VIDA EN UNA TARDE

Bel

Las tardes son así, por lo menos en aquel lugar de la ciudad. Los días transcurren tediosos y repetidos, la rutina  carcome las ilusiones y fantasías de los que la transitan nerviosos y acelerados para tomar el tren o el subte que los devolverá a sus destinos inciertos. El olor que se desprende de los pequeños bares es muy fuerte , mezcla fritura, suciedad y metal que se va inoculando en la piel, en la ropa de los desafortunados caminantes. Los escaparates inundan los espacios y los ojos y se vende a bajo precio la felicidad de un ratito, o la oferta del día para apaciguar a los niños con sus desbordes de bienvenida. Pero hay otros, ... niños que se esfuerzan para sobrevivir cada día en ese lugar. La soledad de la terminal de tren refugia con dolores, hambre y poxi-ram la niñez que habita desprotegida en aquellos corazones. Es muy oscura la estación, muy honda, me sorprendo cada vez que me convierto en uno más, tratando de que las fuerzas de mis pensamientos me ayuden   a no disolverme en esa masa humana. Es en ese momento, que aparece nuevamente el recuerdo de aquel encuentro cotidiano que se volvió  natural en mí, de tal manera, que cuando no la veo me pregunto donde estará. Cruzando la  avenida para llegar al htal. donde trabajo voy imaginando su estoica figura y sus rasgos profundos. De pronto, ahora sí, frente  a ella su mirada perdida y su imperturbable quietud me conmocionan. Ella no sabe de mi interés por su presencia, seguramente no tiene conocimiento de lo que pasa a su alrededor, tal vez su tristeza fue insoportable al llegar a comprender como pocos este mundo. Un compañero de mi servicio al verla me decía, "es una catatónica, está siempre ahí". Me apenó este rotulo que afirma una vez más  la imprescindible necesidad de etiquetar a las personas con un diagnóstico que ayuda a poner la distancia prudencial para no herirnos con el dolor de ellos, ... los locos. A veces quisiera acercarme y encontrar una manera de llegar  a ella, decirle que los vestigios que deja en la pared del hospital donde permanece horas apoyada, no son las únicas marcas que perduran más allá del tiempo y las horas Yo me pregunto por qué surge este juego tan real como fantaseado, ellos o nosotros se presenta como única alternativa posible, tantas preguntas sin respuestas,...  
Un día desde la ventana el revuelo de la calle me atrajo, decidí bajar y hundirme en el caos ensordecedor de las sirenas. Había varios patrulleros haciendo un operativo. Esa tarde los niños de la zona sin hogar habían sido llevados, ... destinos desconocidos, ... y ella quien hacía años pasaba horas en el mismo lugar fue enviada junto a otros a algún nosocomio de la zona.  
 A partir del día siguiente algo había cambiado, ella no estaría, los niños encerrados en institutos salvajes. Parece que el mundo quedaría más ordenado, lo que no se deba ver adentro, las huellas de nuestros propios despojos amordazados. La vorágine desenfrenada de afectos contradictorios y de emociones nunca dichas en la que nos encontramos se vuelve peligrosa.
 De vuelta la estación, el desenlace de cada día igual, y cuando todos hayamos olvidado y volvamos a encarrilarnos en la repetición infinita de nuestra lógica, yo seguiré pensando que algún día la volveré a encontrar.
                                                                                                      

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