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¿Por qué fracasa M. Night Shyamalan?


Cualquier aficionado al cine conoce al director. Prácticamente a todos nos gustó The Sixth Sense, y desde esa película –un parteaguas del género, según dicen algunos-, el cineasta se formó una fuerte base de seguidores. Incluso quienes no lo somos, tendemos a seguirle la pista. No obstante, a pesar de la enorme popularidad que ganó con aquel filme, sus posteriores esfuerzos no han conseguido ser tan taquilleros. Algunos apenas han llegado a superar el mínimo de tiempo en cartelera. El público general opina que lo que ha hecho desde entonces es aburrido, pero queda cierto grupo de seguidores que lo describe como un gran director incomprendido. Son dos extremos. ¿Tendrá alguno de ellos la razón?

En lo personal, tengo mis dudas. No puedo decir que conozca a fondo su carrera (no he visto Praying with Anger ni Wide Awake) o que haya puesto mucha atención a los múltiples e intrincados detalles que arregla en sus películas. Y es que verdaderamente no creo que valga mucho la pena hacerlo. Me explicaré.

The Sixth Sense
                  The Sixth Sense

The Sixth Sense (El sexto sentido, 1999) impresionó tanto por su excelente técnica narrativa y visual, como por el tratamiento de la temática. El contenido es simple en su estructura profunda: trata sobre autodescubrimiento, enmendar los errores del pasado, enfrentar los terribles “fantasmas” que son nuestros recuerdos. En esa película logró lo que se propuso, y con creces. No hay nadie que pueda cuestionar la maestría de Shyamalan para manejar la estructura de sus historias, y tampoco para hacerlas bellas visualmente. Quizás la única falla que se le puede encontrar a The Sixth Sense sea el uso deliberado de los símbolos, cosa que los vuelve estériles e intelectualizados, les roba toda su espontaneidad. Probablemente sea por eso que nunca los noté hasta que leí sobre ellos en alguna parte.

Como sea, la historia no es tan original como la pintan, aunque –eso sí- el género podría aprender algo del genial tratamiento que le dio a esta película. Lástima, no lo ha hecho.

Unbreakable (El protegido, 2000) le siguió y creó gran expectación, pero pronto decepcionó a las masas. Muchas de las críticas negativas en realidad fueron injustas con esta obra. Trata un tema interesante, de fuerzas naturales opositoras y autodescubrimiento (otra vez), y muestra lo lleno de sentido que está el mundo de los superhéroes de cómic. Visualmente asombra. Sin embargo, aquí ya Shyamalan muestra su punto débil: no desarrolla mucho el tema principal, pero el tratamiento que le da a la película es tal que da la impresión de que en realidad está haciendo algo muy profundo. Es un filme un tanto engañoso, aunque en general, no es del todo malo.

En Signs (Señales, 2002) trata la idea del destino y las coincidencias significativas. Nuevamente, es un tema interesante. Pero el mensaje básico se reduce a esto: “Las cosas ocurren por un motivo y hay que estar alertas a las señales a nuestro alrededor”. No indaga más. Es como si se topara con una barrera y se quedara sólo con el esbozo de la idea principal. Para cubrir la falta de substancia, elabora su mensaje de forma innecesariamente complicada, con una extraña historia de extraterrestres. Simbólicamente, los marcianos hubieran podido funcionar; pero lo vacío del desarrollo hace que caiga en el absurdo.

Shyamalan y Mel Gibson
M. Night Shyamalan y Mel Gibson en Signs  

The Village (La aldea, 2004) es la peor película que le he visto. Los excesos de autoindulgencia son increíbles. Si Signs ya parecía algo exagerado, esto pasa todo límite por kilómetros. El tema: el aislamiento esquizoide y la salida que puede proporcionar el auténtico amor. Pero la historia de una comunidad que en plena época actual vive como en el siglo XIX y trata de aislar del resto del mundo a sus futuras generaciones mediante un mito tonto que involucra mostruos extraños, es simplemente algo rebuscado y ridículo. No sé qué es peor: la idea en sí o el risible lenguaje poético que utiliza en algunas escenas. Es una terrible película.

Después de aquel fiasco, Lady in the Water (La dama en el agua, 2006) lo reivindica considerablemente. Es un cuento de hadas con estructura tradicional y bien adaptado a nuestra época. Es bonito, y los visuales, como siempre, son perfectos. Pero tiene un defecto que amarga mucho el sabor del filme: Shyamalan mismo actúa en el papel de un joven escritor incomprendido cuyas ideas políticas influirán mucho en un futuro presidente de EU, que tratará de ponerle orden al mundo. La trama, en realidad, gira alrededor de Shyamalan, y él se toma su tiempo para ridiculizar y (literalmente) hacer jirones a sus críticos. Este detalle prácticamente megalómano mancha bastante lo que bien hubiera podido ser un bonito cuento de hadas sin mayores pretensiones.

Todas las películas de M. Night Shyamalan abordan un autodescubrimiento que casi se vuelve obsesivo. Es simple ver por qué: en varias de sus obras nunca ocurre una solución real al conflicto. En Signs la definición del problema es predecible y un tanto artificiosa; en The Village no llega a ocurrir un contacto verdadero con el mundo exterior (de hecho, la heroína es ciega), por lo que el conflicto no se resuelve de raíz; y Lady in the Water es un ego trip que opaca el mensaje más importante. La lucha y confusión interior de Shyamalan deben ser horribles. En cualquier caso, su vanidad parece ser su peor enemiga.

Sus películas muestran una constante batalla entre la apertura al mundo y el encierro narcisista. Si este director, por una vez, tratara de colaborar con algún otro guionista aparte de él mismo, quizás lograría hacer algo verdaderamente genial. Ése es su defecto, y la causa mayor de sus fracasos.


escrito en enero, 2007

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