Los Iracundos surgen a principios de los años 60, un período de cambios y transición para la música popular internacional, ya que el impulso inicial del rock’n’roll había amainado un poco, con Elvis Presley en el ejército. Buddy Holly fallecido en un accidente de aviación. Little Richard consagrado a la religión y Chuck Berry con un problema legal que le hizo pasar una temporada en prisión. Con el rock’n’roll fuera de la película, la escena pop estadounidense fue dominada por una nueva legión de jóvenes “crooners” pop, cantantes de imagen pulcra y atildada como Paul Anka, Neil Sedaka. Bobby Vee, Fabian y otros, cuyos repertorios alternaban baladas con un estilo de rock menos frenético que el de la década anterior.

Al mismo tiempo, en Italia ocurría todo un renacimiento de la canción popular que haría eclosión entre los años 1962 al 69. Con el ascenso de figuras como Domenico Modugno, Bobby Solo, Luigi Tenco, Mina, Ornella Vanoni y Rita Pavone, entre muchas otras, que situaron a la música peninsular al tope de los ranking mundiales y transformaron al Festival de San Remo en un norte apetecible para todo artista en vías de consagración.

En Francia, entretanto, triunfaba la escuela del “chançonnier” romántico con Charles Aznavour a la cabeza y su variante más dramática y testimonial encarnada en Jacques Brel, Juliette Greco y George Brassens.

En Brasil, por otra parte, se gestaba el movimiento que iba a dar al mundo la bossa nova, bajo la guía de talentos como Joao Gilberto, Antonio Carlos Jobim y Sergio Mendes, que pronto alcanzarían resonancia internacional.

La música latina y caribeña, que había tenido un temprano impacto entre el público estadounidense en los años ‘50, al compás de los sones de Tito Puente o Harry Belafonte, todavía gozaba de popularidad y su influencia caló hondo en el estilo de las grandes orquestas de jazz y música melódica.

Podemos decir, pues, que el estado de la música popular en esa era pre Beatles de los primeros años ‘60 representaba una babel de estilos y tendencias sin que ninguna ejerciese una dominación hegemónica, como ocurrió algunos años más tarde, por ejemplo, con el rock anglosajón.

Por lo tanto cualquier conjunto rioplatense que surgiera en esos días, con ambiciones de triunfar, debía conocer al dedillo una gran variedad de géneros y repertorios. En esa época en que las sofisticadas técnicas de grabación digital de hoy día sólo existían en la mente de los visionarios, las bandas se daban a conocer y establecían su reputación sobre el escenario, a menudo tocando varios sets por noche en agotadoras maratones que los llevaban de uno a otro club o local nocturno. No olvidemos que el hábitat natural de un conjunto popular, en 1962 - 63 era el club de barrio o la boite del centro de la ciudad, ante una audiencia que, fundamentalmente, quería bailar con temas que les resultaran familiares. El recital en teatros, con el público sentado en butacas, era un dominio reservado principalmente a las orquestas de música “culta” o a los chançonniers.

En este contexto, no es de extrañar que Los Iracundos manejaran un léxico musical tan amplio como el que encontramos en estos primeros discos de su carrera.

Surgidos, como tantos otros grupos de la época, de un encuentro entre compañeros de estudio de la secundaria (en este caso del colegio religioso Nuestra Señora del Rosario y San Benito de Palermo, de Paysandú, Uruguay), Los Iracundos tuvieron su bautismo de fuego en los bailes de su ciudad natal, y de pueblos vecinos, interpretando los hits de Los Teen Tops, conjunto mexicano que fue pionero en esa cuestión de adaptar los clásicos del rock’r’roIl al idioma castellano.

Por entonces se llamaban The Blue Kings y todavía bajo este nombre realizaron su primera actuación radial en la emisora local CW35. La necesaria mezcla de talento y constancia los ayudó a abrirse paso a pesar de los lógicos sinsabores que acompañan el ganarse el famoso “derecho de piso”: tocar en lugares de dudosa fama, con instrumentos y equipos desvencijados, acostumbrarse a dormir y comer mal y salteado, como corresponde a la vida “en el camino” y otras delicias varias que conocen bien los grupos noveles.

La voluntad colectiva de Los Blue Kings pudo más y pronto tuvieron a Montevideo como base de operaciones para su cada vez más poblada agenda profesional. Incluso llegaron al disco en una aventura que tuvo mucho de emprendimiento independiente y que les dejó como resultado un simple con los temas Retén La Noche y Vamos A Bailar Madison. Lo que vino después fue una apuesta riesgosa pero que probó ser la correcta: cruzar el Río de la Plata, para intentar, con el único aval de la recomendación del productor Juan Carlos Sola, hacerse un lugar en el espectro musical argentino.

La movida fue correcta. Tras presentarse en el prestigioso programa, Escala Musical, al grupo le es ofrecido un contrato en el poderoso sello RCA, por entonces hogar de El Club del Clan, un informal grupo de músicos que monopolizaban el gusto popular, con figuras como Palito Ortega, Violeta Rivas, Jolly Land, Chico Navarro y muchos más.

Bajo la producción de Mario Osmar Pizzurno, el grupo graba sus primeras canciones, que alternan temas originales de Eduardo Franco como Susana, Marianella o Despierto Lorenzo - basado en la popular tira cómica “Lorenzo y Pepita” - con clásicos como Caravana, de Duke Ellington. Al mismo tiempo, la responsabilidad por crear una nueva imagen pública del grupo recae sobre Sergio Leo Vanés quien por entonces manejaba las campañas publicitarias de RCA. Vanés inicia el cambio por los nombres personales de los músicos, haciéndoles más cortos y fáciles de pronunciar: Jesús Maria Febrero pasó a llamarse “Febro”, “Bosco” quedó con su mismo apellido, Leonardo Franco se transformó en “Leoni”, Juan Carlos Velásquez fue de allí en más “Juano”, en tanto que Burgueño se simplificó a “Burgués” y a Eduardo se Io llamó simplemente por su apellido, “Franco”.

A esta altura se imponía, además, un cambio de nombre para todo el conjunto. Debía ser un nombre en español que produjese un mayor Impacto comercial. Vanés, que los observaba detenidamente, los veía como jóvenes rebeldes de barrio, con pinta de rockeros y dando una sensación como de estar siempre en guardia. Por eso -y quizás también pensando en los “angry young men” de la nueva generación literaria inglesa- se decidió el nombre de Los Iracundos. Junto con el nombre también hubo un cambio de imagen escénica: desaparecieron los sacos blancos con bordes rojos, un tanto escolares, de los días de los Blue Kings y adoptaron chalecos de cuero negro y unas gorras con visera que debían arrojar al público como souvenir al final de sus presentaciones.

A partir de la aparición de su primer álbum “Los Iracundos”, a mediados de 1964, la fama del grupo fue en constante ascenso. Una presentación en la ciudad de Salto, Uruguay, en un bailable masivo, terminó con heridos y contusos. Tal fue la algarabía del público, bordeando en histeria.

Con el padrinazgo de Palito Ortega -a quien ya habían impresionado muy bien en la época de los Blue Kings- Los Iracundos se fueron consolidando más y más en la Argentina. Ya sus apariciones en televisión eran constantes, lo mismo que sus giras, que empezaban a adquirir características maratónicas.

Por otra parte, la versatilidad musical de los muchachos sanduceros era ya un secreto a voces. Tener disponible un conjunto que pueda encarar una amplia gama de repertorios musicales con idoneidad es el sueño de cualquier productor y fue así como Los Iracundos dieron comienzo a una larga serie de trabajos paralelos como acompañantes de músicos célebres, respaldando a la cantante italiana Rita Pavone (por entonces en el pico de su popularidad) durante sus presentaciones en Argentina, tanto en recitales como en shows televisivos.

A mediados de 1965 aparece el tercer long-play de los Iracundos, denominado “Con Palabras” (para diferenciarlo del segundo esfuerzo grupal, que había sido un álbum enteramente instrumental). Testimonio irrefutable de la madurez musical alcanzada por el grupo, “Con Palabras” despliega un repertorio rico en variedad estilística, donde conviven temas de diversos estilos, Incluyendo clásicos del rock como Be-Bop-A-Lula, de Gene Vincent o Lucille de Little Richard, con el Oh, Pretty Woman de Ray Orbison, el hit Si Lloras, Si Ríes, popularizado por el Italiano Bobby Solo, el tradicional La Casa Del Sol Naciente y hasta el célebre bolero Perfidia. Estaba también un notable original de Franco y Febro, Te Pareces A La Naturaleza y el primero de una serie de hits ininterrumpida para Los Iracundos: el tema Calla.

Además de incorporar la totalidad de los álbumes primero y tercero de Los Iracundos, el CD que usted tiene en sus manos contiene varios temas que han permanecido ocultos para el gran público durante más de treinta años. En primer término se halla en único testimonio grabado oficialmente por los Blue Kings, el mencionado simple debut con los temas Retén La Noche, de Charles Aznavour, y Vamos A Bailar, Madison, registrados en el sello uruguayo Clave en 1963 y que son incluidos aquí primera vez en un álbum de Los Iracundos.

Otra curiosidad que hemos incorporado como “bonus” a esta edición la constituyen cuatro temas extraídos del EP ”Los Iracundos” (MED-114), que se publicó en formato de 10 pulgadas, y que también ve la luz por vez primera en un álbum del grupo.

Los EPs de 10 pulgadas (mismo tamaño que el viejo disco de 78 rpm), eran una especie de mini-álbum que por lo general contenía entre seis y ocho canciones y podía servir como un abreviado “Grandes Éxitos” o para brindar al público otra perspectiva musical de un conjunto que, como en el caso de Los Iracundos era, de por sí, muy prolífico. Este EP contenía un clásico tradicional de Pete Seeger, Si Tuviera Un Martillo, y otro tema popular de la época, Juana Luisa Valdez. Existen dos temas más pertenecientes a este EP Algunas Veces En Viernes y Me Recordarás, piezas instrumentales destinadas a ser “bonus” del volumen 2 de esta discografía, que reunirá los álbumes “Sin Palabras” y “El Sonido de los Iracundos”.

Por último, esta edición incorpora el simple 31Z-0667, de 1965, con dos temas también inéditos en LR hasta el presente: El Cachivache y Yo Quiero Un Yo-Yo. Un aspecto fascinante de los años ‘60 es que el mercado discográfico estaba orientado al disco simple, de dos temas, y a su variante, el EP (Extended Play) que por lo general contenía cuatro canciones. El disco simple era una entidad en sí misma y no un mero vehículo promocional para vender un álbum, como lo fue en décadas posteriores. Ese es el principal motivo por el cual existen tantos temas de los Iracundos que aparecieron en discos sencillos o en EPs, pero no en los long-play contemporáneos. Esto le otorga una notable riqueza -un verdadero “valor agregado”- a la discografía de la banda, que BMG se propone rescatar, en toda su magnitud, a través de los “bonus tracks” que acompañan estas reediciones del grupo más popular que dio la música latinoamericana en los últimos treinta y cinco años.

Compac Disc DISCOGRAFÍA COMPLETA VOL.1 -  74321-45003-2, 1997.

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A mediados de la década del ‘60 seis jóvenes uruguayos nucleados por la música bajo el nombre de Los Iracundos ocupaban la envidiable posición de ser uno de los conjuntos de mayor demanda tanto en su país como en su patria de adopción artística, Argentina, donde el grupo había concretado un anhelado contrato con el poderoso sello grabador RCA Víctor y había editado un muy bien recibido long-play debut, seguido por una cada vez más creciente serie de actuaciones en todo el país y por sus primeras presentaciones televisivas. Por esa época, el mercado internacional de música pop se destacaba por su eclecticismo. Ea los países angloparlantes se encontraban en pleno furor la Beatlemanía y varios otros grupos como los Searchers, Hollies, Herman’s Hermits, Dave Clark Five, aspiraban a emular el éxito de los cuatro jóvenes liverpulienses con diferentes variantes de música pop o beat, como solía llamársela entonces. Este pop inglés y las manifestaciones algo más crudas y a la vez más consistentes de los grupos de rhythm and blues británicos, como Los Rolling Stones, The Animals y el Spencer Davis Group, entre otros, habían invadido los Estados Unidos, seducidos por las posibilidades de ese enorme mercado donde por entonces reinaba supremo el surf-rock californiano con sus máximos representantes, los Beach Boys.

Pero éste no era, por mucho, el único escenario para la música pop. En 1965 la Europa latina florecía con jóvenes exponentes de la canción popular. Italia poseía uno de los principales podios para la consagración de nuevos valores y la afirmación de los ya existentes, en la forma del Festival de San Remo. La península ostentaba, por entonces, por entonces, grandes cantantes masculinos y femeninos, como Bobby Solo, Ornella Vanoni, Mina, Luigi Tenco, Pepino Di Capri, Gigliola Cinquetti, Domenico Modugno, Sergio Endrigo y Rita Pavone quienes, durante la primera mitad de la década, produjeron hit tras hit. Otro tanto ocurría en Francia, donde figuras como Johnny Holliday, Sacha Distel, Sylvie Vartan y Françoise Hardy se disputaban el favor popular. En nuestro continente la bossa-nova brasileña trascendía más allá de las fronteras para obtener aceptación nada menos que en el mercado estadounidense, de la mano del talento de Joao Gilberto y Antonio Carlos Jobim, mientras que en la Argentina reinaba supremo el pop pegadizo del Club del Clan con representantes como Palito Ortega, Violeta Rivas, Johny Tedesco, Chico Novarro, Jolly Land, Nicky Jones, Lalo Fransen y otros.

Eran días de auge para la Industria musical. La popularización masiva del disco de larga duración de 33 rpm y el reemplazo de los quebradizos simples de pasta de 78 rpm por el sencillo 45 rpm de vinilo habían producido una revolución en el consumo de todo tipo de música, un hecho al que contribuyó aún más la difusión del tocadiscos con cambiador automático, que permitía escuchar varios discos seguidos, aumentando así el atractivo de programar uno mismo la selección musical de un baile, reunión íntima, cumpleaños y cualquier otro tipo de celebración hogareña. El paralelo boom de la televisión también ayudó a difundir la música de todas latitudes a través de shows como el italiano Studio Uno, el norteamericano Shindig y programas locales de gran rating como Casino, Escala Musical, Guitarreada Crush y dos programas “ómnibus” por excelencia: los Sábados Circulares, conducidos por Nicolás Mancera y Sábados Continuados, a cargo de Antonio Carrizo.

En esta época no existían fronteras demasiado precisas dentro de la música popular respecto de lo que era o no “políticamente correcto” interpretar, Las batallas entre “música progresiva” y “música complaciente” que habrían de separar las aguas del rock y el pop un par de años más tarde todavía no despuntaban en el horizonte. Además de idóneos al comando de sus instrumentos. Los Iracundos eran un grupo inquieto y curioso, que sentía una igual afinidad por los sonidos Inspirados, no importa de qué género proviniesen, Desde el comienzo de su carrera, al despuntar la década, cuando todavía se llamaban The Blue Kings y hacían sus primeras trolas en su Paysandú natal. Los Iracundos acostumbraban alternar las canciones con lentas instrumentales del campo del jazz, las baladas o ese pop simple y sofisticado a la vez que todo su momento de efervescencia en los ‘50 con el auge del sonido Hi-Fidelity y los primeros discos estéreos y que fue bautizado como “Space Age Music”.

Los discos instrumentales no eran un acontecimiento raro a fines de los ‘50.

Grupos como los Ingleses The Shadows o los norteamericanos The Ventures sorprendían con la habilidad de guitarristas como Hank Marvin en los primeros o el dúo de Bob Bogle y Don Wilson en los segundos. Otro estadounidense, Duane Eddy, era ya el máximo exponente do la llamada “twang guitar” y sus compatriotas Dick Dale & His Deltones lideraban el campo de la surf-music instrumental.

Los logros de estas bandas pueden haber estado en la cabeza de Los Iracundos cuando decidieron hacer,- de sus álbumes segundo y cuarto sendas piezas instrumentales. Pero me atrevo a decir, remitiéndome al repertorio elegido, que la paleta musical de estos Iracundos de “Sin Palabras” y “El Sonido..,” va mucho más lejos. El sonido de las Big Bands de los '30 y '40 (con nuevos arreglos para guitarras) en temas como Caravan, de Duke Kllington, Moonlight Serenade, de Glenn Miller o Boogie-Woogie, de Tommy Dorsey, entre otras piezas tradicionales como San Louis Blues, del legendario pionero del jazz, W.C.Handy y 12th Street Rag, de E.L.Bowman.

Los años ‘50 y ‘60 son testigos de un cambio en la concepción de la música de películas que, además de las partituras incidentales, empiezan a tenor un “tema principal” que compite más y más a menudo en los ranking pop con las canciones convencionales. Pioneras en este sentido son las películas detectivescas y de espías, llevándose los mayores lauros compositores como Henry Mancini, autor del célebre Tema de la Pantera Rosa y de Peter Gunn y John Barry, a cargo de la música de los films de James Bond. Los Iracundos recogen el clima de esos instrumentales en The Man Wíth The Golden Arm, tema de otra gran película “maldita”, El Hombre Del Brazo De Oro, con Frank Sinatra en el rol principal, encarnando a un drogadito. En uno de los “bonus tracks” de este CD por otra parte. Los Iracundos se adelantan más de 30 años a la actual fiebre de popularidad de los temas de célebres series televisivas, recreando el “leit motiv” de Los Locos Addams.

Los Iracundos no renegaban de ningún estilo porque la esencia misma del público al que se dirigían era heterogénea. Allí estuvo una de las claves de su enorme y sostenido éxito a través de las décadas y las geografías. Así, “Sin Palabras” y “Sonido de Los Iracundos” se pasea por favoritos del repertorio tradicional español, como el Granada, de Agustín Lara, Amapola, de J.M.Lacalle o Valencia de J.Padilla. standards del cancionero moderno brasileño, como Brasil, de Ary Barroso y otras gemas clásicas y populares de varios rincones del planeta, como la Serenata de Schubert o el Hava Nagueela, de Harry Belafonte, además de un par de pequeñas gemas de cosecha propia. como el Shindig A Go-Go que aparece entre los “bonus tracks”, compuesto por Leoni en homenaje, sin duda, al popular programa televisivo citado.

El sexteto sanducero no es inmune tampoco al gran impacto popular que ejercen unos Beatles en su apogeo: los bonus nos traen, también, su lectura instrumental de Yesterday y la versión de un tema que Leoni asocia instantáneamente con la interpretación de Paul McCartney en aquel primer álbum del cuarteto inglés: A Taste of Money, de Scott y Marlow.

A esta reedición de “Sin Palabras” y “El sonido de los Iracundos” en un solo CD se le suman, pues, varios tesoros de oscuros simples y EPs que hasta el presente eran celosa posesión de unos pocos coleccionistas. A más de tres décadas de la publicación original de los temas aquí contenidos, esta colección nos devuelve una porción importante de la música popular rioplatense de los años ‘60, restaurada con los beneficios sonoros del soporte digital, como testimonio de la continua vigencia de Los Iracundos.

Compac Disc DISCOGRAFÍA COMPLETA VOL.2 -  74321-52150-2, 1997.

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Esta tercera entrega de la discografía completa de Los Iracundos encuentra al grupo originario de Paysandú, Uruguay, en los comienzos de su popularidad masiva. Después del período de giras constantes por Latinoamérica que siguió a la firma del contrato de grabación con RCA Argentina en 1964 y a la adopción de nuestro país como base operativa, Los Iracundos empiezan a cosechar los frutos de sus esfuerzos tanto en el campo del disco como en el de los conciertos. Ese constante recorrido por las rutas de América, no sólo por las ciudades importantes sino también por los pequeños pueblos y villas, le dio al sexteto sanducero un conocimiento de primera mano de los gustos de sus fans y también de lo que constituía sus penas y sus alegrías. Desde el principio de su carrera, Los Iracundos manejaron una relación de cercanía con sus admiradores que les fue especialmente útil a la hora de elegir el repertorio de sus discos. “Primeros en América” muestra al grupo definiendo -tal vez corno nunca antes- el sonido y el estilo que les seria característico, un exquisito balance entre el rock y la música melódica, que reflejaba fielmente los gustos de su audiencia. Si a esto le sumamos la técnica y el “tempo” adquirido a través de las decenas de shows y recitales que ya acumulaban en sus espaldas, descubriremos a un conjunto que empieza a pisar con la seguridad que da la madurez artística. En “Primeros en América” encontramos canciones como “Por Qué Eres Así” y “No Hay Nada Que Decir” que remiten al más puro estilo “Presley romántico”; hay también rock “a la Gene Vincent” en un tema como “Tren Solitario” y algo de blues con mucha guitarra batida en “La Ciudad Duerme”. “Tú Y El Verano” es una canción con la que el grupo recuerda a un amigo, el compositor uruguayo Dumont, y también está presente un tema que en Ecuador era casi un himno en la voz de Julio Jaramillo, la primera versión de “Nuestro Juramento”. “Moritat” es un clásico de la “Opera de Dos Centavos” de Kurt Weill y Bertolt Brecht, también conocido como “Mack The Knife”; “Nena Para Ti” integró el film de 1966 “Ritmo, Amor y Juventud” y “Cara Mía” es otro ejemplo del sonido latino de Los Iracundos que tanto comenzaba a prender en todo el continente, esa mezcla de guitarras eléctricas y acústicas por entonces nada común. Por último, nos encontramos con una improvisación del standard de jazz “Cuando Los Santos Vienen Marchando”, grabada en directo, en una sola toma. Este es un típico caso del feedback entre Los Iracundos y su público, ya que el tema ingresó en el disco debido a los constantes pedidos de los fans de todas partes. La portada de “Primeros En América” también fue pionera en el uso de la técnica de solarización o “efecto de quemado” de una foto original, lo cual revela que el mismo cuidado que se ponía en los registros sonoros era repetido también en lo que hace al arte de los discos.

A mediados de 1966, y después de una serie de recitales en la zona de Río Cuarto, provincia de Córdoba, hubo una reunión cumbre en el cuartel de Los Iracundos, junto a su entonces manager, Cacho Valdez, para cambiar ideas respecto del curso futuro de la carrera del grupo. Tras dos años de febril actividad, se imponía un cambio de aire y también encontrar un elemento extra que apartase al grupo de la rutina de grabaciones y giras y a la vez representara un eficaz golpe publicitario para proyectar aún más allá la fama de Los Iracundos, que por entonces abarcaba todo el continente americano. Con el apoyo de la compañía grabadora se decidió entonces que, tras registrar en Buenos Aires el álbum instrumental “En Estereofonía”, Los Iracundos viajarían a Europa para realizar su siguiente larga duración en los estudios de la RCA Italiana, una sala con todos los adelantos tecnológicos de la época (incluyendo una máquina grabadora con 8 canales disponibles para los doblajes de instrumentos y voces) donde se habían registrado muchos de los grandes hits de la música popular italiana, que por entonces estaba a la par de la anglosajona en cuanto a repercusión internacional,

Un año antes, en 1965, Los Iracundos habían sido elegidos para acompañar musicalmente a Rita Pavone en todos los shows que la pecosa cantante italiana había realizado en Buenos Aires, incluyendo actuaciones televisivas. Durante esta relación, el grupo hizo muy buenas migas con el arreglador de Rita, Spelvio Cipriani.

Los Iracundos viajaron por barco hasta España, donde actuaron en la discoteca “EI Consulado” que era propiedad de un señor llamado Santamaría, un gran promotor de artistas españoles y padre, además, de la cantante Massiel. Cumplido este compromiso, se trasladaron a Roma para comenzar con la grabación de su siguiente disco. Cipriani no pudo ser de la partida, pero su ayuda igual probó ser valiosa, ya que un amigo suyo, Armando Trovaioli -vinculado con la música de películas como “Los Siete Hombres de Oro” y “América, País de Dios” colaboró en el desarrollo de las sesiones iniciales.

La grabación de “Los Iracundos en Roma”, como se llamó finalmente el álbum, se realizó totalmente en los estudios de la RCA Italiana, con el apoyo de un arreglador sugerido por la compañía, que en la práctica funcionó como un integrante más del grupo ya que, además de realizar los arreglos de cuerdas y bronces en los temas en que hicieron falta, colaboró tocando varios instrumentos, por ejemplo la percusión en el tema “Sé Que No Volverás”. Se llamaba Lawrence Wiffind y era de origen australiano. Wiffind estaba accidentalmente en Roma y fue una asociación fructífera a pesar de la “Babel idiomática”, ya que eran seis uruguayos hablando en castellano, tratando de darse a entender por medio de italianos a un australiano que sólo hablaba inglés. Como fuere, los resultados fueron soberbios. Canciones como “Es La Lluvia Que Cae”, “Sé Que No Volverás”, “Ángela”, “Me Quebraste La Vida” y “Tú Ya No Estarás” hoy son temas clásicos que integran el repertorio de infinidad de conjuntos a lo largo y ancho de América Latina. Se destacan, también, la versión instrumental del hit del grupo español Los Bravos, “Black Is Black” y la adaptación que Eduardo Franco hace al castellano del legendario “Blowin’ In The Wind”, de Bob Dylan.

“Los Iracundos En Roma”, grabado entre octubre de 1966 y marzo 1967, fue el primer Disco de Oro del grupo, de los muchos que recibieron posteriormente a lo largo de toda su carrera. “Es La Lluvia Que Cae” también fue Disco de Oro en simple y representó también la primera vez que se realizaba un evento especial fuera de la Capital Federal para entregar esta distinción. EI festejo se realizó en la ciudad de Córdoba y tuvo su broche de oro con la actuación de Los Iracundos en el club Atenas, un acontecimiento que aún hoy, a 30 años del hecho, se recuerda como récord de público y también como un despliegue de entusiasmo popular nunca visto hasta ese momento.

Siguiendo la tradición que ha inspirado esta Discografía Completa de Los Iracundos, este tercer volumen incluye varias perlas que sin lugar a dudas serán atesoradas por los coleccionistas y, en general, por todos los fans del grupo. El tema “Hay Una Extraña Expresión En Tus Ojos” (09/65), integró originalmente el EP “Los Locos Addams”, cuyas otras canciones “La Casa del Sol Naciente”, “Mate Cocido” y el tema que le da título, integraron los dos primeros álbumes de esta colección. “Hay Una Extraña Expresión En Tus Ojos” hubiera correspondido cronológicamente al Volumen Uno de esta serie pero, debido a la duración limite del CD, nos vimos obligados a postergar su edición hasta ahora. Otros dos temas hasta ahora inobtenibles en forma de álbum son “Si Al Regresar” (02/66), un simple que tuvo en su momento como Lado B a “Shindig A Go-Go” y “Te Debía Una Canción” (03/66), un tema compuesto por el entonces director artístico de RCA Argentina, Mario Osmar Pizzurno, y Lado B del simple “Ayer”.

Otra de las piezas fascinantes de este CD es el tema “Bop-A-Lena”. Durante los años 60 era común -mucho más que ahora- el armar discos de larga duración de intérpretes varios con los sucesos del momento, mezclando artistas locales con luminarias internacionales. RCA Argentina lanzó muchísimos compilados de este tipo, entre las cuales la serie de “Explosivos” tuvo singular éxito. En algunos, por motivos inescrutables, se elegía un tema que no era después incluido en simple, EP o álbum alguno de ese intérprete por lo cual, al retirarse el compilado de circulación, dicho tema se convertía en un instantáneo objeto de coleccionistas. Esto ocurrió con “Bop-A-Lena” que, antes de la edición del CD que usted tiene en sus manos, sólo apareció en el álbum “Explosivamente Bailable”, de 1966, donde Los Iracundos compartieron el cartel con, entre otros, Palito Ortega, Sylvie Vartan, Gianni Morandi, Violeta Rivas, Juan Ramón, Jimmy Fontana, Bárbara y Dick, y Rita Pavone.

Si este hallazgo puede considerarse importante, la “guindita sobre la torta” de estos bonus tracks es, sin duda, la versión inédita del tema de Eduardo y Leonardo Franco “Nena Para Ti”, con el que se abrió el Primer Festival Internacional de la Canción de Mar del Plata, en febrero de 1966, como atestigua aquí la emotiva presentación del maestro de ceremonias, Carlos Beilliard, por entonces conductor del programa televisivo Escala Musical -de enorme popularidad en aquellos días- que había co-auspiciado el festival junto a RCA Víctor. De ese mismo show proviene el tema que cierra esta selección, otro original de Eduardo Franco llamado “Ámame”, hasta ahora sólo disponible en un álbum que RCA editó en su momento con un apretado resumen de lo acontecido en aquel evento marplatense. El hallazgo fortuito de las cintas originales de dicho festival permitirá, a los innumerables devotos que Los Iracundos han sumado a través de las décadas, comprobar la energía y el frenesí que el grupo desataba sobre el escenario ya desde aquellos años formativos.

Compac Disc DISCOGRAFÍA COMPLETA VOL.3 -  74321-55545-2, 1998.

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Entre la fecha de salida a la del álbum “En Estereofonía” -noviembre de 1966- y la época en que el grupo comenzó a seleccionar, su repertorio, habían pasado casi 10 meses febriles, que vieron Los Iracundos de gira por América Latina. En el escaso lapso que iba de una canción a otra tournée la banda se las arregló para encontrar el tiempo de ensayar, arreglar y grabar los temas del nuevo disco, el número seis en la historia de Los Iracundos, un long-play que significaba una gran jugada conjunta con la compañía discográfica, ya que era el primero que iban a registrar en sistema estereofónico, como su título testimonia. Para dar una idea de lo que representaba este avance tecnológico es necesario aclarar que, si bien la estereofonía se conocía desde mediados de los años 50, hasta bien entrada la década siguiente su uso estuvo mayormente restringido a la música clásica, las grandes orquestas o las ediciones especiales para audiófilos. En la música pop, el estéreo hizo una aparición tardía, como lo prueba el hecho de que artistas de fama internacional como los Beatles y los Beach Boys grabaron sus primeros discos en monoaural. Esto tiene una explicación lógica: la mayoría del público consumidor de música pop todavía tenía tocadiscos monoaurales, ya fuera el popular cambiador de mesa (que en nuestro país hizo historia bajo la marca Winco) o el “combinado” que unía en un mismo gabinete tocadiscos, radio y -en sus versiones más lujosas- televisión.. La popularización masiva del estéreo está ligada, pues, con dos fenómenos casi simultáneos: la revolución de los transistores, que redobló la oferta de equipos de sonido mucho más funcionales y económicos, y el cambio de énfasis en el marketing de música popular, del disco simple al long-play.

En la época en que aparece “En Estereofonía”, Los Iracundos dividían sus álbumes entre los que contenían canciones cantadas y los long-play de temas instrumentales, algo que reflejaba las dos facetas predominantes de sus shows de entonces. Si consideramos que uno de los grandes atractivos del sonido estereofónico es que permite discriminar minuciosamente la distribución de los distintos instrumentos en el plano sonoro, comprenderemos otra de las razones por las que Los Iracundos optaron por un repertorio instrumental para estrenarse en la nueva tecnología.

“En Estereofonía” abría con “Buena Suerte”, una tijera, ritmo popular israelí, cuya incorporación al repertorio del grupo tuvo que ver tanto con la orientación que trajo el productor Cacho Valdez y los comentarios de otras bandas que amenizaban fiestas de esa colectividad, cuanto por el deseo de Los Iracundos de contar con temas de fuerte ritmo y melodía pegadiza, como antes lo hablan sido “Hava Nageela” y en el futuro lo serian canciones como “Para Mi Eres Divina”.

La cultura de la banda siempre se nutrió de escuchar lo mejor del blues, el jazz y los spirituals como lo prueba la versión del clásico “Dulce Georgia Brown”, que tiene que ver, además, con uno de los grandes conjuntos de básquet norteamericanos, los Harlem Globe Trotters, del cual este tema es verdadero “himno de batalla” con el que entran a la cancha. Esta versión tuvo un éxito inesperado debido a un hecho fortuito: el grupo la estaba grabando en los estudios Ion de la Hipólito Yrigoyen, pero al llegar el “stroll” (arrastrado) final, siempre se equivocaban y tenían que comenzar de nuevo.

Cuando por fin lograron una toma exitosa y ya suspiraban aliviados, el bajista Burgués, de la alegría por haber conseguido finalmente el registro, patea una mesa donde estaban las tazas de café, los platitos de los sándwiches y las gaseosas que el grupo consumía en las pausas entre sesiones, haciendo un ruido infernal que se “coló” justo sobre el acorde final del tema. El productor Mario Pizzurno, desde la consola, comenta que el ruido no puede ser borrado y -de común acuerdo- deciden dejar el tema como está. Paradójicamente, esto resulta clave para el éxito de “Dulce Georgia Brown” ya que, aún muchos años más tarde, el público seguía pidiendo el tema “con el ruido del final’. Una anécdota más, de las tantas que ocurren en un estudio de grabación...

Vaya con Dios”, “Tico Tico No Fuba”, “La Virgen de la Macarena” y “Fiebre En La Jungla” tienen en común el haber recibido un tratamiento especial en la grabación de las bases, para que pudiese lucir mejor el sonido estéreo. Los Iracundos no recurrieron a ningún músico extra, sino que son ellos mismos los que se encargaron de tocar maracas, bongos, pandeiro, tumbadora, claves, triángulos, castañuelas y otros accesorios que le dieron a cada uno de estos temas un tratamiento distintivo. Hay en el álbum dos aproximaciones a la música clásica: “Rapsodia Sueca” y “Concierto de Varsovia”, que demuestran la intuición de Los Iracundos para percibir obras famosas que el gran público deseaba escuchar en arreglos diferentes, adaptados a la formación del conjunto. Como detalle entra, digamos que otro elemento que contribuyó a la inclusión de “Rapsodia...” en el disco fue el éxito que había logrado por esos días un jingle publicitario de televisión de quesos untables, que utilizaba dicha melodía como fondo.

“En Estereofonía” incluía, además, otros temas célebres como “O solo mío”. A Los Iracundos les había gustado poco y nada la versión de Elvis Presley y decidieron, como contrapartida, darle un tratamiento “a la Tijuana Brass” (el grupo de Herb Alpert, que por esos días estaba muy de moda), con la guitarra llevando la melodía y logrando, por momentos, un aire de “canzonetta”. “Amo a Paris”, de Cole Porter es una hermosa melodía que recibe aquí el tratamiento rítmico típico de Los Iracundos, quienes imprimieron un tinte de woogie-boogie al gran terna de Pérez Prado “Patricia Mía” para sacarla de lo común y adaptarla a la guitarra, aunque el órgano contribuye, asimismo, partes interesantes. “Susurrando” era otro tema de especial aceptación entre el público, por su arreglo
de gran banda, nada común en esos días, el fuerte ritmo impuesto por la batería y el bajo. Algo para destacar: el sonido de dos bajos eléctricos diferentes en la misma canción, sin detener la interpretación ni recurrir a playbacks. Eran habilidades que se adquirían a fuerza de tanto show y baile consecutivo,..
“En Estereofonía” fue el uno de los últimos discos ciento por ciento instrumentales que grabaron Los Iracundos, pues a esta altura el grupo estaba a las puertas del gran éxito internacional que venían buscando con su repertorio cantado y que se produce definitivamente a partir de 1966-67. Desde entonces Los Iracundos siguieron haciendo números instrumentales, pero ya sólo como apoyo de los temas cantados. No obstante, antes de descartar la modalidad de álbum instrumental como tal, el grupo grabaría “La Música de Los Iracundos”, larga duración aparecido en septiembre de 1967 que, tomado en su totalidad, tiene el color de un conjunto de música popular europea de la época. Hay una fusión de estilos que remite a Armando Trovaioli con su música del film “Los 7 Hombres de Oro”, por una parte, y a una peculiar mezcla de Joao Gilberto con Gerry Mulligan, una especie de bossa nova con acento jazz-rock.

También hay melodías muy latinas, con acentos de Italia, Francia y España en sus notas y armonías, como se puede apreciar -a despecho del titulo- en “América, País De Dios” y en “Morir Un Poco” que -a pesar de ser de autor chileno- tiene estructura clásica francesa, realzada por el arreglo que le brindan Los Iracundos, similar a lo que sería la base de sus futuros éxitos cantados, con el estilo clásico de cantautores que años más tarde llegarían a estos países, como Gilbert Becaud y Charles Aznavour.

Además de la calidad de los arreglos y lo depurado del sonido, otro elemento que se tenía en cuenta era la presencia, dentro del repertorio de un álbum, de ritmos potencialmente bailables, como evidencian aquí los temasPepitas De Oro” y “Delicado”, Un párrafo aparte merece la realización de “Estruendo en Winnetka”, del contrabajista Bob Hagart. Se necesitaba una parte “silbada” en el tema y sucedió que pasaba por el estudio ese día Carlos Garbarino, ejecutivo de RCA Argentina, quien se ofreció para hacer dicha parte, con la unánime aprobación del grupo. Por esos tiempos en Argentina, y sobre todo en Buenos Aires, se habían puesto de moda los temas con “sabor ruso”, como el Kasastchok. Eso llevó a Los Iracundos a realizar dos versiones originales y bailables de otros clásicos del repertorio ruso, como “Ojos Negros” y “Praderas”. Completaban la selección del álbum, como ya era costumbre, otros clásicos del blues y el jazz, como “Rata Paseandera” o “La Canción De Josecito” y de la bossa, con la versión que el grupo hizo de “El Samba Brasilero”. La versión de “Alma Llanera”, una conocida canción de las llanuras venezolanas, les fue sugerida por la cantautora peruana Chabuca Granda, distinguida amiga de la banda, quien siempre decía que estaba esperando “el álbum latinoamericano de Los Iracundos”. Por último, “Tentación”, el tema principal de “Sangre y Arena”, aquel recordado film con Rita Hayworth y Tyrone Power, ponía el broche de oro para “La Música de Los Iracundos” con una notable interpretación del grupo en pleno.

Como en previas entregas de esta Discografía Completa de Los Iracundos, decidimos complementar esta reedición en Compact Dísc de los álbumes “En Estereofonía” y La Música de Loa Iracundos” con varios temas que, estamos seguros, habrán de deleitar a coleccionistas y fans. En primer término se encuentra la primera versión de “Morir Un Poco”, que originalmente integró un EP junto a los temas “El Samba Brasilero”, “Rata Paseandera” y “Delicado”. A continuación vienen “Repican las Camparas” y Rodolfo, El Reno De La Nariz Roja”, dos temas navideños publicados en forma de simple hacia fines de 1965 y -como apropiado epílogo para este gran CD, dos versiones inéditas, en vivo, de “Abril en Portugal” y del clásico de Glenn Miller, “Serenata A La Luz De La Luna”, ambas registradas en el Primer Festival de la Canción Internacional de Mar del Plata, en febrero de 1966.

Compac Disc DISCOGRAFÍA COMPLETA VOL.4 -  74321-61209-2, 1998. 

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