-La telemetría de la nave debe de estar averiada -dijo Stario mientras
bebía con avidez un concentrado de proteínas para recuperar fuerzas.
-No, la he revisado varias veces. Además, en los compartimentos inferiores de carga
tenemos material redundante de medición para los casos en que nos veamos obligados a
hacer reparaciones en mitad del espacio... -exhaló un silencioso suspiro- He repetido los
cálculos con ese material, y los resultados son exactamente los mismos.
-Bah... esto parece un nudo gordiano -Val emitió un ronco bufido de hastío mientras
aplastaba su espalda contra el asiento-. No tiene solución se mire por donde se mire.
Quin guardaba silencio, contemplando la proyección holográfica del
Neptuno que emergía del centro de la mesa en donde se encontraban los cuatro. El gigante
gaseoso gravitaba inmóvil en la animación, como una absurda broma sideral. Y aquella
pelota brillante debía de ser su satélite, Tritón. La esfera de luz se movía
lentamente alrededor del planeta, como bailando un vals silencioso que solo tuviera
sentido en una escala cósmica y eterna. Un diminuto triángulo rojo emitía pulsos de luz
a intervalos regulares en un extremo de la representación artificial; era la metáfora de
la baliza. De una baliza que estaba a más de cuatro mil millones de kilómetros de donde
debía haber estado desde un principio.
-Tal vez haya una posibilidad -habló de repente Quin-. Pero... bueno, no sé. Es
demasiado ridícula.
-¿No te parece que la situación es ya lo suficientemente ridícula? -estalló Val-
Estamos curados en salud...
-Adelante... -aseveró Stario.
-Tal vez la respuesta no consista en saber "donde" estamos, camaradas -Quin
tomó aire, y miró directamente hacia los ojos del capitán -. Tal vez la respuesta esté
en saber "cuando".
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