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Editorial

Las masas en la modernidad

¿Cuándo empezó el desprecio por las masas? ¿Cuándo se empezó a considerar que alguien era inferior a otro? ¿Cómo se construyó la idea de "inferior" para legitimar el dominio y explotación del otro? ¿En qué momento establecer el quiebre social que determina el surgimiento de una minoría rica y poderosa y una mayoría empobrecida? ¿En qué momento fijar el comienzo de la etapa de la derrota de las masas del cual, todavía, no hemos salido?

En la sociedad comunal primitiva, la del trabajo y reparto colectivo del producto del trabajo, en algún momento -con la agricultura y la ganadería- empieza el tajo, todavía sin cerrar, que va a terminar en ricos y pobres.

Los ricos, la minoría, construye, da forma, a una estructura social -a un sistema- que organiza una legalidad en función de los intereses de dicha minoría.

libres y esclavos

los que trabajan y los que viven del trabajo de los otros

La noción del Estado -como representación jurídica, administrativa, represiva- tiene que ver con esta nueva organización social. La legalidad inventada, impuesta, cuenta con fuerzas al servicio del poder, y una función interna -la represión- y una externa -la guerra para hacer prisioneros, convertirlos en esclavos y tener mano de obra gratuita.

El régimen esclavista surgió alrededor del año 3000 adC. Primero en Egipto, la Mesopotamia, la India y, después, en otros países del Antiguo Oriente. En Europa apareció mucho más tarde: en los siglos VIII - VI adC. (del 800 al 501), en la Grecia Antigua, y en los siglos V - IV (del 500 al 301) en la Antigua Roma.

Al régimen esclavista sucede, en el siglo V dC., el feudalismo y a éste, en el Siglo XVIII las revoluciones burguesas.

Esclavista - esclavo.

Feudal - siervo.

Burgués - proletario.

Las primeras clases que aparecieron en la historia -hace 5000 años- son las esclavistas y esclavos. Los sistemas sociales que siguieron al esclavista -por sobre los cambios propios- mantuvieron la sociedad clasista cortada en ricos y pobres.

Lo que empezó hace más o menos cinco mil años sigue hasta hoy. Todavía no hemos podido salir de esta organización social perversa.

No hay sistema que pueda mantenerse sólo por la fuerza. No basta el Estado -como fuerzas armadas al servicio de una minoría poderosa- para el sometimiento de la otra clase. Cuando la minoría empezó a subordinar lo real a sus intereses de sector, la actividad religioso-espiritual, dejó de ser sensibilidad, sentimiento, inteligencia, humanidad en contacto fundamental con el universo para pasar a herramienta de poder. En este marco se da la segunda parte de la avanzada de dominación. Si el control, explotación de la clase sometida se hacía por la fuerza -el ejército-; ahora, se va hacia la legitimación del sistema. Se necesita crear la ideología que sostenga la dominación, es decir, se va hacia la toma del espíritu colectivo. Acá entra la casta sacerdotal funcionalizada. Pasa a ser parte del poder: el otro ejército, tiene a su cargo el traslado de la relaciones de dominación social al plano del espíritu. El dominado debe ser doblemente humillado: dominado y autoconvencido de su dominación. La minoría dueña, propietaria, explotadora de una mayoría, debe ser legitimada. La palabra, la sensibilidad, el concepto deben construir la mirada del que manda. Hay que descubrir, inventar mecanismos -ahora psicológicos- que "solucionen" la contradicción hombre-sociedad en la interioridad psicológica, en el plano del psiquismo. Hay que profundizar la represión y evitar la búsqueda, la modificación de lo real, el cambio de contexto. Se reproduce en la interioridad -en su especificidad: sentimientos, gustos, fantasías, esperanzas, ilusiones, resignación- la forma de dominación.

Hay que repetir: no hay sistema que pueda mantenerse sólo por la fuerza. La clase que se hizo dueña de lo que no es de nadie -la tierra- y que por eso es de todos, impuso su sistema. En esta imposición de mirada, concepción, modelo, intereses de clases, hay que buscar el origen de las ideologías de endiosamiento del poder y del desprecio por el sometido.

El noble es identificado con Dios; y el esclavo, el siervo, con lo inferior = vulgo, plebe, chusma. Endiosamiento y desprecio son parte del mismo mecanismo de dominación y las dos son oposiciones políticas de la sociedad partida en clases.

Se calcula entre dos y tres millones de años la aparición del hombre sobre la tierra.

Hace cinco mil que aparecieron las primeras clases en la historia: esclavista-esclavo y, con variantes, siguen hasta hoy.

Se cree que al sol le quedan cinco mil millones de años y que mil millones de años antes la tierra morirá.

Tenemos cuatro mil millones para reparar tanto sufrimiento y vergüenza.

Al régimen esclavista sigue el feudal. Nobleza y clero son el nuevo poder. La iglesia -a la que después VanGogh pinta como buitres en vuelo rasante sobre los trigales- son el aparato intelectual-espiritual del poder. Son su voz, sus ojos, su mente. Son los que moldean al hombre en la confesión y el monólogo (que se enfatiza con la Reforma); y los que moldean el espíritu en un funcionamiento desarraigado del contexto, funcionamiento casi autónomo, aislado, autorreferenciable (son los primeros estructuralistas). Tajan el cuerpo. Quitan el cuerpo. Ante algún intento de voz: la flagelación. El universo de la represión protagoniza, el Dios que proponen necesita del látigo, del hambre, de la humillación.

En el siglo XVIII, las revoluciones burguesas terminan con el régimen feudal. Viene de antes, inicia su ascenso, más o menos por el siglo XIII. Son los que empiezan a hacer su mirada, su voz. Hacen "su" hombre con emociones, con fisiología (Filosofía Natural). Recuperan el cuerpo. Buscan palabras para hablar, nombrarse a sí mismos. Como clase nueva, como clase que habla desde otro lugar, no puede hablar con las palabras del sistema que enfrenta porque se culparía, prohibiría, ilegalizaría, castigaría. Necesita hacer las suyas, las nuevas... Cuando la burguesía se nombra a sí misma, cuando se ve a sí misma, habla, llama -pomposamente- Renacimiento a su primer período, siglos XV al XVII. Fue un movimiento que lo abarcó todo. Señala uno de los períodos más brillantes de la cultura europea: es la renovación y cambio artístico, literario, filosófico, científico, político, etc.

¿Cómo entran las masas en el pensamiento de la burguesía? ¿Cómo entra el viejo desprecio por las clases sometidas en el pensamiento burgués? ¿Cómo se llega al momento en el que la clase victimizada por las minorías dominantes -esclavos, siervos, proletarios- se hace de la herramienta que le permite cerrar el tajo abierto hace cinco mil años? ¿Cómo llegan las masas a hacerse de una mirada, de un pensamiento, de un lenguaje, de una ideología desde donde legitimarse como clase que piensa, siente, mira desde otro lugar -nuevo- y sale a pelear la dirección de la humanidad?

Las masas van a sostener -encarnar- en la práctica la revolución burguesa pero, después, van a ser excluidas, vueltas al lugar de la explotación. El pensamiento burgués -la ilustración- desconfía y desprecia a las masas. La versión más radical de esta línea -los jacobinos- no pueden mejorar dicha concepción y terminan -para no darle a las masas la dirección del proceso revolucionario- entregando el poder a la contrarrevolución que los lleva a la guillotina...

(Recordemos nuestro 55, cuando Perón, para evitar el pasaje de la Revolución Nacional a la Revolución Socialista, no entrega armas a las masas)

La Ilustración -Siglo XVIII- es el pensamiento burgués de la etapa. Voltaire, Diderot, Rousseau, eran los ideólogos de la burguesía, a su entender no había más que un medio de salvar a la sociedad y era a través de la Ilustración. Con ella modificarían las costumbres, superarían las insuficiencias sociales y cambiarían la forma de vida. Bastaba con difundir las ideas del bien, de la justicia y los conocimientos científicos. Sólo la razón podía vencer el mal. Los vicios sociales se explicaban por la ignorancia de las personas, por la incomprensión que estas tenían de su propia naturaleza. El fanatismo religioso y las supersticiones dificultaban la difusión de la victoria de las ideas racionalistas. Para construir una sociedad justa buscaban principios "racionales" en correspondencia con la naturaleza del hombre. Bastaba con descubrir las leyes de la naturaleza y darlas a conocer para que llegara el reino de la libertad, la igualdad, fraternidad. Todos los males sociales existen simplemente porque los hombres aún no conocen las leyes de la naturaleza, no conocen que ellas determinan la igualdad. Si comprendieran que hay leyes naturales que "exigen" la vida en armonía, terminaría la explotación. Este conocimiento permitiría el paso de la sociedad "irracional" a la "racional" basada en leyes naturales. Bastaba con descubrir la verdad. Creían que era posible unir a todos los hombres por sobre las clases a las que pertenecían. Bastaba descubrir la "verdad" y los ricos se darían cuenta que tenían que dejar de serlo para ser más felices. De todo esto se deriva el culto a la razón de los enciclopedistas e ideólogos de la Revolución Francesa. No tenían en cuenta que para organizar una sociedad en correspondencia con sus planes sociales, era necesario comprender la esencia de las leyes sociales. Es decir, que el cambio social no puede esperarse de los hombres en general, sino de los hombres que, por su condición social, están interesados en transformar la sociedad.

Los enciclopedistas, si bien con su llamado a la lucha por la libertad, la igualdad y relaciones basadas en la razón ayudaron a impulsar a las masas a la batalla contra el régimen feudal, no buscaban la revolución, pensaban evitarla con reformas oportunas. Los hombres de la Ilustración le temían y despreciaban a las masas. Consideraban que sus ideas eran incomprensibles para las masas ignorantes y oprimidas y que la insurrección popular se convertiría fatalmente en un motín ciego, en una destrucción insensata. (En este sentido hay que destacar la marca ideológica de dominación cristalizada. Hay que ver la verticalidad del desprecio y su entrada en el Conocimiento, en la Razón. La Razón humilla y nace humillada. Nace doblegada. El estigma, la lacra del sometimiento del hombre por el hombre, es su horizonte). Voltaire temía a la insurrección popular, "el motín de la chusma". Lucha contra la iglesia, "aplastad a la víbora", así llamaba a la iglesia católica por considerarla baluarte de la intransigencia y el fanatismo, del despotismo y la tiranía. Pero la fe en Dios era necesaria para mantener en la obediencia al pueblo: "si no hubiera Dios habría que inventarlo", decía.

En este marco de miedo a las masas el Iluminismo llega a la teoría del "despotismo ilustrado": "Todo para el pueblo sin el pueblo". La teoría que hacía del mismo monarca el vehículo de las transformaciones sociales. Escribían y enviaban sus descubrimientos, sus planes de transformaciones a las clases cultas y, en primer lugar, a reyes y emperadores. Pensaban en los cambios realizados por y desde el mismo poder. Consideraban que bastaría con ilustrar a uno que otro monarca para hacer de él "un filósofo en el trono" y que todos los problemas de la transformación fueran resueltos. De esta manera, confiaban, lograrían evitar los desmanes de la revolución. No veían la composición de la sociedad en clases, grupos de personas, sectores con intereses opuestos. Creían que la injusticia y la miseria era un problema de conocimientos, de no conocer las leyes que rigen la naturaleza y su evolución: la Razón.

A medida que avanzaba la revolución de 1789, crecían y se desarrollaban los clubes y sociedades populares. Se destacaba el Club de los Jacobinos. (Llamado así porque celebraban sus reuniones en el antiguo convento de los Jacobinos. En realidad, el convento era de los Dominicos que la gente llamaba Jacobinos porque tuvieron su primera casa en la calle San Jacobo, en París. Es la calle la que le da el nombre a los Dominicos y al grupo revolucionario). Los Jacobinos encarnaban fuertes contradicciones políticas dadas por su misma clase social pequeño burguesa. Encarnaban la utopía igualitaria de Juan Jacobo Rousseau, (1712-1778), y esto determinaba la inconsecuencia revolucionaria. Frente a la propiedad privada no superaban el marco de las concepciones burguesas. No suprimían la propiedad, la limitaban y, en lo político, no iban más allá de los derechos políticos y la libertad formal. Ni Robespiere, ni Marat pudieron desarrollar un programa social claro que respondiera a los sectores populares. Robespiere tendía a suprimir los extremos pero no negaba el derecho de cada uno a tener propiedad y disponer de ella según su deseo.

En este marco, la relación de los Jacobinos con las masas es pendular, contradictorio. Está motivada por su base social, por una ideología, por sus intereses de clase. Cuando la revolución se halla al borde de la catástrofe se apoyan en las masas. En la noche del 30 de mayo de 1793 se inicia la insurrección armada contra los Girondinos (burgueses moderados, llamados así por ser de la Gironda, provincia de Francia, su baluarte). La dictadura Jacobina (1793-1794) intensifica el temor. Corta cabezas, pero no profundiza cambios sociales: no tocan la propiedad privada.

Los verdaderos defensores de los desposeídos eran los "Rabiosos", Jacobo Roux, su jefe, dijo: "La libertad es sólo un aspecto vacío cuando una clase de gente puede matar de hambre a los otros. La igualdad es un aspecto vacío cuando el rico, acumulando bienes adquiere el derecho a disponer de la vida y la muerte de un semejante".

En un programa, los Rabiosos proponían:

Ley agraria (reparto de tierras en beneficio de los pobres, por la cual nadie podía tener más tierra de la que pudiera trabajar con sus propios brazos)

Fiscalización de la economía

Precios máximos

Nacionalización del comercio y de la producción de artículos de primera necesidad.

Pena de muerte a los acaparadores.

Expropiación de los bienes.

Con este programa las masas pasaban a hacerse cargo, a protagonizar la revolución. Pero, los Jacobinos lo rechazaron y volvieron contra los Rabiosos (septiembre de 1793) y los aniquilaron (Jacobo Roux se "suicida" en la cárcel). Sin el sostén de las masas deben aumentar el terror mientras aprueban decretos sobre las expropiaciones de tierras a los enemigos de la revolución que serían distribuidas entre patriotas privados de bienes. Decretos que no se aplicaron en parte por el sabotaje de la Convención y en parte porque los jefe Jacobinos temían al movimiento de masas.

El terror terminó siendo el arma para combatir la contrarrevolución. Sabían que se estaba gestando el golpe contrarrevolucionario y prefirieron la guillotina para combatir a los dueños de la propiedad y el dinero pero no se atrevieron a pedir apoyo a las masas porque le temían. El golpe barrió a los Jacobinos. Los Girondinos tomaron el poder. El golpe de estado de 1794 lleva a Robespiere y sus amigos a la guillotina el 28 de julio de 1794.

Los llamados socialistas utópicos (socialismo no clasista), también desconfiaban de las masas.

Tomás Moro (1478-1535) uno de los fundadores del socialismo utópico escribió "Utopía" ("lugar que no existe") en 1516. El calificativo de utópico se emplea desde entonces para designar a los pensadores que como Moro, soñaban la dicha de la humanidad pero sin encontrar el camino adecuado para conseguirlo. Los primeros utopistas hicieron muchas conjeturas pero no sabían qué camino seguir para establecer un régimen justo. ¿Dirigirse a los reyes? "Estos preferían dedicarse a adquirir nuevos reinos -decía Moro- que administrar debidamente lo que poseían". Pero, Moro no veía al pueblo capaz de crear con sus propias fuerzas un nuevo régimen.

Entre los siglos XVIII y XIX aparecen los grandes socialistas utópicos.

Saint Simón : 1760 - 1825

Roberto Owen : 1771 - 1858

Charles Fourier: 1772 - 1837

Los tres muestran un gran desprecio por las masas. Opinaban que la Revolución Francesa había fracasado por una sola causa: la injerencia de las masas incultas.

Saint Simón opinaba: "La Revolución Francesa comenzó a los pocos años de haber sido editada la Enciclopedia, las heces afloran a la superficie en forma de espuma, la clase inculta toma el poder y, debido a su incapacidad, hace que en medio de la abundancia comience el hambre".

Charles Fourier, opinaba que "en el desenfreno de los grandes instintos de la chusma había desempeñado un gran papel la filosofía del Iluminismo".

Roberto Owen: "por muy insensatos, inconsecuentes y funestos que sean los regímenes imperantes, no deben ser destruidos por gentes incompetentes e incultas".

Para los tres grandes utopistas, la injerencia de las masas incultas había sido la causa de la derrota de la revolución. En esta actitud, Saint Simón remitía sus propuestas de una nueva sociedad a los organizadores de la Santa Alianza y a los grandes banqueros, entre ellos al barón Rothschild. (Napoleón es derrotado en Rusia en 1812. Este hecho produce el hundimiento del Imperio y permite la reacción monárquica. El zar Alejandro I de Rusia; el emperador Francisco I de Austria y el rey Federico Guillermo III de Prusia concertaron en septiembre de 1815 la Santa Alianza, dirigida a aplastar al movimiento burgués revolucionario en toda Europa. Aplastaron la revolución burguesa española de 1820-1823 y aplastaron las insurrecciones de Nápoles y Piamonte).

Lo mismo hizo Fourier.

También Roberto Owen creyó que su proyecto de organizar sociedades comunistas hallaría eco en la reina Victoria de Inglaterra y el zar Nicolás I de Rusia.

Los socialistas utópicos buscaban la manera de llevar a cabo las transformaciones sociales sin la participación del pueblo. Para ellos, los propietarios mismos eran los encargados de hacerla. Así, la contradicción central de los socialistas utópicos del siglo pasado estaba en que comprendían que el capitalismo no respondía a las masas populares pero, cuando buscaban su transformación, rechazaban la revolución popular y pretendían que fueran los mismos monarcas o emperadores los que se hicieran cargo de la transformación.

A fines de la década del 20, Roberto Owen, perdidas sus esperanzas en las clases gobernantes, se acercó a los obreros y participó en mitines proletarios. En sus últimos artículos declaraba que los trabajadores eran capaces de realizar sin la ayuda de los ricos una revolución en las relaciones entre los hombres.

En esta dirección se puede recordar a los "descembristas rusos" (el día en que debía prestar juramento en Petrogrado el zar Nicolás I -diciembre de 1825 y por eso se los llamó "descembristas"- sacan las tropas a la calle para hacer la revolución pero son aplastados). Su dirigente Pavel Pestel (1793-1826) y sus seguidores, temían la insurrección de los pueblos. Desde esta actitud conciben el plan de hacer la revolución sin el pueblo. Terminan en la posición de los iluministas y de los socialistas utópicos.

Alejandro Herzen (1812-1870), otro iluminista ruso, había advertido que la burguesía no había resuelto la cuestión económica, ni había dado a los trabajadores una vida soportable. "Los liberales -decía- llamaban al pueblo a derrocar al régimen feudal-monárquico (...) y se ocultaban del hermano tras las bayonetas del estado de guerra, salvando la civilización y el orden". Pero, también, dudaba de que fuera posible una revolución popular guiada por ideales socialistas. Creía que los campesinos alzados sólo serían capaces de un motín espontáneo, de destruir toda la cultura acumulada durante siglos. En este sentido exhortaba al zar Alejandro II a ser el transformador de Rusia. Pero para la década de 1860 Herzen había perdido sus esperanzas en "los de arriba" y llamaba a los campesinos a la insurrección.

Otra variante de esta línea, que no ve en las masas la capacidad de encarnar el proceso revolucionario, habría que verla en Augusto Blanqui (1805-1881). Blanqui -el blanquismo- se formó bajo el influjo del racionalismo del siglo XVIII y del socialismo utópico. Participó en las revoluciones de 1830 y 1848, fue condenado dos veces a muerte y pasó en la cárcel la mitad de su vida. Blanqui no veía en el proletariado resolución y se inclinó por la táctica conspirativa. Consideraba que lo principal eran las acciones revolucionarias decididas. En su opinión un pequeño grupo de hombres podía tomar el poder, establecer una dictadura revolucionaria y, con sus acciones drásticas, arrastrar al pueblo a la revolución y crear la dictadura revolucionaria. Pensaban hacer la revolución, atraer a las masas y construir el socialismo.

Lenin, señaló los errores de la táctica conspirativa: para alcanzar el éxito, la insurrección no debe apoyarse en un complot.

(Recordemos el foquismo de los 70)

Las masas enseñan...

La revolución burguesa no cambia la situación de las capas populares. Cuando la burguesía llega al poder, inicia la subordinación del espacio nacional y mundial a sus intereses de clase. En este marco, la clase obrera:

- se abre del frente social-nacional antifeudal dirigido y usufructuado por la burguesía

- inicia la búsqueda -su búsqueda- ideológica.

Las limitaciones de la insurrección obrera europea de 1848-50, deben ser ubicadas en este pasaje, transición. Plantean mejoras en su situación inmediata.

Bajos salarios

Jornadas de trabajo de 16 horas diarias

Mejorar la situación laboral de niños y mujeres

Participación política a través del voto

Pero también, a la vez, de manera simultánea, es la misma clase obrera la que da respuestas organizativas -dictadura del proletariado, y otras- que van a formar parte de la herramienta revolucionaria obrera y socialista.

En este sentido hay que señalar:

- Al movimiento obrero fundante y creador, y

- A los pensadores socialistas que, al poseer medios culturales, pudieron ver, descubrir, nombrar, proyectar, sopesar las conquistas obreras, llevarlas al plano teórico y darle nivel de ideología de clase: de cosmos. En este encuentro de acción y pensamiento, de hombres fundantes y hombres con medios culturales, se llegaba a la síntesis revolucionaria. Por primera vez en cinco mil años -cinco mil años de una sociedad cortada en opresores y oprimidos- se llegaba al encuentro revolucionario de conocimiento, verdad y clase obrera. En este encuentro -símbolo hecho pan- estaba/está la única posibilidad humana.

- A principios del Siglo XIX, existían en Inglaterra dos millones de obreros fabriles y en toda Europa unos doce millones.

- Para fines del Siglo XVIII y comienzos del XIX, la jornada de trabajo era de 14 a 18 horas.

- En Inglaterra, en 1801, se lleva a 12 horas la duración de la jornada y recién a mediados de siglo se conquistan las 10 horas diarias. En el resto de los países industriales como Francia, Bélgica, Alemania y Holanda, hasta fines del Siglo XIX, se trabajaba casi todo el día.

La revolución de 1848 deja:


La Comuna de París, 1871, es arrasada por un ejército de cinco mil hombres, y deja 30 mil fusilados.

Pero, además, deja enseñanzas.

Las jornadas de 1848:

- Dejaron mal paradas a las ilusiones del socialismo utópico no clasista: la creencia en la posibilidad del acuerdo entre las clases y en que todos estaban interesados en construir una sociedad de hombres iguales.

- A la ficción de la democracia en general.

En relación al Estado:

Confirmó que era el Estado burgués, con sus medios para engañar y aplastar a las masas populares, el principal obstáculo que se oponía a la revolución social.

Es a partir de las insurrecciones de 1848 que Marx descubre la necesidad de la "dictadura del proletariado" (en su obra "La guerra de clases en Francia de 1848 a 1850" emplea esta fórmula por primera vez).

- El estado burgués como fuerza represiva era el obstáculo que se oponía a la revolución social.

Otras deducciones hechas por Marx y Engels fueron:

- La necesidad de la "alianza campesino-obrera".

- "la revolución ininterrumpida". En un frente democrático burgués -alianza de clases- la clase obrera no debe diluirse en la masa general; debe mantener su independencia para impulsar la revolución. Para esto, hay que crear un partido proletario independiente.

Basándose en la experiencia de la Comuna, Marx dio un nuevo paso en el desarrollo de la doctrina acerca del Estado, llegando a la conclusión que no era la república proletaria, sino una organización política del tipo de la Comuna de París la forma más conveniente de dictadura del proletariado.

En la Comuna de París, la clase obrera hace su primera experiencia de dictadura del proletariado en la historia universal: destruye al estado burgués y crea una organización estatal nueva, sin precedentes en la historia.

Reemplaza al ejército permanente por el pueblo armado: milicias populares.

La comuna dispuso que se transfiriera a las asociaciones obreras las fábricas y talleres de los enemigos del pueblo que habían huido de París.

Otras medidas:

Enseñanza laica

Derechos civiles de las mujeres

Se abrieron las primeras escuelas profesionales, etc.

Seguramente, en el futuro, el Siglo XIX será visto como siglo bisagra. Será visto como una gran metáfora: lo que se despreciaba (las masas) hizo, constituyó la manera de cerrar el tajo abierto por las primeras clases en la historia: esclavistas y esclavos. Eran las masas las que daban con el lugar desde el que había que partir para llegar... pero que, a la vez, se había llegado.

Extrañamente, se iba y se estaba.

No había que esperar a llegar.

La plenitud estaba en haber descubierto y articulado vida, política y libertad. Por primera vez en la historia -y dado por la autoconciencia de clase y el proyecto para toda la humanidad- la trascendencia se hacía cotidiana. Se quería llegar y se había llegado... Se iba y se estaba.

Pasado, presente y futuro se hacían persona. Ibamos -vamos- a nuestro centro y nuestro corazón.

Esta pesadilla -las mafias transnacionales en la dirección del planeta- no puede ser la humanidad.

Lo mejor de nosotros nos espera.

Rafael Sánchez







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