"Ella"

por Estela Martín.


    Era tan hermoso, tan guapo, tan atractivo. Rubio, como jamás ví a ningún vivo ni a ningún muerto. No consigo recordar donde lo vi por primera vez, pero cuando el habló conmigo, podría jurar que lo había hecho antes, que le había acariciado el pelo antes, que le había besado antes, que le había amado antes.....
No recuerdo su nombre, ¿para qué? No tiene importancia. ¿Para que sirve recordar un simple nombre? Cuando podía dirigirme a él con tantos otros, como: cielo, cariño, amor, tesoro, querido, amado....
No. Era cierto. No merecía la pena recordar ningún nombre, pero, ¿Por qué él me llamaba Elisabeth? Yo tampoco conseguía recordar mi verdadero nombre, pero, ¿Por qué Elisabeth?
Lo cierto es que ese nombre me recordaba algo, no conseguía recordar qué, en realidad, no conseguía recordar nada, pero yo nunca tuve a ninguna amiga que se llamara así, ni ninguna pariente....nada. Ahora Elisabeth era yo. ¿O era "ella"?
Cada noche me venía a ver, yo lloraba sobre su hombro, me recubría con su eterno abrazo y me consolaba. Después, secando mis lágrimas, me acariciaba el pelo, primero suavemente, luego con más fuerza, mientras me besaba, me abrazaba, me tenía... me hacía suya....
Y en realidad, yo era suya. Lo sabía, ¿porqué? No lo se. Sin embargo lo sabía, al igual que sabía que no estaríamos mucho más tiempo juntos, que algo o alguien nos separaría, que algo o alguién querría que ese eterno extásis llegara a su fin, que se apagara nuestro amor...
Pero, ¿era amor? ¿Era lo que él y yo hacíamos propio de ser llamado amor? Recuerdo que en tiempos pasados sí que lo era, pero ahora no, ahora nada era lo que parecía.
¿Porqué estaba conmigo? No lo sabía. Bueno, sí, sí que lo sabía. Todo lo que pasaba era lo que tenía pasar. Así es como fue y si él entonces me vió bella y hermosa, ahora también me veía igual, porque yo, era "ella".
Pero yo no era hermosa, no era guapa, ningún hombre me deseaba con tal desbordante pasión y deseo. Pero antes de ser "ella", completamente, también me amó, al igual que ahora, ¿Porqué tenía que cambiar? ¿Porqué tenía que ser "ella"? Yo no quería. Pero algo en el fondo de mi corazón me obligaba a pensar como "ella", a reaccionar como "ella", a amar como "ella", a sufrir como "ella" y a odiar como "ella", e incluso a matar como "ella"...
Pero, ¿quién era "ella"? Ese era el pensamiento que embriagaba por completo mi cerebro, que me oprimía, y me comía por dentro, tal como antes también le paso a "ella", y a "ella" y a "ella", ¡Dios Santo! ¿Dónde estaba el principio de su sufrimiento? Y de su angustia, su odio y de su recelo; su antipatía, su ira y su crueldad.... ¿Dónde? ¿Dónde?

Nos peleamos. No sabría indicar si la culpa fue mía o de él, pero lo único que recuerdo con total precisión fue, que le pegué, y que el me pegó. Pero no fue un golpe como los ordinarios, si es que los golpes y bofetadas se pueden clasificar; fue diferente de los que nunca antes me habían atizado, fue.... ¿Cómo definirlo? ¿Cómo? ¿Cómo?
"Ella" había recibido tantos, que esa sensación se le había vuelto cotidiana, normal, e incluso común.
Me fui, de donde estuviera. Me marché. Lo dejé todo, el bolso y la chaqueta. Fuera helaba, pero me daba igual. Quería salir de aquel lugar. Se ofreció a llevarme en coche, y le volví a insultar y a rechazar.
Salí corriendo. Un fuerte viento me despeinaba el pelo, y hacía que éste me viniera a la cara, y que se me congelaran los huesos. ¡O Dios! ¡Qué dolor de pies, con aquellos malditos tacones! No debí arreglarme tanto, para parecerle más guapa, más como "ella".
Escuché sus gritos ordenándome en un principio y, después rogándome y suplicándome que me detuviera, que volviera, que no había pasado nada, que todo se arreglaría.
¡Menuda sarta de mentiras! Y todo, porque yo, era "ella".
Doblé la esquina, y al fin me pareció dejar de escuchar sus gritos, para esuchar el mío. No sé de dónde salió ese maldito colgado. No se qué me pidió. Tal vez dinero. Pero yo no llevaba nada, me lo había dejado todo en casa de él. Apenas me dejó tiempo para excusarme, que me clavó una navaja en el estómago.
¡Oh, Dios Mío! No se qué se me cruzó por la cabeza en aquel instante, ya que mi agudo chillido, lo inundó todo, creo que por un instante el tiempo se paró. Se paró en torno a mi, en torno a aquel maldito drogata, que me miraba a los ojos riéndose a plena carcajada destorbando mi concentración, en recordar no se qué vital para mi, para "ella".
Como en un acto reflejo me llevé las manos al estómago y, cuando las aparté, las vi llenas de sangre. Todo mi atuendo estaba ya lleno de ella y, un agudo dolor empezó a gobernar mi cuerpo.
Lloré. No lo pude evitar. Me moría. ¡Me moría! Nunca antes llegué a imaginármelo, aunque tal vez sí, y no lo recuerdo...¡La Muerte!
La temía, tenía miedo. ¡No quería morir! ¡No podía morir! "Aún es demasiado pronto para morir" me decía "ella", "ellos no lo quieren, no lo permitiran. Morirían todos ellos por ti. Te aman demasiado como para perderte".
De pronto él apareció, por arte de magia o tal vez solo fue un efecto óptico, delante de mi agresor. Con una mano le cogió por la cabeza, produciéndole dolor al tirarle del cabello, le rompió el cuello con un ligero movimiento de muñeca, y en menos de lo que se puede considerar un segundo, clavó sus dientes en el cuello de aquel desgraciado, y lo dejó caer al suelo ya muerto.
Rápidamente, se agachó hacia mi rídicula posición. Agazapada en el suelo, llorando como una condenada, aunque en realidad, eso era lo que era: una condenada, pero en aquellos momentos no tenía tiempo para saberlo, ni tan siquiera imaginármelo. Le llamé por su nombre. No se de donde lo saqué. Y él me llamo por mi nombre real; aquel que había olvidado cuando lo conocí: Anne. ¡Qué raro sonaba ese nombre en su boca!

Me cogió por el cuello, suavemente, como antaño hizo tantas veces, con mimo y con cuidado. Me levantó poco a poco, y yo no me percataba de que era aquel ser el que me tenía entre sus manos, de que era aquel ser el que me acariciaba, de que era aquel ser el que me decía que me quería y que nunca me volvería a dejar sola y me suplicaba perdon, y que el no quería, que el no sabía....
Si en mi cabeza hubiera reinado con total tranquilidad y harmonía el sentido común, no habría dejado, ni mucho menos, que aquel ser me llegase a tocar, pero se desvanecía, se desvanecía su bella y perversa imagen. Veía como se alejaba. Y entonces él, me abrazaba y me apretaba más fuerte contra él. Más fuerte. Pero en realidad, eso me permitía darme cuenta, de que ocurría todo lo contrario, nos alejabamos; se alejaba, me dejaba, se iba. Todo se volvía oscuro, más oscuro, profundo, vacío, frío...

Me desmayé. O eso creo, ya que acabo de despertar. Estoy en algún lugar que no me resulta familiar, está a oscuras, pero en medio de la oscuridad, puedo distinguir el rostro de mi amado, el de Jêan. Francés, sin lugar a dudas.
¡Oh! ¡Benditos ojos azules! ¡Qué añoro de verlos! Y tan solo llevo unos segundos consciente.
Es su casa. Nunca he estado en ella. Nuestros encuentros siempre han sido en otros lugares.
Tranquila. – parece que es la primera vez que lo oigo hablar – Te pondrás bién, aunque deba de ser a mi manera.
Qué voz tan dulce, y nunca antes había reparado en ella, ¿o tal vez sí? No lo sé, todo me parece confuso.
Estoy tendida en una cama, y la herida parece haber cicatrizado un poco. Me ha llevado a un hospital y me han hecho tranfusiones de sangre, me han cosido la herida de mi estómago, y él me ha traído aquí. La verdad: no se como, ni me interesa. Solo importa que estoy con él. Eso es lo único que cuenta de veras.
Quieren que espere. –me dijo apenas hube abierto los ojos – Pero no pienso esperar mucho. No puedes esperar mucho.
No me deja responder. Enseguida quiero preguntar más cosas. Pero no puedo. Estoy demasiado débil, me siento como una niña pequeña, intimidada por el adulto, más sabio y con más experiencia
Quiero incorporarme en la cama en la que me encuentro, pero aunque uso todas mis fuerzas en tan sencilla empresa, me es imposible llevarla a cabo.
Me coge suavemente el cuello, y noto que su mano está fría, como el aire que antes me azotó la cara.... ¡un momento!: aire frío, discusión, huída, ira, miedo, sangre, colmillos, cuello....!!!!!
Intento liberarme desesperadamente de su abrazo letal, pero no puedo.

De pronto, mientras mi cabeza cabila esos recuerdos carentes de importancia, me encuentro entre los brazos de mi amado.
Está frío, y parece que ese frío me pasa a mi mediante el solo contacto de su piel. Me acaricia el pelo, y empieza a decirme cosas bonitas en los oídos, aunque tal vez solo lo estoy imaginando. Me toma entre sus brazos, y me levanta, dejandome en una postura donde él está en clara ventaja respecto a mi. Con un brazo me sostiene, y con el otro, me sujeta la cabeza, tocando y acariciando mi pelo ondulado. Clava su mirada en la mía, y entonces desconecto totalmente de mis absurdos pensamientos, y entro donde él quiere que entre. Nos miramos. Sus incandescentes ojos azules, me van revelando a medida que los exploro lo que me va a hacer, lo que me va a pasar, pero mi torpe mente no adivina a descrifar los secretos que guarda aquel placer en clave de azul. Con la mano que me sujeta la cabeza, me hecha delicadamente el cuello hacia atrás, sumisa obedezco. Tiemblo de miedo, aunque quizá solo es placer, el conocimiento de que el éxtasis no va a tardar en llegar y llenarme completamente. Se acerca a mí. Noto su aliento en mi cuello, ese gélido aliento que tantas veces me ha hecho estremecer de placer entre sus sabanas, pero ahora es diferente. Su boca se entreabre, y lo que en principio solo es un amoroso beso, se convierte en el principio de un frenético orgasmo. Sus colmillos afilados, me traspasan la piel del cuello, en este momento de intenso placer, ni tan siquiera me doy cuenta de que aquellos colmillos llegan a mi vena, y que empiezan a succionar sangre. La noto caliente, cálida, noto como ésta fluye en abundancia y va a su boca, donde él la traga con avidez.
El ritmo de la succión es el adecuado. Ni rápido ni lento, tal como debe de ser. Pero cuando mi placer esta a punto a su cumbre, la sensación deja de ser placentera. Me hace daño, dolor. Mi cuerpo está perdiendo consistencia, se está desangrando por completo. Esto ya no es un juego.
Grito y gimo de dolor, mi sufrimiento es semejante al placer sentido. Me empieza a faltar el aire, me ahogo.... Él sufre, ya que no soporta mi agonía, pero debe continuar, no puede dejarlo a medias, nunca se lo perdonaría.
De pronto me suelta bruscamente, y me deja caer en la cama. Quedo tendida allí, medio muerta. Gimo y suelto injurías contra todo lo que en cierto momento amé. Vocifero barbaries contra él. Me retuerzo en la cama, mi pelo no tarda en despeinarse y cubrirme el rostro, y en cierto instante pienso que me ahogaré yo misma.
En pleno ataque de ira, me agarra fuertemente, sin contemplaciones. Rápidamente se hace un corte en la muñeca derecha con su propia dentadura, y baja su mano a la altura de mis labios, y apreta con fuerza.
Siento náuseas. Pero solo un momento, ya que al fluir este líquido dentro de mí, me gusta su sabor. Él intenta apartar su muñeca de mi boca, y hábilmente me incorporo y me asío de su muñeca y empiezo a succionar la sangre de sus venas: mezcla de la mía y de la suya propia. Me agrada este sabor, y la sensación de poder y éxtasis que me da. Me aferro a él, con inmensa fuerza, y creo que le hago daño, pero no importa, quiero su sangre, la quiero solo para mí.
Me empuja hacia atrás. Y cura su herida no sé como. Yo, mientras estoy echada en la cama. Y cuando creo que todo ha acabado, no ha hecho, en realidad más que empezar. Algo en mi interior está cambiando, yo estoy cambiando, ¿qué me pasa? ¿qué ocurre? ¿Es "ella" que se quiere apoderar de mi cuerpo? "Tranquila, todo pasará, solo es una vez. La más placentera, pero a la vez la más dolorosa" me dice "ella" desde mi interior.
Me retuerzo. Rujo como una fiera, el dolor me quema. Mi rabia y mi furia no son las suficientes como para parar este inmenso solor que me atormenta y que me entumece el cuerpo. Tengo los ojos cerrados, no puedo soportar ver como todo da vueltas a mi alrededor, y cuando los he abierto, una sola vez, durante una fracción de segundo, supe que no eran mis ojos los que estaban viendo, estos estaban llenos de maldad y de odio, esos no eran mis ojos.
Y este frío... que pugna por entrar en mi cuerpo, por gobernar todos mis órganos y sistemas internos, toda mi piel, todo mi ser. ¿Qué es?
Por fin el dolor cesa. Y el silencio y la nada llenan el espacio. Durante todo el rato Jêan me había estado diciendo cosas, pero yo le maldecí y le ordené que callase, pero él se calló en el mismo instante en que mi sufrimiento lo hizo, ¿Hay algo de casualidad? ¿Acaso es él el padre de mis sufrimientos?
No quiero abrir los ojos por temor a lo que pueda ver o encontrarme.
Pone su mano sobre la mía, y no la siento tan fría como antaño, es más, siento mi mano más fría que la suya. Abro los ojos. Y ya nada es igual.
Me encuentro en el mismo lugar en el que estube antes de que ocurriera nada, pero no es igual. Lo veo más luminoso, y eso que antes apenas podía ver. Miro a Jêan, y ya no es mi Jêan. Tiene sus mismos ojos azules, su misma expresión facial, sus mismos cabellos dorados, su misma complexión, su misma altura, su mismo cáracter, pero mis ojos no me son fidedignos. Me distorsonan la visión. Lo veo todo mucho más brillante, resplandeciente.
Tranquila –me dice de pronto, sin apenas mover los labios – Al principio no se ve muy bién pero dentro de poco veras perfectamente, y tu voz volverá a ser la misma, o la que tu quieras tener – esto lo dice con una leve ironía en su timbre de voz – .
Qué mi voz... – "qué?" , quise decir. Pero la evidencia me hace callar. Mi timbre de voz ha cambiado, es mucho más agudo, poseo una voz muy chillona y discordante -.
Ja ja! – se rie a pleno pulmón – No es fácil al principio, pero tu, dentro de poco lo controlarás todo perfectamente – .
Me apreta la mano que aún me tiene cogida, me obliga a levantarme y seguirle, y aunque en un principio pienso que perderé el equlibrio al andar, no lo hago mal del todo, y se que él se está riendo de mí. Me hace atravesar un largo pasillo que no recuerdo haber pisado antes, y me incita a entrar en una habitación, en la qual hay un gran espejo al fondo. Suelto su mano, y avanzo sola, tambaleandome como una peonza, mientras me miro en el espejo.
Estoy despeinada todavía. Un remolino de mechones despeinados enmarcan mi rostro. Pero éste ya no es como antes. Mi preciada piel morena, se ha tornado pálida, casi blanca, y mi cara ya no tiene expresión ni facción humana. Mis ojos, permanecen fijos y distantes, como incrédulos a lo que ven. Mis labios estan muy rojos, y mi cuello presenta dos pequeñas marcas que revelan la incisión que Jêan realizo en mi.
No te preocupes. Desaparecerá muy pronto. Además tu, no eres como los demás – me dice esto, mientras con sus manos intenta echar a un lado el pelo que me estorba – Tu, ya no pareces humana.
Esto me alarma. No soy humana. De eso no hay duda. Ya no soy la misma. Ahora, según mis ojos vuelven a recorrer mi rostro me doy cuenta de que soy guapa, de que mi rostro es atractivo, al igual que me doy cuenta de que la mano que ordena mi cabello es invisible. Me giro para ver a Jêan, y una bocanada de tranquilidad y sosiego me inundan, me vuelvo a girar al espejo, y veo como mi imagen se empieza a hacer difusa hata que desparece por completo. Jêan deja de peinarme y me abraza por la cintura, al notar como débilmenteme estremezco, cómo para decirme "tranquila, Anne, estoy aquí, estas aquí".
Y me doy cuenta de que en realidad, de que de verdad, completamente, ahora soy "ella".

Hosted by www.Geocities.ws

1