| La lecci�n de Celia Cruz BELKIS CUZA MAL� Contemplando las multitudinarias muestras de amor que ha recibido Celia Cruz en su funeral, vienen a mi mente innumerables reflexiones en torno a la vida y la muerte, la fama, el honor, la moral, la alegr�a de vivir, la constancia, Dios y el diablo, y confieso que he llorado mucho frente a la pantalla del televisor y esa carroza de reina y cuentos de hada, como alguien muy bien record�, adornada de rosas blancas y la bandera cubana. Lo siento, aunque Celia pidi� que no hubiera l�grimas, he llorado de tristeza y tambi�n de alegr�a. Como exiliada cubana, el dolor de ver morir a Celia sin volver a visitar la patria me conmueve profundamente. Dolor y rabia ante el espect�culo de su muerte, y el saber que Cuba sigue a�n esclava bajo la tiran�a de Fidel Castro. Indignaci�n ante la monstruosa mezquindad del r�gimen que le neg� el derecho a ser o�da y llorada en su patria, y lo que es peor, las ofensas a su memoria publicadas en La Jiribilla, ese �rgano de la infamia castrista, a la que se ha prestado Max Lesnix (�o ser� Marx Lenin?), periodista supuestamente exiliado. Pero alegr�a, s�, una gran alegr�a al verla reinar sobre un mundo que parec�a inconquistable. Celia: mujer, artista, negra, no s�lo era llorada por sus miles y miles de admiradores cubanos y latinoamericanos en general, sino por el mundo entero, que reconoce en ella a una artista �nica. Y Nueva York, la ciudad m�s cosmopolita y por lo general, dif�cil de conquistar, se rindi� ante la Reina de la Salsa, la cubana exiliada que no dej� de ser nunca quien era, y que sin embargo muri� convertida en Reina de todos los latinoamericanos que aman en ella la sencillez, la gracia, la alegr�a de vivir que transmit�a a trav�s de su voz y su energ�a incomparables. Pero no escribo este art�culo para redundar en lo que todos saben: que Celia Cruz es una artista inmortal y universal, s�lo comparable a los grandes. Una figura que trasciende los planos del arte para tocar el coraz�n de millones de personas. S�lo Elvis Presley ha logrado semejante adoraci�n. A partir de ahora, tambi�n la imagen de Celia Cruz crecer� a nivel de mito. Ser� reverenciada por todas las generaciones, como no ha dejado de serlo Elvis; pasar� a la historia entre las grandes leyendas de la m�sica, a nivel, por ejemplo, de un Carlos Gardel o m�s. Escribo hoy para hablar de la Celia Cruz que en vida logr� el �xito absoluto y que con su actitud pudiera darnos lecciones en todos los aspectos de la vida. Vi�ndola bailar y vestirse con su estilo �nico y esas incre�bles pelucas, no se piensa en la mujer de 78 a�os, sino en alguien vital y joven, nacida en "mil novecientos punto.com", como ella dijo con la gracia que la caracterizaba. Pasearse en carroza f�nebre tirada por caballos por la Quinta Avenida de Nueva York y con misa de cuerpo presente en la Catedral de San Patricio, luego de que sus restos volaran a Miami para recibir tambi�n la despedida de los cubanos y admiradores todos, forma parte del estilo de las reinas, y hablan de cu�n clara estaba de lo que quer�a en vida y en muerte. Mujer que jam�s se puso en duda, que no se acomplej� por el color de su piel, que permaneci� fiel a sus ideas de libertad y justicia para su pueblo y no dud� nunca de manifestarse contra el tirano Fidel Castro, mientras otros obvian el tema pol�tico para no perder contratos o caerle mal a la izquierda de Hollywood. Celia no tuvo pelos en la lengua para expresarse como cubana exiliada, y por eso tambi�n hay que agradecerle que sin propon�rselo, su funeral fuese la m�s poderosa y espont�nea manifestaci�n anticastrista que haya conocido el exilio. Su "Azucaa..." retumb� este d�a en buena parte del mundo, y la convirti� en la embajadora de un pueblo que sin vivir en su patria, no deja de estar en ella. Y extraordinaria tambi�n fue Celia, porque ha roto las barreras que suelen separar a los pueblos, y la aman por igual mexicanos y guatemaltecos, europeos y japoneses, el mundo entero. Otra de las lecciones que nos ense�� es a querernos a nosotros mismos, a aceptarnos como somos. Nunca se hizo cirug�a pl�stica para tener una nariz distinta, ni se neg� a s� misma. No quer�a ser blanca ni rubia cuando usaba sus pelucas, sino sencillamente ex�tica y distinta, sin dejar de ser ella. Y lo consigui�: acu�� un estilo que trascend�a razas y modas. Era como un hermoso flamboy�n y se adornaba ricamente con joyas, y pa�uelos, bufandas, u�as y pesta�as postizas. Vestida con largas t�nicas y acaramelados tonos, como las reinas modernas, manten�a un estilo personal�simo. Y por si fuese poco, ella y Pedro Knight fueron modelo de pareja, combinando lo art�stico con la sencillez del arroz blanco que ella dec�a cocinarle a ratos a su "cabecita de algod�n". A m� lo que m�s me interesa de su personalidad es esa mezcla de mujer y artista que no siempre vemos realizada en otras. Celia encontr� el amor verdadero en Pedro Knight y tambi�n a un compa�ero en el arte, a un amigo. La agitada vida de ella no los cambi�, no los separ� ni los llen� de resentimiento. En un medio tan dif�cil como �se, Celia nos demostr� que se puede ser persona decente, fiel, patriota, humana, generosa, compasiva, amistosa, digna, y maravillosa, sin dejar de ser una reina en su carrera; la m�s alegre, la m�s divertida y tambi�n la m�s aguda e inteligente de las reinas. Ya es un lugar com�n decir que Celia es Cuba. No ha de tardar mucho en que Cuba vuerlva a ser ella. Regresar * |