Los funerales del héroe se realizaron el 28 de junio -ocho días después de su muerte, en momentos en que se liberaba el combate de Cañada de la Cruz- y rindió el homenaje Manuel Antonio de Castro (1776-1832).

Este participó en los sucesos de Mayo de 1810; fundó la Academia de Jurisprudencia; fue Gobernador Intendente de Córdoba entre 1817 y 1829; Diputado en 1825; preparó la parte sobre Poder Judicial en la Constitución de 1826 y fue Presidente de la Cámara de Justicia.

En su homenaje dijo: "La Justicia era el nivel de su conducta. El jefe y el soldado, el poderoso y el desválido, todos eran iguales en presencia de Belgrano cuando se trataba de los derechos de cada uno".

"Jamás disimuló faltas ni delitos por las clases de personas y solo el benemérito y honrado era el acreedor a sus consideraciones. La generosidad formaba su carácter, con ella se hizo dueño del corazón de los pueblos y aún de sus mismo enemigos.

Desinterés!. Olvidaba sus propias necesidades para socorrer las de sus compañeros de armas y las de todos los menesterosos. Honor!. El suyo fue extremadamentre delicado."

"Conservez le souvenir d’un héros, dont la bonté avait égale le courage".

 

Ya por entoncés decía: enseñanza primaria aun para labradores, técnicas en el laboreo, enajenación de baldíos por venta o enfitéusis, etcétera. "La riqueza nace de la cultura-repetía-, luego, las naciones más instruídas, y por consiguiente ricas, gozarán de los beneficios de la paz".

Tras el fracaso del general José Rondeau en la tercera compañía del Alto Perú, culminada en el desastre de Sipe Sipe, debía designarse su reemplazante. San Martín le escribió a Tomás Godoy Cruz el 12 de Marzo de 1816: "En el caso de nombrar a quien deba reemplazar a Rondeau, yo me decido por Belgrano: éste es el más metódico de lo que conozno en nuestra América, lleno de integridad y talento natural: no tendrá los conocimientos de un Moreau o Bonaparte en punto a milicia, pero créame, que es lo mejor que tenemos en América del Sur".

 

Sin duda entre San Martín y Belgrano hubo una sincera amistad y compenetración, plena de desinterés y respeto.Bartolomé Mitre lo expresa con acierto: "Ambos se admiraban: el uno por ese poder magnético que ejercen las organizaciones poderosas, el otro por la simpatía irresistible que despierta el hombre que sobrepone el espíritu sobre la materia". Y agrega: "Se ayudaban y complementaban mútuamente sin hacerse competencia. Las relaciones entre San Martin y Belgrano fueron siempre cordiales, entusiastas, llenas de lealtad; y ambos se hicieron en todo tiempo la más completa justicia".

 

Hablando de los espíritus malvados que a toda costa querían crear roces o supuestos conflictos, Guemes le escribía: "Hace Ud. muy bien en reírse de los doctores: sus vocinglerías se las lleva el viento, porque en todas partes tiene fijado su buen nombre y opinión. Por lo que respecta a mí, no se me da el menor cuidado: el tiempo hará conocer a mis conciudadanos que sus afanes y desvelos en servicio de la patria no tienen más objeto que el bien general. Créame, mi buen amigo, que éste es el único principio que me dirige y en esta inteligencia no hago caso de los malvados que tratan de dividirnos. Guemes es honrado, se franquea con Ud. con sinceridad, es un verdadero amigo y lo será más allá del sepulcro y se lisonjea de tener por amigo a un hombre tan virtuoso como Ud. Así, pues, trabajemos con empeño y tezón que si las generaciones presentes nos son ingratas las futuras venerarán nuestra memoria; que es la recompensa que deben esperar los patriotas desinteresados. Dejemos a esa gavilla de ambiciosos que revolotean en nuestra revolución, que si ellos logran algunas ventajas, en sus proyectos, la idea de sus crímenes y delitos, los tendrá siempre agitados y llenos de descontento hasta que el Ser Supremo que existe en los cielos acabe con esas existencias perversas.

 

La gran victoria obtenida en Salta, el 20 de febrero de 1813, por el ejército que mandaba Manuel Belgrano determinó que la Asamblea General Constituyente, cuyas sesiones se habían iniciado en Buenos Aires el 31 de Enero de ese año resolviera premiar a los jefes, oficiales y soldados con un escudo -de oro, plata y paño respectivamente- ornado por palmas y laureles que rodeasen esta inscripción: La Patria a los vencedores de Salta.

Los diputados también dispusieron honores especiales para el ilustre patriota que los condujo al triunfo a quien se le daría un sable con guarnición de oro y la leyenda La Asamblea Constituyente al benemérito General Belgrano grabada en su hoja. Además se lo premiaría con "La donación de la cantidad de $40.000 señalados en valor de fincas pertenecientes al Estado". Anoticiado de estas decisiones de la Asamblea el prócer envió desde Jujuy, con fecha 31 de Marzo una nota al Poder Ejecutivo Triunviro en la que, junto con su agradecimiento, manifestaba su decisión de destinar los expresados curenta mil pesos para la dotación de cuatro escuelas públicas de primeras letras en que se enseñe a leer y escribir, la aritmética, la doctrina cristiana y los primeros rudimentos de los derechos y obligaciones del hombre en sociedad hacia ésta y el gobierno que la rige, en cuatro ciudades, a saber: Tarija, ésta (Jujuy), Tucumán y Santiago del Estero (que carecen de un establecimiento tan escencial e interesante a la región y al Estado, y aún de arbitrios para realizarlo), bajo el reglamento que pasaré a V.E. y para dirigir a los respectivos Cabildos con el correspondiente aviso de esta determinación, reservándome de aumentarlo, corregirlo o reformarlo siempre que lo tenga por conveniente".

Como destacó el historiador Humberto A. Mandelli en un extenso y completo estudio que dedicó a la donación hecha por el vencedor en Salta, "este renunciamiento no es el primero en la vida de nuestro prócer pués siendo vocal del Primer Gobierno Patrio renunció en 1810 al sueldo de $ 3000.- que se le había asignado y cuando lo hicieron Jefe del Regimiento de Patricios solo pudo renunciar a la mitad de su sueldo". Fué en esta última ocasión en la que manifestó que le era "sensible no poder hacer demostración mayor, pues mis facultades son ningunas y mi subsistencia pende de aquel, pero en todo evento sabré también reducirme a la ración del soldado".

Corridos casi dos meses, Belgrano redactó el reglamento para las cuatro escuelas a las que había decidido dotar.

Reglamento que deberá regir a las cuatro escuelas de Tarija, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero que he resuelto dotar con los cuarenta mil pesos de premio que me señaló la Soberana Asamblea General Constituyente, mientras que el Supremo Poder Ejecutivo, a quien se remite para su aprovación se sirve con mejores luces enmendarlo y perfeccionarlo según estime más conveniente al interés de la educación de la juventud de los pueblos.

 

Art. 18: El maestro procurará con su conducta y en todas sus expresiones y modos inspirar a sus alumnos amor al orden, respecto a la religión, moderación y dulzura en el trato, sentimiento de honor, amor a la verdad y a las ciencias, horror al vicio, inclinación al trabajo, desapego del interés, desprecio de todo lo que diga a la profusión y al lujo en el comer, vestir y demás necesidades de la vida, y un espíritu nacional que les haga preferir el bien público al privado y estimar en más la calidad de americanos que la de extranjero.

 

Art. 19: Tendrá gran cuidado en que todos se presenten con aseo en su persona y vestido, pero no permitirá que nadie use lujo aunque sus padres puedan y quieran costearlos.

 

La muerte del general Don Manuel Belgrano acaecida en Buenos Aires el 20 de Junio de 1820, día caótico en que la ciudad vió sucederse tres gobernadores, no tuvo repercusión alguna en medio de las convulsiones de la anarquía. Sin otros recursos que el crédito de varios sueldos no cobrados, el auxilio personal de dos de sus hermanos -una mujer y un sacerdote- y la abnegación de su médico, el moribundo había concentrado en su último aliento el amor y el desencanto supremos de su vida: "Ay Patria mía!"

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