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An Antartic Mystery (or, The Sphinx
of the Ice Fields)
Jules Verne
Wildside Press, 2005
La esfinge de los hielos es
una de las últimas obras que escribió Julio Verne y,
curiosamente, una de sus menos conocidas. Casi no se imprime fuera de
Francia. La traducción que se hizo al español
quedó fuera de circulación hace décadas e incluso
también era muy difícil encontrar una edición en
inglés hasta hace poco, cuando Wildside decidió
reimprimirla. Ésta historia es una continuación de La narración de Arthur Gordon Pym,
la excelente novela corta de Edgar Allan Poe. Es una especie de tributo
que Verne hizo a su maestro.
Poe intencionalmente dejó su historia
inconclusa. Al final, narra el momento en que Pym y su compañero
Dirk Peters se internaban en los mares de la Antártida, ya muy
cerca del polo. En los momentos en que la novela acaba, el agua de mar
era lechosa y caliente, llovía ceniza blanca y caía una
enorme cortina de vapor, como una catarata. Una figura grande y
humanoide aparecía entre la niebla, como dispuesta a recibirlos.
Los últimos capítulos, en los que Pym contaba lo
siguiente, se habían perdido y el mismo Pym había muerto
bajo circunstancias misteriosas.
Aquello fue Poe en su faceta más
fantástica. La esfinge de los hielos retoma la historia con el
geólogo americano Jeorling, que se embarca junto con el
capitán Len Guy en busca de su hermano perdido William, quien
había sido capitán del barco donde Pym navegaba, y el
cual voló en pedazos durante una pelea con unos nativos. Dirk
Peters, antiguo compañero de Pym y sobreviviente de la
catástrofe, también interviene. Juntos se embarcan a
descubrir qué fue lo que realmente sucedió más
allá del muro antártico de icebergs.
Cualquiera que conozca a Verne adivinará que
le habría sido imposible continuar la historia en el estilo de
Poe. Así que lo que hizo fue reelaborar la historia por
completo, como, por su parte, también hizo H.P. Lovecraft con su
propia continuación del mismo cuento, En las montañas de la locura.
Verne no cuenta una historia de terror, sino de aventuras. Y lo hace en
el más claro, común y sencillo de los estilos. Por
supuesto, pueden esperar una obra sumamente imaginativa y muy
cuidadosamente elaborada. En realidad, sigue la misma estructura del
resto de sus novelas, así que fácilmente pueden darse una
idea de lo que hay en ella. Basta decir que no se aburrirán.
Hay algo que, sin embargo, no me agradó del
todo. Verne era muy cabeza dura en cuanto a sus ideas de cómo
debe formarse un relato, y era un seguidor casi ciego de la doctrina
positivista. Lo que más admiraba en Poe era su capacidad para
hacer verosímil un relato dentro de atmósferas que
sugerían y hasta expresaban lo sobrenatural. No obstante, para
Verne lo sobrenatural y lo fantástico eran cosas
ridículas, así que despojó al relato de Poe de
todos estos elementos. A todo se le da una explicación racional.
Así, por ejemplo, la descripción final de Pym no
habría sido más que una triste alucinación. Y hace
trampa cuando tiene que lidiar con las cosas más conflictivas,
como las maravillas de la Isla Tsalal. Simplemente inventa una
catástrofe natural que destruyó todo sobre la superficie
de la isla, dejando incomprobable el testimonio de Pym. Y hace
así con el resto.
Matar lo fantástico es suficiente como para
decepcionar a muchos fans de Poe. Y, ciertamente, esto no es lo mejor
que Verne escribió, pero en general es una buena y muy
entretenida novela. A pesar de todo, cumple su cometido.
11/2005