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The Fountain
Darren Aronofsky
EU, 2006


Aronofsky está de vuelta a seis años de su éxito, Requiem for a Dream. En lo personal esa película me pareció un tanto decepcionante y muy por debajo de Pi, su film anterior, pero ahora, con The Fountain logró darme una muy agradable sorpresa.

The Fountain contiene tres historias que en realidad son una misma. En el año 2000, el dr. Tom Creo (Hugh Jackman) trata obsesivamente de buscar una cura para el singular tumor cerebral de su esposa, Izzi (Rachel Weisz). Su mujer, sin embargo, parece ya haber aceptado la certeza de su muerte, encontrando sus respuestas en el antiguo mito maya de Xibalbá, el reino de los muertos. Izzi comienza a escribir una historia análoga a la de su esposo, donde Tomás, un conquistador español del siglo XVI, intenta buscar el árbol de la vida en el ombligo del mundo, para así poder vivir por siempre con su amada, Isabel la Católica. Sin embargo, el último capítulo fue dejado en blanco para que Tom lo complete. Tom descubre la clave de la inmortalidad, pero demasiado tarde. 500 años después, Tom hace un viaje interespacial con el árbol de la vida, en dirección a la estrella de Xibalbá, donde espera poder vencer a la muerte de una vez por todas.

Sin duda suena descabellado, y es por eso que The Fountain ha provocado opiniones de lo más diversas. A Aronofsky se le ha acusado de haber hecho una historia pretenciosa e innecesariamente complicada. La verdad, pienso que logró hacer algo casi perfecto, tanto simbólica como formalmente. El punto es aceptar la muerte como parte natural del ciclo vital, es decir, ver la vida y la muerte como una sola cosa, como una serpiente que se muerde la cola. Cada muerte representa un renacimiento. Parece una idea sencilla, pero ¿cómo va a serlo? La muerte es uno de los temores más grandes del ser humano, y la inmortalidad su principal objetivo desde tiempo inmemorial. Aronofsky logra retratar demasiado bien la neurosis obsesiva y destructiva de una persona que lucha contra su propia naturaleza.

El simbolismo es impecable y muy efectivo. No es un filme innecesariamente complicado; la verdad es que los símbolos son muy básicos y lo mejor de todo es que tienen una cierta espontaneidad que les otorga vida. No son intelectualizaciones estériles. Además, los efectos visuales, el excelente sonido de Clint Mansell y la narrativa que se le da a la historia hace que las metáforas funcionen de una manera muy alabable.

Sin duda esto deja atrás a Requiem for a Dream por cientos de kilómetros. De hecho, quizás sea la mejor película de este director. Habrá que estar atentos a su siguiente proyecto, Black Swan, que deberá estrenarse en 2008 (aunque el guión ya no será suyo).


03/2007


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