Hace ya cuatro años que l@s vecin@s de Lavapiés
conseguimos que, tras muchos años de abandono, las administraciones públicas
decidiesen invertir en nuestro barrio. Con la declaración del Área de
Rehabilitación Preferente (ARP) logramos algunos objetivos históricos:
subvenciones para la rehabilitación de edificios y viviendas, un programa de
erradicación de la infravivienda, arreglo de las calles, infraestructuras y
espacios públicos, creación de nuevos equipamientos y zonas verdes, incluso
presupuestos (aunque fuesen mínimos) para programas sociales. Aun sabiendo que
un plan así atacaba sólo parte de los problemas del barrio, el sentir general
era que a partir de ese momento había que estar alerta para profundizar en lo
que no obstante era el Plan de Rehabilitación más ambicioso que ha existido
hasta el momento en el Casco Antiguo de Madrid y que la presión vecinal podía
orientar esa inversión más hacia las demandas vecinales que a los intereses
económicos que también subyacían en el plan.
La posterior insistencia vecinal en
remarcar las carencias e insuficiencias del plan reivindicando la mejora y
profundización de las actuaciones para hacerlas más integrales y (¿sobre todo?)
la situación conflictiva (los problemas de "seguridad") a la que se
llegó en el verano de 1999 desembocaron en la realización del reciente Plan de
Integración Social y Educativa de Lavapiés (PISE) aprobado en diciembre de
2000.
Durante todos estos años, desde la
Red de Lavapiés hemos promovido el debate y la crítica al Plan de
Rehabilitación con asambleas, movilizaciones, actos públicos, etc., buscando
con ello la mejora del modelo de intervención, haciéndolo más social.
La situación, tras cuatro años de obras, se está
aclarando. El modelo de intervención que diseñó la administración es el que ha
prevalecido. Un modelo al que aplicamos, parafraseando al Antiguo Régimen, la
definición de despotismo castizo: en Lavapiés las administraciones
parece que hacen "todo para el barrio pero sin el barrio".
La presentación casi clandestina, sin querer contar
con la presencia crítica de los colectivos del barrio, de una de las
intervenciones estrella del plan, la del Casino de la Reina (Centro de Día,
Centro ¿Comunitario?, parque, pabellones...) es una buena prueba de ello:
después de desatender las propuestas vecinales de autogestión del espacio
comunitario, las autoridades se presentan por sorpresa y de tapadillo a mostrar
a la prensa dócil sus grandes proyectos "integradores" sin mencionar
siquiera que lo que presentaban era un lugar vacío: vacío de participación,
vacío de proyectos, vacío de contenidos... pero lleno de subvenciones a
programas semipúblicos de “acción social” con horario de oficina a entidades
domesticadas y acríticas.
Cuando conocemos los contenidos del Plan de
Intervención Social y Educativa; cuando la Investigación Acción Participativa
(IAP) (que se viene desarrollando desde hace un año por distintos colectivos
del barrio) constata el descontento de una buena parte de l@s vecin@s ante cómo se están
produciendo las intervenciones; cuando surgen las primeras movilizaciones ante
el resultado de proyectos, como el de la Plaza de Agustín Lara, hechos de
espaldas al barrio; cuando ha desaparecido un Centro Social en funcionamiento,
como era El Laboratorio, sin que a la administración le haya importado lo que
supone de pérdida de un espacio de relación, socialización y creación de
múltiples actividades para el barrio… es ahora el momento de hacer una
valoración crítica de lo que ha supuesto y va a suponer la actuación en
Lavapiés y de nuestra propia intervención como colectivos y vecin@s del barrio.
Tres han sido y son las líneas
fundamentales de nuestra crítica:
1) La carencia de una
actuación integral. La decisión misma de aprobar un Área de Rehabilitación
Preferente, en lugar de un Área de Rehabilitación Integral[1],
ya da una idea del modelo de intervención elegido por las
administraciones, pero es que incluso en las actuaciones que se contemplan, se
dejan fuera aspectos fundamentales para la regeneración del barrio.
2) La descoordinación entre
organismos y administraciones. La separación de las actuaciones en
vivienda, en infraestructuras, en asuntos sociales, en equipamientos, en
urbanismo, etc., con la dirección de distintos organismos sin prácticamente
ninguna relación entre ellos, en la mayoría de los casos incluso sin
información transversal, hace que sea imposible abordar y resolver problemas
que, como no puede ser de otra forma, se ven afectados por varios de estos
temas, además de producir un despilfarro de recursos y posibilidades.
3) La ausencia de participación
de l@s vecin@s. No se han
querido establecer mecanismos para la participación de l@s vecin@s en la construcción
del modelo de barrio que queremos. En muchos aspectos ni tan siquiera hemos
podido contar con una mínima información de en qué consistían las actuaciones,
sus plazos, su programación, su diseño, sus objetivos… Las administraciones han
manejado y manejan el término “comunitario” vaciándolo de contenido,
aplicándolo a proyectos, equipamientos y actuaciones en las que, en el mejor de
los casos, la participación de la comunidad es testimonial. Las propuestas
vecinales han sido sistemáticamente obviadas.
Ante esto, queremos analizar punto
por punto cómo se han producido las intervenciones, el grado de cumplimiento de
sus objetivos, sus carencias, sus olvidos… también sus éxitos, para poder así,
de forma razonada, marcar las diferencias con el modelo de intervención que
defendemos y, finalmente, destacar aquello que aplaudimos, denunciamos y
exigimos.
Según sus impulsores, el Área de
Rehabilitación Preferente de Lavapiés se proponía como objetivos generales,
para un plazo de cuatro años a partir de julio del 97, recuperar (“ennoblecer”)
un barrio degradado que se halla estratégicamente situado en el centro
histórico de la ciudad, respetando su carácter residencial y “rejuveneciendo”
la población. Se plantearon tres líneas fundamentales de actuación:
a)
la rehabilitación del caserío mediante la concesión de ayudas económicas de
hasta un 60% para las iniciativas privadas de rehabilitación de edificios y
viviendas, con un programa específico de erradicación de la infravivienda;
b)
la rehabilitación de las calles, infraestructuras y espacios públicos, y
c)
la creación de nuevos equipamientos para el barrio.
Una cuarta línea de actuación, los programas sociales,
nació con un presupuesto muy bajo (900 millones), dentro del cual estaba la
dotación material y personal de algunos de los equipamientos, sin ideas claras
de cuáles eran sus objetivos y sin tan siquiera saber a quién correspondía su
gestión.[2]
En líneas generales todo puede
parecer aceptable, pero para comprender el alcance del plan es necesario bajar
al detalle de su aplicación y preguntarnos: ¿es un plan integral?, ¿responde el
planteamiento de los espacios y equipamientos públicos a las necesidades y
expectativas de l@s vecin@s?,
¿en qué condiciones se conceden las ayudas a la rehabilitación?, ¿cuál es la
realidad económica de l@s vecin@s?,
¿se diseñó y se está desarrollando con su participación?
La actuación en Lavapiés -y este es el primer problema- no tiene un carácter integral, no solo porque no
aborde (o lo haga de forma incompleta) aspectos económicos, sociales,
urbanísticos o de vivienda de vital importancia para la regeneración del
barrio, sino también porque donde actúa lo hace de forma descoordinada,
separando las intervenciones por “temas” como si no hubiese relación entre
ellos y provocando, en suma, un despilfarro de recursos y posibilidades.
Los temas de vivienda (gestionados principalmente por
la EMV) necesariamente deben tener algo que ver con los sociales (gestionados
por el Área de Servicios Sociales del Ayuntamiento y la Consejería de Asuntos
Sociales de la CAM) y estos deben tener una relación directa con las
infraestructuras, equipamientos y dotaciones (gestionados por la Gerencia
Municipal de Urbanismo). El diseño de las actuaciones no se ha hecho teniendo
en cuenta estas interrelaciones; pero, además, más grave si cabe, unos
desconocen por completo lo que hacen los otros, con qué objetivos, en qué
plazos…
Durante este tiempo otro asunto
fundamental ha sido el de la participación de l@s vecin@s en el diseño y desarrollo de las obras y proyectos que se han llevado
o se están llevando a cabo en su barrio o, mejor dicho, la carencia de
participación. En estos casi cuatro años de rehabilitación, los únicos órganos
de participación que se han creado son: la Comisión Técnica de Vivienda, donde
está la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid y nadie más
(por decisión de la administración) y en la que el trabajo con los técnicos ha
sido transparente y fructífero; y la Comisión Técnica de Integración Social,
donde participan los colectivos del barrio (y de fuera del barrio) que lo
desean, aunque las decisiones son tomadas por la administración y comunicadas
incluso a la prensa sin haber oído su opinión. En el resto de “temas” no existe
ningún órgano participativo, se ha negado incluso reiteradamente la posibilidad
de celebrar reuniones informativas para explicar a l@s vecin@s las obras.[3]
Además los tiempos previstos no se han cumplido para
ninguna de las tres líneas (tan solo las obras de las calles parece que pueden
aproximarse a los plazos de ejecución) y cuatro años después seguimos con el
barrio levantado, sólo dos de las dotaciones que se plantearan son medio
visibles (Casino de la Reina y aparcamiento de Agustín Lara) y el número de
edificios rehabilitados es bajo.
En el año 97, el informe “Diagnóstico de la vivienda en
Lavapiés”, presentado por la Red de Colectivos del barrio, establecía con
claridad cuál era la situación a la que el Plan de Rehabilitación debería responder.
Centrado en el tema de la rehabilitación de edificios, el informe partía de la
fundamental consideración de los mismos como necesidad primaria que determina
el entramado social:
un 74% de los
edificios del barrio, de carácter eminentemente residencial, necesitan ser
rehabilitados en profundidad; esto significa que ¾ partes de la población
habita viviendas altamente degradadas.
Un Concurso de
Ruinas, realizado en noviembre del 98 durante las jornadas reHABI(li)TAR
LAVAPIÉS (intervenciones artísticas en espacios públicos del barrio), nos
permitió visitar cinco edificios tomados como iconos de la realidad que esa
estadística describe: forjados hundidos, puntales en las corralas, puntales en
el interior de las viviendas, infraviviendas…
Y sigue la estadística:
un 20% de las
mismas no dispone de baño o ducha, un 7% ni siquiera de retrete y el 16% son
infraviviendas (menos de 20 m² ).
Reflexionar sobre los modos de
concretar la intervención es especialmente necesario en el caso de la
rehabilitación de edificios. Ésta supone un problema complejo cuya solución
requiere VOLUNTAD para acometerla y CAPACIDAD ECONÓMICA para realizarla y ambas
condiciones raramente se dan juntas. Las cifras cantan; a noviembre de 2001 las
viviendas y edificios rehabilitados no se acercan ni de lejos a la programación
prevista
Los ejes del análisis de este fracaso son múltiples: las
características de la propiedad, la desocupación de las viviendas, la edad de
los ocupantes, la precariedad laboral, social, económica…, la circunstancia
misma del Plan de Rehabilitación (sus exigencias, la normativa aplicable…), la
infinita burocracia en la gestión que se produce en demasiados casos, la
entrada “a saco” de pequeños “inversores” e inmobiliarias en el barrio, etc.
Factores que debían haber sido previstos con un estudio que analizara el tipo
de población y el régimen de propiedad que había en el barrio. Merece la pena
analizar algunas de estas causas y ver por qué se han producido:
Hay que recordar que en el marco del Área de
Rehabilitación Preferente de Lavapiés la iniciativa ha de venir en primera
instancia de el/los propietarios (y, asimismo, que buena parte de la gente del
barrio vive de alquiler).
El negocio de expulsar a l@s inquilin@s
En el caso de la propiedad vertical (edificios de
viviendas en alquiler que pertenecen a un propietario) esa iniciativa no se
produce prácticamente nunca. Para el propietario resulta más atractivo poner el
edificio en el mercado inmobiliario, aunque para conseguirlo se tenga que
recorrer un largo camino –deshacerse de los inquilinos–. Esta suerte han
corrido numerosos edificios en el barrio que nunca han sido reparados, en
última instancia con la intención de forzar un expediente de ruina y desalojo.
En estos edificios se puede decir que el fracaso del Plan de Rehabilitación es
prácticamente absoluto.
En estos cuatro años no se ha dictado ni una sola Orden
de Rehabilitación, no se ha iniciado ningún Expediente de Expropiación por
incumplimiento de los deberes de conservación y rehabilitación, no se ha hecho
ejecutiva ni una sola de las millonarias sanciones y deudas (de hasta 50
millones) que estos caseros especuladores tienen pendientes con el
Ayuntamiento, no se realizan ejecuciones sustitutorias de obras de reparación…
Y, mientras, vecinos y vecinas siguen viviendo en edificios apuntalados e
infrahumanos, con la constante amenaza de quedarse sin vivienda y viendo pasar
por delante miles de millones destinados a rehabilitar su barrio… pero no sus
casas. Es un hecho que la administración ha olvidado la función social de la
propiedad y su responsabilidad en preservarla.
La situación de las comunidades de propietarios es
distinta. El propietario que reside en su vivienda está muy interesado en
rehabilitar, pero es necesario el acuerdo de la comunidad para iniciar el
proceso y solicitar las ayudas. Muchos vecinos y vecinas son ancianos con
pensiones ínfimas, personas solas o familias de economía muy débil o en paro
que NO por casualidad habitan infraviviendas. Dadas las desigualdades
económicas (algun@s vecin@s tienen
cierta capacidad de endeudamiento), el acuerdo solo llega in extremis,
con decretos de ejecución de obras de la Gerencia Municipal de Urbanismo o ante
la amenaza de la ITE (Inspección Técnica de Edificios) y asociado en algunos
casos a situaciones dramáticas (quien no paga las derramas puede perder su
vivienda).
La
rehabilitación de un edificio medio en Lavapiés viene costando 35 o 40 millones
de pesetas, en algunos casos mucho más. Las ayudas que se conceden son muy
importantes, pero para acceder a ellas la propiedad debe aportar un fondo
previo del 30% que hay que reunir de golpe. Una familia con ingresos de 385.000
ptas/mes puede recibir una subvención de hasta el 50%; con ingresos de 245.000
ptas/mes, hasta el 60%: exactamente lo mismo que las que cobran las 62.455
ptas/mes de las pensiones mínimas… o incluso nada. Las repetidamente prometidas
ayudas de hasta el 100% para familias con bajos recursos no han llegado a
Lavapiés. ¿Son estas unas ayudas progresivas? ¿Facilitan las intervenciones?
Cruzando estas
reflexiones se comprende el FRACASO del Plan de Rehabilitación en el tema de la
vivienda en estos cuatro años.
Y aun así, si alguien ha cumplido las expectativas en el Área de Rehabilitación son l@s vecin@s. Según cifras de la Entidad Gestora a junio de 2001, habían realizado informes técnicos, por solicitud de l@s vecin@s, en 477 edificios y 848 viviendas. De ellos, tan solo habían obtenido la calificación provisional o definitiva 127 edificios (el 26.6%) y 298 viviendas (el 35.1%). ¿Tendrá algo que ver en estas cifras, además de los problemas mencionados, la burocracia administrativa? (Conocemos algunos casos de edificios y viviendas que tienen entregada la solicitud de ayudas y de licencia desde el 98, sin haber recibido hasta el momento la calificación definitiva).
De igual
forma, la administración invirtió en rehabilitación de viviendas y edificios
1.505 millones de los 4.237 que tenía previsto gastar a finales de 2001 (el
35.5%), mientras los privados, (l@s vecin@s) habían
invertido 4.061 millones de los 4.894 previstos (el 83 %). De nuevo l@s vecin@s están muy
por delante.
Por último dos datos oficiales que resultan también
sorprendentes: 2.779 viviendas han sido subvencionadas hasta junio de 2001
sobre una previsión de 4.000 para diciembre de 2001. Si este dato fuese
correcto, en tres años y medio habría obtenido subvención el 69% de las
viviendas previstas, cuando la tenía que haber recibido el 83%, pero es que
además estas cifras no concuerdan con las anteriores, también oficiales. No
sabemos cómo se adecua esta cifra con la demoledora de tan solo 23 edificios
con la rehabilitación finalizada en junio de 2.001, el 4.8% de los 477 que han
solicitado informe técnico. Las cifras no solo cantan, también bailan.
¿Por qué esta
situación si el dinero está ahí y evidentemente los técnicos de la
administración esperan repartirlo? Como se ha visto, dos son los obstáculos
principalmente: voluntad y capacidad.
Cada uno de ellos requiere un tipo de solución, algunas
ya las hemos apuntado, pero es necesaria la VOLUNTAD POLÍTICA de poner en
práctica un modelo que no sea excluyente, es decir, que no suponga de facto
el desplazamiento forzoso (expulsión) y desarraigo de l@s vecin@s
económicamente más débiles. ¿Es necesario insistir en que una vivienda digna es
la base insustituible de cualquier intento de estructuración social?
Enfatizamos la voluntad política porque existen los
instrumentos legales para intervenir[4]
(ya los hemos mencionado) y si no se utilizan es porque no existe dicha
voluntad… o los intereses son otros.
Del mismo modo es necesaria una adecuación de la
normativa que rige la concesión de ayudas a la realidad económica de los
aspirantes, reformando la base legal de ésta si es preciso, considerando
individualmente los casos y regulando porcentualmente la cuantía de las ayudas
en función de la necesidad. (Desgraciadamente parece que la tendencia es la
opuesta. Véase al respecto el Decreto 11/2001 de 25 de enero, por el que se
regula la financiación cualificada a actividades protegidas en materia de
vivienda para el periodo 2001-2004 de la Comunidad de Madrid).
La infravivienda
subsiste... la especulación también
Capítulo aparte merece el Programa de Erradicación de la
Infravivienda. Lo que en el 97 se recibió como un logro vecinal, que por
primera vez en Madrid la administración se planteara intervenir en este tema,
resultó ser tan solo una declaración de intenciones con una absoluta carencia
de programación, falta de presupuestos, estudios incompletos… En estos años la
Comisión Técnica de Vivienda, (uno de los pocos órganos en los que existe
alguna participación de l@s vecin@s) ha tenido
que construir un modelo de intervención, ha tenido que conseguir que se
aprobaran presupuestos específicos, incluso ha tenido que elaborar una
normativa que no ha estado lista hasta diciembre de 1999. Y, mientras, l@s vecin@s esperando y
viendo cómo la cosa era “vendida” convenientemente por los políticos.
Según las administraciones, en el Área de Rehabilitación
Preferente de Lavapiés tienen que ser eliminadas 894 infraviviendas (aunque se
reconoce la existencia de más de 2.000), lo que supone el realojo en viviendas
públicas de las personas que las habitan. En estos cuatro años han sido
comprados (a precio de mercado) 11 edificios (lo que supone aproximadamente 100
viviendas), ninguno de los cuales está listo para ser habitado, en la mayoría
ni se han iniciado las obras y cinco de ellos (los adquiridos por la Comunidad
de Madrid) son para realojos temporales. En todo este tiempo, por tanto, no ha
sido realojada ni una sola familia y l@s vecin@s empiezan a
estar cansados de promesas.
Si se mantienen estos índices, y considerando que el 40%
de l@s vecin@s estuviesen dispuestos a
ser realojados fuera del barrio, se necesitaría un mínimo de doce o quince años
para contar con las viviendas necesarias en Lavapiés (compradas) y ni nos
atrevemos a estimar los plazos en los que estarían listas para ser habitadas.
La otra alternativa, producir realojos masivos fuera del barrio, ni nos parece
admisible ni sería asumida por las personas afectadas. Y, mientras, sigue
habiendo cientos de viviendas vacías (1 de cada 3 según datos municipales) y
edificios arruinados con los que se está produciendo una feroz especulación
consentida (y en cierto modo alentada) por el Ayuntamiento. ¿Voluntad política?
Sobran comentarios.
Este es el capítulo en el que la actuación se aproxima
más a los tiempos establecidos y, sin embargo, se aleja enormemente de lo que
debería ser un modelo de intervención en un barrio.
No ha existido participación de l@s vecin@s ni en su
diseño ni en su desarrollo. La Gerencia Municipal de Urbanismo se ha negado
reiteradamente a realizar asambleas informativas para explicarles en qué
consistían las obras, sus plazos, sus características… (mucho menos ha querido
consultarles sobre lo que opinaban de las actuaciones, si querían más bancos,
alguna fuente[5]… y mucho
menos establecer un método mediante el cual pudieran participar en la
construcción de su barrio).
L@s vecin@s han visto
aparecer y desaparecer las máquinas en su calle sin estar avisados, han tenido
que soportar obras que, aun siendo necesarias, han sido largas, sucias, en
muchos casos peligrosas, en demasiadas ocasiones incontroladas… Los
comerciantes han sufrido la bajada de sus negocios sin poder opinar cuáles eran
los mejores tiempos (o los menos dañinos). En definitiva, el Ayuntamiento ha
actuado como si Lavapiés fuese su cortijo y l@s vecin@s sus
lacayos.
En cuanto a los aparcamientos para residentes –polémicos
para los que piensan a pie–, de los cuatro previstos en Ministriles,
Cabestreros, Casino de la Reina y Agustín Lara, tan solo este último ha sido
iniciado y, aunque debería haber sido ya inaugurado, retrasos en la obra y
protestas vecinales ante la sorpresa y el malestar que ha provocado el diseño
lleno de obstáculos de la plaza, han hecho que no vaya a estar listo hasta
dentro de dos o tres meses. Una muestra más de despilfarro de recursos por no
contar con l@s vecin@s.
De los cuatro grandes espacios públicos existentes en el
Área de Rehabilitación, la Plaza de Lavapiés ha sido rehabilitada con una
solución que ha mejorado sustancialmente la confortabilidad de un espacio
bastante difícil (tanto es así que se ha convertido, desgraciadamente, en zona
de “botellón”, con el consentimiento de la administración y generando
innumerables molestias y ruidos para los vecinos), el Parque del Casino de la
Reina ha sido ejecutado aproximadamente en su tercera parte, que aún no se
puede utlizar, el Parque de Cabestreros ni se ha iniciado (está supeditado a la
construcción de un aparcamiento, por lo que todavía faltan años para verlo
terminado) y ya hemos hablado de la Plaza de Agustín Lara.
Por último, una grave carencia, de nuevo, nos hace
resaltar la falta de integralidad de este Plan. No existe ninguna actuación en
la movilidad del barrio, no se ha estudiado el tráfico de vehículos, no se han
previsto itinerarios peatonales, no se han limitado los tráficos de paso… El
ganar espacio en la calle enterrando coches aparcados está bien (y le da sus
buenos beneficios a las constructoras al tiempo que se compensa con la venta de plazas la inversión
pública...), pero no es suficiente. Hablar de calles residenciales con límite
de velocidad para los vehículos, uso compartido o tráfico templado no es otra
cosa que mostrar una supuesta voluntad que nunca se convierte en real, solo
hace falta darse un paseo por las calles que han sido terminadas para ver cómo
circulan los coches y con quién comparten la calzada: ningún vecino osa
disputarles el espacio si aprecia su integridad física. El caos que supone la
carga y descarga o el ruido ni tan siquiera han sido contemplados. El coche, y
más con los nuevos aparcamientos, sigue siendo el dueño de la actividad del
barrio.
Todos estos
temas y muchos otros son fundamentales para la recuperación del espacio público
(e incluso privado) para l@s vecin@s y la
posibilidad de su uso y disfrute. No basta con operaciones en las que se pongan
más o menos bonitas y aseadas las calles si luego resultan agresivas.
En este tema, como en el anterior, la tan cacareada
participación ciudadana ha sido nula. Desde el primer momento la administración
ha decidido qué era lo que necesitaban l@s vecin@s y qué no, cuáles eran los objetivos, con qué criterios y con qué
intenciones se daba destino a los edificios, si interesaba más atender a la
población residente o buscar la llegada de “parejas jóvenes con mayor poder
adquisitivo”…
Las dotaciones previstas y su grado de ejecución actual es el siguiente:
¾ Eliminación del Colegio Público Santa María y
construcción de un nuevo colegio en la calle Doctor Fourquet. Después de tenerlo previsto y presupuestado, el
Ayuntamiento fue informado por el Ministerio de Educación de que en el
pretendido solar no cabía un colegio que cumpliese los mínimos establecidos por
la LOGSE. Su primera intención entonces fue eliminar el colegio y repartir a l@s niñ@s en otros fuera del barrio. Tras movilizaciones de
los padres y madres de los alumnos se consiguió que se estudiara la posibilidad
de crear el nuevo colegio dentro del recinto del Instituto Cervantes, para lo
que deberá ser modificado el Plan General. En la actualidad el colegio Santa
María se encuentra en bastante malas condiciones, creemos que no se han
iniciado los trámites de modificación del Plan General y no se tiene previsto
el inicio de las obras.
¾ Sustitución de la Sala Olimpia. Se pretende sustituir el teatro que estaba
funcionando por otro nuevo y con mejores condiciones e infraestructuras. Parece
que la programación sería del mismo tipo que la que tenía. En la actualidad ha
sido ya derribado el antiguo edificio pero no han sido iniciadas las obras.
¾ Creación de un Centro Asociado de la UNED y una
biblioteca en las Ruinas de las Escuelas Pías y el solar del antiguo Teatro
Lavapiés. Parece que la biblioteca
va a ser pública, aunque esté gestionada por la UNED y que en el aulario va a
existir una sala “multiusos” en la que tendrán cabida actividades del barrio
(todo esto ha sido contado por los técnicos de Gerencia, pero no ha habido
contactos oficiales ni con el ayuntamiento ni con la universidad). Las obras no
han sido comenzadas.
¾ Centro ¿Comunitario? del Casino de la Reina. Pretendidamente quiere ser un espacio en el que
tengan cabida tanto los profesionales que trabajan en temas sociales de
Ayuntamiento y Comunidad de Madrid como los colectivos, asociaciones y vecin@s del barrio. Desde hace más de dos años, en que se tuvieron algunas
reuniones que terminaron con un absoluto desprecio a las propuestas realizadas
por la absoluta mayoría de organizaciones sociales de Lavapiés, no se volvieron
a mantener contactos hasta hace poco y estos de forma individualizada. En otra
parte de este documento se analiza con más detalle cómo se produjo este
proceso. En la actualidad está rehabilitado y ha sido presentado (¿?) en una
operación relámpago por parte de los próceres de la administración, que no se
han atrevido a convocar a los colectivos y vecin@s del
barrio... no fuera que se les diijera lo que pensamos.
¾ Pabellones del Parque del Casino de la Reina. Ambos se
encuentran rehabilitados. Uno de ellos, el más cercano a la puerta principal
del parque, será un café. El otro ya ha sido adjudicado a Cruz Roja Española
(primera organización que consigue un local en Lavapiés a costa de presupuestos
del Plan de Rehabilitación) para la instalación de algo que tiene que ver con
los niños (¿?).
¾ Pistas deportivas del Casino de la Reina. Empezó
siendo un proyecto para construir un polideportivo en la planta alta del
Mercado de San Fernando. Después se traslado su ubicación al Casino de la Reina
y se convirtió en una piscina cubierta. Finalmente parece que van a ser unas
pistas deportivas que formarán parte del parque. Aunque el CSO El Laboratorio
fue desalojado de la calle Embajadores “por la necesidad de iniciar las
obras”, estas no han sido aún comenzadas.
¾ Centro de Día del Casino de la Reina. Previsto para dar servicio a mayores que precisen
rehabilitación y terapia ocupacional, ya ha sido construido e inaugurado (en la
operación relámpago). En ningún momento se ha contado con los colectivos de
mayores para su diseño.
¾ Centro Comunitario de la calle Ave María. Aunque
no estaba previsto en principio, la adquisición de un edificio de vivienda por
la Gerencia Municipal de Urbanismo incorporó esta dotación al Plan de
Rehabilitación. En la actualidad todavía viven vecinos y no se tiene prevista
su puesta en marcha hasta 2003.
¾ Los equipamientos del Programa de Intervención
Social y Educativa de Lavapiés. Son
dotaciones que no se tenían previstas en principio y que por tanto las
administraciones no habían considerado necesarias para la regeneración del
barrio hasta noviembre de 2000, una muestra más de su sideral distancia con la
realidad. Sospechamos que algo ha tenido que ver la constante denuncia y
reivindicación de los colectivos del barrio en que hayan sido por fin incluidas
en el Plan.
Se habla de la construcción de una escuela pública de
Educación Infantil en 2002-2003, de escuelas taller y casas de oficios en
2001-2003, de oferta de educación a personas adultas en 2002-2003, de un centro
de atención a menores y promoción de la mujer en enero de 2001 (¿?), de un
espacio de conciliación entre la vida familiar y laboral en enero de 2001 (¿?),
de plazas residenciales para mayores en 2001 y de los pisos tutelados Vázquez
de Mella en septiembre de 2001. Desconocemos la ubicación de todos estos
equipamientos (creemos que la administración también la desconoce), incluso de
los que supuestamente empezaban a funcionar en enero de este mismo año y que o
están fuera del barrio (y entonces no sabemos por qué se incluyen en el
programa) o habrá que empezar por buscar dónde se sitúan, lo que no parece
fácil cuando el equipamiento más solicitado por los vecinos, el Centro de
Salud, lleva años buscando una posible ubicación. (Por cierto, equipamiento no
incluido en el Plan de Rehabilitación).
En resumen, estos son los resultados visibles de
cuatro años de Área de Rehabilitación Preferente y algunas objeciones.
a) Se ha
renovado la práctica totalidad de las calles (y las infraestructuras de luz,
alcantarillado, agua, gas...). Pero eso se ha hecho balcanizando el
barrio durante cuatro años: calles una y otra vez abiertas, dificultades (y
peligro) para el tránsito peatonal, caos circulatorio, falta de limpieza y
conservación. Sólo hay, además, un plan de regulación del tráfico motorizado:
el realizado por la Asociación de Vecinos La Corrala. El coste de las obras
(también el económico) se ha disparado.
b) Tan solo 23 edificios han terminado la
rehabilitación, menos del 5% de los previstos y poco más del 25% han obtenido
la calificación provisional o definitiva necesaria para obtener subvenciones. Y
eso sólo entre l@s vecin@s solventes o que
pueden endeudarse para serlo. Reconocer ese dato, e incluso alegrarnos por
quien lo ha conseguido, no debe hacernos olvidar que hay muchos otr@s vecin@s que no
pueden acceder a las subvenciones y que eso les deja fuera del plan; que a otr@s sus caseros
les impiden rehabilitar (prefieren la declaración de ruina); que, por tanto -y también era previsible-, el plan no
responde a las necesidades de todo el barrio: sólo y fundamentalmente a l@s vecinos a l@s que se les
puede sacar las perras, l@s que -aunque tengan pocos recursos- pueden juntar su dinero con el dinero público para que promotores y
constructores se lleven sus buenos beneficios.
El dinero
quieto vale menos, así que otro objetivo de la rehabilitación cumplido: hacer
que el dinero de l@s que menos tienen también se ponga en
circulación para ayudar a enriquecerse a los mercaderes de la vivienda: el Plan
de Rehabilitación parece también un plan de inversión: genera riqueza...
para otros.
c) No se ha
erradicado la infravivienda. No hay un plan conocido para proceder a la
desaparición de la infravivienda. No hay un plan de realojo ni previsión de
dinero suficiente para hacerlo asegurando que se respeta la elección de l@s vecin@s (sobre todo
si quieren quedarse en Lavapiés). Ni vivienda pública adquirida ni planes de
alquileres baratos para gente (mayor o joven) con bajos ingresos. Tampoco
ningún organismo con participación vecinal para analizar los problemas y
decidir las soluciones que incluya la consulta al conjunto de personas
afectadas. De hecho, la administración trabaja en la sombra y caso por caso
para dificultar que las personas afectadas puedan exigir soluciones para tod@s. Lavapiés
42, Espino 4, Oso 21 o Amparo 27 son solo algunos ejemplos de la falta de
voluntad política existente.
d) El coste del
metro cuadrado (de suelo y construido) ha aumentado espectacularmente, así como
el precio de los alquileres. En algunos casos, en dos años casi se ha
triplicado y se pueden encontrar ejemplos en que ronda las 500.000 ptas/m2
en viviendas monoparentales (estudios y apartamentos, antiguas viviendas
modestas convertidas en viviendas de lujo). Así se "ennoblece"
Lavapiés: haciendo un filtro económico para que sólo los que tienen más
recursos se queden o vengan.
e) Está terminado
el primer macroaparcamiento subterráneo, con quejas vecinales sobre el agreste
diseño de su superficie. Asimismo, está inaugurado pero sin uso el Parque del
Casino de la Reina y sus equipamientos, entre ellos el Centro ¿Comunitario?[6]
Para el diseño del nuevo centro de Casino no se han atendido los proyectos
presentados por la Red de Lavapiés, basados en la autogestión del espacio por l@s vecin@s y un modelo
de participación abierto y comunitario. El proyecto de la administración es más
de lo mismo: gestión burocrática, despilfarro de recursos (incluida la
seguridad privada) y privatización parcial de servicios.
f) Se han
desalojado tres edificios okupados (el primer Laboratorio, donde vivían
cuarenta personas, la primera Biblio Autogestionada, donde vivían otras quince
y el segundo Laboratorio donde vivían alrededor de 25). También se han okupado
otros edificios total o parcialmente vacíos, el de Amparo, 21 (que la EMV
mantiene, aunque semiabandonado, en propiedad), el de Abades, 3 (con promesa de
expropiación, semirruinoso y con inquilinos que aún viven entre puntales y
grietas) y el de Cabeza, 20 (comprado por la Comunidad de Madrid). La
administración se niega a emprender ninguna iniciativa para regularizar estos
casos que no hacen sino destapar el abandono que en materia de vivienda
seguimos sufriendo, como se niega a dar soluciones a otros casos de vecin@s que sufren
procesos especulativos (como la ruina progresiva y forzada de Sombrerete 3,
Calvario 6, Cabestreros 18 y otras...). Un número indeterminado (porque el
silencio rodea todos estos casos) de vecin@s ha sufrido
también desahucios sin que se haya tenido en cuenta la situación económica que
los ha conducido al impago de deudas o hipotecas o a poseer irregularmente el
piso...
g) Otras
dotaciones duermen el sueño de los justos, a pesar de su urgencia y de la
demanda vecinal que ya dura años: el nuevo Centro de Salud, el Ambulatorio, las
plazas públicas de educación infantil, los centros deportivos o recreativos...
De ellos, a pesar de los parches que se prevén a través del Programa de
Intervención Social y Educativa de Lavapiés (ver más adelante), no se conocen
todavía planes concretos porque no se tiene en cuenta a los colectivos
vecinales para realizarlos ni para informarlos.
Hay, en
cualquier caso, otro objetivo que también se está cumpliendo: que la población
del barrio sea la adecuada al nuevo carácter que se quiere dar a Lavapiés. Para
conseguirlo sólo ha hecho falta inyectar el dinero suficiente para activar el
mercado. Este ha hecho todo lo demás. Y, claro, el mercado no entiende de lo
que se queda fuera, de aquell@s de quienes no obtiene
beneficios: inquilin@s que no pueden pagar los
nuevos precios, buscadores de vivienda en propiedad que no tienen dinero
suficiente, gentes con malos o regulares trabajos y malas o peores cuentas
corrientes. El mercado coloca a cada cual en su sitio. Lavapiés será mejor...
para los que vengan.
Y lo peor es
que no hemos podido o sabido remediarlo: tod@s conocemos a
gente cuyos problemas de trabajo, de dinero, de vivienda no se pueden
solucionar con esta rehabilitación. Tod@s conocemos a gente
que se ha ido o tendrá que irse del barrio. Tod@s conocemos a
gente que no quiere que éste se convierta en un barrio residencial y turístico,
sino que le gustaría proyectar un barrio que mantuviera sus signos de comunidad
abierta y participativa perdiendo a la vez sus características de barrio
empobrecido. Éste debería ser el objetivo de la rehabilitación: que no haya
casas ruinosas, que la gente tenga recursos suficientes para vivir a gusto, que
el barrio sea habitable, que las casas y las calles sean habitables... y que
nadie tenga que irse si no quiere, que los alquileres sean baratos, que haya
espacios suficientes para vivir y socializar, espacios de cooperación e
intercambio y participación.
Pero eso no
figura en los planes de la administración. La administración no dice cuánta
gente vive en los umbrales de la pobreza ni propone solucionarlo. No dice
cuánta gente vive en condiciones precarias (respecto a la casa, al trabajo, a
la formación, al disfrute del ocio y de la salud) ni propone solucionarlo. La
administración hace planes como ella misma decide y para quien ella misma
decide. Y lo demás no es que no le importe: es que le sobra. Y la
rehabilitación, además de servir para cambiar calles, arreglar casas también
(¿sobre todo?) sirve para eso: para expulsar a la gente que sobra.
Es
precisamente por esta causa por la que, sin olvidar las cuestiones de vivienda,
llevamos trabajando la crítica de la rehabilitación dando la mayor importancia
a la intervención social. Es por lo que hemos hecho las propuestas de que sea
desde el barrio desde donde se gestionen los equipamientos y también se
solucionen los conflictos... o al menos que se busquen las soluciones. Nadie
desde un despacho puede pretender conocer los problemas e intervenir sobre
ellos: de hecho ni siquiera los colectivos sociales del barrio podemos
pretenderlo. Por eso el modelo de rehabilitación, el modelo de intervención
social, es importante.
Los modelos
conocidos de los centros históricos de las grandes ciudades, hechos desde los
despachos, con abundante dinero que revierte en beneficios para promotores y
constructores, con traslados forzosos o "negociados" de la población
tradicional, dedicados más a la transformación urbanística que a las
necesidades sociales (con macroproyectos de carácter cultural que sin embargo
no son sentidos como prioritarios por parte del vecindario), sin participación
vecinal o con participación simbólica... esos modelos no nos valen. Queremos
decidir el barrio que queremos y responsabilizarnos de conseguirlo.
INTERVENCIÓN
Y PARTICIPACIÓN: "REHABILITACIÓN" SOCIAL DE LAVAPIÉS
Desde
un principio, cuando hemos hablado de rehabilitar Lavapiés hemos tratado de
hablar de rehabilitar socialmente Lavapiés. Es decir, de llevar a
cabo políticas concretas que superen el tradicional marco de precariedad,
pobreza y exclusión con el que se identifica al barrio... además del casticismo
folclórico y popular. Pero políticas que no expulsen a l@s much@s vecin@s que viven (que
vivimos) en condiciones precarias, sino que hagan que tod@s tengan los medios suficientes para disfrutar de la vida: dinero,
vivienda, salud, formación, espacios de ocio y comunicación, espacios de
participación, comunidad y cooperación.
Hacer una "rehabilitación
social" de Lavapiés implica una acción social. Y ésta necesita de una
política social. Leyes, programas, servicios (y los presupuestos necesarios)
que se establezcan para responder a las necesidades básicas de la población y
la mejora de sus condiciones de vida, que es en definitiva la mejora de la
sociedad. La acción social es una intervención organizada con esos fines y
especialmente dirigida a quienes más lo necesitan y se fundamenta en la
creencia de que las transformaciones son posibles, incluida la distribución
justa de los bienes económicos, sociales, culturales... y la superación de los
problemas de marginación y exclusión que esta sociedad genera. No disimular la
pobreza, y tratarla como algo inevitable que afecta a unos pocos excluidos, sino
repartir la riqueza.
En la acción social debemos
considerar tres niveles, y es bueno recordarlo y considerarlos por el momento
histórico y político de nuestro país.
a) A
partir de los recursos existentes, remediar o prevenir problemas sociales y dar
soluciones individuales y colectivas dentro de una intervención cooperativa,
participativa e integral que transforme las relaciones sociales del territorio
donde se actúa.
b) Una
acción profunda sobre la sociedad, que vaya al origen de los problemas, para conseguir
cambios en estructuras e instituciones que abarque los aspectos políticos,
económicos, educativos, culturales, etc.
c) La
creación de un tejido social capaz de construir y sacar adelante colectivamente
sus propias alternativas.
Sin una integración de los diversos planos en las
políticas de intervención social es imposible aspirar a transformaciones
duraderas y profundas. La administración, al elegir el modelo de rehabilitación
preferente obvió esta integración, de la misma manera que obvió el papel
fundamental que la participación autónoma de los colectivos sociales y de l@s vecin@s del barrio puede jugar en el diseño de las
políticas públicas, no como un elemento consultivo o decorativo, sino como un
sujeto de definición y decisión. La oportunidad de alterar las formas de hacer
política jerárquicas, paternalistas y autoritarias se ha dejado de nuevo de
lado: lógico, teniendo en cuenta el abismo que separa nuestra cultura de la de
la administración.
Estos planos de la acción social han sido abordados
desde los colectivos de Lavapiés de diversas formas. Por un lado, hemos
intentado contribuir a la creación de un tejido social diverso, plural,
creativo y crítico, acorde con la propia diversidad del barrio y con la difícil
situación en la que viven much@s vecin@s, jóvenes, mayores, inmigrantes, madrileñ@s, mujeres,
parad@s o con trabajo, propietari@s o inquilin@s... Un tejido reivindicativo y no domesticado que
pueda influir en las políticas públicas a la vez que crear sus propios
mecanismos de cooperación y de transformación. Ese intento ha tenido su mejor
representante en la Red de colectivos de Lavapiés, de cuya actividad añadimos
un anexo al final de este documento, aunque no ha sido la única.
Por otro lado, hemos tratado de no perder de vista la
labor de la administración, reducir su despotismo con nuestra presencia en las
instituciones a las que hemos tenido acceso y proponer líneas de actuación que,
acertadas o no, permitieran abrir vías de participación y poner en marcha
proyectos y alternativas que daban soluciones a problemas del barrio. Sobre
esta actividad, a continuación abundamos un poco más.
UN DIÁLOGO IMPOSIBLE: LAS RELACIONES ENTRE L@S VECIN@S Y LA
ADMINISTRACIÓN
A lo largo de estos cuatro años, se han producido
básicamente tres intentos de acercamiento entre los colectivos operativos en el
barrio y las instancias públicas.
De esta forma, las demandas sociales de l@s vecin@s han logrado hacerse “oír”, aunque no escuchar. Las distintas
“Mesas” que nos han reunido con técnicos y políticos han resultado ser de un
mero carácter consultivo porque las decisiones han venido impuestas desde
arriba en todos casos.
Cierto es que algunas de las ideas aportadas desde los
colectivos de la Red se han incorporado a los programas presentados por los
servicios sociales del Ayuntamiento que, ahora, nos suenan a algo familiar.
Pero nos quejamos de que tales incorporaciones tienen mas bien el sentido de
una “apropiación indebida” de las propuestas que una asunción de las mismas,
dado que los proyectos concretos han resultado desvirtuados en su aspecto mas
fundamental: la participación productiva, organizativa y decisoria por parte de
los propios implicados.
La Mesa de
los 900 millones
Lavapiés es el primer barrio de Madrid que cuenta,
dentro de los Convenios del Área de Rehabilitación, con un presupuesto para el
desarrollo de programas sociales. Esto no es casual, sino la consecuencia de la
reivindicación histórica del barrio para que cualquier plan que se desarrollase
fuese integral y de la apuesta de los técnic@s
de la Empresa Municipal de la Vivienda para que esto fuese así. Es sintomático
que el día de la firma de los convenios los políticos declararan a la prensa
que estos presupuestos no existían. Ni se habían enterado.
No es sorprendente, por tanto, que esta mesa se
convocara un año y medio después de aprobarse el Área de Rehabilitación. La
reunión fue planteada por los Servicios Sociales de la Junta Municipal de
Centro y de la EMV el 21 de enero del 99.[7]
Desde el principio quedó claro que la distribución del
gasto estaba ya decidida: una parte importante del presupuesto (casi la mitad)
se iba a destinar al servicio de ayuda a domicilio y teleasistencia para
personas mayores y el resto a la construcción y dotación de un Centro de Día y
un Centro Social en el Casino de la Reina.
El debate se limitó al destino del Centro Social, la
única parte del proyecto en la que parecía que podía haber participación real
de los colectivos. Los representantes del Ayuntamiento manifestaron su voluntad
de que fuese un centro abierto, en el que tuviesen cabida tanto los
profesionales de la administración como las asociaciones.
Dada esa perspectiva, la Red se esforzó en preparar
(en tiempo “record”) un proyecto pormenorizado[8]
fruto de la colaboración que se había establecido entre los distintos
colectivos desde su constitución.
El Centro Social debía servir como eje vertebrador de
los proyectos presentados por las distintas organizaciones, para lo cual
debería estar gestionado por una entidad jurídica integrada por todas las
asociaciones colectivos y vecin@s interesad@s
en participar. Además se incluían 35 proyectos que contemplaban trabajo con
menores, formación, de trabajo comunitario y de autoproducción de recursos.
En cuanto a la localización del Centro, además del
antiguo asilo de Cigarreras que se tenía previsto y en el que se ubicarían
espacios de información, gestión y reunión, se proponía la utilización de los
pabellones del Casino de la Reina para actividades y talleres, el inmueble sito
en Casino 6 para talleres y la planta alta del Mercado de San Fernando para
espacios de socialización y actividades. En definitiva, se proponía un modelo
de Centro Social que estuviera realmente abierto al barrio, en el que l@s vecin@s pudiesen generar diariamente la actividad y
no tan solo acudir a los servicios prestados (y decididos) por la
administración y las asociaciones sumisas, un Centro participativo en lugar de
clientelar.
Posteriormente se completó el proyecto con un documento
en el que se articulaban los órganos e instancias de gobierno del Centro Social
y el modelo para su mantenimiento mediante la constitución de cooperativas en
coordinación con las diversas iniciativas de formación laboral, prelaboral y de
apoyo a la población parada del barrio
El proyecto contó con el apoyo explícito de la Mesa de
Prevención de Menores (que lo había debatido previamente) y, animados por la
receptividad “no-oficial” de los concejales de Urbanismo y Vivienda, fue
remitido a las distintas instancia municipales implicadas así como a los
partidos de la oposición que lo apoyaron sin reservas. (Lo llegaron a incluir
en sus programas electorales.)
A partir de la 3ª reunión el discurso de
los representantes municipales cambió de sesgo, cerrándose desde entonces a
cualquier diálogo sobre el centro social; con lo qué la Mesa quedó vacía de
contenido. En realidad sus planes se habían torcido, la Red había elaborado un
proyecto más interesante, más participativo y más abierto que el suyo. No fue
de su agrado la negativa a aceptar como meros comparsas el triste papel clientelar
que nos habían reservado.
En abril la Red de Lavapiés le remitió una carta a
Carmen Casasmeiro, directora de los Servicios Sociales de la Junta de Centro e
impulsora de la mesa, en la que le expresaban su decisión de no acudir a mas
reuniones mientras no se aclarasen cuáles eran los objetivos y se asumiese un
claro compromiso de cuál iba a ser la participación de l@s vecin@s y colectivos de
Lavapiés en el Centro Social. Esta carta no tuvo respuesta y nunca más se
convocó a la Red a otra reunión, con ello se desperdiciaba (y despreciaba) el
compromiso de gran parte del tejido social activo del barrio en la creación de
un equipamiento abierto y participativo en el que desarrollar un trabajo
comunitario que podría haber sido modélico.
Tenemos constancia que en estos años se han seguido
convocando reuniones con distintas asociaciones (ONGs), ajenas a la realidad
del barrio en la mayoría de los casos, de forma más o menos individual,
buscando probablemente crear una plataforma ficticia y sumisa que justifique la
presencia de asociaciones en el Centro Comunitario, pero no ha sido hasta hace
poco que nuevamente se ha empezado a convocar a l@s
vecin@s y colectivos de Lavapiés para intentar
“negociar” su entrada en el Centro (¿se habrán dado cuenta de que sin l@s vecin@s el proyecto se
desmorona?).
Mesa social y policial
para abordar los conflictos del barrio
La segunda ocasión vino dada por la fractura que se
abrió entre algunas comunidades dentro del barrio, como consecuencia de un
problema de seguridad producido por un grupo de menores magrebíes, en situación
de abandono y adictos al pegamento, que paraban en la plaza de Cabestreros.
Irónicamente las opiniones de la policía y los colectivos
de la Red respecto al conflicto confluían: sólo desde políticas sociales se
podían conseguir resultados (reunión con la Jefatura General de Policía el día
7 de junio de 1999).
Así mismo tuvimos una nueva oportunidad de comprobar
la ceguera y la testarudez de los responsables de las políticas sociales; pero
vayamos por partes.
A raíz de la citada reunión y a petición de la otra
parte, los colectivos de la Red propusieron la convocatoria de una mesa en la
que estuvieran presentes responsables políticos de las distintas
administraciones y los colectivos de Lavapiés, para abordar el problema de un
modo integral; revisando los aspectos sociales, educativos, laborales,
sanitarios y de vivienda, que son causa en gran medida de los problemas de
marginalidad y exclusión social que estaban provocando conflictos de seguridad
(carta al Inspector Regional de Servicios de la Jefatura General de Policía de
1 de julio de 1999). Por su parte los colectivos de la Red se comprometían a
seguir interviniendo en el barrio como interlocutores entre las distintas
comunidades que lo habitan y a acentuar más, en la medida de lo posible, el
trabajo con los menores desarraigados en situaciones de delincuencia o
predelincuencia.
Como consecuencia de esta propuesta, la Delegación de
Gobierno propició el 14 de julio de 1999 una reunión en la sede del Defensor
del Menor.[9]
En la reunión, tanto la Delegación de Gobierno como los colectivos sociales se
reafirmaron en que la carencia de políticas de intervención social, por parte
de Ayuntamiento y Comunidad de Madrid, habían sido determinantes en la
gestación de esta situación. Estos últimos, en su ceguera, entendían que era
una situación principalmente policial. La policía anunció mayor presencia en el
barrio, siendo conscientes que con ello no se iba a resolver el problema de
fondo.
El 5 de mayo de 2000 se mantuvo una nueva reunión en
la Delegación del Gobierno. En ella, la consejera de Servicios Sociales,
perseverando en su línea de “hacer la guerra por su cuenta”, presentó un
paquete de medidas confeccionado con arreglo a sus propias ideas. De entre
ellas, cabe destacar su propuesta para segregar el modelo actual de la mesa en
dos: la Comisión de Seguridad y la Comisión Técnica de Integración Social.
La Delegación de Gobierno consideraba mejor mantener
el formato de la mesa que estaba establecida, sin separar los temas de
seguridad de los sociales y anunció un incremento de la dotación policial y la
puesta en marcha de las pruebas preconstituidas.
Diversos colectivos se mostraron partidarios de
separar los temas de seguridad de los sociales. También denunciaron la falta
mecanismos para la participación, actuaciones policiales que criminalizaban a
los inmigrantes, la deportación ilegal de menores…
La presidenta del Instituto del Menor y la Familia
comentó que la política de “reagrupación familiar” era prioritaria y que no
admitía debate, contando con el único apoyo del Movimiento Contra la
Intolerancia que pidió incluso la deportación de los menores delincuentes.
A
partir de ese momento, los temas de seguridad se tratarían en los Consejos
Locales de Seguridad y los sociales en la Comisión de Integración Social.
El 9 de mayo de 2000 se reunió por primera vez la
Comisión de Integración Social de Lavapiés[10]
en el local de PAIDEIA. De esta forma, la administración asumía una
reivindicación histórica de l@s vecin@s y
colectivos de Lavapiés, la necesidad de una política social que abordase los
numerosos problemas existentes, contando para ello con los colectivos
organizados. También se reconocía implícitamente una denuncia reiterada por la
Red, que el Plan de Rehabilitación de Lavapiés no era integral, al carecer de
auténticos programas sociales, educativos, económicos…
En esta primera reunión constitutiva se debatió sobre
el alcance de la Comisión, existiendo discrepancias entre la administración,
que defendía que puesto que su creación era como consecuencia de unos problemas
de seguridad concretos, debería trabajar solo para la integración de los
inmigrantes y especialmente con los menores delincuentes y sin coordinación con
otros responsables de vivienda, urbanismo, equipamientos, etc. y los colectivos
de la Red, que defendían que debería trabajar para todos los vecinos y de forma
coordinada. También plantearon la necesidad de que participaran otros
colectivos que no habían sido invitados, a lo que la administración respondió
que la Comisión estaba abierta a todo el mundo, si bien por razones prácticas
creían mejor que entre los distintos grupos se nombrasen tres representantes
del tejido social. (Esto no pudo hacerse nunca por oponerse radicalmente el
Movimiento Contra la Intolerancia, en contra de la opinión del resto de
colectivos).
La siguiente reunión se mantuvo el 16 de mayo de 2000
en los Servicios Sociales de la Junta de Centro. En ella se presentaron
informes analizando la situación y los recursos existentes en temas sociales y
educativos, que eran de todo el distrito y no del barrio de Lavapiés y carecían
de la profundidad y el rigor necesarios, lo que fue admitido por la
administración. Se quedó en que l@s técnic@s de las distintas administraciones se encargarían de
mejorar estos informes y preparar una propuesta de programa de intervención
para su estudio y debate por todos los participantes.
La tercera convocatoria fue en julio. No habiendo
cumplido el compromiso de remitir con quince días de anterioridad el borrador
de programa de intervención, los colectivos se presentaron sin poderlo haber
estudiado y debatido, por lo que no se pudieron llevar propuestas concretas. En
cualquier caso el programa partía de un análisis de la situación bastante más
ajustado a la realidad, para llegar a una declaración de intenciones con mucha
literatura y medidas sin definición práctica, adoleciendo de auténticas
políticas estructurales.
En esta reunión, (y en alguna de las anteriores), se
volvió a sacar el tema del Centro Social, ya que el programa insistía en hablar
de que en él habría espacios comunes en los que llevar a cabo actuaciones
integrales, contando con el trabajo, esfuerzo e ideas de todos los agentes
sociales actuantes, institucionales o no, fomentando el respeto y el
reconocimiento entre ellos. La respuesta de los Servicios Sociales de la Junta
de Centro fue la de siempre: ¡no es el momento, … tenemos en cuenta el
proyecto de la Red, … ya hablaremos de esto…¡.
Se quedó en que los colectivos presentarían por
escrito sus propuestas al programa y que l@s
técnic@s de la administración seguirían
trabajando en el mismo para mejorarlo y detallarlo.
La última reunión hasta la fecha de la Comisión se
mantuvo el 13 de diciembre de 2000 en la Consejería de Asuntos Sociales (se va
alejando del barrio…en más de un sentido), y no fue tal, sino una presentación
pública con rueda de prensa y audiovisual incluido de “su Programa de
Intervención Social y Educativa en Lavapiés”.
Si bien en esta ocasión sí se cumplió el compromiso
de remitir el documento a los colectivos con anterioridad, cuando estos se
presentaron dispuestos a debatir, hacer propuestas, criticar algunos aspectos y
aplaudir otros, resolver dudas, etc., se encontraron con que el programa ya
estaba aprobado y presupuestado, sin posibilidad de modificación y sin tan
siquiera poder opinar sobre él hasta que ya había sido convenientemente
“vendido” a los medios de comunicación. Y lo más triste es que para la
administración el proceso había sido un modelo de participación, así lo
dijeron, ¿lo creerán de verdad? La respuesta de algunos colectivos, los menos
dependientes, fue: “es vuestro Programa, vuestra responsabilidad y será vuestro
triunfo o vuestro fracaso, pero no digáis que se ha elaborado con nuestra
participación”. Otros empezaron a interesarse exclusivamente por las
subvenciones.
EL
PROGRAMA DE INTERVENCIÓN SOCIAL Y EDUCATIVA[11]
(PISE) EN LAVAPIÉS
Así pues, este programa surgió de la respuesta a una
fractura que se estaba produciendo en el barrio entre diversos grupos y
comunidades y de los posteriores contactos con colectivos del barrio, no de un
análisis que estableciera una necesidad de conjunto de intervenir respondiendo
a necesidades sociales que se hubieran detectado tanto desde las
administraciones como desde l@s vecin@s del barrio. Tampoco, por tanto, se tuvo en cuenta para su diseño a los
colectivos que habían participado en las fases previas del proceso.
El PISE, con una importante previsión presupuestaria
(aunque más adelante se comentará algo al respecto) ha sido desde un principio
criticado por algunos colectivos de Lavapiés. Otros, de fuera y de dentro del
barrio, se han prestado rápidamente a presentar proyectos que recibieran
subvenciones sin aportar públicamente ningún tipo de reflexión crítica...
Por nuestra parte, no podemos mirar
el programa sin esa perspectiva crítica, basada en que cualquier intervención
en el barrio debería tener un carácter coordinado e integral y partir de un
diagnóstico profundo y compartido con el vecindario y de una actuación
participativa y horizontal entre instituciones y vecin@s.
El PISE se corresponde con un modelo
asistencialista que parte de una oferta de servicios que más que responder a
necesidades generan demandas. Y el repertorio de respuestas posibles a esas
demandas viene ya predeterminado por las actuaciones previstas: cualquier
necesidad que salga de esas actuaciones no será considerada.
Se trata de determinar que existen
situaciones de emergencia y que solo a estas deben responder las políticas
públicas, en vez de planear una respuesta global a las necesidades sociales,
económicas, culturales, sanitarias, educativas... de la población del barrio
que busque una transformación duradera y positiva de las condiciones de vida de
l@s vecin@s de Lavapiés.
Sobre
el diagnóstico
Existen muchas posibilidades para el
estudio de la población de un territorio sobre el que se quiere intervenir.
Había muchas posibilidades para hacer el diagnóstico de Lavapiés para proyectar
el Programa de Intervención. La que se ha elegido responde a una rápida
improvisación derivada de la imprevisión anterior, del desconocimiento de que
sin una intensa intervención social la rehabilitación está destinada al
fracaso. Responde asimismo a que el origen del programa no es un análisis
social de Lavapiés, sino la fractura comentada más arriba.
Por tanto, adolece de un problema de
origen: se centra en la hipótesis de que el sujeto preferente de intervención
es la población inmigrante de Lavapiés. Los problemas de exclusión social, sin
embargo, no tienen que ver con el origen del afectado, sino con situaciones
sociales, económicas, laborales, etc.[12] Articular programas de intervención para un
colectivo determinado, cuando otros sufren problemáticas similares, en lugar de
contribuir a su integración puede fomentar la xenofobia y los recelos entre
comunidades.
En el PISE el diagnóstico se ha
basado en estadísticas de población del barrio de Embajadores[13]
y en los recursos tanto de la administración local como de la autonómica
(servicios sociales, educación, cultura, sanidad... en el Distrito Centro) y de
las entidades de la llamada "iniciativa social". A partir de estos
datos, sin un trabajo de investigación social ni participación ciudadana, se
realiza una lista de problemas prioritarios del barrio: sobreenvejecimiento,
necesidad de acogida y fomento de la participación comunitaria de los
inmigrantes residentes, adecuación de los recursos escolares a la llamada
multiculturalidad, atención a los hijos de familias (de madres) que trabajan
fuera del hogar, capacitación e inserción laboral de los jóvenes, dificultades
de alojamiento relacionadas con la rehabilitación y la erradicación de la
infravivienda, necesidad de "reciclaje" de los profesionales de los
distintos ámbitos (social, educativo, sanitario, policial...) en relación a la
nueva realidad del barrio.
Lo cierto es que hay cosas tan
obvias que en algunas aciertan (también es cierto que algo les hemos soplado
algunos colectivos del barrio). Pero llama la atención que el diagnóstico no
parta de un trabajo específico de investigación y consulta en Lavapiés, sino de
estadísticas y cuadros del barrio de Embajadores y del distrito Centro. Así que
no es raro que otros datos no se tengan en cuenta, quizá porque se desconocen:
la población no censada, personas que no tienen papeles, condiciones de vida y
condiciones de habitabilidad de las viviendas, hacinamiento, personas con bajos
recursos, las que reciben algún tipo de subsidio o prestación social, las que
carecen de formación (en cualquier idioma y en castellano), las que no tienen
empleo y las que no tienen recursos económicos estables, personas que viven
solas, viviendas vacías, amenazas de desahucio... Datos que, cruzados, darían
una visión más aproximada de Lavapiés y de sus necesidades sociales y
educativas, pero que quizá no servirían para justificar el PISE. Los problemas
de vivenda, sanitarios, laborales, económicos, educativos, urbanísticos, etc.,
son los que están provocando que haya vecin@s en graves
situaciones... y que algunos, los menos, recurran a la violencia, al trapicheo,
a los pequeños delitos económicos (por otro lado, como siempre), mientras que
otr@s lo sufren en soledad y aislamiento.
Sobre
el modelo de intervención
Las soluciones pasan por el desarrollo de políticas
estructurales, integrales. Los programas desarrollados por asociaciones y
vecinos, siendo absolutamente necesarios para crear tejido social, para acercar
al vecino a los recursos existentes, para sensibilizar, reivindicar, etc., son
solo una pequeña parte de las actuaciones necesarias. El mejor panorama posible
que nos podemos imaginar es aquel en el que no fuese necesario que las
asociaciones y colectivos prestásemos servicios no cubiertos por la
administración, la mayoría de las veces además con carencias presupuestarias,
de local, con voluntariado y no en las mejores condiciones. Para nosotr@s es evidente que la responsabilidad está en manos de
las Administraciones y estas no pueden delegarla en las organizaciones
sociales, cuyo principal cometido debe ser participar en la elaboración de las
políticas para después colaborar en su desarrollo, nunca sustituir la
intervención pública.
En
Lavapiés, un barrio donde las necesidades son multidimensionales, se tendría
que partir de una acción social integral e integradora.
Una acción integral debe contemplar
y agrupar las distintas áreas de intervención (vivienda, empleo, educación,
salud, protección social...). Ese es precisamente el gran problema del Programa
de Intervención Social y Educativa en Lavapiés: que no es un programa integral,
que se produce sin una coincidencia de objetivos con el Plan de Rehabilitación
y que no tiene en cuenta los dos elementos fundamentales cuya carencia es la
base de los procesos de exclusión: la obtención de recursos económicos
suficientes (por medio del empleo o de rentas garantizadas) y la vivienda.
Un programa
integral debería entonces partir de un diagnóstico no solo estadístico, sino
coelaborado con l@s propi@s vecin@s, que
expresara las preocupaciones y objetivos de est@s, y que
nosotr@s mism@s pudiéramos desarrollar
autónomamente nuestras propuestas con la administración como facilitadora de
recursos necesarios.
Todo lo contrario. Lejos de esto, la administración hace
un frío diagnóstico acelerado a partir de cuadros estadísticos primarios y
propone un modelo asistencial para cubrir necesidades urgentes parciales que
olvida que las personas pueden ser sujetos de sus propias transformaciones.
Mucho dinero mal invertido: como hasta ahora, porque mucho de ese dinero venía
ya gastándose en diversos programas que han demostrado que no son capaces de
producir transformaciones profundas, que son ineficaces y sólo producen
dependencia y subsidiariedad, aunque aligeren la carga vital de mucha gente
desfavorecida.
Los problemas, normalmente, se cruzan, se
interrelacionan: la situación legal y económica de much@s inmigrantes
se une a la progresiva carestía de la vivienda para provocar fenómenos de
hacinamiento de muchas personas en la misma casa para poder pagar el alquiler y
permite el abuso de propietarios que cobran rentas elevadísimas porque no
pueden acceder la mercado "legal" de arrendamiento. Esta situación, a
su vez, contribuye al encarecimiento de los alquileres tanto como que haya
viviendas desocupadas y otros fenómenos especulativos que buscan el envejecimiento
y la ruina de los edificios. Todo esto se hace con total impunidad y no es
materia, al parecer, del programa de intervención social. La picaresca y el
delito, sin embargo, no son precisamente asuntos exclusivos de la población
excluida: simplemente a unos se les persigue y a otros se les tolera. Son
cuestiones que afectan a la escolarización, a la seguridad (entendida como algo
que afecta a la salud, a la educación, al trabajo, a los recursos económicos, a
la soledad y a la marginación, a la libre circulación... no solo a la llamada
seguridad ciudadana).
Un programa
integral debería incluir datos sobre recursos y necesidades económicas de la
población (paro, IMI, personas asistidas... pero también actual tejido
productivo, posibilidades de nuevo tejido productivo, tendencias económicas que
favorezcan la integración del territorio de vida con la obtención de recursos
económicos), situaciones concretas de vivienda (hacinamiento, infravivienda,
dificultades de pago... y sus soluciones: realojos en el barrio, alquileres
baratos, etc.), estado de los equipamientos (educación, sanidad, sociales: y su
función como mecanismo de estructuración y de cooperación social, no como
organismos de "atención al púbico" separados de la gente y que
"se visitan"), análisis de los tipos de población, descripción de los
recursos presupuestarios... Y todo ello debería formar parte de un amplísimo debate público entre la gente
del barrio. Esto es lo que venimos demandando algunos colectivos sociales.
Lo que se
ofrece es más de lo mismo. Un programa integral debe ser un programa afectado
por el territorio concreto al que se va a aplicar y contar con los sujetos de
dicho programa para su desarrollo: si no, es puramente asistencial. Y el
asistencialismo produce dependencia, no autonomía.
Pero, además, el programa que se ofrece es síntoma de un
modelo de intervención: de un lado paternalista, porque se basa en la
asistencia en lugar de potenciar las capacidades sociales y poner en marcha
mecanismos de cooperación; y de otro privatizador, porque entrega a entidades y
empresas la gestión de los recursos públicos. Haciendo depender a todas de la
iniciativa pública, sin embargo, descarga la responsabilidad del desarrollo de
las actuaciones a personas y entidades que buscan también con ello su propio
beneficio y que ni siquiera han de tener implantación en el barrio para
desempañar sus trabajos.
Un modelo, en
definitiva, alejado de los sectores de población a los que va dirigido: si
quieres participar, adáptate a las exigencias de la administración.
Así es el
programa de intervención social y educativa en Lavapiés: llega tarde, es
parcial, inconcreto, asistencial y privatizador. Pero además muestra una
falacia presupuestaria (concentra recursos y presupuesto que ya se venían
aplicando sin analizar su eficacia); hace una lectura de l@s vecin@s inmigrantes
como caso particular, segregándoles como un cuerpo extraño de la sociedad y sin
contar para nada con uno de sus problemas fundamentales: la falta de papeles,
su obligada "ilegalidad"; propone un tipo de actuaciones parciales
diseñadas para que organizaciones acríticas, casi gubernamentales o
semiempresas de carácter asistencial, muchas ajenas al barrio, puedan
desarrollarlas (y sacar beneficio de ello), una vía para la privatización de servicios:
para usarlos hay que recurrir a esas entidades.
Un programa
que viene herido de muerte precisamente porque no se ha discutido y planificado
con los colectivos sociales del barrio: se ha presentado ya elaborado y
algunos, como mal menor, se ven obligados a aceptarlo. Son, de nuevo, lentejas.
Porque entre
las preocupaciones de los colectivos del barrio sí figuran cuestiones que todos
los planes y programas dejan de lado: las subvenciones al 100% para familias
sin recursos en las rehabilitaciones de sus viviendas, un plan de erradicación
de la infravivienda que incluya el presupuesto para el realojo en el barrio de
l@s vecin@s afectad@s si así lo
desean, la acción municipal contra los propietarios verticales o los agentes
inmobiliarios que promueven la ruina de edificios con sus inquilin@s dentro, el
control de los alquileres y de las viviendas vacías, la promoción de
autorrecursos para el barrio en el ámbito del Plan de Rehabilitación (talleres
de oficios relacionados con la rehabilitación, por ejemplo), el abandono de las
persecuciones administrativas y policiales contra organizaciones y centros que
trabajan por y desde el barrio….
Y es que a
pesar de los intentos vecinales por hallar una solución, los centros sociales
autogestionados del barrio no sólo se mantienen en la precariedad a pesar del
volumen de actividades que desarrollan, sino que sufren la persecución policial
y administrativa y la amenaza permanente de desalojo. Su mantenimiento como
espacios de socialización y participación, de creación de tejido social,
debería ser un objetivo también de la administración. Lejos de ello, y
precisamente porque representan la posibilidad y la vigencia de un modelo
participativo y abierto, la administración prefiere que mueran. La
administración no quiere alternativas. Nosotr@s sí.
Sobre los proyectos
En tanto que el diagnóstico está elaborado con esa
parcialidad de datos de análisis, el PISE sólo prevé proyectos parciales. Las
intervenciones sociales en diversa materias quedan descoordinadas y no se anticipa
ningún organismo vecinal-institucional que afronte en conjunto las diversas
áreas de intervención (vivienda queda por un lado -en el ARPL-, por otro
educación, por otro sanidad, por otro economía... ¿o este no queda por ningún
lado?)
Así, el programa
de intervención anuncia actuaciones en materia de educación...
deficientemente. No hay garantías de que se vaya a redistribuir el alumnado con
necesidades de compensación educativa en todos los centros sostenidos con
fondos públicos. Tampoco que se vaya a invertir la tendencia de disminución de
las plazas públicas y aumento de las concertadas: de hecho no hay previsión de
construcción de ningún nuevo centro público ni por tanto de que se vaya a
responder a la demanda de plazas públicas suficientes en educación infantil. El
PISE pasa por alto el hecho de que la mayoría de centros del barrio son
confesionales y que eso dificulta que los hijos de inmigrantes acudan a ellos
porque no asumen su ideario, lo cual vuelve a aumentar la concentración...
En
cuanto al empleo, se habla de programas subvencionados por la
administración a distintas asociaciones, dirigidos a la integración laboral de
personas con especiales dificultades, proyecto de habilidades para el empleo,
de acompañamiento sociolaboral, talleres ocupacionales y de adquisición de
hábitos laborales para personas sin hogar y proyectos de inserción laboral para
usuarios del programa IMI. Desconocemos la incidencia que tienen en Lavapiés
algunas de las asociaciones que se mencionan o de las que reciban las nuevas
subvenciones, o su grado de efectividad. En cualquier caso aplaudimos sus
esfuerzos y les reconocemos el éxito que supone cada caso que resuelvan, pero
pensamos que o existe una política de formación, inserción laboral de demandantes
del primer empleo y reinserción laboral de parados, que se desarrolle desde las
administraciones, o nuevamente nos encontraremos ante buenas intenciones y
escasos resultados. Y que alternativamente a eso, deben asegurarse los recursos
mínimos para tod@s l@s
vecin@s del barrio.
Somos conscientes de que la políticas económicas que
puedan resolver los problemas del paro exceden con mucho de las capacidades de
la intervención en nuestro barrio, pero una vez más insistimos, en Lavapiés
está habiendo una inversión pública de casi 20.000 millones de pesetas en su
rehabilitación, a la que hay que sumar la inversión privada y los nuevos
presupuestos que necesariamente se tendrán que aprobar en un futuro próximo.
Esto da unas enormes posibilidades de formación laboral y de trabajo
cooperativo de desempleados y precarios en la recuperación de su propio barrio,
que se están desaprovechando. Algunas asociaciones llevan tiempo recomendando
que se estudien experiencias en este sentido desarrolladas con éxito en otras
ciudades españolas, subvencionadas incluso por la Unión Europea.
Por último señalar una realidad de difícil solución
con las actuales políticas de inmigración, la de los inmigrantes irregulares
que no pueden acceder al mercado laboral legal y que están condenados a la
explotación y el “trapicheo” en situaciones de grave riesgo social y llegando
en algunos casos a la delincuencia. La administración mira a otro lado y manda
policía: no a buscar a los que explotan a los trabajadores inmigrantes, sino a
buscar a los sin papeles y a los pequeños trapicheros... pero incluso la policía llegó a reconocer
que hay que buscar soluciones sociales.
En lo que afecta a la sanidad,
está previsto el traslado del Centro de Salud de la calle Tribulete a la calle
Rodas. Esta actuación, largamente reivindicada por todas las asociaciones y
colectivos de Lavapiés, es la muestra evidente de una intervención en
equipamientos públicos sin participación de los vecinos y absolutamente alejada
de las necesidades reales del barrio. Y decimos esto porque el Área de
Rehabilitación Preferente se aprobó sin tener en cuenta esta urgente necesidad
y no ha sido hasta el pasado año y ante la constante denuncia, cuando las
administraciones la han asumido.
Pero existe otra antigua reivindicación
que aun no ha sido atendida. El área de salud a la que pertenece el barrio de
Lavapiés no cuenta con un Centro de Especialidades, por lo que los vecinos
debemos peregrinar por todo Madrid usando los centros de otras áreas en función
de la atención que requiramos. Nunca se ha dado respuesta a la demanda de usar
el edifico situado en la Pza. Duque de Alba, 2, antiguo Palacio de los Duques
de Sueca, para la instalación de este necesario equipamiento.
En lo que se refiere a intervención
social, más allá de los programas subvencionados a asociaciones, que como
ya hemos dicho creemos necesarios pero insuficientes por sí mismos, nos
gustaría que se profundizase más en la explicación de los recursos que se
pretenden poner en marcha.
Desconocemos en qué consiste el programa
de menores drogodependientes o el proyecto específico para jóvenes no
acompañados , qué se va a hacer, cómo se van a llevar a cabo, cuándo y por
quién (y más cuando hay muestras de una política errática, si no
malintencionada –por parte especialmente del Instituto Madrileño del Menor y la
Familia–, y teniendo en cuenta que cuando las primeras medidas emprendidas de
carácter social comenzaron a dar sus frutos por encima de las medidas
policiales, fueron boicoteadas y cortadas desde la propia entidad de atención
al menor)[14].
Igualmente precisa un enorme
esfuerzo de descodificación saber qué son en concreto los espacios de
conciliación entre la vida familiar y laboral, dónde se van a desarrollar,
a quién van dirigidos, cuáles son sus objetivos… Intuimos que bajo este manto
se desarrollarán medidas dirigidas a mujeres con responsabilidades familiares
no compartidas, con pocos recursos (¿se les garantizará un mínimo?) y sin apoyo
familiar. Es evidente que estas mujeres están en situación de gran precariedad
y que la administración (pero no sólo) tiene una responsabilidad al respecto,
pero hay que preguntarse si esta es la única actuación que se plantea con
respecto a las mujeres del barrio: porque, desde una perspectiva de género,
ausente en el programa, deberían considerarse todas las situaciones de
desigualdad, teniendo en cuenta posibilidades diversas –y no solo
asistenciales– para cubrir objetivos como la necesidad de plazas en escuelas
infantiles con horario ampliado, también que sean las propias mujeres las que
gestionen estos espacios, lo que permitiría, en efecto, conciliar la vida
familiar y laboral al tiempo que introducir nuevas formas de relación social y
creación de comunidad entre nosotras. Con medidas de este tipo se podría
hablar, no sólo desde un punto de vista asistencial, sino integral, de empleo,
sanidad, educación, ocio, cultura.
Creemos que un Programa de
Intervención debe ser más explícito y asumir mayores compromisos.
EL
CENTRO “COMUNITARIO”
Dedicamos un capítulo específico
para el Centro “Comunitario” porque creemos que es la actuación que tiene
mayores posibilidades de estructuración de los vecinos de Lavapiés,
imprescindible para su conocimiento mutuo e integración. Además debería ser el
espacio físico donde los propios vecinos y por extensión las asociaciones y
colectivos, colaborasen en el desarrollo de las políticas mencionadas hasta
ahora, así como otras relacionadas con el ocio y esparcimiento, la cultura,
espacios de socialización…
Aun no tenemos una idea clara de
cuál va a ser el destino de este espacio y, por supuesto, hasta ahora no se ha
contando con nosotros para su definición. Incluirlo en el programa de intervención
y familia o hablar de espacios comunes en los que llevar a cabo
actuaciones integrales, contando con el trabajo, esfuerzo e ideas de todos los
agentes sociales actuantes, institucionales o no, fomentando el respeto y el
reconocimiento entre ellos no nos da muchas pistas de en qué se quiere
convertir.
El centro abrirá sus puertas en las próximas días y
entonces ¿estará vacío?. ¿Será entonces cuando empecemos a hablar de las
actividades y los servicios que deben de ser acogidos? ¿Nos encontraremos con
un bedel y una empresa de servicios que no tienen nada que ver con el barrio,
al estilo de los Centros Culturales?
Como hemos comentado, hace ya
bastantes meses los Servicios Sociales de la Junta Municipal del Distrito
Centro consiguieron con este proyecto reunir en una mesa a más de treinta
asociaciones y colectivos de todo tipo, que discutieron y trabajaron en la
elaboración de propuestas y asumieron el compromiso de crear, entre todos, un
Centro Social abierto a vecinos y administraciones, profesionales y
voluntarios, sin exclusiones. La enorme ilusión generada por el proyecto se vio
truncada por la carencia de respuestas y compromisos por parte de la
administración. Creemos que será muy difícil recuperar aquella ilusión, pero el
intentarlo está en manos de quienes tienen la capacidad de decisión y también en
nuestras propias manos el no conformarnos con lo que nos viene impuesto: no
sólo en cuanto al modelo de centro, sino también en cuanto a la coordinación de
diversos espacios que figuraban en el proyecto y que han sido obviados
finalmente por la administración. De no ser así, nos encontraremos con un
Centro Cívico y Social al que no acuden los vecinos y tan carente de contenidos
como los Centros Culturales. Nuestra apuesta es clara: trabajaremos por un
Centro Comunitarios de l@s vecin@s y
para l@s vecin@s.
CONCLUSIÓN
Se cumplen ahora cuatro años desde la
aprobación del Área de Rehabilitación Preferente de Lavapiés (Sector 1, no lo
olvidemos). Con la inyección de miles de millones de dinero público podría
considerarse que se asientan las bases para una transformación social duradera
y positiva en el barrio.
Pero no es así. Sólo podría hacerse si eso figurara
expresamente entre los objetivos da la rehabilitación, que esta se ocupara no
sólo y parcialmente de viviendas e infraestructuras, sino de proponer un modelo
participativo e integral que los vecinos definieran y llevaran a cabo. Eso es
lo que desde un principio propusimos. La famosa “degradación” del barrio es
entre otras cosas la destrucción de la comunidad, la fractura de la red de
relaciones sociales entre l@s vecin@s del barrio, la separación
entre políticas de intervención y sujetos sociales y, en última instancia, la
imposibilidad de que estos participen en la organización de su territorio y de
sus vidas.
Acostumbrados a no poder decidir, l@s vecin@s sufrimos pacientemente, en el mejor de los casos, programas
asistenciales que consumen sin perspectivas de futuro recursos públicos (IMI,
ayudas domiciliarias, subvenciones, etc.) que no aseguran la creación de un
tejido social autónomo en cuanto a recursos económicos y sociales, medios de
producción y medios de vida, condiciones de habitabilidad, estructuración
social, etc. Poco a poco eso deja de convertirse en un derecho y se convierte
en una limosna.
Así pues, sin unir los objetivos de
la rehabilitación urbanística y de los programas sociales a un diagnóstico
común y a la creación de un espacio de vida más favorable a l@s vecin@s actuales
del barrio, todo queda en un parcheo que muestra preocupaciones –legítimas–
pero no propone soluciones duraderas. Enajenados de las dinámicas de los
mercados (de la vivienda, de trabajo, etc.), l@s vecin@s quedan aparcados como problema, no activados como sujetos de su propio
bienestar.
Ante estos cuatro años de intervención en Lavapiés:
Aplaudimos:
·
La decisión, largamente reivindicada por el barrio, de invertir en
Lavapiés tras decenas de años de abandono.
·
El compromiso adquirido por la mayoría de los técnicos con l@s vecin@s (preferimos
obviar las excepciones), para intentar entre todos que el Plan avance aun con
todas sus carencias.
·
Las por desgracia necesarias subvenciones a la rehabilitación y ayudas
sociales, el arreglo de las calles, la recuperación para uso público del Parque
del casino de la Reina…
·
El reconocimiento por fin, por parte de las administraciones, de la
necesidad de intervenir en aspectos sociales, sanitarios, educativos…
Denunciamos:
·
Absoluta descoordinación entre las distintas administraciones
actuantes, lo que supone un despilfarro de recursos y posibilidades.
·
Falta de integralidad en el proyecto, que deja fuera aspectos
económicos, sociales, educativos, culturales, urbanísticos, de vivienda, etc.,
fundamentales para la regeneración del barrio.
·
Ausencia casi total de mecanismos de participación de l@s vecin@s en el diseño y desarrollo de los proyectos, que les permitan tomar
las riendas de lo que quieren que sean sus espacios, su barrio, sus vidas…
·
La consentida y absoluta indisciplina urbanística que sigue
permitiendo que los edificios lleguen a la ruina y que l@s vecin@s sean desalojados de sus viviendas. La falta de compromiso político
para que el Programa de Erradicación de la Infravivienda sea una realidad. La
excesiva burocracia en la gestión de las subvenciones para la rehabilitación de
edificios.
·
La construcción y diseño del Centro Comunitario del Casino de la Reina
(como el resto de equipamientos) de espaldas al barrio y a l@s vecin@s, con un modelo de gestión que parece que va a ser absolutamente
burocrático y con la privatización parcial de los servicios.
·
El cinismo que supone que la administración hable del fortalecimiento
del tejido social y la creación de nuevos centros comunitarios y no haga nada
por evitar la desaparición de colectivos o centros sociales, como El
Laboratorio, con actividades generadas por múltiples grupos y vecinos del
barrio.
·
El desarrollo de las necesarias obras de las calles de forma
incontrolada, peligrosa, sucia molesta y sin ninguna información. La falta de
políticas de movilidad, de regulación del tráfico y la carga y descarga, de
limitación del ruido y control medioambiental…
·
El diseño de un Plan de Intervención Social y Educativa paternalista,
inconcreto, parcial, asistencial y privatizador, con ausencia de políticas
estructurales y sin una participación real de l@s vecin@s.
Exigimos:
·
Que se establezcan los mecanismos por los que l@s vecin@s puedan participar en la construcción y el diseño de su barrio.
·
Que se establezca una acción social que se base en dar soluciones
individuales y colectivas dentro de una intervención cooperativa, participativa
e integral que transforme las relaciones; con cambios en estructuras e
instituciones que abarquen aspectos políticos, económicos, educativos,
culturales, etc. y buscando el fortalecimiento de un tejido social capaz de
construir y sacar adelante colectivamente sus propias alternativas.
·
Que se asuma la responsabilidad política de frenar los procesos
especulativos en temas de vivienda, las ruinas planificadas, el abuso de los
alquileres a inmigrantes sin papeles, la vivienda vacía, los deshaucios…
·
Que se adecue la normativa que rige las ayudas a la rehabilitación a
la realidad económica de los aspirantes, ayudando más al que más lo necesita.
·
Que se establezcan los métodos para realojar en el barrio a todos
aquellos afectados por infravivienda que lo deseen. Que se construya vivienda
pública en alquiler para vecin@s con bajos ingresos que se están viendo expulsados del barrio por la incesante
subida de precios del mercado.
·
Que el Centro Comunitario del Casino de la Reina sea realmente
comunitario, con la participación en su programación y en su gestión de l@s vecin@s y colectivos de Lavapiés.
·
El diseño participativo de una política de movilidad con itinerarios
peatonales, limitación de la carga y descarga y del tráfico de vehículos… De
una política medioambiental que limite el ruido, regule la recogida de basuras
y la limpieza…
·
La inmediata construcción de un nuevo Centro de Salud y de un Centro
de Especialidades, el aumento real de plazas escolares públicas, la
construcción de pisos tutelados para mayores….
·
Que se desarrollen programas públicos de formación y reinserción
laboral de demandantes del primer empleo, parados, jóvenes, precarios…. Que se
proteja el existente y se potencie la creación de nuevo tejido productivo. Que
se aprovechen los nuevos yacimientos de empleo, en rehabilitación, servicios
sociales, etc. potenciando la creación de cooperativas. Que se aseguren
recursos mínimos para tod@s l@s vecin@s del barrio.
Lavapiés,
noviembre de 2001
ANEXO 1 - LA RED DE
LAVAPIÉS.
Con la constitución de la Red de
Colectivos de Lavapiés no se quiso crear una coordinadora o plataforma de
asociaciones que coincidían en un determinado programa, sino establecer una
forma de comunicación y trabajo en red, de cooperación y acción conjunta que
desde la coordinación y el intercambio de experiencias, información y
reivindicaciones permitiese un mejor conocimiento mutuo y de los vecin@s de los distintos servicios, demandas y discursos
existentes en el barrio. Una forma abierta de intervención entre diversos
grupos, asociaciones, colectivos y vecin@s
que trabajan en el barrio en temas de inmigración, menores, asociacionismo vecinal,
vivienda, actividades artísticas y culturales asociadas a la participación
ciudadana, voluntariado, etc.
Esta forma de trabajo ha permitido que desde 1997, en
que se mantuvieron los primeros contactos, colectivos que trabajan en diversos
campos y con distintas ideologías hayan mantenido una comunicación estable que
ha llevado a convocar acciones conjuntas que, sin pretender unificar discursos,
demanden respuestas a carencias existentes, planteen propuestas y proyectos,
llamen la atención sobre determinados problemas o simplemente fomenten el
debate y la participación de l@s vecin@s
en lo que ocurre o quieren que ocurra en Lavapiés.
Si no se ha conseguido el objetivo fundamental, que es
que el barrio decida sobre sus propias transformaciones, al menos se ha
conseguido demostrar que hay capacidad colectiva de reflexión y acción dentro
del barrio
De forma esquemática podemos decir que entre los
objetivos de la Red de Colectivos de Lavapiés están los siguientes:
-
La constitución de un foro estable de participación de colectivos y
vecin@s del barrio.
-
El fomento del trabajo en red, tendente a la relación horizontal entre
organizaciones y el fortalecimiento del tejido asociativo.
-
El intercambio de información y recursos.
-
Dotar a las organizaciones de un mecanismo de respuesta rápido a
cualquier problema que se plantee en el barrio.
-
Elaboración de acciones y trabajos en común.
-
Facilitar la participación en la vida ciudadana de los sectores de
población más desfavorecidos.
En definitiva,
la intervención conjunta y coordinada en la autoconstrucción del barrio que
queremos.
El respeto a la diferencia, el reconocimiento de que
todas las voces son válidas incluso en la discrepancia y la decidida apertura a
cualquier grupo o vecin@ interesado, ha permitido
que, hasta el momento, hayan trabajado en la Red, con mayor o menor constancia,
los siguientes colectivos:
Asociación de
Vecinos LA CORRALA; Centro Social
Okupado EL LABORATORIO; XENOFILIA-LAVAPIÉS; Asociación para la Integración de Menores
PAIDEIA; SOS RACISMO; Asociación de Emigrantes Marroquíes en
España, AEME; Grupo de Artistas LA
FIAMBRERA; Asociación de Inmigrantes
Senegaleses de España, AISE;
Asociación MADRID PUERTA ABIERTA;
Casa Okupada de Mujeres LA ESCALERA CARAKOLA; Grupo de Artistas EL LOBBY FEROZ; Asociación de Madres y Padres de Alumno (AMPA) C.P. EMILIA PARDO
BAZÁN; Grupo de acción AY UNTAMIENTO
S.A.; Asociación Cultural EL
CRUCE; Kolectivo Arde Lavapiex, KAL; Servicio Civil Internacional, SCI; Asociación de Inmigrantes de Bangladesh,
AIB; Asociación Cultural COSAS DE LA
LUNA; PUBLIC-ART; ASOCIACIÓN MUSULMANA; Asociación de Mujeres Inmigrantes
Marroquíes AMAL; Asociación Pro
Derechos Humanos de España, APDH;
Asamblea de Cooperación por la Paz, ACP, EL FORO; LA
TELARAÑA; Asociación de Padres de
Alumnos, APA C.P. SANTA MARÍA;
Asociación Cultural FRAUEN;
Asociación de Viandantes A PIE;
Biblioteca Autogestionada LA BIBLIO;
ALTERNATIVA SOLIDARIA;
ALBANTA; Asociación de
Inmigrantes Guineanos MALEVA;
Asociación Madrileña de Artistas Visuales, AMAVI; ASOCIACIÓN RECREATIVA ARGUMOSA; EDUCACIÓN Y NO VIOLENCIA; ASOCIACIÓN AL HOUDA; Zona de Acción Temporal, ZAT; Frente Organizado de Juventudes Africanas,
FOJA; Amigos del Mundo, AMIMUN; Tetería AL AMMAN; Asociación DERECHOS PARA TODOS; Asociación PUEBLO Y TIERRA;
TRASGO…y los que van llegando.
Es difícil hacer una cronología de la actividad de la Red de Colectivos de Lavapiés en sus más de tres años y medio de vida, ya que muchos de los trabajos que se han llevado a cabo no se han plasmado en actos concretos, sino que han sido estudios, valoración de proyectos, intervención en asuntos del barrio, colaboración y apoyo de actividades propias de algún colectivo, cesión de materiales, locales o infraestructuras, etc. Aun así, sí podemos hacer una selección de lo que el trabajo en red ha producido en Lavapiés:
Oct.
97. Creación de la Red de
Colectivos de Lavapiés. Tras diversos contactos y colaboraciones
durante el año, siete colectivos constituyen la Red.
Nov.
97. Fiesta en el Parque de
Agustín Lara. La Red se presenta al barrio en una jornada
festiva con el lema “Muchos barrios, un barrio”. Actividades para niñ@s y jóvenes,
comida española, senegalesa y marroquí, debates sobre el barrio y música en
directo, sirven para mostrar la convivencia y el respeto entre todas las
culturas, etnias e ideologías que habitan el barrio.
Dic.
97. Debate “El barrio que
queremos”. En el CSO El Laboratorio, afectad@s por
expedientes de ruina, “okupas” y otr@s vecin@s involucrados
en procesos especulativos intercambian experiencias y opiniones, estableciendo
vínculos de acción y colaboración.
Dic.
97. Manifestación “¿Qué barrio
queremos?”. Convocada por diez colectivos, se pide participación de l@s vecin@s en el Plan
de Rehabilitación y soluciones para diversos problemas del barrio. Un grito se
impone: “¡Ya basta de desalojos!”.
Ene.
98. Análisis del Plan de
Rehabilitación. Se inicia un profundo estudio y debate de las
propuestas y discursos existentes en el Área de Rehabilitación Preferente de
Lavapiés y de las necesidades del barrio, que meses después dará como resultado
un documento de análisis y propuestas.
Feb.
98. Campaña de deportación de
Agustín Lara. Basándose en un supuesto ficticio, la decisión policial
de deportar la estatua de Agustín Lara que se encuentra en el parque de su
mismo nombre, se genera un debate público mediante carteles, cartas a los
periódicos, etc., buscando la reflexión de l@s vecin@s sobre la Ley
de Extranjería.
Mar.
98. Fiesta fin de campaña de
deportación de Agustín Lara. En una mañana de domingo personal
uniformado de Ay Untamiento S.A. empaqueta la estatua y la franquea hacia
Méjico. Mientras, los vecin@s debaten, beben limonada y
protestan por la pérdida de tan reputado vecino.
Abr.
98. Asamblea “La rehabilitación
de Lavapiés, también para los inquilinos”. Decenas de inquilin@s en peligro
de desalojo se reúnen para elaborar estrategias de denuncia y autodefensa.
Abr.
98. Campaña “Esta casa se cae”.
Se señalizan edificios afectados por expedientes de ruina con grandes carteles
que discurren por las fachadas, en los que se lee el lema de la campaña.
Intervención en los plenos de la Junta Municipal. Reuniones con partidos
políticos. Rueda de Prensa. Denuncia de caseros especuladores.
May.
98. Presentación oficial del ARP
de Lavapiés en el Instituto Cervantes. Los colectivos de la Red llevan
sus propuestas y participan en el debate.
May.
98. Reinauguración del parque de
Cabestreros. Pintada de un mural por l@s niñ@s, plantación
de diversas especies vegetales, guiñol, malabares, asamblea de vivienda y
rehabilitación, inauguración de una minipradera de césped (primera y única que
ha habido en Lavapiés) y fiesta, como no, sirven para reivindicar la mejora de
los parques y plazas, haciendo más humano uno de nuestros pocos espacios de
relación.
Jul.
98. Reuniones “artísticas”.
Se inician una serie de debates con l@s “vecin@s–artistas” de
La Fiambrera, la Zona de Acción Temporal, la Asociación Cultural El Cruce,
Public-Art… que se prolongan hasta septiembre. Empieza a gestarse un gran
festival de arte público.
Ago.
98. Propuesta de equipamientos.
Se saca una publicación en la que se propone al barrio, para su debate, la
utilización de dieciocho espacios y edificios concretos que no tienen uso.
Entre ellos se habla de algunos tan necesarios como el Centro de Salud y por
primera vez se propone la gestión por el barrio del Centro Social que se piensa
construir en el Casino de la Reina.
Nov.
98. Festival de arte público “REHABI(li)TAR
LAVAPIÉS”. Organizado por trece colectivos con la colaboración de la
UNED y RENFE, Lavapiés se convirtió durante tres días en una fiesta. Docenas de
artistas–vecin@s y vecin@s–artistas
realizaron más de cincuenta acciones e intervenciones en espacios públicos de
todo el barrio. Performances, revistas caminadas, proyección de diapositivas en
fachadas, concurso de ruinas, actuaciones teatrales y musicales, proyección de
cine, instalaciones, exposiciones y un largo etcétera hicieron del evento el
mayor festival de arte público que se recuerda en Madrid. Con él se quiso
llamar la atención sobre los olvidos, las carencias y los incumplimientos del
Plan de Rehabilitación.
Dic.
98. Revista caminada “Lavapiés
sin fronteras”. Con nueve páginas y editorial de José Saramago, la
revista recorrió el barrio pidiendo papeles para todos y todas.
Ene.
99. Asamblea “Espacio cerrado,
espacio liberado”. Tras el desalojo del CSO El Laboratorio de su
primera sede, se tiene una nueva asamblea de inquilin@s en peligro
de desahucio, inmigrantes, ocupantes de casas, habitantes sin techo, afectados
por el Plan de Rehabilitación… Un nuevo Centro Social nace para el barrio, El
Laboratorio del parque de Cabestreros. Larga vida.
Ene.
99. Reunión con los Servicios
Sociales de la Junta de Centro. Primera de una serie de reuniones para
debatir el uso de los novecientos millones para programas sociales del ARP de
Lavapiés. El destino del Centro Social del Casino de la Reina se pone sobre la
mesa.
Feb.
99. Proyecto para equipamientos
sociales de la Red de Colectivos de Lavapiés. En la segunda reunión de
la mesa de negociación con los Servicios Sociales, la Red presenta un proyecto
para la creación de un Centro Social autogestionado por los vecin@s del barrio.
(Ver “UN DIÁLOGO IMPOSIBLE: LAS RELACIONES ENTRE L@S VECIN@S Y LA
ADMINISTRACIÓN”)
Abr.
99. Ruptura con la mesa de
Servicios Sociales. La Red rompe con la mesa de Servicios Sociales, al ver
que no existen objetivos claros, ni voluntad de debate y participación en las
decisiones.
Abr.
99. Fiesta “Por un Centro Social
para la gente del barrio”. Juegos infantiles, payasos, talleres,
debates y música en directo de distintas partes del mundo sirven para que
veintiún colectivos expliquen al barrio y reivindiquen el proyecto de Centro
Social.
May.
99. Reunión con comerciantes
mayoristas. El trabajo en red consigue sentar alrededor de una mesa a
representantes de los comerciantes chinos, senegaleses, coreanos, bengalíes,
marroquíes, españoles y a l@s vecin@s, para
debatir sobre las molestias generadas por la concentración de mayoristas y
valorar posibles soluciones y compromisos de convivencia.
May.
99. Visita turística a una ruina
emblemática. Organizada y anunciada como una visita turística, l@s vecin@s (y
periodistas) pudieron convivir un día con las familias del edificio en ruina de
la calle Sombrerete 6, un ejemplo entre decenas, y de paso, asistir a una
verbena en una auténtica corrala.
Jun. 99. Reunión
Jefatura General de Policía. Reunión en la que se discute sobre
posibles métodos de intervención de la Red con vecinos (sobre todo jóvenes de
origen magrebí) que causan problemas de seguridad. La Red propone la
convocatoria de una reunión amplia con todas las administraciones y agentes
sociales y se compromete a seguir haciendo trabajo activo en el barrio.
Jun.
99. Siete días de lucha social.
Colectivos de la Red participan en los siete días de lucha social. El Reclama
las Calles es en el barrio.
Jun.
99. Fiesta “Ven a ver Lavapiés
en globo”. Música, limonada, foto aérea gigante, debate ¡y un globo
aerostático! desde el que l@s vecin@s pudieron
contemplar, a vista de pájaro, dónde podrían estar los equipamientos que
necesitamos y que no nos dan, los que nos van a dar y no necesitamos, e incluso
los que nos dan y necesitamos (o no, depende de cada uno)
Jul.
99. Reunión en la sede del
Defensor del Menor. La Delegación del Gobierno cumple su compromiso y
convoca una reunión con colectivos sociales, Servicios Sociales del
Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid y otros responsables políticos y
policiales para debatir sobre la situación de los menores que delinquen en
Lavapiés.
Jul.
99. Cena y debate en el parque
de Cabestreros. La Red cumple igualmente su compromiso e inicia una
serie de acciones en la calle para debatir sobre situaciones de marginación y
exclusión social que generan delincuencia, buscando métodos de intervención. En
los meses siguientes se tienen distintas reuniones y asambleas con l@s vecin@s en general y
en especial con las comunidades china, marroquí, senegalesa, bengalí…, para
estudiar la situación y proponer alternativas. Al mismo tiempo se mantienen
acercamientos con los menores “problemáticos” y se trabaja con ellos.
Nov.
99. Fiesta en Cabestreros
“Centro Social Virtual”. Ajedrez, actuación de Tinito, malabaristas,
música, películas, charlas y debates para presentar, en otra jornada festiva
más, el “Centro Social Virtual”, es decir lo que entre todos y todas ya estamos
haciendo en el barrio (que es mucho) y que nos gustaría que contase con un
espacio estable (y no virtual) para su desarrollo. Algún periodista-vecino se
atrevió a llamar a este movimiento “la nueva movida madrileña”.
Feb.
00. Estudio de los recursos
sociales de Lavapiés. La Red se enfrasca una vez más en un sesudo
estudio, esta vez de los recursos sociales y educativos que existen en el
barrio tanto públicos como privados. Meses más tarde se elaboró un documento de
estos recursos y de las carencias existentes. Como siempre, reivindicación
documentada.
May.
00. Reunión en la Delegación de
Gobierno. Una nueva reunión, en la que se anuncia la creación de la
Comisión de Intervención Social de Lavapiés. Las administraciones reconocen por
fin una de las demandas que la Red venía haciendo desde el año 97, Lavapiés
necesita un programa de intervención social.
May.
00. Reunión de la Comisión de
Intervención Social de Lavapiés. En la sede de PAIDEIA se reúne por
primera vez esta nueva comisión. El análisis de la reunión lo dejamos para otra
parte de este documento. En este mismo mes se mantiene la segunda reunión en
los Servicios Sociales de la Junta de Centro.
Jun.
00. Investigación Acción
Participante IAP. Se inicia una IAP que explicará Carlos mucho mejor
que yo. En los meses siguientes se desarrollan trabajos que también él
explicará mejor. Sigue en curso en la actualidad y con vocación de futuro.
Oct.
00. Taller “De la acción directa
como una de las bellas artes” en el MACBA. Diversos colectivos de la
Red son invitados a participar en los talleres organizados por el Museu d’Art
Contemporani de Barcelona, MACBA, sobre redes globales de acción directa,
espekulación, fronteras, desempleo e indy media – medios independientes. De las
jornadas surgieron una serie de agencias para trabajar en acciones concretas y
establecer contactos que siguen abiertas en la actualidad.
Dic.
00. Presentación del Programa de
Intervención Social y Educativa en Lavapiés. Lo que debería haber sido
una nueva reunión de la Comisión de Intervención Social para debatir sobre el
programa de actuación, se convierte en una presentación pública (con prensa y
vídeo incluidos) por parte de la administración.
Ene.
01. Asamblea sobre la
rehabilitación del barrio. Se debate sobre el desarrollo de las obras,
el tráfico y otros problemas que afectan a la vida diaria de l@s vecin@s. Se acuerda
el inicio de una campaña reivindicativa con distintas acciones.
Ene.
01. Asamblea sobre el Centro de
Salud. Ante el injustificado retraso en la construcción de un nuevo
Centro de Salud, se mantiene una asamblea en la que se informa sobre la
situación y se acuerda el inicio de una campaña para exigir el nuevo Centro de
Salud. Como primera acción se colocan pancartas en numerosos balcones del
barrio.
Feb.
01. Comparsa de Carnaval “SOS
Tribulete”. Se participa en el desfile de Carnaval con una comparsa que
reivindica un nuevo Centro de Salud y denuncia el lamentable estado del actual.
Feb.
01. Marcha – concentración
“Centro de Salud Ya”. El día del Entierro de la Sardina se intentó salvar
la vida del pobre animal llevándolo al Centro de Salud, pero dada su carencia
de medios el pez fallece y no hubo más remedio que certificar su defunción.
Duelo y desconsuelo de vecin@s y emplead@s de Tribulete
y un grito unánime: “¡Centro de Salud Ya!”
Mar.
01. Propuesta de
peatonalización. Se comienza a trabajar en una propuesta de
peatonalización para el barrio.
Abr.
01. Amenaza de desalojo del CSO
El Laboratorio. Ante la amenaza de desalojo del CSO El Laboratorio, el
único Centro Social abierto a todos l@s vecin@s que existe
en Lavapiés y en el que pueden participar en su gestión, la Red se centra en la
defensa de éste, su espacio, desarrollando todo tipo de actividades,
participando en las manifestaciones que se convocan y ayudando, en lo que se puede,
a forzar un proceso de negociación para mantenerlo en el barrio.
Desgraciadamente en agosto fue desalojado.
Abr.
01. Análisis de cuatro años de
rehabilitación. Se forma un grupo de trabajo compuesto por vecin@s y
representantes de colectivos para hacer una valoración de los cuatro años del
Área de Rehabilitación de Lavapiés. En los meses siguientes se redactan varios
borradores del documento “LA REHABILITACIÓN DE LAVAPIÉS O EL DESPOTISMO
CASTIZO: TODO PARA EL BARRIO… PERO SIN EL BARRIO”, que son el resultado de
múltiples reuniones y debates con colectivos, asociaciones y vecin@s.
Sep.
01. Asamblea vecinal “Qué fue de
la rehabilitación”. Se celebra una asamblea con vecin@s y colectivos
para debatir sobre el documento, los problemas y carencias existentes en
Lavapiés. Se decide iniciar vías de acción y como primera medida se constituyen
tres mesas de trabajo para abordar la vivienda, los equipamientos y los temas
sociales y educativos.
Oct.
01. Mesas de trabajo.
Desde la celebración de la asamblea y hasta finales de octubre las mesas se
reúnen periódicamente y empiezan a desarrollar trabajos de análisis, propuestas
de acción, etc. La mesa de vivienda desarrolla la primera acción con un taller
de pancartas en la Pza. de Lavapiés, al que se le dará continuidad, para
señalizar los edificios con problemas. El trabajo de las mesas desemboca en una
nueva asamblea vecinal, en la que se decide preparar para principios de
diciembre unas jornadas de lucha social, con acciones que denuncien algunos de
los problemas que se han ido analizando.
ANEXO 2 – INSTRUMENTOS
LEGALES PARA ABORDAR LOS PROBLEMAS DE VIVIENDA.
Vivienda vacía:
Una de cada tres viviendas están vacías
en Lavapiés según datos del Ayuntamiento. Tanto para el realojo de l@s afectad@s por operaciones de
erradicación de infravivienda como para l@s
afectad@s por ruina y edificación deficiente, así
como para evitar que tengan que abandonar el barrio vecin@s que no pueden acceder a la vivienda libre, es
absolutamente necesario la creación de un importante parque de vivienda
pública. Esto solo se puede conseguir recuperando la vivienda vacía, para lo
que existen suficientes instrumentos legales. Enumeremos algunos de ellos:
1.- Según el artículo 170 de la Ley 9/2001 del Suelo de
la Comunidad de Madrid (LSCM) el incumplimiento injustificado de las órdenes de
ejecución de obras de conservación o rehabilitación, permite la expropiación
por incumplimiento del deber social de la propiedad. La competencia corresponde
al Ayuntamiento en todos los casos, pero también a la Comunidad de Madrid en
los supuestos de edificios catalogados o declarados de interés
histórico-artístico. (No aplicado nunca)
2.- También el artículo
138 de la LSCM contempla entre los supuestos para la expropiación forzosa la
declaración del incumplimiento de los deberes urbanísticos del propietario,
cuando la declaración esté motivada por el incumplimiento de los deberes de
conservación, mantenimiento y, en su caso, rehabilitación de los inmuebles
legalmente exigibles. (No aplicado nunca)
3.- El artículo 182 de la LSCM establece que tanto la
Comunidad de Madrid como el Ayuntamiento podrán ejercer el derecho de tanteo y,
en su caso, retracto, en las ventas de edificios que se realicen en ámbitos
sujetos a actuaciones de rehabilitación del patrimonio con finalidad
residencial (Áreas de Rehabilitación). (No aplicado nunca)
4.- El artículo 25 de la Ley 10/1998 del Patrimonio
Histórico de la Comunidad de Madrid (LPHCM), dice que la declaración de ruina o
la simple incoación del expediente de un edificio objeto de la protección de
dicha ley (catalogados), serán causa suficiente de utilidad pública para su
expropiación forzosa. (No aplicado nunca)
5.- La Ordenanza sobre
Conservación, Rehabilitación y Estado Ruinoso de las Edificaciones de febrero
de 1999 (OCRERE), establece en su artículo 33 que los propietarios tendrán el
deber de rehabilitar los edificios catalogados en los niveles 1 y 2 y todos los
que se encuentren en un Área de Rehabilitación. Según el artículo 40, el
incumplimiento de las ordenes de rehabilitación permite la expropiación del
inmueble cuando resulte necesario por suponer la rehabilitación una disminución
del número de viviendas, desalojos o cualquier otra causa que impida o
dificulte la realización de las obras. (Ninguno de los dos artículos se ha
aplicado jamás)
6.- La recaudación ejecutiva de las importantes deudas (de hasta más de 50
millones de pesetas) que algunos caseros especuladores tienen con el
Ayuntamiento, le permitiría a éste hacerse con la propiedad del inmueble
fácilmente. (No conocemos ningún caso en el que se haya ejecutado)
Infravivienda:
En demasiados edificios incluidos en el
programa de erradicación de la infravivienda, además de las evidentes dificultades
de gestión, se produce la paralización de la actuación porque un propietario
que no vive en el edificio y que solo busca especular con su vivienda impide la
necesaria unanimidad. Esto se produce incluso cuando el resto de propietarios
han llegado a acuerdos con la administración, pero también existen instrumentos
legales para evitarlo:
1.- Como ya hemos dicho, el artículo 33 de la OCRERE
permite la expropiación por incumplimiento de las órdenes de rehabilitación. (No
aplicado jamás)
2.- Igualmente los artículos 138 y 170 de la LSCM
posibilitan la expropiación forzosa por incumplimiento de los deberes urbanísticos y de la función
social de la propiedad, cuando se incumplen las órdenes de conservación o
rehabilitación. (No aplicados jamás)
3.- En ambos supuestos, y según el artículo 141 de la LSCM, los
propietarios dispuestos a la actuación podrían llegar a acuerdos con la
administración, llevando a la expropiación forzosa al propietario especulador.
Estos acuerdos serían de indemnización y realojo en vivienda pública, solo de
realojo o indemnización o, por último,
de recuperación de la propiedad de su vivienda para posteriormente
acometer la rehabilitación del edificio con las subvenciones correspondientes,
según se establece en la normativa de gestión del Área de Rehabilitación. Otra
posibilidad sería la rehabilitación pública del inmueble y la posterior
adjudicación de viviendas a l@s vecin@s
en el mismo u otro edificio. (No ha existido hasta el momento voluntad
política para intentar este tipo de soluciones)
Propiedad vertical:
Desgraciadamente, el final de muchos
edificios de propiedad vertical es la declaración de ruina, lo que supone la
rescisión de los contratos de alquiler y el desalojo de l@s inquilin@s sin derecho a
nada, salvo cuando se producen Convenios de Realojo entre el propietario y el
Ayuntamiento o cuando la administración compra el inmueble. Pero la
expropiación del edificio sí da derecho al realojo a l@s inquilin@s. Ya hemos
mencionado los medios para proceder a la expropiación, pero queremos señalar
uno más:
1.- Según el artículo 171 de la LSCM, en la declaración
de la situación legal de ruina urbanística el Ayuntamiento deberá pronunciarse
sobre el incumplimiento o no del deber de conservación. Esto es importante, ya
que dicho incumplimiento permite la expropiación del inmueble. (No aplicado
jamás)
En cualquier caso, la solución real de
este problema es evitar que los edificios lleguen al estado legal de ruina,
para lo que existe numerosa legislación que dota a la administración de
instrumentos suficientes:
1.- Según el artículo 170 de la LSCM, el incumplimiento
de las órdenes de ejecución de obras de conservación y rehabilitación
habilitará a la administración actuante para adoptar cualquiera de estas
medidas:
·
Ejecución subsidiaria de las obras a costa del propietario. (Casi
nunca aplicado en obras de reparación)
·
Imposición de las sanciones previstas en la ley (de 99.831 ptas. a
4.991.580 ptas). (Raramente impuestas y casi nunca cobradas)
·
Subsidiariamente, la administración actuante podrá declarar en
situación de ejecución por sustitución el inmueble. (Nunca aplicado)
·
Expropiación por incumplimiento de la función social de la propiedad. (Nunca
aplicado)
2.- Según el artículo 18 de la LPHCM, el Ayuntamiento o
la Consejería de Educación y Cultura ejecutarán las obras necesarias en los
edificios objetos de la ley (catalogados), en caso de incumplimiento del deber
de conservación, a costa de los titulares del edificio y sin perjuicio de las
sanciones que puedan acordarse. (Nunca aplicado)
3.- Según los artículos 16 y 17 de la OCRERE, en el caso
de incumplimiento de las órdenes de ejecución de obras la administración
actuante podrá:
·
Imponer sanciones de hasta 150.000 ptas. (Raramente impuestas y
casi nunca cobradas)
·
Iniciar expediente de sanción urbanística por el que se impondrá la
sanción que corresponda por la infracción urbanística cometida. (Aplicado de
forma escepcional)
·
Ejecutar las obras por ejecución subsidiaria con cargo al propietario.
(Casi nunca aplicado en obras de reparación)
[1] En el propio Plan General de Ordenación Urbana (PGOU)
la administración maneja dos conceptos de rehabilitación:
– La Rehabilitación
Preferente: se aplicaría a aquellos ambientes de la ciudad que presentan
zonas con problemas homogéneos y características peculiares, por lo que pueden
convertirse en "campo de actuación interna mediante la actuación conjunta
y coordinada de las administraciones públicas y la iniciativa privada. En ella
la intervención se plasma a través de un conjunto de ayudas a la rehabilitación
privada de edificios e intervenciones directas en las infraestructuras
públicas.
–La Rehabilitación
Integrada: se aplicaría a "entornos en los que se ha detectado una
mayor necesidad de inversión pública debido al mal estado del caserío, el
escaso poder adquisitivo de sus habitantes y la acusada de gradación
ambiental". Se plantea como meta prioritaria favorecer los usos
residenciales y económicos que dan servicio al barrio, desarrollar posibles
acciones estructurantes y obtener espacios libres para equipamientos.
Al parecer, Lavapiés no necesitaba, según la administración, una intervención integrada: ni por el mal estado del caserío ni por el escaso poder adquisitivo de sus habitantes ni por la acusada degradación ambiental ni por la necesidad de actuaciones estructurantes ni para obtener espacios libres para equipamientos.
[2] Fue, como veremos, después del verano de 1999 cuando
comenzó a discutirse lo que terminaría siendo el Programa de Intervención
Social y Educativa (PISE) de Lavapiés. Antes de esto, los 900 millones fueron
un gol que entre técnicos de la administración y vecin@s le colaron a
los responsables políticos.
[3] El debate que existe en la actualidad sobre el Parque de Agustín Lara no es otra cosa que la constatación evidente no solo de una absoluta carencia de participación, sino de lo que ocurre cuando se diseña una actuación sin tan siquiera informar a l@s vecin@s de en qué consiste. Los innumerables “cabreos” por las obras, la frustración y el escepticismo de los colectivos del barrio ante el futuro Centro Comunitario del Casino de la Reina y el desprecio absoluto de la administración ante su compromiso de ayudar a crearlo y un largo etcétera, son otras muestras de cómo se construye un barrio de espaldas a sus vecinos y vecinas, incluso en algunos casos nos atrevemos a decir que en su contra.
[4] En el ANEXO 2 se hace una relación detallada de estos instrumentos legales y su grado de aplicación.
[5] El Ayuntamiento se niega a poner fuentes públicas para beber porque “hay drogadictos”.
[6] Para ello fue desalojado el primer centro social autogestionado que había en el barrio, El Laboratorio, a pesar de haberse presentado un plan que facilitaba el desarrollo de los planes iniciales del Ayuntamiento y el mantenimiento, al menos en parte, de un edificio, okupado como Centro Social, que presentaba un buen estado de conservación.
[7] En la mesa participaron representantes de
los Servicios Sociales de la Junta Municipal de Centro, Servicios Sociales de
la Empresa Municipal de la Vivienda, Red de Colectivos de Lavapiés, Mesa de
Prevención de Menores (integrada por PAIDEIA, Cruz Roja, Madrid Puerta Abierta,
Cáritas, Fundación Rosalía Rendú y Albanta), AMPA del Colegio Público Emilia
Pardo Bazán, Centro Municipal de Salud, IMEFE, Departamento de Salud Mental,
Parroquia San Vicente Paul, Hogar de la Tercera Edad de Embajadores, ATIME y
educadores, mediadores y trabajadores sociales de Centro.
[8] Los colectivos que presentaron el proyecto fueron la Asociación de Inmigrantes Senegaleses en España (AISE), Asociación de Emigrantes Marroquíes de España (AEME), Asociación de Vecinos “La Corrala”, Xenofilia-Lavapiés, Centro Social Okupado El Laboratorio, Asociación para la Integración de Menores PAIDEIA, Asociación de Inmigrantes de Bangladesh (AIB), Colectivo de Artistas El Lobby Feroz, Asociación de Mujeres Marroquíes AMAL, Asociación de Viandantes A PIE, SOS RACISMO, Cosas de la Luna, Alternativa Solidaria, Frente Organizado de Juventudes Africanas (FOJA), La Telaraña, Sercice Civil International (SCI), a los que se unen más tarde La Escalera Karacola, la Asociación de Inmigrantes Guineanos MALEVA, la Asociación Madrid Puerta Abierta y el AMPA del Colegio Público Emilia Pardo Bazán y cuenta con el apoyo de la Federación de Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos del Distrito Centro y con la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos.
[9] En ella estuvieron presentes el Delegado del Gobierno,
el Defensor del Menor, los concejales de Servicios Sociales, Policía Municipal
y del Distrito Centro, la Consejera de Asuntos Sociales, la Presidenta del
Instituto del Menor y la Familia, representantes de policía nacional y
municipal y representantes de la Federación Regional de Asociaciones de
Vecinos, colectivos de la Red de Lavapiés entre los que estaban la Asociación
de Vecinos La Corrala y PAIDEIA, Movimiento Contra la Intolerancia, Asociación
de Comerciantes ATILA, comerciantes chinos y marroquíes.
[10] A la reunión asistieron la Consejera de Asuntos Sociales, la Concejala de Servicios Sociales, la Concejala de Centro, la Presidenta del Instituto del Menor y la Familia, representantes de los Servicios Sociales de la Junta de Centro y de la Empresa Municipal de la Vivienda, del Defensor del Menor, de educación, de formación… Los colectivos invitados fueron la Asociación para la Integración de Menores PAIDEIA, la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos, la Asociación de Vecinos La Corrala, Xenofilia- Lavapiés, el Movimiento Contra la Intolerancia, la Asociación de Comerciantes ATILA, Madrid Puerta Abierta, la Fundación Tomillo, la Asociación de Inmigrantes Senegaleses (AISE), la Asociación de Trabajadores Marroquíes (ATIME), Cruz Roja y representantes de los comerciantes chinos.
[11] El proyecto viene resumido y comentado en varios números del periódico Centro
de Madrid.
[12] Si algo diferencia la situación social de la
inmigración de bajo nivel económico son las políticas que impiden su
regularización (algo que ni se menciona en el PISE) y la situación a la que se
ha llegado en Lavapiés en el asunto de la vivienda a base de olvidar las
obligaciones que tienen las administraciones públicas a este respecto y dejarlo
en manos de especuladores sin escrúpulos. La gran mayoría de los inmigrantes
que viven en Lavapiés lo hacen en viviendas arrendadas, al igual que otros
vecinos de bajo poder adquisitivo. Esto hace que dependan para la
rehabilitación de sus viviendas de la voluntad de los propietarios de los
edificios, ya que la intervención pública se limita a subvencionar a aquellos
que quieren rehabilitar. Ya hemos hablado de la situación de la vivienda en
Lavapiés (desde la subida de precios a la ruina provocada, pasando por
situaciones tan perversas como la de la “cama caliente” en la que se establecen
turnos de ocho horas para dormir) y de la falta de voluntad política para
remediarlo por parte de la administración. La absoluta carencia de viviendas
sociales en el barrio que no sean para operaciones de realojo, hace que este
problema no haga más que aumentar con el tiempo. Es especialmente grave el
abuso que se comete con los inmigrantes que se encuentran en situación
irregular y a los que los propietarios les cobran rentas elevadísimas por no
poder acceder al mercado “legal” de arrendamiento. No existe ninguna medida que
persiga estas actuaciones totalmente ilegales y fraudulentas.
[13] Evolución de la población, estructura de edades de la población total, población extranjera por edades, extranjeros menores de edad nacidos en España, población extranjera por nacionalidades, además de cuadros sobre los centros educativos del Distrito Centro, tablas de los recursos y servicios sociales del distrito y memoria de intervenciones anteriores.
[14] Hablamos de la utilización de información conseguida desde la confianza, para deportar (ellos hablan de reagrupación familiar) a chavales cuyos padres se encontraban aquí, o no habían sido contactados, provocando la huida de los centros de acogida y la imposibilidad de trabajar socialmente con ellos.