oficio, como el artesano que conoce la materia con la que trabaja, el carpintero que conoce las vetas que definen la esencia inerte de la madera, la belleza que puede surgir si uno sabe acariciar, si se detiene, si va hasta el fondo, si labra sobre la espalda la forma perfecta del deseo. Pero es efímero (el amor prohibido), pasa de ocupar todo el horizonte a ser una molesta memoria que quisiéramos borrar del registro que llevamos en la bolsa del pantalón. Pero mientras vive su vida artificial, se pierde el sentido de las proporciones; sobre todo se pierde la noción de lo que es prioritario, lo que ocupa un lugar eminente en la jerarquía de la vida, en el orden que nos da el precario equilibrio en esta vida que se sostiene inexplicablemente en la nada.

¿Ha visto usted los ojos de la desesperación?

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Mayas: Por la lealtad étnica

Rosalinda Hernández Alarcón, laCuerda

Nos preparamos como mujeres de éxito para la toma del poder. Éstas fueron las palabras de Rosalina Tuyuc al brindar a laCuerda pormenores de Moloj Kinojb'al Mayib' Ixoq'ib' (Asociación Política de Mujeres Mayas), constituida el sábado 10 de febrero.

Tras expresarle nuestra simpatía por la constitución de dicho grupo, le preguntamos acerca de sus objetivos. Entre sonrisas, la ex diputada kaqchikel nos explica que tienen como convergencia la lealtad étnica y la solidaridad entre guatemaltecas, de tal manera que mediante la unión de esfuerzos se apoyarán a fin de capacitar a otras mujeres en la conquista de puestos de dirección.

No representamos a nuestras organizaciones, somos guatemaltecas preocupadas de la situación de las indígenas; por eso no importa nuestra filiación política sino nuestra identidad étnica. Es una manifestación de cómo es posible romper esquemas si las mujeres se proponen incidir en los espacios de poder. Esta agrupación es una realidad y actualmente elabora su plan estratégico. En su junta directiva provisional figuran Rigoberta Menchú Tum, Carmela Curup, Manuela Alvarado y Rosalina Tuyuc, así como Julia Sum de Quemé y Otilia Lux de Cotí.

laCuerda les manifiesta a todas su alegría por este importante ejemplo, cuya visión a futuro es más que evidente. Con tres años de anticipación a los comicios generales, trabajarán de manera coordinada valiosas guatemaltecas con el claro propósito de incidir en la conquista de espacios de gobierno. Según nos refiere nuestra querida Rosalina, les interesa fortalecer el liderazgo de las indígenas desde el ámbito local y nacional, hasta el internacional.

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Programa de Salud Reproductiva

Wendy Santa Cruz, laCuerda

La salud reproductiva es un estado de bienestar físico, mental y social, no sólo la ausencia de enfermedad durante el proceso de reproducción.

Con base en esta definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS) fue creado en Guatemala el Programa Nacional de Salud Reproductiva. El propósito de esta iniciativa consiste en mejorar la salud reproductiva de mujeres y hombres en todas y cada una de las etapas de la vida, mediante la promoción, prevención, atención y recuperación de la salud; con enfoque de género, intercultural e interétnico; haciendo énfasis en la población rural y en grupos de mayor postergación.

Así lo explicó en entrevista a laCuerda el director del Programa, Julio García Colindres, quien indicó que parte de los componentes del mismo se enfoca a las mujeres pues la madre es el núcleo de la familia y no puede ser menospreciada. El principal objetivo del Programa es disminuir la mortalidad materna y neonatal, dado que Guatemala ocupa el primer lugar en América Latina: 190 mujeres mueren por cada 100 mil nacidos vivos.

Según la Encuesta de Salud Materno-Infantil 98/99, el 59 por ciento de partos en este país es atendido en los hogares. A la hora de haber una complicación no se puede manejar adecuadamente pues no hay un hospital cercano y esto provoca mortalidad materna. El 61 por ciento de causas de estos fallecimientos es prevenible si se brinda un parto en un área hospitalaria y en condiciones óptimas, expresó García Colindres.

Agregó que la situación prevaleciente en Guatemala es que, principalmente en las áreas de concentración indígena y rurales, son niñas quienes quedan embarazadas pero carecen de capacidad física para tener un parto adecuado. Cuando las madres dan a luz fuera del rango reproductivo ideal (20 a 35 años), la mortalidad también se incrementa.

Existe una incoherencia entre el número de hijos que las parejas quisieran y los que realmente tienen. Esa necesidad insatisfecha alcanza al 30 por ciento de mujeres indígenas, quienes desearían utilizar algún método anticonceptivo pero los maridos no lo permiten, o bien ellas ignoran cómo encontrarlo o cómo utilizarlo.

Al preguntarle sobre la polémica desatada luego del lanzamiento del Programa, principalmente por la iglesia católica, el entrevistado expresó: Ya hubo reuniones con monseñor Próspero Penados de parte del doctor Mario Bolaños, el ministro de Salud, donde se le ratifican los puntos tratados respeto a la vida, no apoyo al aborto y básicamente las acciones respecto a no embarazos a edad temprana o tardía y espaciamiento mínimo de dos años. Eso lo apoya la iglesia. Salió una nota en un medio escrito con declaraciones de monseñor Vizcaíno, como representante de la Pastoral de la Salud, apoyando esas acciones.

En opinión de García Colindres, con estas primeras acciones se espera disminuir la mortalidad materna en un 60 por ciento y educar a la población mediante acciones sencillas y aprobables por todos, para que las personas y las parejas disfruten de una vida reproductiva satisfactoria, saludable y sin riesgos.

Desde laCuerda

Si bien apoyamos aquellos programas orientados a mejorar la salud integral de la población, consideramos imperativo llamar la atención de la ciudadanía en dos puntos:

  1. En un Estado laico y soberano como el guatemalteco, las políticas públicas no pueden ser definidas desde una perspectiva eclesiástica.
  2. La postura oficial de no apoyo al aborto deja de lado las propias estadísticas del Ministerio de Salud Pública sobre los elevados índices de mortalidad materna debidos a abortos realizados en condiciones no higiénicas. ¿Qué pasará entonces con ese 40 por ciento de casos de hemorragias y el 21 por ciento de abortos como causas de mortalidad? (ver tabla)

Causas de mortalidad materna en Guatemala

Hemorragia

40%

Complicaciones por aborto

21%

Sepsis

17%

Toxemia

14%

Otras

8%

Fuente: Estudio de Mortalidad Materna. Ministerio de Salud Pública. Guatemala, 1989.

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Conocida abogada opta a la CC

La licenciada María Eugenia Morales de Sierra, ex procuradora adjunta de los Derechos Humanos, envió su currículum al Congreso para ser candidata a la magistratura titular de la Corte de Constitucionalidad (CC).

Varias mujeres han hecho llegar a esta redacción su simpatía por la iniciativa de la abogada Morales. Al considerarla una candidata idónea para tan importante cargo, ellas indicaron que la profesional ha acompañado esfuerzos de organizaciones de mujeres en la lucha por eliminar las discriminaciones legales contra la población femenina.

A propósito de la importancia de la elección de magistrados de la CC, la abogada Carmen López de Cáceres, ex viceministra de Trabajo, se pronunció por que lleguen personas capaces, honradas y sin compromisos sectoriales o partidarios. Resaltó que a ese organismo le corresponde dar juricidad a las decisiones políticas y todas las decisiones nos afectan directamente en nuestra vida cotidiana.

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Periodistas exigen indemnización

laCuerda

Tras laborar respectivamente cinco y seis años en el Sistema de Estaciones Nuevo Mundo, las periodistas Eugenia González y Patricia Cojulún fueron despedidas de manera injustificada y se les niega la indemnización a que tienen derecho.

En una entrevista a laCuerda, las comunicadoras expresaron que desde el nombramiento del director Marco Antonio Figueroa empezaron a sufrir arbitrariedades. Primero les giró la orden de transmitir sólo información en apoyo al gobierno de Alfonso Portillo; después vinieron los descuentos injustificados y pagos atrasados de sueldos, hasta llegar a las amenazas y finalmente al despido.

A raíz de ello, varios trabajadores solicitaron que al director Figueroa se le removiera de su cargo. Sin embargo, fueron ellas quienes resultaron despedidas, mientras sus compañeros conservaron sus puestos de trabajo. Tras reclamar las prestaciones laborales conforme lo estipula la ley, las periodistas González y Cojulún sólo recibieron un cheque que representa el 36 por ciento del total de la indemnización que les corresponde por sus años de trabajo.

Tal situación llevó a las afectadas a denunciar su caso ante la Misión de Verificación de Naciones Unidas en Guatemala (MINUGUA), que lo calificó como una violación a la libre emisión del pensamiento, exclusión de género y violaciones a los derechos inherentes al ser humano.

Ambas periodistas se reunieron con las integrantes de la Red de Mujeres Periodistas en Guatemala, quienes les manifestaron su solidaridad y acordaron solicitar la presencia en este país del Relator Especial para la Libertad de Expresión de la OEA, Santiago Canton. Ello con el fin de denunciar este caso, al igual que las amenazas recibidas por la periodista Claudia Méndez Villaseñor a raíz de los reportajes que publicó en torno a hechos de corrupción descubiertos en el Ministerio de Comunicaciones, Transportes y Vivienda.

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Trabajo y protagonismo infantiles

laCuerda

La niñez trabajadora contribuye a la economía nacional porque produce riqueza y valores. Este aporte, sin embargo, no es reconocido cuando la sociedad se resiste a aceptar a estos laborantes como personas sujetas de derechos.

Tal consideración se vincula al concepto de protagonismo en el trabajo como un derecho de quienes producen bienes o prestan servicios. Este protagonismo se traduce entonces en el reconocimiento de las capacidades de niñas, niños y jóvenes como sujetos sociales a partir de que comprenden su situación y cuentan con elementos para pronunciarse frente a ella y transformar una realidad que les afecta.

Dicho concepto cobra validez en Guatemala, donde más del 54 por ciento de la población está conformada por niñez y juventud. En el país está legalmente prohibido el trabajo entre quienes tienen 14 años o menos. Y si bien es permitido a partir de los 15 años, en jornadas que no excedan las 38 horas semanales, lo común es que laboren 60 horas o más.

La investigación Trabajo infantil de alto riesgo; organización, participación y protagonismo de los niños, niñas y adolescentes trabajadores, elaborada por Elizabeth Porras y Lucas Ventura, especialistas de Guatemala, muestra importantes datos referidos a los peligros a que está expuesta la niñez trabajadora.

El estudio, presentado por el Grupo de Seguimiento al Tema del Trabajo Infantil, formado por organizaciones que reivindican la Convención sobre los Derechos de la Niñez, contiene los resultados de entrevistas a directoras, directores y personal técnico operativo, además de grupos focales con niñas, niños y adolescentes entre 10 y 18 años.

La niñez y juventud, sujetas de la investigación, consideran como trabajos peligrosos cualquiera en el que carezcan de ayuda de una persona adulta: ser vendedor, cohetero, lavador de vehículos; ayudante de albañil, de mecánico o de tienda; trabajadora de casa particular, mesera, prostituta; trabajador del campo, de fábrica de telas, de maquila y estructuras metálicas; cargador de bloques y pintor.

Dicen que se ven obligados a trabajar a causa de la pobreza; porque deben comprar alimentos y ayudar a sus padres; porque éstos les abandonaron o bien les fuerzan. También para sentirse útiles pues les va mal en la escuela.

Otra de las conclusiones de esta investigación con respecto al trabajo infantil es que, a menor edad, menos remuneración y menor reconocimiento de su trabajo; mayores posibilidades de explotación, manipulación y abusos, así como menos oportunidades de trabajo. En ello influyen además su nivel de escolaridad, ser migrantes, analfabetas, indígenas o mujeres.

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Agenda Legislativa y demandas de las mujeres

Para el presente año, el Congreso de la República tiene una agenda pendiente muy amplia. A continuación, algunos compromisos que ha desatendido en la protección de los derechos de las mujeres:

  • Consejos de Desarrollo Urbano y Rural (reconocer su liderazgo a nivel local y regional).
  • Leyes laborales (reconocimiento a las trabajadoras agrícolas).
  • Legislación sobre Registro y Catastro (mujeres como sujetas de derecho a la propiedad).
  • Protección de tierras ejidales y municipales.
  • Normativa sobre tierras comunales.
  • Titulación de tierras indígenas y para beneficiarias/os del Instituto Nacional de Transformación Agraria (INTA).
  • Tenencia de la tierra (marco jurídico seguro, simple y accesible a toda la población).
  • Legislación sobre vivienda (acceso de las mujeres).
  • Ley de Servicio Cívico (no militar).
  • Comisión por la Paz y la Concordia.
  • Legislación sobre Resarcimiento y Asistencia a las Víctimas.
  • Código Penal (ley sobre abuso y hostigamiento sexual, ley para tipificar la discriminación como delito, ley para sancionar a responsables de prácticas abusivas contra trabajadoras/es rurales migrantes).

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La Red de Mujeres Periodistas en Guatemala convoca al premio

...Y tomamos la palabra

Esta convocatoria responde a la inquietud de promover un reconocimiento a la labor periodística que vienen desarrollando las mujeres en Guatemala. El concurso tiene como propósito estimular las capacidades y habilidades de periodistas en activo que publican o difunden su producción en medios de comunicación social.

Bases

El premio tendrá dos reconocimientos: excelente (primer lugar) y muy bueno (segundo lugar). Ambos recibirán un diploma y un reconocimiento especial.

Los premios se otorgarán a trabajos publicados en prensa escrita, radial o televisiva de circulación regular o de carácter masivo de reportaje, crónica, entrevista o noticia.

Los trabajos concursantes deberán haber sido publicados o difundidos durante marzo del 2001, mes en el que se conmemora el Día Internacional de la Mujer.

Pueden aspirar a estos premios mujeres periodistas a nivel individual o en grupo. Si un grupo fuese galardonado, el premio será entregado a la profesional indicada en la inscripción como responsable.

Los trabajos concursantes podrán referirse a cualquier tema en el que mujeres estén presentes y sea afín a las definiciones de la Red: Buscamos la equidad y justicia mediante la exposición, denuncia y debate de toda forma de discriminación, en particular de género. Reivindicamos el ejercicio de la actividad periodística (ética y honesta) plural, veraz, no sexista, diversa, balanceada, participativa, contrastada, no tergiversada (con intencionalidad social).

Los trabajos serán recibidos en las oficinas de la Asociación La Cuerda: 12 calle 2-18 Zona 1 (teléfonos 253-6026 y 253-6027) a más tardar el 10 de abril del 2001. El veredicto será dado a conocer el 24 de abril del 2001.

De los trabajos concursantes impresos se requiere una muestra de la publicación original y cinco copias. De los trabajos de audio y video se deberá entregar una copia y una certificación del medio sobre la fecha de transmisión o emisión.

En la inscripción, las candidatas deberán indicar nombre, apellidos, dirección personal y electrónica, así como teléfonos donde se las pueda localizar. En ningún caso se devolverán los originales.

El Jurado Calificador estará integrado por un mínimo de tres personas de trayectoria diversa en los medios de comunicación.

Las decisiones del Jurado se tomarán por mayoría simple y serán inapelables.

El Jurado podrá declarar desierto alguno de los dos premios.

Cualquier asunto no contemplado en esta convocatoria será resuelto por una comisión de tres integrantes de la Red de Mujeres Periodistas.

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Sexualidad femenina: Un poco de historia

Diana Resnicoff

Psicóloga sexóloga, secretaria ejecutiva de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana

Nuestros sentimientos sexuales se ven expuestos a demandas para ser alguien diferente de quien realmente somos. Muchas mujeres han aprendido a respetar las normas, a competir, comparar, fingir y adaptarse. Ni siquiera sienten que les pertenece esa parte tan íntima de sí mismas. Pierden su espontaneidad al fabricarse una imagen con otras cualidades que les permitirán ser aceptadas y amadas. Como consecuencia, les resulta más seguro aferrarse a una relación y a la certeza del amor de otra persona que comunicar sus sentimientos.

Para comprender todo esto es necesario recordar las particularidades del pasado que influyeron en nuestro presente.

Los últimos dos mil años se han visto atravesados por diversas corrientes religiosas, sociales y políticas que nos proveyeron de un marco cultural frente al cual cada una de nosotras intenta encontrarle sentido a su propia vida. Las enseñanzas religiosas dejaron un claro sello en el concepto que hoy se tiene sobre la sexualidad femenina.

La bíblica Eva, al seducir a un inocente hombre, condenó eternamente a la humanidad. El sexo fue considerado como un poder capaz de ser despertado en cualquier momento por la astucia de una mujer, o se creyó que la sexualidad tenía un poder demoníaco que residía en el cuerpo femenino.

Paradójicamente, ese cuerpo potencialmente maligno era a su vez el vehículo de la futura descendencia. Para conciliar esas imágenes contrapuestas, surgió un modelo alternativo que representaba lo opuesto del mal: una imagen pura, capaz de concebir sin contacto carnal. Así se instalaron en el imaginario la prostituta y la virgen, Eva y María.

Durante la expansión del evangelismo en Europa, hace doscientos años, las mujeres se incorporaron a las actividades religiosas, abanderando la vanguardia moral. Surgió entonces un nuevo modelo femenino caracterizado por la superioridad moral, la virtud, la paciencia y la resignada devoción hacia los demás.

Por su parte, la profesión médica asumió la autoridad que antes había pertenecido exclusivamente a la iglesia católica. Todas las partes del cuerpo fueron disecadas, analizadas, clasificadas, y el sistema reproductor femenino no fue excepción. Al descubrir que el útero estaba en el centro físico del cuerpo, los científicos creyeron que ello explicaba biológicamente la naturaleza maternal de la mujer: el útero era el elemento primordial de su cuerpo y la función reproductora el objetivo fundamental de su vida afectiva. Cualquier forma de expresión sexual que no condujera a la concepción se consideraba anormal, inmadura, histérica o patológica. La masturbación constituía un claro ejemplo de manifestación anormal.

A muchos les reconfortaba pensar que a través de su abnegada esposa podían transformar una necesidad física básicamente desagradable en algo sagrado mediante la concepción y procreación de sus hijos. La mujer pasó a ser el centro de la familia y del hogar, desempeñando un papel fundamental en la supervivencia de la sociedad. Pero su otra cara, la perversa, jamás desapareció. Por el contrario, el número de prostitutas creció asombrosamente, y los hombres las visitaban para no molestar a sus esposas.

En las épocas post-victorianas se popularizó la discusión sobre el sexo, palabra que se convirtió en sinónimo de actividad sexual (fantasía, deseo, contacto genital, excitación, eyaculación). Las mujeres comenzaron a ser vistas como seres capaces de excitarse sexualmente. Aunque su sexualidad se definía siempre dentro del contexto de las relaciones sexuales matrimoniales, al menos se reconocía su derecho a experimentar placer. Un cambio significativo, teniendo en cuenta la naturaleza asexuada que antes se le atribuyó.

En los últimos 30 años se produjo una rápida divulgación de investigaciones sobre la conducta sexual humana, las cuales han proporcionado pruebas irrefutables de que las mujeres pueden disfrutar de una vida sexual al margen de su función reproductiva.

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Lectura de mujer sobre el erotismo

Nelssy Bonilla Becerra

Psicóloga y sexóloga, presidenta de la Sociedad Colombiana de Sexología

Lo superficialmente erótico ha sido difundido como signo de inferioridad femenina; a las mujeres se les ha hecho sufrir y sentirse despreciables y sospechosas en virtud de la experiencia de lo erótico. (...) Cuando comenzamos a sentir profundamente todos los aspectos de nuestras vidas, empezamos a exigir que todas las actividades en ellas estén de acuerdo con ese goce del que somos conscientes de ser capaces.

Audre Lorde

He aprendido a ser mujer, construyéndome de a poco: mirándome, sintiéndome, descubriendo con miedo sensaciones, mis miradas furtivas y mi voz acallada ante lo que a las mujeres no nos era permitido. Hemos aprendido a ser mujeres entretejiendo piezas de un rompecabezas disperso, cuyos pedazos hemos pegado silenciosamente con dolor y temor, con recesos espaciados en la historia, con gritos y hasta gemidos prefabricados en la intimidad, con la valentía del reclamo y la denuncia, con heroísmo.

El erotismo ha tenido mirada masculina y cuerpo de mujer para la seducción. Nuestra construcción de ser femeninas ha estado unida a la conciencia de un erotismo manipulador con que fuimos y somos todavía confundidas.

Me duelen todas las mujeres que hemos sido sometidas a lisonjas baratas y frívolas que no han reflejado la carga afectiva real del supuesto erótico involucrado.

Erotismo: femenino, nuestro

El erotismo es una captura deliciosamente perspicaz que me conecta de inmediato con el placer de ser atrapada y atrapar sin protagonismos. Se mete en la piel, en la vivencia sensorial que enriquece la fantasía.

Es un momento o un eterno encuentro, con posibilidad de gritar, gemir, suspirar, gustar, reír, sentir. Se vuelve ritual, poesía, ceremonia, arte, música, danza, armonía. Recrea y reencanta los sueños, la vida; me involucra como mujer desde la mirada, el olfato, el tacto, la voz... Es ingenio hecho razón, que se transforma en arte, maestría, pericia inequívoca. Es susceptible de múltiples acepciones, pero todas confluyen en un solo hecho: mis sensaciones y las tuyas si existes; tu capacidad y la mía del impacto invasor, juguetón, vital. ¡Femenino! ¡Humano!

Erotismo es el saber y el hacer convertidos intelectual y fantasiosamente en actos y no sólo difamado en facultades espirituales femeninas, intangibles.

Reconocernos eróticas ha significado una ruptura a la hegemonía cultural que desdeña nuestra naturaleza, que nos vetó la piel, el cuerpo, las sensaciones, las miradas, la palabra; que mutiló nuestro sentir, nuestras fantasías, y por ende pretendió que nos creyéramos la relación matemática infinita de mujer igual a no sentir, no mirar, no saber, no decir, no... no... no... ¡no vivir! Hasta que llegamos a conectarnos con nuestra propia vida, nuestro cuerpo, nuestros deseos, placer y erotismo, y a exigir simultáneamente otras miradas, otros significados.

Cuando el erotismo se asume también como femenino, nos apropiamos de nosotras, nos involucramos, estamos allí: vitales, vivas, comprometidas. Y esto es diferente de las vivencias de procederes patriarcalmente esperados y elogiados.

Mi vivencia de mujer está unida a la conciencia intencionada y consentida de mi propio conocimiento.

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Movida internacional

Ayuda a El Salvador

Las tragedias son noticia de primera plana al reportar saldos de los daños; después los espacios en la prensa se reducen hasta desaparecer. Es cierto que la ayuda ha llegado a El Salvador después de la gran destrucción provocada por los dos terremotos; sin embargo, la cooperación resulta insuficiente frente a la dimensión de la crisis. Para tener una idea, la población salvadoreña, de seis millones, está distribuida en 14 departamentos, nueve de los cuales son los más golpeados.

En los reportes de la agencia mexicana CIMAC, varias fuentes informan que ambos terremotos han hecho retroceder económicamente al país 20 años. La situación es de emergencia. Según organismos internacionales, el empobrecimiento de El Salvador incidirá especialmente en la población rural, en las mujeres y la niñez. Además aumentará la inseguridad ciudadana y se agudizará la inseguridad alimentaria.

Cualquier ayuda puede ser entregada en las delegaciones de la Cruz Roja.

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Marcha zapatista simbólica para latinoamericanas

Rosalinda Hernández Alarcón, laCuerda

Una evidente simpatía expresaron varias guatemaltecas con quienes tuve oportunidad de conversar acerca de la marcha zapatista. Ellas coincidieron en calificar dicha movilización como un liderazgo que hace ver a los pueblos indígenas y a las mujeres. Demanda compartida por organizaciones guatemaltecas.

Para Ursula Roldán, de la Pastoral de la Tierra Interdiocesana, representa una propuesta en la construcción de una democracia desde la problemática rural: es simbólica para el pueblo indígena latinoamericano. Isabel Solís, de la Coordinadora Nacional Indígena y Campesina (CONIC), afirmó que es un ejemplo de lucha para muchos países.

Reportes de la agencia mexicana Comunicación e Información de la Mujer (CIMAC) dan pormenores del protagonismo de las zapatistas desde que salió la caravana. Las comandantas que encabezan el recorrido suman cuatro, los comandantes 19. Número desigual, cierto, pero significativo considerando la escasa participación femenina en puestos de dirección. Sin importar la proporción, que no es la misma entre quienes las han ovacionado pues predomina la población femenina, su voz tiene resonancia. No porque griten, sino por lo significativo de sus palabras y lo simbólico de sus encuentros.

La comandanta Yolanda ha insistido ante miles de simpatizantes que pese al intento de los poderosos por acabar con los pueblos indios, no lo lograrán, especialmente ahora que las mujeres se han levantado. Por su parte, la comandanta Esther, al invitar a las indígenas a luchar por sus garantías, reitera que los hombres solos no lograrán el cambio y la paz.

Tales afirmaciones son compartidas por indígenas y no indígenas guatemaltecas, indicó Sonia Escobedo, del Sector de Mujeres de la Asamblea de la Sociedad Civil, pero estamos tan metidas en nuestras problemáticas que somos incapaces de trasladar la solidaridad para ese movimiento social tan significativo en México. Lamentó que se esté perdiendo la visión internacional en la lucha de los pueblos.

Francisco Reymundo, de la Defensoría Maya de Guatemala, calificó el movimiento zapatista como de gran impacto porque tiene perspectivas de lograr la reconciliación jurídica y política de los indígenas mexicanos. Planteamiento que -agregó- coincide con otros pueblos del mundo, como el guatemalteco, con realidades multiculturales y pluriétnicas. A la pregunta de si su organización envió un mensaje de solidaridad con la caravana zapatista, un simple no fue la respuesta.

Termino esta nota con un llamado de la caravana zapatista, cuyo contenido seguramente rebasa la frontera mexicana: la lucha por el reconocimiento de los derechos y la cultura indígenas está muy por encima de banderas partidarias, es de todos los seres humanos de buena voluntad. Esta frase tiene eco en la llamada lealtad étnica a la que hacen referencia las indígenas guatemaltecas que recién formaron Moloj, la Asociación Política de Mujeres Mayas.

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Brazos caídos para cambiar el mundo

Este 8 de marzo se realizará una vez más la Huelga Mundial de Mujeres. Actuar juntas, nos recuerdan las organizadoras, es la única manera de poner fin al trabajo excesivo, poco o no remunerado que nos impone el mercado global en cada país.

En el campo y las ciudades, mujeres, hombres y organizaciones se han sumado ya a este segundo plantón global con caravanas, manifestaciones, amplia difusión de los objetivos de la Huelga, obras teatrales, talleres, campañas por el cuidado compartido de la niñez y mucho más.

La consigna es ¡Paremos el mundo para cambiarlo! Detener por un día, o cuando menos unas horas, las múltiples tareas que desempeñan las mujeres, por lo que debe ser un milenio que valore todo nuestro trabajo y las vidas de todas. No sin razón: en el mundo, mujeres y niñas realizan dos tercios del trabajo por apenas el 5 por ciento de los ingresos, y dos terceras partes de ese trabajo no son remuneradas.

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Consejo Editorial

Paula Irene del Cid Vargas ~ Rosina Cazali ~ Katia Orantes ~ Rosalinda Hernández Alarcón ~ Anamaría Cofiño K. ~ Laura E. Asturias ~ María Eugenia Solís

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Anamaría Cofiño K.

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Reporteras

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