Los modelos de escuela y rol docente

  • Mi ubicaci�n dentro de una de las parejas educativas.

En mi opini�n, me ubico m�s dentro del grupo �B� (los casos de tensi�n), espec�ficamente dentro de los educadores �vidos de afecto y admiraci�n. En verdad, en un principio recuerdo haberme planteado firmemente la idea de prevalecer el v�nculo docente � alumno por sobre lo educativo (e inclusive, con fuertes connotaciones en lo actitudinal; como bien sabemos, es este contenido una de las carencias m�s visibles de la escuela actual y, por ende, una de sus objetivos m�s recurrentes de todo plan educativo en vigencia) Pues bien, tras la lectura comprensiva del material te�rico adjunto al grisado de actividades, creo vislumbrar que una lista sin pretensiones de �perceptiva docente a seguir�, �receta m�gica�, deber�a incluir algunas de las siguientes caracter�sticas:
�alguien capaz no s�lo de brindar una conceptualizaci�n acorde a las necesidades de un grupo, sino tambi�n basada en la apropiaci�n de contenidos procedimentales que favorezcan un desarrollo de estos sostenido a lo largo del ciclo y se concretice en su aplicaci�n en los niveles inmediatos siguientes.
�un promulgador de atm�sferas participativas que privilegie la reflexi�n, el juicio cr�tico individual y consensuado dentro de una clima de respeto y libertad y el intercambio de experiencias.
�un docente que integre continuamente, y no que �castigue� con la discriminaci�n.
�alguien �actual�, embedido de las problem�ticas del �hoy � ahora�, pero no por ello un docente permisivo que, por abanderarse en corrientes pedag�gicas rigurosamente actuales convierta el aula de trabajo en un �barco sin timonel.�
El perfil propio deber�a incluir, someramente, caracter�sticas b�sicas como las que siguen:
  • un docente
�humano, comprensivo y capaz de entender y dar segundas y m�s oportunidades.
�cr�tico consigo mismo y propenso a la autoevaluaci�n.
�interesado en el v�nculo afectivo con los alumnos, pero sin descuidar la educaci�n y formaci�n en el �rea de estos, para lo cual ha sido capacitado.

Atento, entonces, a las necesidades que podr�an devengarse desde el seno mismo del �rea de Lengua, un esquema propio podr�a delinearse como sigue:

�Un docente de Lengua con este perfil, m�s alguna cuota extra de creatividad, histrionismo, etc... reconquistar�a, a mi entender, el vapuleado lugar de �la clase de Lengua como el espacio m�s aburrido e inservible de todos�, pues estar�a preparando para el desarrollo y el uso de competencias ling��sticas ratificadas socialmente, y la aplicaci�n cr�tica y reflexiva de la palabra oral y escrita, en sus m�s diversas formas y orientaciones.�

  • A�DA BORTNIK: �El coraz�n de Celeste.�� Algunas reflexiones a ra�z del t�rmino �crecer� en el marco de un proyecto de vida.

En mi opini�n, crecer es sin�nimo de proyecci�n m�s all� de los l�mites vitales comprobables: las primeras sonrisas que recientemente me ha dedicado mi segunda hija, por ejemplo, son marcas indelebles tendientes a la autorreflexi�n sobre la vida misma: en otras palabras, los momentos, sino elegidos, adecuados para el acto mismo de �crecer�.
Claro est� que, en el contexto del maravilloso relato de Bortnik, el t�rmino en cuesti�n toma connotaciones distintas: aqu�, �crecer� implica acci�n que libera �no sin dolor, sin enfrentamiento con uno mismo�. Bien se observa, adem�s, que la autora no propone defender su tesis argumentativa desde el �negarse a acatar �rdenes (por m�s obsoletas que estas pueden ser)�, o �imponer la propia voluntad en pos de una reivindicaci�n de los derechos del ni�o�: s�, creo, busca dejar una incisi�n �latente� en el lector, un �no destruir, sino construir lo faltante�.
M�s all� de este an�lisis conciso antepuesto, pienso que el acto mismo de crecer supone la concreci�n final de alg�n proceso de cambios �intelectuales, �ticos, sociales...� iniciado en alg�n momento anterior, y para el cual uno se vio sometido a ciertas exigencias que, de alguna manera, juzg� menester.
 
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