Titus Groan:
impresiones
por Manuel Marqués
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Publicado en es.rec.ficcion.misc el 2 de marzo de 2002

 

    Muy señores/señoras míos/mías  de es.rec.ficcion.misc:

    A propósito de Titus Groan

    Complicada tarea es la de comentar  un libro imaginario, pero estimulado por  el ejemplo de predecesores ilustres como Borges y Lem,  aunque huérfano de su talento, intentaré en lo limitado de mis fuerzas, decir lo que me ha parecido.  Algunos contertulios  han escrito una enigmática frase sobre esta obra : "No se si me ha gustado o no". Esto, que dicho así se nos antoja de significado ominoso, resulta explicable una vez  que se ha  leído el libro. Porque nos desconcierta y abruma. Lo primero que desconcierta es la dificultad de ubicarlo, de colocarlo en un marco de referencia que permita  una comprensión mas cabal.
    En la solapa se dice que  es parte de una  trilogía gótica, pero  me permito discrepar, no hay aquí intervenciones sobrenaturales, ni fantasmas ni aparecidos.  Nada que ver con novelas del tipo de  El castillo de Otranto o los misterios de Udolfo, excepto quizás en la ambientación, de tintes románticos   y sombríos, en la  atmósfera decadente y antigua y en la abundancia de personajes atormentados y neuróticos.
    Tampoco le sienta bien encuadrarlo en lo que  comúnmente se denomina "fantasía". Aunque  el marco parece adecuado,   no lo ocupan   ni duendes ni hadas ni otras criaturas fantásticas habituales del subgénero.
    En todo caso, me  trae a la mente, solo por buscar la cálida semejanza con algo conocido, ciertos pasajes de los escritos de Italo Calvino. Concluyo que es un libro único, inclasificable. Y  fundamentalmente realista.  Entonces,   ¿A qué se debe la  sensación de irrealidad que recorre sus páginas? Solo se me ocurre una respuesta. Y  es  la forma  magistral con que Peake   maneja el  el lenguaje,  tanto en la descripcion del decorado, como de los personajes.
    Éstos están construidos con la técnica del esperpento y  vistos a través del prisma  de Mervin Peake , adquieren unas roporciones deformes y monstruosas. Caso paradigmático es la descripción del cocinero Vulturno, un ser gargantuesco,  que impacta  ya desde el principio, pero que es solo un ejemplo de los muchos que se van acumulando hasta formar una  galería de fenómenos, un   desfile de tarados físicos y mentales. Y  aquí acecha un peligro, ya que uno de los motores de la lectura es la  empatía e incluso la identificación del lector con alguno de los  personajes, y aquí es   harto dificil,  a menos que consintamos en sentirnos reflejados en estas criaturas anormales. Si acaso,  es posible sentir una vaga ternura por el aya  de Titus,  "Tata Ganga", cuyo nombre "Ganga, lo que sobra" es en si mismo una metáfora, quizá involuntaria por parte del traductor.

    Estos personajes se ven atrapados en un mundo claustrofóbico y formalista,  porque el castillo donde habitan, Gormenhast, es una prisión, inmensa en su aparente enormidad, pero que conforme vamos leyendo,  la encontramos asfixiante pues sus muros no son físicos sino mentales y se extienden mas alla de los contrafuertes para englobar el entero univero peakiano. Y aquí no viven una vida, sino que ofician una liturgia  y la razón de su existencia es la repetición de los mismos roles generación tras generación. Condenados a  cumplir un  ritual neurótico los personajes parecen actuar como insectos de un hormiguero, carentes de libre albedrío,   anclados en el fatalismo. Pero todo lo que  no evoluciona, está empezando a morir  y  contiene en si mismo el germen de la descomposición. Aunque a simple vista  parezca  inmutable y eterno,  el mundo de Gormehast, vive en un equilibrio precario donde cualquier alteración  de la rutina  puede  traer consigo la catástrofe.
    En este mundo intemporal, donde la vida misma se ha detenido, ocurren dos hechos contrapuestos.  Por un lado, intentando apuntalar el edificio de la tradición  tiene lugar el nacimiento de Titus el septuagesimo séptimo  conde de Groan en lo que aparentemente supone un reforzamiento de la tradición. Pero setenta y siete es un número mágico, equivale al infinito,  al último de los posibles y   aunque  por mor de los caprichos editoriales sólo  podemos hacer cábalas y suposiciones sobre el contenido  de los siguientes volúmenes de esta trilogía  sospechamos  que Peake ha querido dibujar el ocaso de un mundo y que Titus es quizás  el último de su estirpe. En el otro plato de la balanza, como catalizador de la descomposición, dispuesto a dar una patada que desmonte este frágil tinglado, se produce la aparición de un elemento perturbador, el maquiavélico Pirañavelo, a mi juicio  el auténtico protagonista de este primer volumen.
    Del conflicto entre  estos dos hechos nace la trama de este libro, que  es a mi modo de ver,  la parte más endeble, grave pecado, ya que a mi me encantan  las historias, y aquí, la narración es errática y deshilvanada y sólo toma vuelo con la irrupción del arribista Pirañavelo.  Quizás es difícil   construir de modo coherente una historia cuando los personajes acompañan a su deformidad física, una tara moral o intelectual que los condiciona a una conducta extravagante. Incluso en la actuación del mencionado Pirañavelo,  nos asalta el sentido de irrealidad ya que cuando se expresa, lo hace en un registro culto e irónico que en nada se corresponde con la previsible educación de un pinche de cocina. Esta falta de comportamiento lógico  es generalizada entre los  personajes, que aparecen histriónicos, y que como se dice en el teatro,  sobreactúan,  y necesitan en todo momento las muletas descriptivas del autor.  Y ésta es la gran baza de   Mervyn Peake: la utilización  de una  prosa  rica y colorista que   se exhibe en todo su esplendor en la prolija, minuciosa y  exhaustiva descripción de Gormenhast y sus habitantes,  que lleva a cabo  con la misma morosidad y delectación con que un entomólogo lo haría con un insecto particularmente raro. En definitiva, este es un libro distinto a los que solemos estar acostumbrados,   fascinante y  hermoso  de una  manera lúgubre y sombría.
    A  mí, que amo  la magia de las palabras con desesperación de adolescente, este  libro me ha ofrecido un caleidoscopio de  metáforas de una rara belleza, -"una luz verde lima"- y algunos capítulos inolvidables, como el de la cocina,  la huida de Pirañavelo por los tejados de Gormenhast o el duelo final entre Excorio y Vulturno. Y con eso me basta.



    Nota : releyendo lo escrito en búsqueda de errores de bulto, noto con rubor que he caído en un estilo pretencioso y pedante, seguramente influido por la lectura del libro. Dudando entre volver a escribirlo o dejarlo como está , el demonio de la vagancia que siempre me aconseja,  se inclina por la segunda opción. Hágase su voluntad. Otra nota: como bcn y mad parece que no aceptan mis mensajes, envio esto por google ¿sabe alguien como apuntarse al aleman? El correo me devuelve mi intento de registro.

(Nota del webmaster: La vagancia se paga cara, pues todo queda :-)
Saludos

Marqués



Ficha del libro:

Titus Groan/Mervyn Peake   . - Minotauro, 1991-. Tit orig. : Titus Groan, 1946
ISBN : 84-450-7078-8

Es el primero de una trilogía llamada "Los libros de Titus" cuyos dos siguientes volúmenes se titula "Gormenhast" y "Titus solo"


Mervyn Peake, novelista poeta y artista nació en 1911 e Kiling, China , hijo de un misionero médico. Llegó a los once años a Inglaterra y estudió en el Team Collage y en la Royal Academy Schools . Vivió tres años de 1934 a 1936 en la isla de Sark con un grupo de artistas y de vuelta a Londres  enseñó dibujo y pintura ye ilustró obras de Coleridge, Stevenson, Carroll y otros. En 1946 publicó Titus Groan, seguido por Gormenghast (1950) y Titus Alone (1959), una trilogía gótica y a la vez precisa que cuenta la vida de Titus, septuagésimo séptimo conde Groan, en el ruinoso castillo de Gormenghast  y que muy pronto se convirtió en obra de culto. [.]


Otras opiniones:

"Titus Groan  describe un mundo paralelo - el tridimensional castillo de Gormenhast- con una densidad de detalle casi paranoica. Pero la locura es ilusoria y todo es siempre deliberado. Es, si quieren ustedes, un buen vino de fantasía enfriado por el intelecto hasta la temperatura exacta. No hay en verdad nada que se le parezca en toda nuestra literatura en prosa. Es de una brillantez única y no nos equivocamos al llamarlo un clásico moderno."

Anthony Burgess

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