NOELIA

Melina C. C.

Noelia se despierta al escuchar la puerta de calle. El terror la invade. Es sábado por la mañana y sin dudas la madre acababa de salir al mercado. Se incorpora de inmediato para ver si Lucas sigue en la cama de al lado. Pero Lucas no está. Noelia aguza el oído y se queda quita, alerta. Entonces escucha que alguien cierra la puerta con llave y apoya el manojo en la mesita de entrada. Noelia comprende que están solos.
Desesperada, sale de la cama de un brinco y busca un escondite. Apenas ve la mesa de la cocina, se mete debajo, se tapa las piernas con el camisón rosado y aprieta las manitos para rezarle a la virgencita. Desde allí abajo ve los pies de su padre encaminarse a su habitación.
–¿Noe, estás despierta?
El padre, extrañado, se asoma al baño.
–¿Noelia, dónde te metiste? – No la encuentra.– La puta madre, Noelia, ¿dónde carajo te metiste? –Y el padre se lanza a la caza.
Noelia aprieta más fuerte las manitos y cierra los ojos.
–¡Pero la san puta! ¡Mil veces te dije que no te escondieras! Acá se hace lo digo yo.
Noelia siente su presencia justo a la derecha y alcanza a salir disparada en el momento en que el padre aparece por debajo de la mesa. Noelia va a dar a un rincón. Se acurruca bien chiquita. Entre sollozos, dice:
–No, papi, por favor, no, no…
El hombre atraviesa la cocina en línea recta. En cuanto la tiene al alcance de la mano, la toma del brazo y se la lleva para el cuarto.


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