"GUABIRU"
El hombre-rata de Recife
Lo que ocurre en recife es sólo una parte de una tragedia mayor.
El capitalismo ha creado sin meditar sus efectos, un nuevo tipo de ser cuyas características, en mayor o menor medida, no sólo son visibles en Brasil.
En cualquier país del tercer mundo o cuarto mundo se pueden identificar los tipos humanos que, de manera descarnada, describe la socióloga Taciana Portella.
Las teorías evolucionistas de los científicos del Primer Mundo, aventuran una conformación antropomórfica del hombre del siglo XXI adaptado a la comodidad de la automatización, un tipo nacido en la asepsia y el orden, donde la musculatura gruesa se va progresivamente atrofiando para dar paso a una mayor capacidad de la musculatura fina, la única realmente útil cuando las principales labores se realizan frente a un computador o un panel de botones que responden en centésimas de segundo a una casi imperceptible presión dactilar. El cerebro del hombre del futuro, siempre en el contexto de la civilización hiperdesarrollada de las grandes potencias, es capaz de superar progresivamente sus capacidades, generando a un ser más calculador y capaz de emplear su potencial mental para una actividad más creativa. El ser humano del próximo milenio tenderá a ser, según los futurólogos, más menudo, debido al menor esfuerzo que deberá realizar, y el centro de su quehacer estará en cómo ocupar las horas libres que, proporcionalmente al avance de la tecnología serán cada vez más.
Un futuro venturoso espera a quienes viven de los beneficios del Primer Mundo, una esfera de la humanidad que se separa con fuerza del resto, llevando sobre sus hombros la liviandad de unos poco elegidos y postergando (olvidando es el término correcto) a la gran mayoría del planeta que deberá esperar varios siglos más para poder alcanzar algún grado de tecnologización que pueda influír de manera positiva en su desarrollo antropológico.
América Latina es, precisamente, uno de esos focos de desigualdad, donde las contradiccione
s socio económicas alcanzan grados tan profundos, que sus efectos sobre la morfología del ser humano apuntan más decididamente a la involución, al degeneramiento de la estructura física y mental y a la atrofia de toda capacidad reflexiva para dar paso a un circuito elemental de instintos, donde la necesidad de comer es el elemento rector de la conducta de este ser que empieza a transmutarse, a mimetizarse trágicamente con su entorno, un ambiente que no es natural sino que es el escenario del deshecho de un sistema que no perdona el orígen bárbaro, que condena a muerte a una nueva clase de plebeyos cuya condición de seres humanos está en duda y se asemejan más a nuestras pesadillas que a nuestros mejores deseos de progreso.
"...no se trata de una especie vinculada a una ciudad u otra sino a un modelo de desarrollo socioeconómico, que se aplica en este país e incluso en otros".
La realidad que se describe en la entrevista que hace María Ester Gilio a la socióloga Taciana Portella, pertenece a un sector del Brasil, un país donde los contrastes y las exuberancias no se dan sólo en su geografía y su naturaleza magníficas, sino también en la desbordante opulencia de sus mínimas minorías y la indescriptible pobreza de sus interminables mayorías.
La descripción del Guabirú es un llamado de alerta; es una nueva campanada que llama a meditar con más detención sobre el vardadero rostro del capitalismo, un sistema que incuba dentro de su propio ser el germen de su descomposición.
"... es un ser para quien matar o morir no significa nada, porque su contacto con la muerte es constante, por lo cual la muerte dejó de tener importancia".
Por muy local que sea la descripción que se hace, no se pueden dejar de hacer las comparaciones con países como el nuestro donde, ignoradas por los cálculos oficiales,
escondidas tras un nuevo vallado -el de la fría estadística exitista-, sobrevive y permanece una nada despreciable cantidad de seres que se balancean peligrosamente en la cuerda floja: a veces Guabirús, aveces personas.
Patricio Aguilar C.
Nace un extraño hombre: Guabirú
RECIFE. Con sus tres millones de habitantes, Recife reúne los más altos índices de desempleo y carestía del Brasil. Según la socióloga Taciana Portella, integrante del Centro de Estudios Josué de Castro, la obsesión por comer, sumada al miedo de los demás hacia quién la sufre, han dado origen al hombre Guabirú.
Nace un extraño hombre: Guabirú
RECIFE. Con sus tres millones de habitantes, Recife reúne los más altos índices de desempleo y carestía del Brasil. Según la socióloga Taciana Portella, integrante del Centro de Estudios Josué de Castro, la obsesión por comer, sumada al miedo de los demás hacia quién la sufre, han dado origen al hombre Guabirú.
"Quem viver em Pernambuco
deve estar desenganado.
Ou há de ser Cavalcanti
ou há de ser cavalgado", decía una canción Pernambucana cuyos orígenes se pierden en las sombras del siglo pasado. Y aunque la canción ya nadie la canta y pocos la recuerdan, eso no significa que la canción haya cambiado. Igual que hace más de un siglo, hoy, en Pernambuco, mientras unos cabalgan, otros son cabalgados. Del "ciclo del cangrejo"(1), que describió Josué de Castro hace más de treinta años, se ha pasado hoy al hombre Guabirú que describe Taciana Portella, socióloga del centro Josué de Castro.
Sentada al otro lado del escritorio, la cara brillante y el pelo húmedo, Taciana cuenta. Casi no le veo los ojos porque las persianas de cuatro ventanas están bajas. Afuera 38 grados de temperatura evaporan con celeridad que asombra el agua de una lluvia que hasta hace veinte minutos parecía el prefacio del segundo diluvio. Gira ruidoso el ventilador del techo y Taciana habla.
"Recife es una ciudad muy pobre -dice-, una metrópolis de tres millones de habitantes cuyos índices de degradación baten records.
Tienen los más altos índices de desempleo y carestía del Brasil y el mayor número de enfermos de cólera. Pernambuco, que fué uno de los estados más ricos del Nordeste, ha sido destruído por el monocultivo de la caña y el latifundio. Situación que el modelo de desarrollo implantado por la dictadura del 64 consiguió profundizar aún más, aunque parecía increíble".
Por la independencia económica qué implicaba?
Sí, "desarrollo dependiente", si es que puede hablarse de tal contrasentido. Y en toda esa historia de militares, Recife fué de las ciudades brasileñas la que pagó el precio más alto.
Porqué el más alto, más que San Pablo o Río?
Lo que pasa es que Recife era más miserable y con aquellos se hundió del todo en la miseria. Salvo, claro, la pequeña minoría que se volvió más rica.
Cómo fué elaborada su teoría del hombre Guabirú, el hombre rata?
El guabirú es una rata grande. Josué habló del cangrejo. El vivía cerca del mangue(2), había llegado a la costa con su familia del interior seco, y siendo aún muy niño se sintió impresionado por el problema del hombre que descubrió en la ciudad adonde había llegado. Estudiando la vida en el mangue, él vió que aquellos hombres que se alimentaban de cangrejos pensaban y sentían como cangrejos.
En qué sentido lo decía?
En el sentido de que toda su vida giraba en torno a los cangrejos y estaba dominada por la necesidad de comer, lo mismo le pasaba a los cangrejos(3). En cuanto a mí misma, también me sentí muy atraída por ese problema del hombre, que en Recife no ha cambiado.
Su búsqueda partía de los descubrimientos de Josué de castro.
Sí, aquellos hombres del "ciclo del cangrejo"en una ciudad que había crecido seis o siete veces -hoy Recife tiene tres millones de habitantes-ya no pesaban. Pesaba otro hombre, que vivía en los mangues o en cualquier parte y que estaba obsesionado por comer como aquél que había observado Josué de castro. Estudié la vida de los que pasaban hambre en Recife. Hambre de alimentos, de trabajo, de educación y morada.
Compañeros del instituto y yo que observamos a este hombre y lo discutimos, llegamos a la conclusión de que era descendiente de aquél que sentí como cangrejo, del que había hablado Josué de Castro. A este hombre lo llamamos hombre de guabirú.
Que es como decir el hombre rata.
Sí, el Guabirú es una rata muy grande, muy fuerte, que vive en las ciudades.
El hombre guabirú no es débil.
No, no es débil, pero cuando yo digo que la rata es fuerte me refiero a cómo el hombre vive su presencia. El hombre vive a la rata como una amenaza. La rata es un bicho que le produ miedo y asco -dice Taciana y mira hacia el techo con aire abatido, pués el ventilador ha perdido velocidad y amenaza detenerse-.
Uno está hablando cosas tan terribles... cómo puede ocuparse de que un ventilador se detenga -agrega como para sí misma-. Y luego:
La rata produce ese sentimiento en el hombre y en eso se parece al hombre guabirú, pues éste produce ese mismo sentimiento en el hombre civilizado. Esos mendigos duermen en los rincones, que piden y roban, provocan en la mayoría de los otros hombres, los que tienen casa, familia y trabajo, ese mismo miedo y asco que producen las ratas, así como el urgente deseo de acabar con ellos, de exterminarlos. La reacción es "debemos protegernos, evitar que sigan multiplicándose".
Miedo que resuelven matando incluso, niños.
Sí, claro, también niños> El temor se extiende, crece y si no, cómo se explicaría la multiplicación de los grupos de exterminio?
Ese hombre miserable de Recife, no es semejante al de todas las ciudades Brasileñas?
Claro, claro que es, a pesar que lo identificamos y observamos por primera vez en Recife, el mismo hombre de Río, San Pablo, Bahía, Victoria. Existe en todas las ciudades brasileñas porque en definitiva no se trata de una especie vinculada a una ciudad u otra sino a un modelo, que se aplica en este país e incluso en otros. La diferencia está en el animal referencial.
Creo que el animal que usted llama referencial,en este caso la rata, se repite en todas partes. No hay otro que en las ciudades despierte esos sentimientos de los que usted habla.
Si, creo que tiene razón, que el bicho es el mismo.Está en todas las ciudades de América Latina, las cuales son escenario del mismo fenómeno de concentración de riquezas y de brutal pasaje, todos los días de pobres a miserables. Volviendo a nuestro hombre guabirú, el brasileño le diría que es un ser para quién matar o morir no significa nada, porque su contacto con la muerte es constante, por lo cual la muerte dejó de tener importancia. Hoy se muere por nada y se mata por nada. El cólera lo alcanza, las balas lo alcanzan.
Serían los hijos directos del modelo neoliberal.
Claro, eso creo. Ese modelo que es la gran mentira.
El mercado decide, mientras que el Estado, como la Justicia, se vendan los ojos.
Pero el estado neoliberal no tiene ojos vendados; dice que los tiene pero no es verdad. Está muy activo en defensa de los intereses de algunos grupos determinados.
Es decir, el estado no permanece ajeno, imparcial, ausente, sino que toma partido.
"Está en todas las ciudades
de América Latina, las cuales
son escenario del mismo fenómeno de concentración
de riquezas..."
Y eso es parte del proyecto de EE.UU. para la América Latina. Han llegado a lo que buscan desde hace cuarenta años, anexarnos. Han tirado abajo todas las barreras, nos hemos quedado sin límites ni defensas. Ni siquiera hacen falta ya las dictaduras. Saben porqué? Porque encontraron una forma más eficiente. Todos estos presidentes están haciendo cosas que ni los militares hicieron. Estamos viviendo el más brutal período de desempleo y de transferencias de divisas hacia los países centrales, mientras la deuda es cada vez más grande.
Cuáles serían, según sus observaciones, las características psicofísicas del hombre guabirú?
Su altura es menguante, su peso poco, siempre por debajo de la media. Su cuerpo, a menudo hinchado, tiene una piel áspera, y llena de cicatrices. Las piernas son ágiles en los muy jóvenes y bamboleantes en los adultos. Los piesdeformes y las manos incapaces de moverse con la blandura que exige el escribir, el coser, el dibujar, el cocinar.
Los dientes afilados y raros, señalan al carnívoro. Son cazadores por eso su oído es fino y su mirar aguzado. Ríen poco y son por instinto desconfiados, pués conocen las trampas que los demás hombres les tienden. Su casa no tiene techo, ni baño, ni ventanas. Su casa es el lugar de donde no los echan. Un rincón que a veces cubren con plástico, a veces con cartones, a veces con nada. En cuanto a la comida, aquí tenemos al hombre guabirú hablando, él mismo de lo que come, escuche:
"Como porotos, arroz, tomates ... eso me gustaría comer. Pero no, sólo alguna vez en el año, en la vida. Pero no hay. Entonces uno come cualquier cosa que encuentra tirada en la calle, adelantándose a los perros o a las ratas". Üna vez de madrugada, el hambre tan grande que tenía hizo que en el sueño me viniera una víbora de las enormes al cerebro y yo paf!!!, le corté la cabeza y el cuerpo sin cabeza empezó a saltar y yo a reírme y a cortar bifes y a freírlos. Ah, pero qué ricos eran..."-
lee Taciana con expresión seria y voz dura que irrumpe el racaraca del ventilador en el techo. La voz había vuelto y el ventilador lentamente se había puesto a girar.
Notas:
(1) Ël hombre defeca y orina en el barro lleno de cangrejos donde ha construído su casa. El cangrejo se alimenta de éstas y otras cosas que el hombre arroja allí. Con tales elementos el cangrejo forma la carne blanca que más tarde comerá el hombre, con lo cual se cierra el ciclo.
"Josué de castro.
(2)Mangue se llama a las poblaciones construídas sobre las orillas de ríos y canales.
(3)Ël hombre y la pobreza, actuando y reaccionando como dos factores de acción acumulativa, hacen que los habitantes no puedan comer porque no son capaces de producir y no produzcan porque están hambrientos". Josué de castro, en "Sete palmos de terra e un caixao".
(Extraído de "Liberation"del 24 de diciembre de 1993).