17 - Jesucristo y los cerdos.
Mateo 5 / 1. y Lucas 8 / 2.
Jesús y sus discípulos llegaron a la tierra de los gadarenos, que está en la ribera opuesta a Galilea. Al llegar Jesús a tierra vino a su encuentro un hombre endemoniado, que andaba desnudo y vivía en los sepulcros.
Este hombre al llegar junto a Jesús comenzó a gritar diciendo: Jesús Hijo del Dios Altísimo te ruego que no me atormentes.
El hombre estaba poseído por un espíritu inmundo. Cuando lo ataban con cadenas las rompía y escapaba.
Jesús le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y él le dijo: Legión, porque muchos demonios habían entrado en él.
Jesús dijo al demonio: Sal de este hombre espíritu inmundo.
Estaba allí cerca un hato de cerdos paciendo y le rogaron todos los demonios diciendo: Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos.
Y Jesús les dio permiso. Y saliendo los demonios de aquel hombre entraron en los cerdos los cuales eran como dos mil y todo el hato echo a correr hacia un despeñadero y se precipitaron al mar y se ahogaron.
Los que cuidaban los cerdos viendo esto huyeron y contaron a sus amos lo que había ocurrido.
En Levítico 11 / 7 y en Deuteronomio 14 / 8 queda terminantemente a los judíos comer carne de cerdo “su carne no comerás y con respeto a la sangre, la sangre no comerás en la tierra la derramarás como agua”
Si bien la ley prohíbe a los judíos comer cerdo no dice nada de negociar con ellos.
El cerdo en tiempo de Jesús (segun el historiador Flavio Josefo) era utilizado para la limpieza de muladares, excrementos y demás inmundicias de plazas y calles.
A la caída del sol antes de cerrar las puertas de la ciudad se introducían los cerdos que por la noche recorrían la ciudad limpiándola de inmundicia y excrementos.
Al salir el sol los cerdos eran llevados a sus campos .Esta tarea era una fuente de ingreso para sus dueños además de no gastar nada en mantenerlos.
Dice el relato bíblico que los cerdos se tiraron al mar y se ahogaron, entonces vinieron a pedirle a Jesús que se fuera de la región, pero no lo llevaron a juicio por destrucción de propiedad privada. Simplemente le pidieron que se fuera.
Suponemos que los dueños de los cerdos eran el Sumo Sacerdote Anás y su yerno Caifás, quienes bien sabían que no estaban cumpliendo con el espíritu de la ley. Ante cualquier tribunal judío habrían perdido el caso.
El odio que desde ese momento Anás y Caifás le tomaron a Jesús se manifestó meses más tarde en el arresto y condenación de Jesús.