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The Girl with a Pearl Earring
Peter Webber
EU / Inglaterra, 2003


The Girl with a Pearl Earring trata sobre un supuesto biográfico del pintor holandés Johannes Vermeer, uno de los artistas más importantes de la era dorada de aquella región, que sucedió durante el siglo XVII. Se basa en la novela del mismo nombre, escrita por Tracy Chevalier, según la cual Vermeer encuentra inspiración en una sirvienta para crear una de sus pinturas que, si no la más importante, es posiblemente la más conocida que tiene, la que más caracteriza el trabajo que hizo en sus últimos años. Griet (Scarlett Johansson), llama la atención de Vermeer (Colin Firth), quien secretamente comienza a instruirla en el mundo del color y la pintura. Pero pronto comienzan las sospechas por parte de la esposa de Vermeer, Catharina, y la situación se complica aún más cuando van Ruijven, el mecenas, maliciosamente encarga a Vermeer una pintura de Griet. Pero eso no es todo en la serie de conflictos: una de las hijas, Cornelia, desarrolla un extraño odio hacia Griet y hace lo que puede para sacarla de la casa. Al final queda una rara y romántica historia sobre la pasión al arte y algunos de los sacrificios que podía suponer en tiempos como aquellos.

Pero, francamente, la historia es lo menos interesante aquí. Sin embargo, antes que nada, hablemos un poco sobre este movimiento al que perteneció Vermeer. Es el siglo XVII y la Ilustración está incipiente. Empezaban los primeros cambios en el arte con respecto al neoclasicismo predominante, y algunos de los artistas que inicialmente se separaron de estas corrientes pertenecieron a la región holandesa, lo que ahora es Dinamarca, Holanda y Bélgica, principalmente. El nuevo estilo consistía en pinturas mucho más realistas en comparación a lo que cualquier cosa que se hubiera hecho antes. Daban una impresión de tridimensionalidad casi fotográfica, opuesta a la vieja bidimensionalidad caricaturesca, y había un énfasis marcadísimo en el color y las múltiples y complejas tonalidades que pudieran darse. Si bien por una lado eran realistas, por otro había una imagen idílica basada en el color, que vivificaba las obras y les daba toda una nueva dimensión interpretativa. Además de Vermeer, otros artistas importantes de esta era dorada fueron Rembrandt, Frans Hals, Jan Steen, Jan van Goyen y Aelbert Cuyp, por sólo nombrar algunos.

Habiendo dicho esto, debe destacarse la impresionante fotografía de la película. De entrada, uno se queda perplejo al ver las escenas del estudio de pintura de Vermeer. Son exactamente iguales a como uno las encuentra en las pinturas. Recalco otra vez el exactamente. La precisión es increíble. La habitación, la iluminación, junto con todos los pequeños detalles y matices de sus pinturas están ahí. Algo que caracteriza la obra de Vermeer es un sentido de intimidad e introspección muy particular: muchos de sus cuadros retratan interiores, y eso no es una cosa sencilla. Gran parte de la película se da dentro de la casa de Vermeer, en varias habitaciones, cada una con sus particularidades. El comedor a la luz de las velas, las recámaras, el ático vacío y lleno de luz, la habitación de las sirvientas, incluso la oscura entradita a la casa: todo es Vermeer. No sé si habrán hecho la filmación en su antigua casa, pero cualquiera que fuera el caso, el conocimiento de su obra es prácticamente absoluto.

Los exteriores, aunque pocos, también están excelentemente fotografiados. Hay una escena invernal perfecta del parque y el río de Delft, que podría recordar algo de Paulus Potter, y en general el ambiente del pueblo refleja muy bien a la época. Mucho ayuda que ha permanecido casi intacto desde aquellos tiempos.

La historia de la película, por su parte, es trillada y torpe. Los personajes son bastante unidimensionales y exagerados. Vermeer es el estereotipo del artista introvertido, Catharina (Essie Davis) es una burguesa superficial cualquiera, van Ruijven (Tom Wilkinson) es un pillo lascivo y maloso, Cornelia parece la encarnación del diablo y las sirvientas son una payasada. Pero, como quiera, la actuación de Scarlett Johansson como Griet redime el film. Asume su papel bastante bien, y a pesar de algunas fallas en el guión, es la única que mantiene una personalidad centrada y realista. Ella es la actriz perfecta para el papel: no sólo está idéntica a la joven del retrato, sino que se nota que entendió muy bien la pintura.

Pero, por otra parte, debe decirse que algunos personajes resultan muy entretenidos. Van Ruijven es un extremo caricaturesco, y eso hace que sobresalga mucho en la película. Le da frescura a las cosas.

En fin, la historia en sí no es nada del otro mundo, y algunos de los elementos rescatables que pudiera tener, como el factor erótico, no son nada elaborados, no se les presta mucha atención. Pero está claro que aquí lo que importa es la forma y no el fondo. La historia es solamente un soporte para todo el espectáculo visual, y al final es lo que menos importa. Si estás interesado en el arte o en el diseño, estoy seguro que esta película te va a gustar mucho.


05/2004




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