Represéntate al demonio mostrándote toda la vanidad del mundo, y que te dice: “Todo esto te lo daré si postrándote me adoras”.
Dios mío, hazme conocer la vanidad del mundo para despreciarla.
El mundo es impostor: promete y no
cumple su palabra... Te ha prometido honores, riquezas, felicidad...
¿Te lo ha dado? Y aunque te lo diese; ¿podría calmar
la sed de felicidad que arde en tu corazón?... Es imposible...
porque en solo Dios hay paz y felicidad.
La felicidad que el mundo ofrece con
sus placeres, diversiones, honores, riquezas, sólo sirve para avivar
más y más esta sed. Como al hidrópico un poco de agua
no le quita la sed, sino que se la aviva más, así la felicidad
que el mundo ofrece sólo sirve para hacer al hombre más infeliz,
porque ve que no puede llenar su corazón plenamente...
Mientras has ido a saciar la sed en
los charquillos que te ha ofrecido el mundo, jamás has gozado de
paz...; el fastidio... malestar... inquietud... han devorado tu corazón...
¿Por qué, pues, no te desengañas? ¿Por qué
tienes prisionero tu corazón en las redes del amor mundano?... ¿Hasta
cuándo serás infeliz?... Rompe esas ataduras, y conviértete
a tu Dios y Señor, y hallarás paz.
Pero concedamos que el mundo cumple
lo que ofrece: ¿cuánto tiempo duraría esa felicidad?...
¿Te seguirá más allá del sepulcro?...
¿Qué te llevaras a la eternidad de
todas las vanidades que te ofrece el mundo?... Nada. ¿Hay algún
rey que se haya llevado su poderío al sepulcro? ¿Has visto
algún rico o poderoso que se haya llevado sus riquezas a la otra
vida?
No seas como tantos... Exclama: Vanidad
de vanidades, y todo vanidad. Sólo una cosa está libre de
esa vanidad, y es el amar y servir a Dios, porque en esto está todo
el ser y toda la felicidad del corazón humano...
El mundo no sólo es un impostor;
es también un tirano. Mira cómo esclaviza y martiriza a sus
servidores. ¡Qué exageraciones y sacrificios les impone en
el vestir, en el comer, en las etiquetas, y aun en diversiones y pasatiempos,
inocentes al parecer, que le ofrece!
¿No es verdad que si Dios,
cuyo yugo es tan suave y su carga tan ligera, tiene pocos servidores, tendría
muchos menos si les exigiese lo que les exige el mundo? ¡Y a estos
tales llama el mundo señores! ¡No son señores, sino
esclavos de mil miserias y caprichos!
Y tú has sido en algún
tiempo esclavo de los caprichos de ese tirano... ¡Qué tiempo
tan perdido!. Compara la felicidad presente que gozas sirviendo a Dios,
con los tormentos que sufrías cuando servías al mundo. ¿No
es verdad que son más dulces las lagrimas y la penitencia por Dios,
que los más ruidosos placeres mundanos?...
¡Dios mío! Gracias, infinitas
gracias te doy por haberme librado de la tiranía del mundo, y haberme
traído a tu servicio y amor. ¡Ojalá persevere en él
hasta la muerte!.
Exclamaré muchas veces: Vanidad de vanidades
y todo vanidad, menos el amar y servir sólo a Dios.
A.M.G.D.