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Kafka en la orilla
Haruki Murakami
Tusquets, 2006
Haruki Murakami nos ofrece una novela
maravillosa, Kafka en la orilla,
cuya traducción al español tardó cuatro
años en aparecer. La trama consta de dos historias que corren
paralelas. Los capítulos nones son contados por Kafka Tamura, un
niño de quince años que se ha fugado de su casa de Tokio,
huyendo de la maldición que le impuso su padre, que dictaba
que Kafka lo asesinaría y se acostaría con su madre y su
hermana. Su viaje lo conduce a la ciudad de Takamatsu, donde se refugia
en una biblioteca muy peculiar, siendo protegido por la directora del
lugar –una misteriosa mujer que parece muerta en vida- y un joven
empleado, que es mucho más extraño de lo que uno piensa
en primera instancia. Los capítulos pares, narrados en tercera
persona, cuentan la historia de Satoru Nakata, un anciano de más
de sesenta años que, siendo un niño, tuvo un raro
“accidente”. Él, un alumno sobresaliente de la primaria, formaba
parte de un grupo de estudiantes que salió a una
excursión en una montaña. Tras ver un extraño
objeto en el cielo, los niños cayeron inconscientes. Todos
recobraron la consciencia al poco tiempo, y no mostraron ningún
tipo de secuelas. Nakata fue la única excepción:
él tardó dos semanas en despertar y, cuando lo hizo,
había perdido toda memoria, no sabía ni leer ni escribir,
y fue tomado por un retrasado mental. Pero, por todo lo que
perdió, Nakata obtuvo la facultad de hablar con los gatos. Un
inesperado giro en su vida lo pone en una misión que lo lleva
también a Takamatsu.
Ésta es una
especie de “novela de ideas” de corte eminentemente existencial. Nos
cuenta la historia de un Edipo posmoderno que atraviesa un laberinto
onírico y de lo más confuso. Poco a poco, la
narración se aparta del universo concreto para entrar en el
universo de la muerte y de lo maravilloso. El vacío, la
pérdida y la confusión son temas centrales que se
desarrollan en un contexto muy actual y que, en parte, son tratados
filosóficamente y, por otro lado, poéticamente, a
través de la fantasía, de lo religioso y hasta de lo
folclórico. A lo largo de toda la novela, atrás, como
atmósfera, suena una canción pop que Kafka descubre en un
viejo disco de vinil, y también Radiohead, Prince, John Coltrane
y, especialmente, el Trío del
Archiduque de Beethoven. Murakami crea muy bien los preparativos
para un viaje intenso.
Kafka en
la orilla es
una obra compleja, con un simbolismo muy fuerte. Por cierto que es
bastante ambiciosa, y hasta se justifica a sí misma como una
obra imperfecta similar a una sonata de Schubert. Da la
impresión de ser perfecta, pero en realidad sólo
engaña, y por lo mismo da pie a múltiples
interpretaciones. Y quizás la novela llega a ese punto, en mayor
o menor medida. Lo cierto es que confunde, pero no se trata de una
confusión cualquiera: existe un sentido, y eso es evidente
porque
–contrario a gran parte de la denominada “literatura posmoderna”- el
conflicto tiene una resolución coherente. Cuando uno termina de
leer este libro, queda la sensación de que algo se ha movido
adentro, de que Murakami debió dar en algún clavo, y es
una sensación que va más allá del engaño
superficial. Esto no se queda en la mera ambivalencia: trasciende el
conflicto con una postura clara, aunque para nada absoluta.
La pérdida de
raíces e identidad, en todos sus sentidos (familiar, sexual,
nacional, religiosa, cultural, profesional…) es excelentemente tratada
aquí y consigue lo que pocos autores han logrado con esta
temática: un acercamiento profundo y convincente a una respuesta
espiritual. Ésta, por supuesto, es personal y no
es definitiva, pero sin duda logra tocar las fibras adecuadas. Me
atrevo a decir, sin ningún temor, que Kafka en la orilla es una
de las novelas más geniales escrita por un autor vivo.
01/2007