BLYXTON CONFIESA SER UNO DE LOS FUNDADORES DE LA TABERNA GALACTICA

 

Sin duda ignoraba hasta que punto ustedes, los terrestres, tienen la necesidad de sumergirse en la búsqueda de conceptos esotéricos. Pero es lógico; sus sueños, ideales y valores heredados se están desintegrando en mil irreversibles partículas. Comienzan a tomar conciencia de que su entorno real es tan estúpido, que sólo les queda la alternativa del alienado mental: ausentarse de la realidad. La huida fantástica. Bien... este es su problema y yo no dispongo de tiempo ni de ánimo para encontrarle una solución. Ni me importa.

¿Cómo fue el origen de la Taberna Galáctica? Simple y sencillo. En las cercanías de cualquier ruta comercial en el espacio puede uno encontrar bares, clubes, centros de recreo donde el fatigado personal de las grandes aeronaves acude en busca de descanso y distracción. Estos locales también son frecuentados por una heterogénea fauna cósmica: exiliados del polémico Segmento de Succión, mercenarios, aventureros, desertores de las magnas Tropas Espaciales, etc. ... Yo frecuentaba con asiduidad tales tugurios, acompañado por amigos incondicionales. Un día me enteré de que no éramos buena gente, algo peligrosos, y por nuestras pendencias acabábamos frecuentemente de rodillas en las iridiscentes prisiones de la Conferencia Astral.

La cosa llegó a ponerse realmente fea. Con tan negros antecedentes, no nos dejaban entrar ni en la reserva de asesinos irracionales. Para evitar todos estos mezquinos incidentes decidimos poner en funcionamiento un Bar de nuestra absoluta propiedad. Y así lo hicimos; por todo lo alto y de la forma más legal. Extremadamente legal. Así pues, se fundó una Sociedad en la que el capital estaba dividido en acciones, integradas por los aportes de los socios. AYATHON, el socio capitalista, era un viejo depravado muy simpático, que había almacenado una gran fortuna en operaciones más turbias que su siniestra moral. El resto de socios éramos vaho de bar y, en consecuencia, especialistas en problemáticas tabernarias.

Cerca de una vía Espacial de fluido tránsito, pudimos detectar la presencia de un meteorito originado por compactación de polvillo cósmico. Después de una exhaustiva exploración geoquímica, descubrimos que, por sus dimensiones, su peculiaridad mineral e incluso una bolsa acuosa en su interior, reunía las características adecuadas para nuestro objetivo. Era indicadísimo para construir en su interior una instalaciones de alto standing.

Dicho meteorito, aerolito, siderolito o lo que fuere, se encontraba afectado por un futuro proyecto de autovía aérea, hecho que lo condenaba en un breve plazo a ser desintegrado irreversiblemente. Pero como dicen en la Tierra: hecha la ley, hecha la trampa. Algo hemos aprendido de su mundo.

Uno de nuestros socios ocupaba un lugar en el departamento de Expansión Espacial. Hizo que la sociedad lo comprara por cuatro dorados, e inmediatamente nuestro amigo consiguió una orden por la cual quedaba revocada la sentencia de expropiación gubernamental. Siempre interesa tener a un amigo en la Administración.

A partir de aquel momento, los acontecimientos se precipitaron con gran rapidez. No existía lugar en la galaxia en que no se comentara el proyecto de construcción de la Gran Taberna. Nos hicieron muy sustanciosas ofertas y acabamos contratando, a muy bajo precio, especialistas en perforación, servicios de maquinaria, técnicos en hostelería espacial ... También empleamos a 500 inválidos, víctimas de la última guerra XHOST, que nos ofreció la Confederación: los muchachos cargados de medallas nos hicieron un trabajo de artesanía ... ¡Y conseguimos una desgravación indirecta sobre la Transparencia Fiscal de las Personas Anímicas! ¡Un verdadero regalo, tú! Si hubieras visto cómo lucía todo, el día de la inauguración ... ¡Qué vibraciones ...!

Los lásers a tope, los valvones de resonancia de escalofrío, los vibrohologramas de síncopa reiterante, al máximo ... corrieron cientos de litros de ultrasex ... Bueno para contarte, sólo puedo decirte que aquella noche pude mirarme al espejo sin desintegrarlo. ¡Qué éxito!

Respecto a las normas de comportamiento que se implantaron en el establecimiento, puedo decirte que fuimos extremadamente tolerantes. El público sabía dónde se metía y con quién se la estaba jugando, aunque no conocieran personalmente al cuerpo directivo. ¡Es que el lugar imponía por su monumentalismo y sofisticación!

Sólo en un aspecto fuimos intransigentes, estrictamente intransigentes: se prohibió entrada a dioses. Cada uno de nosotros había tenido anteriormente nefastas experiencias con estos engreídos entes sobrenaturales. Siempre alardeando de sus poderes y soliviantando al personal. Con su eterna cantinela trascendental, para luego largarse sin pagar ... ¡Qué malos perdedores son los dioses!

En cierta ocación, en la recepción del bar del pobre WYRTEN, a un dios cretinito, con el fin de causar un espectacular golpe de efecto a unos amigos suyos, no se le ocurrió otra cosa que crear 300 Majorettes, vestidas con pesados trajes de lagarto de Sirio y cantando la 5ª Sinfonía de Mahler ... Aquello se hundió. Sólo se salvó el estúpido diosecito. ¡Que se larguen los dioses a sus alabastrinos olimpos y reiterativos edenes, y que se vanaglorien de su aburrida inmortalidad ante los atónitos ojos de su serrallo de nínfulas, canéforas, púberes efebos y pececitos de compañía! ¡Que nos dejen en paz con nuestras efímeras miserias!

Desgraciadamente, y como podrás comprobar, el asunto no acabó bien ... y es que un auténtico ser tabernario siempre desea estar ante el mostrador, nunca detrás de él.

 

original de la revista TRIX. Años II, Nº 7

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