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Las trece rosas
Jesús Ferrero
Siruela, 2003
Las trece rosas, de
Jesús Ferrero, volvió a despertar el
interés de los españoles por un suceso ocurrido en Madrid
durante los primeros años de la dictadura franquista. El
líder de las Juventudes Socialistas Unificadas fue capturado y
torturado, y así obligado a dar los nombres que sabía.
Entre los denunciados se encontraban trece muchachas que fueron
recluidas en una cárcel para mujeres. Posteriormente, hubo un
atentado contra un militar importante que dejó tres muertos. El
gobierno decidió dar una lección fusilando a cuarenta y
tres hombres y trece mujeres de las Juventudes Socialistas. Esas trece
mujeres asesinadas fueron conocidas desde entonces como “las trece
rosas”.
Pero Las trece rosas no es lo
que parece. Contrario
a lo que uno esperaría en una novela que trata un tema como
éste, Las trece rosas no ahonda tanto en el drama
político o la crítica social, ni tampoco es una “novela
de reportaje”. Por cierto que Ferrero se documentó bastante bien
y su libro refleja fielmente las atrocidades de la dictadura de Franco,
pero ésas son cosas secundarias aquí. Lo que el autor
quiso hacer fue escribir la tragedia de aquellas trece jóvenes.
Se enfoca en sus situaciones particulares y en su terrible destino.
Cada capítulo es narrado desde la perspectiva de un personaje
distinto, y describe de manera extraordinaria los sentimientos de
desesperación, impotencia, melancolía, ira y psicosis por
los que atraviesan en su encierro. Su forma de tratar las etapas por
las que pasaron estas mujeres -desde la inocencia en que algunas se
encontraban hasta la solidaridad en su reclusión, pasando
también por la demencia durante la espera de la
ejecución, las recriminaciones, la resignación, las ganas
de vivir, todo- es muy alabable. La atmósfera es triste y los
personajes decadentes. El absurdo y la locura están como
telón de fondo. Impera la idea clásica del destino.
Es una historia triste, una tragedia clásica.
Y, como es de esperarse de una novela de Ferrero, hay un cierto
simbolismo presente, empezando por la misma división de la obra
en cuatro partes de siete capítulos cada una (exceptuando la
última, de seis capítulos). Hay muchas cosas sugestivas
aquí. Por supuesto, debe reiterarse una advertencia: no busquen
aquí una reconstrucción objetiva de los hechos o una
representación exhaustiva del período español de
preguerra. Ése no es el punto de esta obra. Pero si pueden
disfrutar de las emociones extremas de una tragedia griega, consideren
a Las trece rosas como un libro muy recomendado.
12/2006