CIUDAD, VIVIENDA Y CIUDADANÍA.
charla 04
25 JUnIO 2002
MODELOS DE DESARROLLO URBANO / MODELOS DE CIUDAD
00. Presentación (Eduardo - Red de Lavapiés).
¡ El Laboratorio 3 amenazado de desalojo!
Vamos a recordar un momento el espacio en el que estábamos y la situación en que nos encontrábamos cuando tuvo lugar esta jornada. Este edificio estaba pendiente de una orden de desalojo. El plazo para que lo abandonásemos voluntariamente cumplió el dia anterior. Así que veíamos posible que en cualquier momento pudiera ser desalojado por la policía mediante el uso de la fuerza.
Frente a esta orden judicial, la decisión, o la elección, que había tomado la asamblea del Laboratorio, fue la de iniciar un proceso de desobediencia produciendo un encierro en el centro social. Con esto no se quería plantear un ejercicio de cerrar las puertas, y que aquí no pase nadie desconocido, sino justo todo lo contrario. Pretendía significar una apertura del espacio aún mayor, en la medida de nuestras posibilidades, de manera que siguieran desarrollándose las actividades que ya existían. Pero además, con una intención clara de invitar a todo el mundo a que propusiera nuevas iniciativas que sirviesen al objetivo de defender el espacio. Así, el proceso de desobediencia se perfilaba en varias direcciones. Sí este edificio ya tenía vida, que esa vida siguiera creciendo, como había venido creciendo en los últimos cuatro meses de reedición del proyecto. El deseo era seguir interviniendo, y que eso generara a su vez un conflicto lo suficientemente fuerte, para que se evidenciara todo lo absurdo que supondría la ejecución de la orden judicial de desalojo.
Esa fue una de las vías para la construcción del encierro, una nueva invitación al conjunto de la ciudadanía, una propuesta abierta y amplia, para participar en las actividades existentes. Acompañada de la declaración de incentivar y facilitar tanto la propuesta como el desarrollo de todas aquellas nuevas actividades que se considerasen interesantes o necesarias para una extensión potente del conflicto, que evitara, de alguna manera, lo inminente que nos parecia la posibilidad de que nos dejarán en la calle.
Además, se inició un nuevo proceso. Había gente que estabamos dispuesta a pasar la mayor parte posible de nuestro tiempo en el centro social, desarrollando nuestra vida normal, nuestra actividad cotidiana, a distintos niveles. Veniamos a estudiar, a comer,a trabajar, a dormir, a cantar...
01. La ciudad como un organismo sujeto a procesos constantes de transformación
Javier Ruiz (Profesor de la Escuela de Arquitectura de la UPM)
El día 5 de Julio también intervine en estas jornadas, y después recibí toda una serie de críticas "cariñosas" por parte de algunos amigos que, por cierto, hoy no han venido. No sé que significa exactamente eso. Las críticas se orientaban en la dirección de que mi exposición anterior había sido larga, poco participativa y tremendamente pesimista. Así que voy a pretender ser más breve, intentando dar más paso a la participación -aunque eso realmente vaya a depender de vosotros y vosotras- y voy a intentar ofrecer un punto de vista más optimista.
Podríamos empezar hablando del propio proceso que un edificio y un espacio como éste, está pendiente de sufrir. O de las cosas que podrían llegar a suceder a corto, medio o largo plazo en este barrio. Podríamos partir de la sugerencia de que a la hora de hablar de Modelos de Desarrollo Urbano, en vez de centrarnos en una exposición de los modelos clásicos ya existentes o de lo que finalmente decidiéramos definir como lo urbano, podríamos partir, repito, situándonos en el debate y en las ideas que explican nuestras nociones de lo que es el desarrollo y de las fuerzas a las que obedece los cambios en los que está inmersa la ciudad de Madrid.
Cambios en la ciudad desde perspectivas estructurales, funcionales y de propiedad
Una de las cosas que creo que resulta fundamental a la hora de entender lo que está pasando, es que lo que está pasando, o el hecho de que sucedan cosas dentro la ciudad, es un hecho total y absolutamente inevitable. Es decir, la ciudad es un organismo. Un organismo sujeto a cambios. Si miramos a nuestro alrededor, si miramos lo que está pasando, nos estamos dando cuenta de que están produciéndose cambios continuamente y desde cualquier punto de vista. Así, se producen transformaciones desde la perspectiva de los que tenemos el ramalazo más arquitectónico, pues a lo mejor somos más observadores y más conscientes de ellos, aunque no sean precisamente esos cambios los más importantes. Pero de esta manera se introduce el hecho de que los propios edificios, la propia configuración física de la ciudad, esté cambiando. Y eso es una cosa que evidentemente se nota. Es decir, donde antes había un edificio, ahora no lo hay. De repente, empiezan a aparecer cosas nuevas, cosas que respiran o se pintan de otra manera.
En cuanto a otros puntos de vista, que se dedican a observar esos otros cambios, menos perceptibles, pero mucho más sutiles y mucho más importantes por tanto, nos encontramos con las perspectivas que observan los cambios desde la funcionalidad de la ciudad. Determinados espacios que siguen siendo físicamente idénticos, de repente empiezan a contener funciones distintas. Por ejemplo, dónde antes había una tienda familiar, ahora se encuentra la franquicia de un restaurante de comida basura de una multinacional estadonidense.
La ciudad también cambia de manos, cambia de sujetos propietarios. Lo que no es en absoluto vanal, desde el momento en que los propietarios son una parte importantísima en cuanto a lo que a la transformación de la ciudad se refiere. Una parte decisiva de las transformaciones a las que esta sujeto el espacio urbano, radica en la voluntad de un grupo determinado de propietarios que ostentan la propiedad de la mayor parte de nuestra ciudad.
Pero por otra parte, ya hemos mencionado que existe la posibilidad real de transformación sujeta al tradicional derecho a la propiedad. Los propietarios, inicialmente y salvo limitaciones concretas, tienen posibilidades reales de ejercer transformaciones dentro del propio espacio que es de su competencia. El propietario de una parcela o de un edificio tiene unos grados de libertad que le permiten orientar las transformaciones desde un punto hasta otro, fundamentalmente desde la perspectiva de la filosofía social o política que constituye la teoría de la acción racional.
Cambios desde el sistema económico y las estructuras de Poder
Luego hay otros cambios que se están produciendo, y que además resultan determinantes precisamente a la hora de posibilitar o favorecer algunas de las transformaciones posibles desde los otros puntos de vista -desde la perspectiva de lo construido, de lo funcional o de la propiedad- que son los cambios que tienen que ver con el sistema económico. La ciudad tiene un modelo económico detrás, que estará presente en cualquier cartografía que pretendamos levantar desde todos los otros puntos de vista posibles.
La ciudad, desde todas estas posibles cartografías, desde todas estas posibles representaciones, o mejor aún, desde la posible combinación de todas estas posibles representaciones- la ciudad es lo construido, más lo funcional, más el sistema de Poder, más el sistema económico que hay detrás- La ciudad, sujeta continuamente a procesos de cambio. Y así seguirá de una forma natural, inevitable. Incluso sí se produjera el momento en el que la suma de voluntades que deciden tomar partido por la ciudad, decidiesen de manera estática dejarla tal y como está, que permaneciera sin cambios. Por las propias características de su naturaleza dinámica, en movimiento, se sucederían procesos de degradación inmediatos que no podemos ni debemos perder de vista.
Así pues, me reitero en el hecho de que las transformaciones de la ciudad son inevitables. La ciudad de ahora no es la misma que la que fue hace dos años, o que la que será dentro de tres. Asumiendo este futuro, lo que se nos abre desde la estructura urbana que tenemos ahora, desde la mezcla de todos los puntos de vista presentados, es un abanico de mundos posibles. Uno de esos mundos hipotéticos, que sería el mundo de la simple y absoluta degradación, realmente no me parece el más probable. La orientación más probable parece ser la que más conviene a una de esas cartografías a las que me he referido al principio, que es la cartografía de la voluntad del Poder existente dentro de la ciudad, vinculado directamente a su representación como un espacio económico sometido a las leyes del mercado.
Así, del mismo modo que hay una parte de la ciudad que se compra y se vende, la otra parte de la ciudad, deficitaria, es una parte que las estructuras del Poder se han apañado, de una manera terriblemente inteligente, para acabar convirtiendo también en una parte productiva. En estos momentos, lo que debería constituir la parte deficitaria al servicio de esa parte productiva, de esa parte con valor económico positivo, es una parte de la que el modelo económico vigente ha sabido sacar partido.
Las transformaciones más probables parecen entonces ser las que están vinculadas a la esfera del Poder. ¿ Quién tiene entonces el Poder real de tranformar la ciudad? Porque los cambios se producen en base a una categoria fundamental, que es la propia naturaleza física de las ciudades, a las que no podemos renunciar, como muy bien expone Jose Manuel Naredo al hablar de la inexorablilidad de la propia ley de la entropía.
O sea, que estamos refiriéndonos a un modelo de desarrollo dependiente principalmente de una relación coste-beneficio. Sí una transformación viene a suponer un beneficio mayor que lo que representan sus costes, voy a hacer esa transformación, que automáticamente va a modificar el espacio económico del resto de la ciudad, y también el espacio de probabilidades sobre el que el resto de los distintos poderes que confluyen en la ciudad, van a tener que tomar sus decisiones. Es esa especie de ligazón entre transformaciones progresivamente más rentables para la propiedad del suelo, la que aparece inicialmente como la transformación más probable de cara a un futuro inmediato.
Así que aquí es cuando voy a faltar a mi palabra, volviendo a ser pesimista. Pero es que resulta evidente que el proyecto de la ciudad de Madrid no es un proyecto social. La decisión de las transformaciones urbanas se producen en el interior de espacios de Poder, individualizados y reducidos, dónde la teoria de la acción racional se individualiza, y los sujetos intervienen, en un altísimo porcentaje de las ocasiones, únicamente en la búsqueda del mayor beneficio posible.
Las declaraciones de Área de Rehabilitación Preferente
Un ejemplo claro podría ser el describir como intervienen determinadas acciones que se están produciendo sobre la ciudad, o sobre este barrio de Lavapiés, con las declaraciones de Áreas de Rehabilitación Preferente. Nos encontramos frente a la decisión municipal de convertir Lavapiés, o el Puente de Vallecas, o la zona de Cuatro Caminos, en áreas sujetas a procesos de Rehabilitación que tendrían en buena lógica que estar ligadas a mejorar la situación de los ciudadanos y ciudadanas que habitamos en estos barrios.
Sin embargo, hay dos voluntades que no tienen nada que ver con el propio interés o con la calidad de vida propia del vecindario. Por una parte, se trata de canalizar lo que son nuestros impuestos, que constituyen un sistema impositivo desarrollado desde las nociones básicas del llamado estado de bienestar, en forma de inversión hacia determinadas empresas privadas. Y por otra parte, se produce una subvención encubierta, destinada a dislocar el sistema de precios, a favor no precisamente de los ciudadanos que habitamos estos territorios. Esta es la voluntad real, pero encubierta, que existe detrás de la declaración de un Área de Rehabilitación, por muy buenas voluntades que nos podamos encontrar en su exposición mediática o en su memoria expositiva.
Es una dificultad tremenda convertir entonces estos procesos en proyectos verdaderamente sociales. Porque se produce una inversión clara en base a la cartografía de la rentabilidad. Ya que el espacio mercantil no responde a intereses sociales, sino que constituye un espacio político, artificial, basado en la relación entre los costes y los beneficios, y en la optimización de esos beneficios, cuya lectura pública puede ser tergiversada de acuerdo con el como contabilicemos esas variables. Los precios del suelo no tienen nada que ver con los verdaderos precios del suelo, y para ello podríamos remontarnos hasta los primeros debates sobre la renta de la tierra. Estos tienen lugar por primera vez en el mundo anglosajón a finales del siglo XIX y os propongo como bibligrafía básica sobre este tema el libro "Progreso y pobreza" de Henry George, en el cual se insistía sobre lo que es la realidad del precio de la tierra y el coste de transformación del suelo.
Preguntémonos porque al Poder mercantil, al Poder que construye la ciudad, le interesa depredar la mayor cantidad posible de suelo rústico a un coste elevadísimo de construcción de megainfraestructuras, autopistas, aeropuertos, cuando lo más elemental sería invertir en el mantenimiento de la ciudad existente, en lugar de permitir la degradación sistemática de aquellas partes que son incapaces de convertirse en un parque temático. No tiene sentido alguno el que resulte más barato en estos momentos vivir en un chalet adosado en Villaviciosa de Odón, con su carga de infraestructuras, con su coste de suelo, que vivir en una zona declarada en proceso de rehabilitación en el centro de la ciudad. Esto tiene que ver con una subversión de lo que son los términos económicos. La solución vendría entonces aproximando el coste real a lo que es el beneficio real, orientando el desarrollo de la diudad hacia una finalidad social.
Hacia un modelo de desarrollo social
¿ Cómo podemos transformar entonces la Ciudad en un proyecto social? La verdad es que la cosa no es fácil. Sin ánimo de ponerme a contar batallitas, me gustaría recordar una experiencia personal. La semana pasada estuve en unas jornadas organizadas por las parroquias rurales asturianas, en las zonas que constituyen socieconómicamente el estrato más bajo del medio rural asturiano, preguntándonos cosas muy parecidas a las que podemos estar planteándonos hoy aquí. ¿Como en aldeas que no superaban los cuarenta habitantes, se producen inquietudes tan parecidas a las que tenemos en una ciudad como Madrid, de cuatro millones de habitantes? En una polémica terrible, unos colegas míos de profesión afirmaban que los territorios que no eran económicamente rentables, eran territorios condenados a desaparecer. Y esto constituye el ejercicio de una lógica durísima, en la que parece entonces que el territorio que no es capaz de someterse a estas leyes de rentabilidad, precisamente por representar una componente negativa en la cartografía económica de la ciudad, esta condenado a padecer un proceso de transformación de su naturaleza económica, en base a los principios neoliberales que están presentes en las decisiones tomadas desde nuestras administraciones.
Porque no se debería tratar de convertir todos los espacios privados en espacios completamente mercantilizados, en el que el metro cuadrado puesto en el mercado posee un precio de cientos de miles de pesetas. Pero incluso el territorio que teóricamente no se puede vender, como puede ser la propia calle, o los propios equipamientos, o este mismo espacio, si se sigue manteniendo como un espacio social... ¿ Cómo se les puede llegar a imponer una componente económica positiva? Esta es una cuestiónque se relaciona íntimamente con uno de los debates políticos que tenemos en este momento sobre la mesa. La forma es destinar directamente lo que se entiende como inversión pública al servicio de la propia máquina mercantil.
Lo que deberíamos exigir entonces las fuerzas sociales es un ejercicio de responsabilidad por parte de aquellos que detentan el Poder de decisión, ya que las acciones que sufren nuestros territorios son, en demasiadas ocasiones, deliberadamente irresponsables. Así se podrán describir algunas direcciones en las cuales podemos llegar a jugar un papel importante.
Tanto en el mundo rural, como en el espacio central urbano, parecemos predeterminados a padecer las consecuencias de las decisiones que se producen en función tan solo de los intereses de la esfera mercantil, que actúa bajo la lógica de un crecimiento sin control. Las consecuencias en forma de costes ambientales, económicos y sociales sobre el medio natural y la población que habita el territorio, nos ofrecen una buena aproximación a la irresponsabilidad con la que actúan nuestros gobernantes.
Así que sería la idea de responsabilidad la que debería enlazarse con el producto social. Fundamentalmente mediante dos mecanismos básicos. Por un lado el de la formación de una ciudadanía consciente del conjunto de sus derechos. Y por otro, mediante el acceso a una información clara sobre los procesos que afectan directamente a nuestras vidas. La ausencia de formación e información que sufrimos los ciudadanos madrileños es una gran lacra que arrastramos todos los agentes y sujetos sociales que componemos la metrópoli, de la cual, si no hacemos nada por remediarlo, se seguirán aprovechando los depredadores inmobiliarios.
02. La Ciudad difusa
Luis Cortés
- Sociólogo, profesor de Sociología de la UCM
Quisiera empezar confesando que no conozco ningún trabajo ni ninguna teoría que me explique satisfactoriamente lo que, por otro lado, estoy viendo que está pasando alrededor de aquello a lo que nos referimos cuando hablamos de la ciudad. Lo que voy a exponer son sencillamente una serie de ideas y reflexiones fruto de mi conocimiento de las periferias y del centro de Madrid.
La complejidad de los procesos que tienen lugar en la ciudad, parten de la dirección que siguen los cambios a los que está sujeta y de nuestra capacidad de intervención sobre ellos, lo cual va a depender de la fuerza que posean determinados grupos sociales a la hora de desarrollar las tendencias que plantean. Si decidiéramos intervenir pensando que tenemos la capacidad de transformar de forma inmediata las tendencias dominantes, no podría dejar de plantear que lo llevabamos claro de antemano. Sin embargo, sí se pueden producir, de hecho se están produciendo, otros niveles de intervención que tienen mucho que ver con lo que es la ciudad real. Son las agujas, los trompicones que se oponen a la lógica de lo que está ocurriendo. De tal manera, que hablar hoy en día de Modelos de Desarrollo Urbano o Modelos de Ciudad es al menos contradictorio, y en cierta medida, paradójico.
La hipótesis básica que me gustaría plantear entonces es que existe un Modelo de Desarrollo Urbano que se está haciendo dominante, y que de alguna manera está definiendo los ciclos y la evolución de las ciudades, y como consecuencia, los propios Modelos de Ciudad que se están desarrollando hacia el futuro. La ciudad nueva se nos viene encima dominando la lógica de la ciudad existente. Pero no se pueden entender la una al margen de otra, sin situarnos en los puentes que las enlazan.
Sobre la tesis de que el modelo de ciudad dominante se asienta en intereses y lógicas productivistas, controladas desde el sector inmobiliario, y su aliado estratégico, el sector financiero, nos encontramos frente al hecho de que la base del modelo dominante, como la de cualquier modelo, se apoya en la exigencia de que el sector que lo impulsa y controla funcione, siendo esta exigencia precisamente la del crecimiento de la producción inmobiliaria. Cuanto más se produzca, los argumentos promotores plantean que mejor funcionan las cosas.
Este sector inmobiliario-financiero no esta ni mucho menos aislado. Se relaciona con otros sectores económicos, políticos y sociales, porque su realidad consiste en que sólo puede continuar creciendo su producción si existen otros sectores en los que se instale la necesidad de comprar, de adquirir la propiedad de esa producción. Pero no son todos los sectores sociales los que pueden acceder a los precios que predetermina el mercado. De esta forma, aquellos sectores que no pueden comprar, se deben controlar. En estos casos las políticas de bienestar tienen una función esencial para el funcionamiento del propio sistema.
Ahora bien, el sector inmobiliario no puede imponer por sí mismo este modelo, necesita apoyarse en elementos y factores que de alguna manera lo refuercen y lo hagan real. De esta forma veremos como en realidad lo que está sucediendo en la ciudad se relaciona con otros cambios y transformaciones sociales. El concepto básico que debemos asumir es que el modelo urbano se correlaciona con el modelo económico y con el modelo social.
Rasgos del modelo urbano y territorial actual
El modelo urbano y territorial actual presenta un aumento continuado de la producción de viviendas, y un constante desarrollo de las infraestructuras y los equipamientos. La razón de la presencia de este rasgo de crecimiento es interna al propio sistema productivo inmobiliario. Esto es, su base se asienta en la generación de nuevas necesidades de vivienda, condicionada por las características demográficas del territorio, la movilidad residencial, y sobre todo, por el aumento de los planes de vivienda inversión o segunda residencia.
También existe la presencia de la difusión, del uso expansivo del territorio. Frente a la ciudad compacta, cerrada y finita, nos encontramos con una en la que se podrían plantear como superadas las nociones del límite que supone la distancia. La razón es la aparición de nuevas necesidades sociales, generadas y producidas socialmente, como efecto de la capacidad que tienen determinados grupos de crearlas y extenderlas.
De esta manera aumentan continuamente las dimensiones de todo aquello que se hace en la ciudad difusa. Pero lo que crece principalmente es el espacio que ocupan las viviendas y el destinado a un uso privado. Se desarrollan, aparecen a toda velocidad en la ciudad, las grandes infraestructuras, las grandes superficies comerciales y los grandes parques temáticos, mediante criterios de rentabilidad que generan una concentración y una unificación de comportamientos y hábitos sociales sin precedentes. Se produce un hecho retroalimentado, que consiste en que a través del crecimiento se genera una pauta acumulativa de inversiones en estructuras que hacen posible el crecimiento. Así se extienden beneficios de gran tamaño al sector inmobiliario, a las grandes empresas y las grandes obras que lo hacen posible, lo que supone fundamentalmente el núcleo del modelo urbano y territorial actual.
Mientras que los ciclos inversores son muy rápidos, cada vez más veloces, a la vez el sector inmobiliario busca la fluidez a la hora de competir con el sector financiero. La planificación y los proyectos ocupan un lugar secundario, frente a la inmediatez marcada por la base de competencia de este modelo. La planificación no parte de la participación social, sino de estos sectores que no valoran ni las consecuencias ni los costes derivados de los efectos de sus intereses. No se produce una contabilidad social de costes, porque lo político, los supuestos poderes de representación de la ciudadanía , están permanentemente al servicio de lo económico. El mercado es el monarca absoluto de la ciudad, que destruye los tejidos sociales como ejercicio para la generación de un espacio vacío de lógicas alternativas que lo contrapongan.
Así llegamos a la evidencia de que este modelo actual lo desarrolla el sector privado de forma prioritaria y que la inversión pública está a su servicio. Mediante la ruptura de todos los límites que supone la liberalización, se promueve una nueva ley del suelo sobre el territorio de la Comunidad Autónoma de Madrid que permite el crecimiento sin control y continuado. Se privatizan las empresas públicas, lo privado devora lo público, y la propiedad se manifiesta como una forma extensiva de liberalización. Apartando los intereses públicos colectivos, se promueve la planificación privada, acortando los plazos y los costes, y se potencia el mercado del suelo, extendiendo las dimensiones del territorio sujeto de convertirse en privado y productivo económicamente.
Algunas consecuencias de la nueva ciudad
Ya hemos mencionado que la ciudad nueva que se nos viene encima intenta hacerse global también en lo que respecta a la ocupación del territorio. La urbanización se extiende, aumenta vertiginosamente la ocupación urbana y el espacio susceptible de urbanización. En este aspecto la ciudad también intenta entonces hacerse más global, y el efecto básico consiste en una absorción de lo existente y en una unificación de lo que existe. La ciudad ya no es abarcable, y una serie de usos del territorio quedan restringidos.
El medio ambiente natural también se transforma frente a la ciudad difusa, debido a la fuerte utilización de sus recursos. Aquí se podrían situar los efectos básicos de la crisis ambiental, mediante la tendencia dominante en las políticas medioambientales
de restringir el uso social de determinados espacios como mecanismo de conservación. La protección de recursos y espacios naturales queda limitada a una restricción de su uso por parte de la mayoría de la sociedad, en lo que aumenta simultáneamente la privatización de la ciudad.La ciudad difusa fomenta la privatización, ya que nuestra única forma de apropiación del espacio de la misma ciudad empieza por la compra de una vivienda. Un ejemplo demostrativo de la manera en que fomenta la privatización podría consistir en la descripción de las urbanizaciones privadas del norte de Madrid. Calles privadas en las que para acceder primero tienes que superar una identificación y una confirmación de que tu presencia, por esta vez, resulta deseable. Resulta una cuestión muy importante este tema de que la seguridad también esté privatizada, porque influye directamente en la protección frente al otro o frente a lo ajeno, y como consecuencia, en el reforzamiento de la identidad de grupos atomizados y divididos.
La realidad privada de estos grupos frente a otras realidades que apuestan por evitar el deterioro de la esfera de la público, interconectadas a su vez con el abandono de lo que venimos llamando la ciudad existente. Una fuerte lógica mercantilista que hace que lo nuevo sea precisamente lo más repetido, pero también lo más buscado. Y que como consecuencia se produzca el abandono del centro de la ciudad y de las mismas periferias, que han visto como crecían nuevas periferias a su alrededor. Se deterioran los cascos urbanos del centro y de las periferias, se abandonan, y los programas de intervención introducidos obedecen a esta fuerte lógica mercantil.
En último lugar, el aumento de la segregación espacial provoca que muchas zonas se estén transformando en guetos, lugares dónde se concentran los grupos y se restringe el uso colectivo o de otros grupos. En estas ciudades invisibles se potencia la desigualdad social y, como efecto, aumentan los problemas y los conflictos sociales.
La nueva ciudad. La ciudad difusa.
Describir entonces como es una ciudad dispersa en el espacio que manifiesta un uso extensivo del territorio. En la que se consolida la separación de funciones en el espacio. Un lugar para dormir, otro para trabajar, otro para el ocio que también es el espacio para comprar. En la que el urbanismo se estructura en torno a las viviendas de baja densidad, en la forma del chalet, en las grandes superficies y espacios comerciales, y en las grandes vías de locomoción, claro está, mediante transporte privado.
Se da en la medida que desaparecen los componentes esenciales de la ciudad. La calle es una vía de comunicación y las plazas y lugares públicos, añadidos de los espacios centrales en vez de lugares de relación.
La ciudad difusa es una ciudad para transitar, no para vivir. Se vive en la medida que se transita, difícilmente viven quiénes no tienen esa capacidad o la ven muy menoscabada. La ciudad difusa se extiende a la ciudad compacta, la transforma, la cambia, y la quiere destruir. Para ello se enfrenta a un peligro básico, los grupos y sectores solventes que dejan la ciudad difusa para ocupar la ciudad compacta. Este proceso expulsa a sus antiguos habitantes, de una forma no lineal, sino en la que se van produciendo separaciones internas.
Las estrategias de resistencia posible podrían tener varios objetivos a varios niveles. Criticar lo existente, rompiendo la lógica de que lo único posible es lo que se está construyendo sería una primera propuesta. Defender la ciudad compacta y sus elementos esenciales, recuperando la ciudad como espacio de relación y de mezcla. Añadiendo la posibilidad real de liberar espacios de la ciudad difusa.