LA
BURACO Notas
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| La guerra de la Triple Infamia
Por Norberto Galasso y Germán Ibañéz |
La Historia Oficial ofreció, durante muchos años, una
versión puramente militar de la guerra, calificando al Paraguay
como una expresión de barbarie y a su presidente como déspota,
lo cual justifica la campaña “civilizadora y democrática”
llevada a cabo por la Triple Alianza. Luego, cuando esta versión
resultó ya demasiado tonta, se prefirió relatar fechas y
nombres de batallas, sin explicar las razones de un conflicto que duró
varios años, aunque sosteniendo que Solano López tenía
ambiciones expansivas. Sin embargo, en 1970, todavía sostenía
León Rebollo Paz: “La guerra del Paraguay es un timbre de honor
para la República Argentina”(1).
El revisionismo rosista tradicional se encontró con la dificultad
de que desde una perspectiva nacionalista debería concluir defendiendo
la política del presidente Mitre, aunque fuera liberal. En general,
prefirieron entonces no acometer el análisis de dicho proceso esquivando
una definición, en táctica idéntica a la que operaban
cuando se trataba de opinar sobre Mitre.
Desde un revisionismo más popular, Raúl Scalabrini Ortiz
fue uno de los primeros en fustigar la guerra. Desde el nacionalismo, en
cambio, Juan Pablo Oliver sostuvo que encontrándose la patria en
guerra, no cabía duda acerca de su defensa, fuese quien fuese el
gobernante.
La Historia Social no va mucho más allá de la Historia
mitrista. En Historia contemporánea de América Latina, Halperín
Donghi cita los hechos evitando una interpretación, de manera tal
que no aparecen claras las razones de un lustro de luchas violentas. Sostiene,
al pasar, que Solano López tenía “ambiciones más vastas
que el presidente anterior”, aunque reconoce que “el tratado de la Triple
Alianza establecía el reparto de las regiones paraguayas entre los
aliados”(2). José Luis Romero, en Ideas Políticas en la Argentina
coincide con la óptica mitrista y llega a decir que dicha guerra
“contribuyó a sentar el principio de la unidad nacional” y que “al
cabo de cinco años de guerra, sobre las cenizas del sacrificio común,
había surgido una idea más viva de la comunidad argentina”
(3). Luis A. Romero, en su Historia Argentina para niños, tampoco
explica las razones profundas del conflicto. Juzga que Paraguay había
logrado hacia 1840 “una modernización superficial pero eficaz”,
que Solano López “había reunido un ejército poderoso
y que para los años en que se inició el conflicto, estaba
buscando expandir sus fronteras” (4). Luego de reconocer que la guerra
no fue popular en el Interior, avanza hasta sostener que “la guerra internacional
y la guerra civil terminaron mezcladas”(5). Omite, sin embargo, la definición
de Alberdi y Felipe Varela a favor del Paraguay, como así los festejos
de los triunfos paraguayos en el Interior. Y también omite los planteos
críticos de Guido Spano, José Mármol, Olegario Andrade,
Navarro Viola y tantos otros.
La interpretación de Alberdi no aparece siquiera como tesis
a considerar en estos trabajos. Tampoco recibe atención, normalmente,
por parte de las cátedras universitarias controladas por profesores
de la Historia Social como Hilda Sábato, por ejemplo.
En cambio, Fermín Chávez (Vida y muerte de López
Jordán) y José María Rosa (Las montoneras y la guerra
del Paraguay) desde el rosismo peronista, así como nacionalistas
como Giménez Vega (Testigos y actores de la Triple Alianza) y Luis
Alberto Murray (Pro y contra de Alberdi) abordan la cuestión profundamente,
poniendo de relieve el carácter reaccionario de la política
de la oligarquía porteña y la destrucción de un modelo
de desarrollo autónomo como era el paraguayo.
El revisionismo federal provinciano, como corriente historiográfica,
se inicia, puede decirse, con un trabajo sobre este tema: José Hernández
y la guerra del Paraguay, de Enrique Rivera. Allí Rivera hace referencia
a la polémica entre Juan Carlos Gómez, oriental, para quien
la guerra iba dirigida a deponer a un “tirano bárbaro” y B. Mitre
para quien perseguía “vengar una ofensa gratuita, asegurar la paz
interna y externa, reivindicar la libre navegación de los ríos
y conquistar fronteras de hecho y de derecho” (6), como asimismo a la posición
de Hernández quien descalifica ambas teorías. Rivera pone
de relieve que el modelo paraguayo constituía el primer gran intento
por alcanzar un desarrollo capitalista autónomo, supliendo la inexistencia
de una clase burguesa con la intervención estatal.
EL MODELO PARAGUAYO
Los intereses económicos del Paraguay coincidían con los
de nuestras provincias interiores. Cuando la política librecambista
de la burguesía comercial porteña quebró a las economías
provinciales. Paraguay se aisló, e intentó un desarrollo
autocentrado.
“¿Qué era Paraguay en 1860? Era el país más
desarrollado de América del Sur. Era la realización práctica
del programa morenista. ‘La explotación de la yerba mate era monopolio
gubernamental. Igual cosa ocurría con las maderas de construcción.
También existía el monopolio gubernamental del tabaco. Tales
productos estaban, pues, excluidos del laissez faire. Estos estancos subvenían
a las necesidades de la administración pública y el pueblo
casi desconocía los impuestos.
Existía también en Paraguay, gran cantidad de lo que
se dio en llamar Campo de la patria y Monte de la patria, de uso común
para el vecindario. El gobierno hizo acordar repartos de tierras, haciendas
y herramientas a los indios capaces. Prestó ayuda a los labradores
pobres, distribuyendo entre ellos útiles de labranza... Para fomentar
la ganadería, Carlos A. López distribuyó 2300 cabezas
de ganado entre gente pobre de la campaña... A causa de una fuerte
sequía, el gobierno repartió ganado y efectos útiles
al comercio. Existía de hecho un seguro agropecuario... El Estado
no concebía la existencia de un solo paraguayo sin hogar y sin tierra,
y para evitar semejante monstruosidad repetía regularmente actos
que llegaron a tener el carácter de instituciones en potencia, con
acentuado sabor nativista.
En la zona del Chaco se fundaron numerosas colonias agrícolas
y establecimientos ganaderiles, además de obrajes de madera, fábricas
de papel y artículos de loza, salitreras y caleras. La industria
metalúrgica comenzó a prosperar con el establecimiento de
la explotación y fundición de hierro de Ibycuí, de
donde salían implementos agrícolas y armas para la defensa.
En 1861 se construyó el primer ferrocarril. Al poco tiempo, la primera
línea telegráfica. La marina mercante paraguaya ya estaba
compuesta de 11 barcos.
La enseñanza era obligatoria en una época en que todavía
no lo era en la mayoría de los pueblos de Europa. Es más:
el Estado daba alojamiento, ropas, libros, útiles y merienda escolar
a los niños de padres insolventes. López contrató
en Europa a ingenieros, mecánicos, escritores, arquitectos, matemáticos,
geógrafos, etc. La formación técnica de los paraguayos
para habilitarlos a participar activamente en la creación de las
industrias modernas fue una preocupación constante del Estado Paraguayo.
Francisco Solano López, a su vuelta de Europa, trajo también
ideas nuevas y junto con ellas centenares de técnicos industriales.
Pensó antes que nadie en vías férreas, en arsenales,
en escuelas de artes y oficios, en astilleros, en fundiciones metalúrgicas.
Así se hizo ese Paraguay de maravillas, que hubiera sido bien
pronto, a no sobrevenir la catástrofe, el más brillante centro
de civilización en el nuevo mundo”(7).
“El Paraguay -dice el febrerista Anselmo Jover Peralta- fue el primer
país que tuvo explotaciones de minas de hierro, industrias de fundición
que producían machetes, arados, palas, picos, cañones, cerrajería...
que tuvo astilleros, fábricas de jabón, de azufre, de aceite,
de papel, ferrocarril, telégrafos, imprenta”(8). Agrega Rivera:
“El Estado tenía toda la gerencia de la vida económica nacional...
No existía la propiedad agraria, sino que eran meras tenencias de
terreno”(9).
CONFLICTO EN LA BANDA ORIENTAL
La guerra de la Triple Alianza obedece al interés de la oligarquía
porteña, de la oligarquía montevideana, del Imperio del Brasil,
y de Gran Bretaña, dirigido a liquidar los focos populares de posición
nacional en Sudamérica (federales en el noroeste argentino, blancos
de la campaña oriental) y muy especialmente destruir el modelo paraguayo
de crecimiento autónomos Es la misma orientación que, después
de la batalla de Pavón, reprime en el Interior argentino e impone
el modelo semicolonial.
No se trata, pues, sino de sectores. sociales de distintos países
que confluyen en una alianza (colorados orientales, liberales mitristas,
clase dominante del Brasil, y la burguesía británica) en
perjuicio de los sectores sociales expresados por los blancos orientales,
los federales argentinos, y el frente social paraguayo que lideran los
López.
A medida que relatemos los acontecimientos se observará como
hombres de uno y otro país cruzan por encima de las fronteras para
alinearse, unos en el bando liberal proeuropeo, y otros en el bando nacional
americano. Ya hemos analizado de que modo, después de Pavón,
el mitrismo en el poder inicia la represión sangrienta en el Interior:
centro. Cuyo, y noroeste, para someterlo e imponer su modelo exportador
y de apertura a la penetración comercial y manufacturera británica.
En esa lucha participan varios generales orientales, entre ellos Venancio
Flores (responsable de los degüellos de Cañada de Gómez).
Flores, que había colaborado para eliminar a los gauchos federales
del Interior, le pasa luego “la factura” a Mitre para que los liberales
porteños lo ayuden a aniquilar a los gauchos blancos de la campaña
oriental: “No olvide a los orientales proscriptos de su patria”(10), le
escribe Flores a Mitre, pidiéndole apoyo para invadir la Banda Oriental.
Así, durante el año 1862, Flores prepara su expedición
militar en Buenos Aires, con apoyo del gobierno mitrista. La llama: “Cruzada
Libertadora”. El presidente blanco Bernardo Berro, por sugerencia del presidente
paraguayo López, protesta ante Mitre, pero este último aduce
que es neutral.
El 19 de abril de 1863, Flores desembarca en la Banda Oriental. Dos
meses después, un barco argentino que le llevaba armas, es apresado
por fuerzas orientales, a lo cual Mitre responde apresando a un barco uruguayo
y bloqueando el río Uruguay, con lo que facilita la acción
de Flores quien triunfa en Las Cañas (15/7/1863). El partido blanco,
en el gobierno del Uruguay, solicita el apoyo del Paraguay. López,
prefiere no actuar militarmente por ahora, pero reclama diplomáticamente
ante Mitre, sin resultado alguno.
La invasión de Flores provoca gran efervescencia en Entre Ríos,
cuyo partido federal se identifica con los blancos. En septiembre de 1863,
Telmo López, Waldino Urquiza y otros jefes federales cruzan el Uruguay
para combatir del lado de los blancos. Poco tiempo después, el general
Juan Saa se agrega a los blancos.
¿Se trata de una doble infiltración extranjera? ¿Mitre,
porteño, cómplice del oriental Flores? ¿A su vez,
los federales entrerrianos, aliados a los blancos? ¿Nación
argentina? ¿Nación uruguaya? ¿O una sola Patria Grande,
donde las oligarquías pretenden sojuzgar a los pueblos?
Evaristo Carriego, el padre del poeta, escribe: “Un triunfo blanco
se recibe en Entre Ríos con serenatas... Los mueras contra Mitre
y contra los salvajes unitarios no cesan un momento en Entre Ríos.
Esto se desborda. En vano trata el General Urquiza de comprimir el espíritu
público. Entre Ríos es un torrente que dentro de poco no
habrá fuerza que lo contenga”(11).
Corren versiones muy serias en Entre Ríos acerca de que Urquiza
se levantará para reconstruir la Confederación y aliarse
con Paraguay y los blancos orientales (algo así como la República
del Río de la Plata de Mitre, pero al revés). Por entonces,
Urquiza envía un emisario a López dirigido a lograr un acuerdo.
López desconfía, después de lo ocurrido en Pavón,
y da su conformidad pero reclamando que Urquiza realice “actos que dejen
en claro sus relaciones con Mitre”(12).
Durante el año 1864 persiste el conflicto en la Banda Oriental.
Brasil busca una excusa para intervenir pero el presidente blanco, ahora
Cruz Aguirre, se allana aciertas exigencias y evita la provocación.
Sin embargo, a mediados de ano, el inglés Thornton, representante
de Inglaterra en Buenos Aires, reúne a Elizalde y al comisionado
brasileño en Montevideo con gente del coloradismo, y allí
nace la propuesta de “mediación” en el conflicto oriental. La propuesta
lleva tantas exigencias que el gobierno blanco la rechaza, lo que da a
los aliados el argumento para apoyar a Flores. Puede decirse que aquí,
el 18 de junio de 1864, se gesta la Triple Alianza.
Ante esta situación el gobierno blanco intensifica su relación
con el Paraguay al tiempo que diplomáticos brasileños viajan
a Buenos Aires para entrevistarse con Mitre, y asegurar su no intervención
si Brasil entra en guerra con la Banda Oriental.
En agosto de 1864, mientras el general Juan Saa se traslada a la Banda
Oriental para unirse a los blancos, la escuadra imperial de Brasil (comandada
por Tamandaré) apresa a un buque oriental. Inmediatamente el ejército
brasileño ocupa los departamentos del norte de la Banda Oriental.
En octubre la guerra de Brasil contra el gobierno blanco de Uruguay es
un hecho. La opinión pública condena la agresión en
varios países. El diplomático del gobierno blanco en Asunción,
por indicación de López, se entrevista con Urquiza. Este
afirma que se convertirá en la vanguardia del ejército de
López y que si Mitre no permite el paso de los paraguayos por territorio
argentino, esa será la excusa para su rompimiento con Mitre, promesa
que nunca cumplirá.
El presidente paraguayo ha comprendido que si Brasil vence a la Banda
Oriental quedará encerrado por fuerzas hostiles (Mitre en Argentina,
Emperador en Brasil), y de ahí su urgencia por lograr la definición
de Urquiza.
Por encima de las fronteras las fuerzas sociales se van alineando.
De un lado las oligarquías de ambos puertos (Buenos Aires y Montevideo)
y el Imperio de Brasil; coincidentes en la política librecambista,
antilatinoamericana, y antipopular, con el apoyo de Gran Bretaña.
Del otro, el gauchaje argentino y oriental junto al Paraguay nacionalista,
unidos en una política nacional, de crecimiento hacia adentro, latinoamericana
y antioligárquica. En gran medida el capital inglés financió
la guerra: préstamo del Banco de Londres, empréstito en Londres,
préstamos a particulares(13).
PROLEGÓMENOS DE LA GUERRA
A fines de 1864 Brasil inicia el sitio de Paysandú para abrirse
camino hacia Montevideo. La escuadra brasileña bombardea la ciudad
masacrando a la población civil. El bombardeo cesa cuando Tamandaré
se queda sin proyectiles, pero el mitrismo lo aprovisiona. Los blancos
resisten al mando de Leandro Gómez. Son 10. 000 los hombres que
sitian la ciudad, con el apoyo de la escuadra, contra 800 blancos. Julio
Victorica señala: “La contemplación de semejante cuadro era
insoportable. Entre Ríos ardía indignado ante el sacrificio
de un pueblo hermano, consumado por nación extraña. Urquiza
no sabía ya como contener a los que no esperaban sino una señal
para ir en auxilio de tanto infortunio”(14).
El 2 de enero de 1865 cae Paysandú. Los vencedores ultiman y
mutilan a jefes y oficiales blancos, entre ellos Leandro Gómez.
De esta masacre atroz quedan escasos o ningún vestigio en los textos
escolares. En cambio, son recuperados para la historia por el canto popular:
“Heroica Paysandú, yo te saludo /hermana de la patria en que nací”’(Gabino
Ezeiza, negro, yrigoyenista y payador).
La caída de Paysandú obliga a Solano López a tomar
una decisión. El mitrismo y el Imperio lo están “encerrando”
y pronto se volverán contra él. Ante el avance del Imperio,
López ha tomado un barco brasileño en noviembre de 1864 y
ha avanzado luego sobre Matto Grosso, abriendo otro frente, dada la inconveniencia
de marchar hacia Paysandú pues debería cruzar territorio
argentino. Pero ahora, ante la caída de Paysandú y la vacilación
de Urquiza, solicita permiso al gobierno de Mitre para cruzar Corrientes.
El 9 de febrero de 1865, el canciller Elizalde contesta negando el paso
al ejército paraguayo, mientras el ejército brasileño
avanza hacia el sur y se acerca a Montevideo.
Ante esta situación, Urquiza envía un emisario a tratar
con López pero descartando la posibilidad de una alianza, según
lo había prometido. Urquiza, en esos días, le ha vendido
a los brasileños 30. 000 caballos, iniciándose como proveedor
del ejército imperial. Ahora intercambia cartas con Mitre, y finalmente
acepta la alianza con el Brasil.
El coronel Navarro le ha escrito poco antes a Urquiza: “Acabamos de
saber con profundo sentimiento la toma de Paysandú y la muerte de
sus principales jefes. Los atentados y crímenes que cada día
cometen los infames brasileños nos llenan de coraje y sólo
ansiamos el momento de vengar la sangre de los mártires de Paysandú.
Los amigos creemos y esperamos que V. E. no podrá mirar con calma
los bárbaros crímenes de los brasileños”(15). Evaristo
Carriego (p) escribe ahora en El Paraná: “¿Por ventura el
Gral. Urquiza tiene enferma el alma de hastío y de desaliento? ¿Acaso
ya no es aquel hombre para quien no había nada poderoso que le estorbase
el paso?.. Entre Ríos en masa lo sostendrá. Entre Ríos
en masa se pondrá de pie para sostenerlo y hacer triunfar este pensamiento”(16).
Solano López le escribe a uno de sus hombres de confianza: “Lamento
informarle que el pensamiento de la segregación de Buenos Aires
para la formación de una Confederación Argentina no merece
la aprobación del General”(17). Y después de recibir al emisario
de Urquiza; le escribe: “Su actitud me ha causado una penosa impresión
en cuanto importa una contradicción de las seguridades que espontáneamente
V. E. quiso ofrecerme sobre la neutralidad del gobierno argentino en la
lucha entre Paraguay y Brasil y de que el tránsito de fuerzas paraguayas
por alguna parte del territorio argentino no importaría un casus
belli, no teniendo el gobierno argentino pretexto alguno para negar ese
tránsito y que, si llegara a suceder, V. E. se pondría de
parte del Paraguay combatiendo la política del Gral. Mitre”(18).
“El General Mitre- escribirá luego Felipe Várela- invocando
los principios de la más estricta neutralidad, negaba de todo punto
al presidente del Paraguay su solicitud, mientras que con la otra mano
firmaba el permiso para que el Brasil hiciese su cuartel general en la
provincia argentina de Corrientes para llevar el ataque desde allí
a las huestes paraguayas. Esa política injustificable fue conocida
ante el parlamento de Londres por una correspondencia, leída en
él, del Ministro inglés en Buenos Aires a quien Mitre había
confiado los secretos de sus grandes crímenes políticos”(19).
Por eso, insiste Varela, encontraban así el “camino más corto
para hallar una máscara de legalidad con qué disfrazarse
y poder llevar pomposamente una guerra ‘nacional’ al Paraguay, guerra premeditada,
guerra estudiada, guerra ambiciosa de dominio contraria a los santos principios
de la unión americana”(20).
LA GUERRA
El 20 de febrero de 1865 capitula Montevideo; Venancio Flores toma el
poder. Inmediatamente declara la guerra al Paraguay. El 23 de marzo Solano
López declara la guerra a la Argentina. Esta declaración
fue ocultada por el mitrismo. El 8 de abril es conocida en la Argentina,
pero se la mantiene en reserva.
El 13 de abril fuerzas paraguayas toman dos buquecitos argentinos en
Corrientes. Se producen manifestaciones estruendosas en Buenos Aires. Urquiza
apoya “la defensa del pabellón nacional”. Los paraguayos ocupan
Corrientes; reciben apoyo general y entregan el poder a un triunvirato
constituido por correntinos Ya es la guerra.
El 1ro. de mayo de 1865 se firma el Tratado de la Triple Alianza (el
tratado es secreto por ahora) y comienza el reclutamiento de contingentes.
hubiese traicionado la causa nacional armándose a favor del enemigo,
si el Entre Ríos no se hubiese sublevado dos veces, si casi todos
los contingentes. El 14 de mayo, Urquiza, designado por Mitre jefe del
ejército de vanguardia, reúne 800 hombres y marcha hacia
el norte, acampando en Basualdo. El coronel Telmo López, se pasa
con un grupo de gauchos a las filas paraguayas.
López Jordán, uno de los principales jefes entrerrianos,
contesta la convocatoria de Urquiza de este modo: “ usted nos llama para
combatir al Paraguay. Nunca, general, ese pueblo es nuestro amigo. Llámenos
para combatir a porteños y brasileños. Estamos prontos. Esos
son nuestros enemigos. Oímos todavía los cañones de
Paysandú. Estoy seguro del verdadero sentimiento del pueblo entrerriano”
(21)
Mitre, por su parte, confiesa los móviles de la guerra: “Hay
que derrocar a esa abominable dictadura de López y abrir al comercio
esa espléndida y rica región” (22). También sostiene:
“¿Peligra la actualidad de la república triunfando Brasil?
¿Peligra su libertad? ¿Peligran sus intereses? ¿Peligran
sus instituciones? ¿Peligra su civilización? No, mil veces
no. El gobierno brasileño es un gobierno civilizador, regular y
amigo de la Argentina... Su alianza moral con ésta está en
el interés de muchos países y representa el triunfo de la
civilización en el Río de la Plata. ¿Nos sucedería
lo mismo con el triunfo del Paraguay? No, por cierto... El gran peligro
para la República Argentina está en la preponderancia militar
del dictador paraguayo que aspira a ser el Atila de Sudamérica...
Al triunfo de Paraguay, seguiría, para nosotros, el reinado de la
barbarie””(23).
Paunero reconquista Corrientes para el mitrismo el 25 de mayo de 1865,
pero no puede mantenerse. En junio se produce la derrota paraguaya en la
batalla naval del Riachuelo, frente a Corrientes. Al perder el control
de los ríos se complica el avance del ejército paraguayo,
al mando de Robles, pero se aleja de sus fuentes de aprovisionamiento.
Urquiza ha organizado sus fuerzas en Basualdo, pero cuando se dirige
a Concordia para encontrarse con Mitre, el gauchaje se desbanda. Tres mil
hombres desertan a los gritos de “Viva Urquiza y muera Mitre”, negándose
a combatir contra el Paraguay. Es el desbande de Basualdo, producido el
23 de julio de 1865. López Jordán le escribe a Urquiza una
semana más tarde: “Esa voz general entre la gente que se reunirán
donde V. E. ordene, pero no van para arriba” (24). Francisco Fernández
le informa: "En Paraná, Nogoyá y Victoria, de jefes abajo,
todos están contra V. E. y que sí esta marcha no es contra
Mitre, que ellos no salen de sus departamentos” (25)
El 12 de agosto, Venancio Flores derrota a las fuerzas paraguayas dirigidas
por Duarte en Yatay. Asimismo, los aliados cercan a las tropas de Estigarribia
en Uruguayana y éste se rinde para evitar otra Paysandú.
Esta derrota significa el fin de la ofensiva paraguaya.
En noviembre se produce una nueva sublevación de las fuerzas
entrerrianas, ahora en Toledo. Urquiza ve desbandarse su ejército
nuevamente. Entonces, abandona la lucha y se retira a su palacio de San
José, desde donde seguirá actuando como proveedor de los
aliados.
En todo el interior se levantan protestas contra la guerra y se acentúan
las deserciones. Aurelio Zalazar insurrecciona a los contingentes de Catuna
y Posta de Herrera, en La Rioja. De Córdoba comunican que “el batallón
de voluntarios ha de ser como el de aquellos famosos patriotas del tiempo
de la independencia que iban al ejército atados codo con codo” (26).
Poco después se rebelan otros contingentes en San Luis. En Catamarca
informan que “el gobierno ha mandado construir 200 grillos para los voluntarios
catamarqueños que marchan a la guerra contra el Paraguay” (27) “Taboada
gobernador/escribiendo cabecea/le mando los voluntarios/devuélvame
las maneas”(28)
“En las provincias la guerra es impopular y odiosa -sostiene Ramón
Cárcano-. Cuando en la plaza pública leen los bandos de los
gobernantes y los tambores recorren la ciudad convocando a la guardia nacional,
los hombres huyen a la selva próxima. No los empuja el terror. Han
nacido y vivido en batallas. Resisten a Buenos Aires y al Imperio. El Paraguay
es el amigo y el vecino histórico”(29).
Mitre le dirá luego a Marcos Paz: “¿Quién no sabe
que los traidores alentaron al Paraguay a declararnos la guerra? Si la
mitad de Corrientes no hubiese traicionado la causa nacional armándose
a favor del enemigo, si el Entre Ríos no se hubiese sublevado dos
veces, si casi todos los contingentes incompletos de las provincias no
se hubiesen sublevado al venir a cumplir con su deber, si una opinión
simpática al enemigo extraño no hubiese alentado la traición,
quién duda que la guerra estaría terminada ya?”(30).
La guerra se convierte desde ahora en ofensiva de los aliados. En mayo
de 1866 las fuerzas paraguayas son derrotadas en Tuyutí. Algunos
autores dan la cifra de 15. 000 muertos. Gran Bretaña hace público
el tratado secreto de la Triple Alianza para forzar una paz que le dé
entrada a sus intereses en el Paraguay. La guerra está volcada a
favor de los aliados. Pero sin embargo, en julio de 1866 los ejércitos
aliados fracasan en los esteros de Boquerón, debiendo retroceder
ante la resistencia de las trincheras paraguayas.
El 12 de septiembre de 1866, dada la presión británica,
Mitre y López se entrevistan en Yutaití Corá. López
propone condiciones dignas para un arreglo. Mitre sostiene que debe consultar
a sus aliados. Pero a pesar del acuerdo de “congelar la situación
hasta tanto los aliados decidan”, los ejércitos aliados dirigidos
por Mitre se lanzan sobre las fuerzas paraguayas en Curupaití. El
general Díaz repele el ataque, provocando fuertes bajas al ejército
aliado.
LA REVOLUCIÓN MONTONERA
El triunfo paraguayo en Curupaití es saludado con festejos en
el Noroeste argentino, así también como en el Litoral. Incluso
Urquiza ofrece una gran fiesta en su palacio y coloca en el salón
la bandera de Entre Ríos junto a la paraguaya, la oriental, y la
argentina. Su secretario Victorica le pregunta: “¿Es tiempo, señor?”,
y Urquiza le contesta en voz alta: “Lo digo fuerte, me gusta ese acomodo”
(31).
La publicación del Tratado en Europa (reproducido en Buenos
Aires por el diario La América, dirigido por Navarro Viola y Guido
Spano), así como la derrota de Curupaití, exaltan las pasiones
contra Mitre. Guido Spano publica El imperio y la alianza. Navarro Viola
escribe Atrás el imperio. Olegario Andrade lanza Las dos políticas.
El Eco de Corrientes, donde escriben José Hernández y Evaristo
Carriego, exalta a Telmo López, pasado a las filas paraguayas: “Adelante,
joven guerrero, que el día del triunfo del Paraguay no está
lejano y labora de la redención se acerca y a”(32).
El cura Emilio Castro Boedo, asesor de Felipe Varela le escribe a Urquiza:
“Convencido de que V. E. es el alma de cuantos sacrificios y esfuerzos
de patriotismo podemos hacer a favor de la reacción del partido
Federal, me dirijo a V. E. con toda la libertad de un incontestable nacionalista,
con toda la franqueza de un espontáneo y leal partidario del gran
Caudillo Americano y - con toda la sinceridad de un federal puro... No
he trabajado poco para apagar en muchos federales de importancia, la desconfianza
de que V. E. no protegía nuestros beneficios... No terminaré
ésta sin afirmar a V. E. que me causa agitación verlo tan
confiado de esos malvados y pérfidos círculos porteñistas,
tan confiado en las mentidas promesas de esos falsos convertidos, que siendo
salvajes hasta la médula de los huesos, se quieren hacer federales.
Siento ver a V. E. rodeado de traidores embusteros, que sólo tratan
de sacarle ventajas hasta que algún unitario les ofrece una nueva
pichincha... La Patria sucumbe si V. E. no se levanta decididamente a llenar
con energía la voz de la República y en esto va la vida de
libertad del continente sudamericano... Respeto con fanatismo la política
de V. E. y lo he defendido ante ataques formidables por causa de Pavón,
pero estoy convencido de que los más grandes hombres traen muchas
veces envueltos grandes errores contra la Patria, es decir, contra ellos
mismos, las grandes bondades que usan con quienes debieran usar rigores...
La unión del 51 trajo el afianzamiento de los unitarios y el receso
de los federales. Pavón trajo el triunfo que hasta hoy ostentan
contra los nacionalistas y la tolerancia del’ 66 traerá la muerte
de la Patria, de sus glorias de su pasado y de sus hijos”(33).
El triunfo paraguayo en Curupaití estimula la acción
de los federales en el Interior. El ejército aliado se encuentra
sumamente deteriorado; su jefe. Mitre, deja el mando en febrero de 1867
durante varios meses. La acción aliada se paraliza manteniéndose
una inactividad de 14 meses en el frente bélico. En estas circunstancias,
se produce la “revolución de los colorados” (el 9 de noviembre de
1866) en Mendoza, liderada por el Dr. Carlos Juan Rodríguez, amigo
de Várela, y bajo la jefatura militar de Juan de Dios Videla.
El contingente que debía marchar al Paraguay se subleva uniéndose
a los revolucionarios. Toman Mendoza, y amplían su acción
a San Juan, donde asume el gobierno Juan Saa. Francisco Alvarez derrota
a Arredondo en San Luis; la revolución se extiende. Felipe Várela
recordará después: “Todo estimuló el patriotismo.
argentino que ya estallaba estrepitosamente en Mendoza... Los pueblos se
conmovían, se agitaban tumultuosa pero sordamente, llorando su libertad
perdida y dispuestos a hacer un esfuerzo por reconquistarla. El Gral. Mitre,
entre tanto, redoblaba su presión y energía infundiendo el
terror y el pánico dondequiera, lanceando por centenares a ciudadanos
pacíficos y cometiendo toda clase de excesos en las personas de
aquellos que creía no partidarios de su política. Entonces,
llevado del amor a mi patria y los grandes intereses de la América
amenazada por la corona de España, creí como un deber mío,
como soldado de la libertad, unir mis esfuerzos a los de mis compatriotas,
invitándolos a empuñar la espada para combatir al tirano
que así jugaba con nuestros derechos y nuestras instituciones”(34).
Así, el 6 de diciembre de 1866 lanza la proclama revolucionaria
dirigida a deponer al mitrismo. Allí convoca a los entrerrianos,
después de exaltar a Caseros, para que se sumen a la revolución:
“Basta de víctimas inmoladas al capricho de mandones sin ley, sin
corazón y sin conciencia. Cincuenta mil víctimas hermanas,
sacrificadas sin causa justificable, dan testimonio flagrante de la triste
e insoportable situación que atravesamos y que es tiempo ya de contener.
Valientes entrerrianos: Vuestros hermanos de causa en las demás
provincias... os esperan... Nuestro programa es la práctica estricta
de la Constitución jurada, el orden común, la paz y la amistad
con el Paraguay y la unión con las demás repúblicas
americanas. - Compatriotas nacionalistas! El campo de la lid nos mostrará
al enemigo”(35).
En una proclama dada por los revolucionarios de San Luis, se resume
la situación que vive el Interior del país: “El triunfo es
nuestro... En Mendoza la reacción poderosa y triunfante. En San
Juan, el triunfo completo y humanitario. En San Luis la presencia de nuestros
bravos. En La Rioja, los invencibles llanistas sublevados a la voz del
distinguido Várela. En Catamarca, la agitación como consecuencia
precisa del movimiento de sus vecinos. En Río IV, las huestes desmoralizadas
de Paunero, amenazadas por los invencibles soldados del coronel Felipe
Saa. En Córdoba el descontento más profundo y pronunciado
y la bien probada decisión de apoyar el movimiento revolucionario.
En Santa Fe, la actitud bélica que siempre ha asumido esa provincia...
En Entre Ríos, la voz de siempre que nació en Caseros
y que no sucumbió en Cepeda ni en Pavón... Finalmente, en
la campaña de Buenos Aires la voluntad indomable dé los gauchos
porteños que siempre han sido dignos del gran partido cuyo jefe
fue Manuel Dorrego, el mártir de la República”(36).
Sarmiento escribe con rabia: “Várela, Saa, Solano López...
Son las fuerzas Íntimas del alma vieja de la América”(37).
Luego agrega: “El partido bárbaro que hemos combatido tantos años,
aprovechando la guerra del Paraguay y la debilidad del gobierno, empieza
a sublevarse en las provincias del interior. Mendoza ha sido víctima
de un motín de soldadesca. San Juan estaba amenazada- Si este movimiento
continúa, sería imposible la elección de un Presidente
y volveríamos a la guerra civil, puede imaginarse que a mi edad
ya me faltan las fuerzas para emprender de nuevo la lucha contra la barbarie
de nuestras ignorantes masas populares”(38). Días después
insiste: “San Juan ha caído en poder de los revolucionarios, de
ese partido de descendientes de indios que combatí toda mi vida”(39).
Rawson, por su parte, escribirá luego: “El gobierno estuvo a
punto de caer y con él las instituciones y quizás la unión
nacional, no por la acción de los paraguayos, sino por la traición
de los mismos argentinos”(40). Sarratea le escribe a Marcos Paz: “La prensa
chilena y peruana se ha hecho eco de la revolución, cuyo objetivo
es derrocar al gobierno nacional, romper la alianza con el Brasil y proclamar
con las repúblicas del Pacífico contra España” (41).
Esta última es una referencia al movimiento de la Unión Americana,
desplegado en América Latina, contra España, con motivo de
la invasión a las islas Chinchas llevada a cabo por España,
movimiento en el cual, en Chile, participó Felipe Várela
y donde tomó el lema de “Unión Americana”.
El movimiento antimitrista alcanza tanta influencia en el Interior
que el vicepresidente Marcos Paz le escribe a Mitre: “Desde Mendoza hasta
Tucumán no hay quien retenga el poder que se han tomado los revolucionarios...
Ha llegado el momento de desbordarse la anarquía y abarcar todo
el país, si no viene usted a tomar la dirección de la cosa
perdida”(42).
Hasta los amigos del presidente se preocupan ahora: “En la frontera
de la provincia de La Rioja –le escribe G. B. Mathew a Lord Stanley, el
27 de enero de 1867 un refugiado político del partido federal, el
coronel Felipe Várela ha cruzado la montaña desde Chile con
200 o 300 hombres y dice que ha recibido armas allá y aunque ha
sido momentáneamente rechazado, amenaza con dominar todo el país”(43).
A su vez, Mathew le ofrece el apoyo del Imperio británico al canciller
Rufino de Elizalde; y este último le escribe a Mitre: “El ministro
inglés me ha hecho los mayores ofrecimientos, en una carta diciéndome
que lo avise a usted”(44). Desde Tuyutí, Mitre contesta: “En una
de sus últimas recibidas por el anterior vapor me instruía
usted de los obligantes ofrecimientos que había hecho al gobierno
S. E. el ministro británico caballero Mathew, con motivo de la rebelión
ocurrida en la provincia de Cuyo. Me ha impresionado agradablemente tan
noble proceder que a la vez que testifica la cordialidad de nuestras relaciones
con la Gran Bretaña revela. elocuentemente la amistad y simpatía
que profesa a la administración argentina, el ilustrado caballero
Mathew”(45). ”La montonera y la sedición brotan por todas partes
con una espontaneidad que asombra”, le insiste desesperado Marcos Paz a
Mitre en otra carta (28 de enero de 1867).
Como puede apreciarse, el alineamiento de fuerzas resulta muy claro:
por un lado la oligarquía mitrista, la oligarquía montevideana
(con V. Flores a la cabeza), la clase dominante del Brasil, y el Imperio
británico. Por otro lado el pueblo paraguayo, los blancos orientales,
los caudillos federales y los pueblos del interior argentino, con su esperanza
puesta en los federales del Litoral y la buena voluntad de Chile, Bolivia,
y Perú (nótese que F. Várela invade cruzando los Andes,
con soldados chilenos y aprovisionamiento de armas logrado en Bolivia).
La revolución montonera se ha extendido en todo el Interior.
El mitrismo sólo cuenta con los Taboada en Santiago del Estero,
Navarro en Catamarca, y Oroño en Santa Fe. En Córdoba gobierna
Luque, federal, quien espera el pronunciamiento de Urquiza para plegarse
a los montoneros. Lo mismo ocurre con Corrientes. Urquiza se cartea con
los federales e incluso a veces realiza gestos y señales que indican
su próxima definición; pero permanece inactivo. A su vez.
Mitre se vuelve del Paraguay, con sus mejores tropas.
Pero la revolución provinciana carece de respaldo económico
y especialmente de aprovisionamiento bélico como para derrotar al
mitrismo por sí sola. De ahí su tozuda esperanza en Urquiza.
Felipe Saa y Carlos Juan Rodríguez, el 5 de febrero de 1867, presionan
al caudillo entrerriano, en reclamo urgente y desesperado: “Usted comprenderá
que ha llegado el momento de levantar los principios que tuvieron por órgano
al cañón de Caseros y que hallaron en V. E. ese noble y fiel
sostenedor. Los que firman se dirigen a V. E. en nombre de esos mismos
principios que V. E. defendió y de que se declaran sostenedores,
poniendo a su disposición todos los elementos hasta hoy reunidos
y suplicando a V. E. se digne trazarnos la regla de conducta que debemos
observar en adelante... Vemos en V. E. , así como en su nombre esclarecido,
los únicos agentes capaces de levantar en alto las holladas instituciones
de la República Argentina... Estos desgraciados pueblos invocan
el nombre de V. E; como el de su salvador, que en V. E. miran el redentor
de sus libertades y al nuevo futuro presidente de la Nación. con
la fe en el corazón y con el convencimiento profundo de que V. E.
no desmentirá sus antecedentes y será una vez más
el Libertador de los Pueblos”(46).
Pero la defección de Urquiza frustra el intento federal del
Interior. E1 1ro. de abril de 1867, Arredondo, con fuerzas superiores y
mejor equipadas, derrota en Paso de San Ignacio alas fuerzas de Juan Saa
y Juan de Dios Videla. Asimismo, Felipe Varela (mal informado por un coronel
traidor que le asegura la provisión de agua en Las Mesillas) la
batalla en Pozo de Vargas (o Bargas) el 10 de abril de 1867: “Vidita de
mi vida/pozo de Vargas/La guerra se ha perdido/por falta de agua... Los
nacionales vienen/pozo de Vargas/ tiene fusil y tiene/las uñas largas/lanzas
contra fusiles/pobre Varela/ qué bien pelean sus tropas/en la humareda
(cancionero popular)
La infantería federal, sedienta e insolada, con armamento desparejo,
es derrotada por las fuerzas mitristas comandadas por Taboada. En Pozo
de San Ignacio se había perdido Cuyo, en Pozo de Vargas se perdió
La Rioja. La heroicidad de Varela y sus compañeros no ha podido
sobreponerse al poderío de la oligarquía porteña.
Una bandera roja a y blanca, rasgada y manchada de sangre, queda sobre
el terreno testimoniando una causa: “Federación o Muerte. ¡Viva
el General Urquiza! ¡Mueran los negreros que 1o combaten! ¡Viva
la Unión Americana!”(47).
Quebrada la rebelión montonera, los aliados reinician la guerra
contra el Paraguay. E1 17 de agosto la escuadra aliada fuerza el paso de
Curupaití, aunque no se atreven a atacar la fortaleza de Humaitá.
La guerra resulta mucho más larga de lo supuesto inicialmente. Y
ahora, además, le llegan noticias a Mitre de que Varela ha logrado
reorganizar sus fuerzas y ha pasado a Bolivia pare reaprovisionarse y seguramente
volver a la lucha. E1 presidente protesta: “No me explico como es que todos
han derrotado a Varela, nadie lo ha visto de cerca y a última hora
se retiraba a Bolivia con 800 hombres, es decir, con todo el ejército
que siempre tuvo”(48). Marcos Paz le contesta: “Parece fuera de duda que
Melgarejo, el presidente de Bolivia, protege a nuestros enemigos y los
auxilia”(49).
E1 gobierno argentino reclama ante Chile y Bolivia por el apoyo a los
montoneros. Sarratea le escribe a Marcos Paz que la expedición preparada
y armada por Varela en Huaque: “... fue un escándalo, llevado a
cabo a la luz del día, a vista y paciencia del vecindario y las
autoridades locales”(50). Asimismo, Tomás Alvarado le informa a
Taboada que el cónsul de Bolivia, Eugenio Caballero, sirve de enlace
a los insurrectos (los llama significativamente “los aparaguayados”) para
su contacto con el gobierno boliviano(51).
E1 10 de octubre de 1867, Varela toma Salta, con la consternación
del mitrismo: “Era una guerra interminable a la que no se le veía
fin y los mejores generales fracasaban ante la prodigiosa movilidad del
imbatible montonero que se escapaba del medio de los ejércitos como
una sombra impalpable”(52) Pero Urquiza continua inamovible. En carta a
Benjamin Victorica, del 22 de agosto de 1867 demuestra conocer la situación,
pero también su conciliacionismo con la oligarquía porteña:
“... esa fiebre incesante de revoluciones... emana de la política
poco cuerda y asaz tirante desplegada por el gobierno nacional... Se quiere
tratar a las provincias como miserables villorrios. Se aja su dignidad,
se quiere custodiar con bayonetas su soberanía’ independiente y
de aquí naturalmente, los levantamientos... Hasta cierto punto pues,
esas revoluciones, tienen un viso de disculpa, si bien deben ser, en el
fondo, enérgicamente condenadas”(53).
Por ese entonces, Carlos Tejedor denuncia en la cámara de diputados
que el urquicismo mantiene tratos con los insurrectos. No obstante ser
ya una sombra, el caudillo entrerriano preocupa aún a los hombres
del mitrismo. En cambio, sus más lúcidos lugartenientes,
como López Jordán, lo juzgan como un traidor: “Me ilusioné
con que el Gral. Urquiza retrocediera de su culpable política tan
poderosa en la balanza de los destinos públicos, tan decisiva que
no le exigíamos sino su prescindencia para nosotros y para el país.
Me ilusioné, en efecto: desde Pavón no hizo otra cosa que
fraternizar con los enemigos de la Patria, venderle su porvenir, engañar
como a niños las esperanzas de los pueblos, de sus amigos, de sus
viejos veteranos, a quienes les debía cuanto era. Se burlaba hasta
de las lágrimas de las víctimas que entregaba al puñal
del unitarismo”(54).
LA GUERRA CONTINÚA...
Mientras tanto, la guerra sigue su Curso. E1 3 de noviembre de 1867,
50. 000 hombres del ejército aliado enfrentan a 8. 000 paraguayos
en Tuyú Cué. Se llama también la segunda Tuyutí,
y ambos bandos dan por logrados sus objetivos. Poco después, Mitre
queda retenido en Buenos Aires por la muerte de su vicepresidente Marcos
Paz.
E1 año 1868 se inicia con el Manifiesto a los Pueblos Americanos
lanzado por Felipe Varela, quien una y otra vez resurge de las cenizas.
Poco antes ha escrito: “Defiendo los derechos de Sud América...
enfrento a los malditos godos y mucho más a los salvajes unitarios
de Buenos Aires que quieren ponerse a la par de dichos godos para hundir
todo el continente americano... Si hay una columna que trabaja por el bien
de nuestros países es la que manda el que suscribe”(55). Ahora desde
Potosí, convoca a la Unión Americana y sostiene: “Los argentinos
de corazón y sobre todo los que no somos hijos de la capital, hemos
estado siempre del lado del Paraguay en la guerra que, por debilitarnos,
por desarmarnos, por arruinarnos, le ha llevado Mitre a fuerza de intrigas
y de infamias contra la voluntad de toda la nación entera, a excepción
de la egoísta Buenos Aires”(56).
Los diarios de Chile apoyan a Varela: “Profunda repugnancia nos inspiran
los maricones de La Nación Argentina a quienes la proclama del coronel
Varela les arranca gritos de impotente desprecio”(57). Desde el otro lado
Nicolás Villanueva le escribe a Paunero: “Las provincias están
amenazadas de serios peligros por la triple alianza de traidores, indios
y rotos, alianza de bárbaros y ladrones que, a no dudarlo, encuentran
ardientes simpatías y protección material del pueblo chileno
y de gran número de sus autoridades”(58). Y una vez más Sarmiento
ratifica esa óptica: “La barbarie de nuestros campos es el escollo
en que hemos fracasado desde Artigas hasta Felipe Varela. Esa misma barbarie
existe en toda América, desde Méjico hasta Chile, en las
masas populares”(59).
En medio de las fuerzas en pugna, Urquiza se inclina ya, cada vez más,
a favor del mitrismo: “Varela y su montonera, producto legítimo
de los excesos de poder y de. una política bastarda, jamás
pudo ser para nadie la expresión o el agente de mis ideas. La mejor
prueba era que é1 abusaba de mi nombre sin que ningún hecho
mío lo autorizase... Soy hombre de principios y no de partido y
menos de montonera. Jamás la he tolerado siquiera. Reprobé
a todas las que se lanzaron en Buenos Aires en tiempo de su rebelión
contra la República. La guerra del Paraguay está allí,
el presidente solicitó mi concurso y se lo presté arrastrando
a un pueblo a quien esa lucha era terriblemente antipática... No,
yo no he alentado esa lucha desordenada”(60). De esa forma responde Urquiza
a las presiones mitristas, desentendiéndose de la causa de los pueblos
interiores.
LA OFENSIVA ALIADA
A mediados de febrero de 1868 los aliados se lanzan sobre Humaitá,
la gran fortaleza paraguaya. Los paraguayos rechazan el intento por tierra,
pero ante el triunfo de la escuadra brasileña evacuan la fortaleza
y se repliegan. En los meses siguientes, las fuerzas aliadas continúan
su avance lentamente ganando nuevas posiciones. Sobre fines de 1868 se
produce una batalla muy importante en el camino hacia Asunción:
Lomas Valentinas. También llamada la batalla de los siete alias,
se inicia el 21 de diciembre y culmina el día 28. En su Enciclopedia,
Santillán sostiene que los paraguayos se batieron heroicamente ante
fuerzas que los triplicaban en número, y que la batalla sólo
cesó cuando casi todos los defensores de 1a posición estaban
muertos o heridos(61).
La defensa paraguaya fue desesperada, pues Lomas Valentinas era el
camino hacia la capital, y muchos niños y viejos empuñaron
las armas. Sarmiento dirá después: “Ni a compasión
mueve aquel pueblo, rebaño de lobos. Sólo que la mayor parte
son niños de 10 a 12 años, armados de lanza a su talla, para
formar línea. Se imagina los horrores de estos combates, en que
soldados argentinos y brasileños en el calor de la refriega, caen
sobre esta fila de chicuelos”(62). “Los brasileños sacrificaron
sin piedad a los que estaban al alcance de sus armas... provocando una
matanza aún mayor” sostiene Teodoro Fix (63).
Después de esta derrota, Solano López se repliega rumbo
al Cerro Corá con los pocos hombres que le quedan. El 5 de enero
de 1869 los aliados entran en Asunción, y las fuerzas brasileñas
saquean la ciudad. Se constituye un gobierno títere.
EL FIN
Solano López y sus hombres están dispuestos a luchar hasta
el final Los pocos que proclaman la necesidad de la rendición son
acallados, y más aún, reprimidos. López fusila a altos
jefes, incluso a su hermano. Según algunos historiadores, fusila
también a Telmo López, federal entrerriano, y a Antonio de
las Carreras, blanco oriental, por sostener la necesidad de la rendición.
Lo que resta del ejército paraguayo, con su jefe a la cabeza,
marcha hacia el norte y sorprendentemente se reorganiza, llegando a ofrecer
nuevamente combate. Son las batallas desesperadas y dantescas del invierno
de 1869: Peribebuy, Acostañu. López es la patria -sostiene
Rosa- y el pueblo lo sigue hasta el final. Es una retirada heroica, trágica,
que dura siete meses.
Recién el 1ro. de marzo de 1870 Solano López y sus últimos
hombres son muertos en Cerro Corá. Poco después, el 11 de
abril de 1870, Urquiza es ultimado en el Palacio San José por una
partida jordanista al mando de Simón Luengo, lugarteniente del Chacho.
El 4 de junio de 1870 muere tuberculoso en Chile Felipe Varela. Los principales
protagonistas han muerto. Sólo Mitre los sobrevivirá largos
años.
E1 Paraguay ha quedado destruido. “Llora, llora urutaú/en las
ramas del yatay. Ya no existe el Paraguay/donde nací como tú..."
escribe Guido Spano (64). “Nada puede dar una idea de esta guerra como
las cifras. Al iniciarse la lucha, Paraguay tenia 1. 300. 000 habitantes.
Cinco años después, la población quedaba reducida
a 350. 000, la mayor parte mujeres. Ni en los tiempos antiguos, ni en los
tiempos modernos, la historia registra nada semejante”, señala Rufino
Blanco Fombona (65). “El Paraguay ya no existe –dice a su vez Lucio Mansilla,
desde la óptica liberal. Esta obra grande la realizamos nosotros,
junto al Brasil. Entre los dos mandamos a López a la difuntería”
(66). E1 mejicano Carlos Pereyra apunta: “Habían ido a llevar la
civilización a Paraguay. Esa civilización del cuchillo y
del puñal, introducida por Mitre y por Sarmiento para terminar con
la barbarie de los ferrocarriles, de los telégrafos, de la superación
espiritual, moral e intelectual del pueblo paraguayo”(67).
Por su parte, José Hernández se define de este modo:
“En nombre de la democracia, habéis atentado contra ella, pretendiendo
imponer a otro pueblo nuestros principios, aunque ellos hablasen en nombre
de los beneficios de una civilización que se anuncia con la muerte
y la destrucción; en nombre de la independencia habéis conspirado
contra la independencia de un pueblo... Decir que hemos ido a regenerar
al Paraguay es decir que nos hemos despojado de la justicia y del derecho
para cometer un atentado sin nombre... En presencia de los hechos que se
han ido produciendo desde hace cuatro años, cómo se atreven
todavía a sostener que el pueblo paraguayo es susceptible de ser
regenerado si por regeneración se entiende aceptar dócilmente
la dominación extranjera? Cómo puede llamarse guerra de regeneración
para el Paraguay la que estamos sustentando arrebatando palmo a palmo el
territorio y pasando adelante sólo sobre los cadáveres de
sus defensores”(68).
Mitre afirma en cambio: “Cuando nuestros guerreros vuelvan de su larga
y victoriosa campaña... podrá el comercio ver inscriptos
en sus banderas victoriosas los grandes principios que los apóstoles
del librecambio han proclamado para mayor gloria y mayor felicidad de los
hombres, porque también esos principios han triunfado”‘(69).
LA GUERRA DEL PARAGUAY COMO GUERRA CIVIL
J. B. Alberdi, desde Europa, analiza el conflicto como una guerra civil,
por encima de las fronteras de las patrias chicas: “Las guerras exteriores
de la Argentina no son más que expedientes suscitados a propósito,
ya por la una, ya por la otra de sus dos fracciones, para encontrar la
solución interior que cada una (de las partes del país) desea.
Son guerras civiles en el fondo, bajo la forma de guerras internacionales,
como la presente (contra el Paraguay)”(70).
No es extraño que la guerra encierre tres políticas,
siendo cada política doméstica, en sus miras, para cada aliado:
“Flores no tiene otro enemigo que los blancos (orientales), Mitre no tiene
más adversario en vista que las provincias (del interior), Don Pedro
II no tiene más enemigos que la ex república de Río
Grande”(71).
En otra parte agrega: “Si Buenos Aires busca la alianza del Brasil,
¿qué cosa más natural que las Provincias busquen,
por su parte, la alianza del Paraguay?(72). Alberdi desarrolla su tesis
explicando que para Buenos Aires “el verdadero enemigo no es el Brasil”
sino “los países interiores a quienes Buenos Aires les tiene arrebatados
el tesoro, su tráfico y todo su ser. Asegurarse Contra ellos, mantenerlos
en su condición colonial es más vital para el egoísmo
antinacional de Buenos Aires que el alejar al Brasil de la costa oriental...
Las provincias se volverían para Buenos Aires un enemigo formidable
desde que tuvieran el apoyo del Paraguay. Es lo que Mitre trataría
de evitar a todo trance halagando y atrayendo a Urquiza, enviando agentes
y palabras de amistad al Paraguay para calmarlo y evitar toda coalición
o alianza, en tanto Flores, ayudado por Brasil y Buenos Aires, lleva adelante
los cambios en la Banda Oriental... ”. Porque señala Alberdi: “en
esta república Argentina no sólo hay dos partidos sino más
bien dos países, dos causas públicas, dos patrias y dos patriotismos,
por decirlo así. Un interés profundo los divide y hace antagonistas
y ese mismo interés, sin cambiarlo, es el que hace aliado nato del
Paraguay. a todo el país argentino situado al norte de Martín
García y aliado natural del Brasil a la otra porción del
país que, como el Brasil, está situada a las puertas del
Plata y en las costas del mar. Aquel interés es el tráfico
directo con el mundo exterior, la renta pública procedente del tráfico
y el poder y el influjo derivados de la renta, es decir, del tesoro y del
crédito público basado en é1. Río de Janeiro
y Buenos Aires aspiran a dividírselo entre los dos a expensas de
todos los países interiores, de que quieren hacer verdaderas colonias
tributarias más o menos disimuladamente”(73).
Desde esta perspectiva, Alberdi establece relaciones con el gobierno
de Solano López, a través de Gregorio Benites. Así,
le envía la siguiente carta:
“Me interesa que el señor mariscal López conozca todo
esto por intermedio de usted, que es testigo inmediato de todo ello. E1
interés en esto, como en mis escritos, no es personal ni privado.
Se refiere del todo a la política venidera de nuestros-dos países
y a sus conveniencias mutuas y solidarias. Tenga usted la bondad de repetirle
lo que tantas veces le he dicho a usted y al señor Barreyro. Yo
no quiero ni espero del señor mariscal López empleos públicos,
ni dinero, ni condecoraciones, ni suscripciones de libros. Todo 1o que
quiero me lo ha dado ya en parte: es hacer pedazos, con su grande y heroica
resistencia, el orden de cosas que formaba la ruina de mi propio país,
y para 1o venidero, todo 1o que quiero es que él abrace una política
tendiente a buscar una liga estrecha con el nuevo orden de cosas que represente
los verdaderos intereses argentinos, la seguridad y garantía respectivas
de los dos países contra las ambiciones tradicionales del Brasil
y Buenos Aires, respecto de los países interiores en que hemos nacido
é1 y yo”(74).
Alberdi le envía también sus folletos acerca de la guerra:
Las disensiones de las repúblicas del Plata y las maquinaciones
del Brasil (mayo de 1865), Los intereses argentinos y la guerra (junio
de 1865), y Crisis permanente en las repúblicas del. Plata (febrero
de 1866)(75).
Todo esto 1e valdrá el título de “traidor a la patria”
que le lanzará el mitrismo. Pero Alberdi refuta contundentemente
esta acusación: “Definir la traición y el patriotismo en
la República Argentina es dar la llave de todo el estado político
de este país. Las ideas que su gobierno actual llama “traidoras’
han sido calificadas de “patrióticas” por todas las provincias cuando
no estaban gobernadas por Buenos Aires. ¿Qué quiere decir
esto? Qué hay dos puntos de vista para definir 1o que es patriotismo
y lo que es traición en la Argentina... Dos grandes intereses combatieron,
uno contra otro, en Caseros, Cepeda y Pavón y en esta división
la patria de la que peleó por Buenos Aires no es la misma patria
de los que defendieron las provincias”(76).
Pocas páginas después, Alberdi explica para completar
esta reflexión sobre los dos patriotismos, que también hay
dos modos de apreciar la libertad: “los liberales pueden soportar y lo
soportan todo, lo que no pueden soportar es la contradicción, la
oposición, es decir, la libertad... Esos liberales quieren en cierto
modo de buena fe la libertad, pero la quieren siempre para sí, jamás
para sus opositores. Aceptan toda la libertad, a condición de que
no se ejerza en su contra... Son liberates al estilo de los tiranos. Sabido
es que ningún tirano quiere ser esclavo. Si hay en el mundo quien
ame de veras su libertad, es el tirano, pero. tanto como ama la suya detesta
la del otro... La tiranía es, entonces, la libertad monopolizada
en provecho de uno solo... Así, hay gobiernos libres de naciones
sin libertad... Los liberales que gobiernan hoy en Buenos Aires son un
dechado perfecto de ese liberalismo sin libertad. Por eso, para discutir
con ellos, para combatir a sus gobiernos, es preciso poner por medio el
océano Atlántico. A1 menos se asegura de ese modo la cabeza”(77).
Este liberal consecuente que es Alberdi formula así una verdad
fundamental, coincidiendo con aquella apreciación de Marx: “Nadie
está contra la libertad, a 1o sumo, está contra la libertad
del otro”. Es decir, la libertad y también el patriotismo, cuando
el país está escindido en bloques sociales antagónicos,
adquiere un contenido de clase. Lo que para unos es patriotismo, para otros
es traición a la patria.
Hasta el diario La Nación concluye confesando el carácter
de guerra civil que ha formulado Alberdi: “Las alianzas del Río
de la Plata quedan así definidas: alianza de la civilización
y las formas regulares de gobierno, la república Argentina, el Brasil,
la banda Oriental, representadas por el partido liberal. Alianza de la
barbarie: el gobierno paraguayo, los restos del caudillaje argentino, los
restos del caudillaje oriental”(78).
CONCLUSIONES
La Guerra de la Triple Alianza sólo resulta comprensible desde
una óptica latinoamericana. Las historias de las “patrias chicas”
no ofrecen respuestas. En ellas, Alberdi y Varela serían traidores,
Solano López, el imperio brasileño, y el mitrismo serían
intrusos en el conflicto de la Banda Oriental. Venancio Flores un oriental
que se entromete en las provincias argentinas del noroeste y luego ingresa
a su país con apoyo bélico argentino y brasileño.
Como sostiene Alberdi, no es una guerra internacional, sino guerra civil,
en definitiva porque América Latina es una Nación.
La destrucción del Paraguay, tanto de la mayor parte de su población
como de su modelo de crecimiento autónomo, constituye el punto de
partida de la política oligárquica porteña dirigida
a convertir el Río de la Plata en semicolonia británica.
Así como, a partir de 1976, el genocidio constituyó el paso
previo a la reconversión de la economía argentina en subordinación
a EEUU, del mismo modo, en aquella época, aquel genocidio fue un
antecedente de la sumisión al Imperio británico.
Finalmente, cabe destacar que la experiencia paraguaya (quem en términos
actuales podría calificarse como “desconexión’, desde el
punto de vista de Samir Amín) probó la posibilidad de aplicar
un plan económico de crecimiento hacia adentro, de acumulación
de capital autónomo, con decisiva presencia estatal y política
social altamente beneficiosa para el pueblo. Era el Plan de Operaciones
de Moreno, y había tenido su primer antecedente en la política
económica de San Martín, en Cuyo, de la cual surgiría
el ejército de los Andes.
NOTAS
1. Pomer, León: Guerra con el Paraguay; Buenos Aims; CEAL; nº
26; pág. 162
2. Halperín Donghi, Tulio: Historia contemporánea de
América Latina; p.p. 252-253. Edit. Alianza, Bs. As., 1994.
3. Romero, José Luis: Las ideas políticas en la Argentina,
Buenos Aires; 1956; pág. 56
4. Romero, Luis Alberto: Una Historia Argentina, Cuadernillo Nº
8; pág. 27, Edit. El Quirquincho.
5. ibídem
6. Rivera, Enrique: José Hernández y la guerra del Paraguay;
Buenos Aires; Editorial lndoamérica; 1954; p. p. 104-105
7. Sánchez Quell, H.: La diplomacia paraguaya de Mayo a Cerro
Corá, Edit. Kraft, Bs. As, 1957.
8. Rivera, Enrique: op. cit. ; pág. 115
9. Ibídem
10. Carta de Venancio Flores a Bartolomé Mitre, 1862.
11. Evaristo Carriego (p) al coronel Navarro; 27 de septiembre de 1863;
Leg. Urquiza
12. Julio Victorica, citado por Fermín Chávez en Vida
y muerte de López Jordán
13. Pomer, León; Ob. cit.
14. Julio Victorica en F. Chávez; op. cit.
15. Coronel Navarro al General Urquiza; 5 de enero de 1865
16. Evaristo Carriego (p) en El Paraná; 11 de marzo de 1865
17. Solano López a Cándido Barreiro; 1º de febrero
de 1865
18. Solano López al General Urquiza; 26 de febrero de 1865
19. Felipe Varela; Manifiesto del 1ø de enero de 1868
20. Ibídem
21.Chávez, Fermín: Ob. cit.
22. Bartolomé Mitre en La Nación; 24 de marzo de 1865
23. B. Mitre en La Nación; 10 de marzo de 1865
24. López Jordán a Urquiza; 31 de julio de 1865
25. Francisco Fernández, en carta de Juan González al
General Urquiza: 19/9/65.
26. Chávez, Fermín Ob. cit.
27. Ibídem
28. Chávez, Fermín Zamba de los voluntarios
29 Cárcano Ramón en Urquiza y Alberdi, Edit. La Facultad,
Bs. As. , 1938.
30. Carta de B. Mitre a Marcos Paz, citada por José María
Rosa, La guerra del Paraguay y las montoneras argentinas,Edit. Peña
Lillo, Bs. As. , 1964, pág. 242
31.Rosa,José María:Ob. cit.
32. El Eco, enero de 1866, en F. Chávez, Ob. cit.
33. Castro Boedo, Emilio al General Urquiza; 15 de noviembre de 1866
34. Varela, Felipe, en Manifiesto del 1/1/68
35. Proclama de E Varela, en Francisco Centeno: Virutas Históricas
Edit Menéndez, Bs. As, 1929
36. Proclama en Ortega Peña y Duhalde: Felipe Varela contra
el imperio Británico, Edit. Sudestada, Bs. As. , 1965.
37. Sarmiento, Domingo Faustino, citado por Ortega Peña y Duhalde,
Ob. cit.
38. Sarmiento, Domingo: 15 de enero de 1867, citado por Elías
Giménez Vega, en Testigos y actores de la Triple Alianza, Edit.
Peña Lillo, Bs. As. , 1961.
39. Sarmiento, Domingo: 2/2/67, citado por E. Giménez Vega,
Ob. cit.
40. Guillermo Rawson: citado por Ortega Peña y Duhalde, Ob.
cit.
41. De Sarratea, Mariano a Marcos Paz; 23 de diciembre de 1866.
42. Marcos Paz a Bartolomé Mitre; 16 de enero de 1867
43. G. B. Mathew a Lord Stanley; 27 de enero de 1867 en Ortega Peña
y Duhalde, Ob. cit.
44. De Elizalde, Rufino a B. Mitre, 1867, en Ortega Peña y Duhalde,
45. Mitre B. a Rufino de Elizalde, en Ortega Peña y Duhalde,
Ob. cit.
46. Carta de Felipe Saa y Carlos J. Rodríguez a General Urquiza,
5/2/67.
47. Bazán, Raúl y otros: Felipe Varela, su historia,
Edit. Plus Ultra, Bs. As. , 1975.
48. Mitre, Bartolomé a Marcos Paz; 12 de septiembre de 1867
49. Virutas históricas; Ob. cit. , pág. 81
50. De Sarratea, M. a Marcos Paz; 22 de junio de 1867
51. Bazán, Raúl: Ob. cit. ; pág. 118
52. Juan Posse a Marcos Paz; 10 de septiembre de 1867
53. General Urquiza a Benjamín Victorica, en Presencia de Urquiza,
de Beatriz Bosch, Edit. Raigal, Bs. As., 1953.
54. Manifiesto de López Jordán, en El revisionismo y
las montoneras, Fermín Chávez, Edic. Theoría, Bs.
As. 1966.
55. Felipe Varela; 17 de octubre de 1867, en Los caudillos, de Fé1ix
Luna.
56. Varela, Felipe: Manifiesto del 1º de enero de 1868.
57. La Unión Americana, de Chile, 1868.
58. Ortega Peña y Duhalde: Ob. cit.
59. Sarmiento en La Tribuna, 6 de febrero de 1868
60. Gral. Urquiza a Salustiano Zavalía; 11 de. febrero de 1868
61. De Santillán, Diego Abad: Gran Enciclopedia Argentina, Bs.
As. EDIAR, 1965.
62. Sarmiento, Domingo E a R. García; 12 de octubre de 1869
63. Teodoro Fix, en Santillán: op. cit.
64. Guido y Spano, Carlos: Poema.
65. Rufino Blanco Fombona, citado en Carlos Pereyra: Francisco Solano
López y su drama, Edit. Patria Grande, Bs. As.
66. Mansilla, Lucio V.: citado por E. Giménez Vega, Ob. cit.
67.Pereyra, Carlos: Ob. cit.
68. Hernández, José: en El Río de la Plata, agosto
de 1869
69. Bartolomé Mitre; 21 de febrero de 1869
70. Alberdi, Juan Bautista: Historia de la guerra del Paraguay, Buenos
Aires; Edit. Patria Grande; Bs. As., 1962, pág. 156
71. Ibídem
72. Ibídem
73. Alberdi, Juan Bautista: El Brasil ante la democracia en América,
Edic. Ele, Bs. As. , 1946
74. Alberdi, Juan Bautista a Gregorio Benites; 23 de junio de 1868,
en Escritos Póstumos; Tomo X;pág. 44
75 Pomer, León: Ob. cit.
76 Alberdi, J. B.: Historia de la guerra del Paraguay; Edic. Patria
Grande, Bs. As. , 1962, pág. 132
77. Ibídem
78. La Nación, 28 de octubre de 1864