Contempla a Jesús cómo sale del sepulcro
más resplandeciente que el sol.
Jesús, haz que resucite contigo para nunca más morir.
No abandona Jesús el sepulcro
como Lázaro, envuelto en el sudario, y ligado con ataduras, sino
libre de todo impedimento... vencedor de la muerte y del infierno... triunfador
del pecado y de Satanás... todo glorioso, resplandeciente, lleno
de gracia y majestad...
Sólo el resplandor de los ángeles
aterró a las mujeres... ¿Qué hará, pues la
vista del Rey de los ángeles cuando descubra su gloria a sus perseguidores?...
Yo te felicito por tu gloriosa y perfecta
resurrección, Jesús mío... Triunfaste, Rey mío
y Capitán esforzado; triunfaste de la muerte, del pecado y de todas
las miserias humanas...
Jesucristo resucita de modo que la
muerte jamás volverá a dominarlo.
Resucito para nuestra santificación,
y no es posible que el Autor de la vida y vencedor de la muerte sea otra
vez esclavo de su enemiga...
Cristo resucita inmortal, para enriquecernos
con el premio de la inmortalidad...
¡Que dicha la tuya tener por
Rey y Señor al que jamás podrá experimentar mudanza,
ni estar sujeto a ninguna miseria de esta tierra...
¡Rey inmortal, Dios mío!,
no me dejes perecer en manos de mis enemigos, antes bien revisteme de tu
fortaleza, para que pueda cantar eternamente victoria de la muerte y del
pecado.
Tú también resucitaste
a la vida de la gracia cuando hiciste aquella buena confesión, aquellos
días de ejercicios espirituales... ¿no te quedan hábitos
pecaminosos aún?... ¿Cómo has vencido y vences tu
pasión dominante?. ¿No has vuelto a morir, a recaer en tus
antiguos pecados?...
Pide a Jesucristo glorioso que te
dé gracia para no recaer en la muerte del pecado y para vivir vida
santa, perfecta, y acompañarle un día en la gloria del cielo.
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Hacer varios actos de la virtud opuesta a dicha pasión en esta semana todos los días. |
A.M.G.D.
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