Atrás

El eros gótico


1. Introducción

Por ponerlo en términos generales, son tres los rasgos fundamentales de la subcultura gótica: rebelión contra el establishment, liberalismo sexual y visión trágica de la vida. Esta subcultura es, al fin y al cabo, producto de la revolución cultural, y como tal busca principios opuestos a los victorianos. La sexualidad desborda y la fascinación con la brujería y el esoterismo se contraponen a la tradición cristiana como un medio más apropiado para canalizarla. Básicamente, los principios reprimidos afloran, y el logos celestial masculino es desplazado por el eros ctónico femenino. Se trata de un fenómeno que se difunde cada vez más, y no solamente es propio del gótico.

Resulta evidente que esta subcultura se encuentra domina por el eros. Y no sólo por su tendencia hacia lo sensual y lo oculto, sino también hacia lo estético. Lo que sigue son sólo observaciones generales, sobre algunas de las neurosis que, según he observado, son comunes a un número considerable de góticos. Debo advertir que no es la intención aquí etiquetar ni juzgar a nadie, sólo describir un importante aspecto negativo, que por otra parte no es, en manera alguna, exclusivo de esta subcultura ni ley general dentro de ella. No obstante, es algo que merece ser considerado.


2. El vampiro

C.G. Jung decía que las perturbaciones más típicas en un hombre con complejo materno negativo son el donjuanismo y la homosexualidad. Sin sorpresa alguna podemos encontrar a ambas bajo el símbolo del vampiro: así tenemos al famoso seductor del tipo Bela Lugosi, que al clavar sus colmillos fálicos ocasiona un enorme placer orgásmico. La literatura vampírica reciente, como la de White Wolf y Anne Rice, hacen todavía más explícita la bisexualidad del vampiro, al afirmar que éste se encuentra más allá de la sexualidad y puede relacionarse sentimentalmente con personas (vampiros) de todo género (lo cual es, por supuesto, una proyección sumamente narcisista). Los complejos maternos en hombres y mujeres "góticas" se seguirán describiendo más adelante.

La introducción a la moda gótica generalmente se da durante la adolescencia. En este período los impulsos de muerte no son inusuales, cosa que podemos comprobar al ver la elevada tasa de suicidio en jóvenes entre los 15 y 20 años de edad. No hay joven que no sienta un gran aburrimiento en su vida durante esta etapa. Esto es comprensible, ya que el adolescente se ve impotente para realizar sus propias capacidades, que son coartadas por padres y costumbres sociales. La subestimación de las habilidades del adolescente produce un efecto terriblemente negativo, ya que inhibe más al joven y puede impulsar los instintos de muerte (1) en él, exaltando cualquier complejo negativo que ya lleve latente. Metiendo el problema en una cáscara de nuez, digamos que son pocos los adolescentes que realmente sienten que están "en la vida".

Bela Lugosi como Drácula
      Bela Lugosi como Drácula

Así, la subcultura gótica hace eco en adolescentes con sentimientos de agresividad, sensibilidad, complejos maternos e inconformidad con el establishment. Antes que nada hay una enorme búsqueda de identidad, y paradójicamente de individualidad, en el joven gótico. Es paradójico puesto que quien afanosamente busca la individualidad, inevitablemente termina identificándose con una figura mental arquetípica, y no podría haber algo más colectivo que eso (2). Usualmente, al abandonar la esfera de los estudios y empezar a confrontar las dificultades del sustento económico, cualquier persona toca tierra y su visión general del mundo cambia. Si posee inclinaciones mórbidas, éstas pueden permanecer incluso a lo largo de todas sus vidas, pero en general el enfrentarse al mundo real constituye un paso importante en el camino de lo que Jung llamó "individuación", es decir, la confrontación con uno mismo que tiene por objeto la autorrealización.

Sin embargo, si la actitud del adolescente permanece, como suele suceder en muchos casos, los avances se obstaculizan. En psicología analítica, se nombra puer aeternus ("niño eterno") al arquetipo que domina a estas personas. Este arquetipo nunca aparece en forma pura, y normalmente junto a él suelen aparecer también el trickster ("pícaro"), el anima (el elemento femenino en un hombre), el animus (el elemento masculino en una mujer) y la gran madre. La persistencia de un complejo infantil normalmente se asocia a la madre y, por consecuencia, se extiende a las relaciones de pareja. La afectividad de la persona se obstaculiza al punto en que es incapaz de crear vínculos reales y funcionales con los demás. El puer aeternus vive en la contradictoria ilusión de un eterno presente, ya que intenta vivir el momento al máximo. Pero, asustado por una aguda conciencia de la temporalidad de las cosas, se aparta de ellas cuando siente que se le han acercado mucho. Le teme a la muerte tanto como a la desilusión, por lo que se aleja de las personas tan pronto como ve la posibilidad de una compenetración. Lleva el aburrimiento del adolescente y esa sensación de "no estar en la vida" a todas partes. Su élan vital es considerablemente débil, por lo que, consciente o inconscientemente, puede desarrollar tendencias suicidas. En el caso de algunos góticos, estas tendencias son evidentemente más conscientes que en muchos otros pueri aeterni. Obviamente, el sentir que se puede escapar de la vida en el momento en que las cosas se complican, difícilmente ayuda a mejorar la situación personal. Sencillamente es impensable vivir la vida íntegramente sin una entrega total hacia ésta. La imagen del vampiro es aquí sumamente precisa: un ser viejo pero joven, que va de presa en presa buscando un elemento vital que sólo lo satisface temporalmente. Es solitario y errante, y tan pronto seduce y mata a alguien, ya está en busca de alguien más. Es una imagen sumamente exacta de un muerto en vida (3).


3. Lilith

Otra figura que aparece frecuentemente en la imaginería gótica es la de Lilith. Se trata de la primera esposa de Adán, un fantasma del desierto, un demonio o una diosa-bruja. En su análisis psicológico de este icono, Siegmund Hurwitz destaca dos rasgos que Lilith ha conservado desde su aparición como diosa sumeria hace cuatro mil años hasta nuestros tiempos. El primer aspecto es el de la diosa Lamashtu, la madre terrible, la devoradora de niños. El otro es el de la diosa Ishtar en su faceta negativa, como la prostituta seductora, bruja asesina y castradora de hombres (4).

Lilith en su aspecto Lamashtu es el equivalente de la boa que devora al elefante en aquel dibujo que Antoine de Saint-Exupéry muestra en El principito. Es la madre-muerte opresiva y sobreprotectora, que trata de vivir su vida a través de sus hijos, o que proyecta todo lo que es negativo en ella sobre sus hijos. El aspecto Ishtar no necesita explicación: es la conocidísima bruja o diosa dominante, que a través de la sexualidad destruye a los hombres incautos. Es la vampiresa, la ninfa, la ménade, la morrigan, la sirena, la Ayesha de Henry Rider-Haggard, la Viviane que encerró a Merlín para siempre en una prisión invisible.

La Lilitu de los sumerios
La Lilitu sumeria, circa 2000 a.C. 

En las fantasías de los hombres, Lilith suele aparecer en un papel mezclado de anima y gran madre: aparece con el mismo aspecto numinoso y mitológico que un niño da a su madre, incluso en su faceta de Ishtar, lo que le concede una gran autoridad. Debido a la desigualdad de sexos, el complejo materno en un hombre nunca es puro, por lo que juega un importante papel con la pareja sexual. Inversamente, en el caso de la mujer, el complejo materno es puro, por lo que fomenta o refrena el instinto femenino, mientras que en el hombre complica el instinto masculino debido a las tendencias incestuosas (5).

En el caso particular de la subcultura gótica, la neurosis más notable en las mujeres es la hipertrofia del eros. El instinto maternal aquí llega a volverse casi nulo, cosa que se relaciona mucho con la puella aeterna: para ella, no puede haber peor cosa que tener hijos. Eso significaría un asentamiento y estabilidad. ¡Impensable para una depredadora vampírica! Pero por la atrofia del instinto maternal viene la hipertrofia del eros, cosa que significa una competencia con la madre por el amor del padre. Los celos llegan a ser un motivador principal en sus empresas amorosas, y generalmente se interesa en relaciones extravagantes, a menudo con hombres casados. Es la Lilith-Ishtar pura.


4. Narcisismo y melancolía natural

Claro está que vivir sumergidos en una cultura supremamente narcisista e individualista no ayuda mucho. Uno puede pensar en cierto tipo de gótico metrosexual, enteramente poseído por su anima, incapaz de reconocer sus propios impulsos agresivos, que alimentan su perversidad polimorfa y lo vuelven completamente incapaz de sentir algo auténtico por alguien más. El desorden de la personalidad limítrofe o borderline, caracterizado por una necesidad frenética de afecto, fragilidad en los vínculos afectivos, baja autoestima, impulsos suicidas, agresividad y división del mundo en blanco y negro, es cada vez más común en la sociedad occidental. Esto es prácticamente normal, sólo un tanto más explícito entre los góticos. Citando a Christopher Lasch:

"Los hombres han sido siempre egoístas, los grupos han sido siempre etnocéntricos; nada se gana con adosar a estas características una etiqueta psiquiátrica. Sin embargo, la irrupción de trastornos del carácter como la forma más prominente de patología psiquiátrica, junto con el cambio en la estructura de la personalidad que este proceso viene a reflejar, derivan de cambios muy específicos en nuestra sociedad y nuestra cultura: en la burocracia, la proliferación de imágenes, las ideologías terapéuticas, la racionalización de la vida interior, el culto al consumo y, en último término, los cambios en la vida familiar y en los patrones de socialización. Todo esto se pierde de vista si el narcisismo sólo se convierte en "la metáfora de la condición humana". (6)

Jóvenes góticas
                  Un grupo de jóvenes góticas

Los góticos muestran, sin embargo, cierta ventaja en su sensibilidad artística. Es bien sabido que bajo la melancolía puede salir un nuevo élan vital que se refleja a través de la creación estética. Grandes artistas de todas las épocas han creado obras inmortales bajo la influencia de lo que Aristóteles llamó "melancolía natural". Mientras la depresión clínica (o "melancolía mórbida", según Aristóteles) exalta el instinto de muerte al punto en que las mismas neuronas llegan a autodestruirse, esta "melancolía natural", por el contrario, ocasiona nuevos impulsos de vida, que Freud mismo bautizó con un término femenino, eros. Si estas señales moldeadas desde la base del inconsciente son correctamente asimiladas, entonces se da paso a una de las más bellas experiencias espirituales del ser humano. Sólo hay que saber leer los símbolos.


Notas y citas:

1. Entiendo al instinto de muerte no en un sentido biológico, sino en uno mítico.
2. De forma sumamente breve y general, se puede definir al arquetipo como una imagen mental instintiva, que forma parte de la organización de nuestra imaginación. Es una especie de categoría de la imaginación inconsciente, análoga a las categorías de organización racional de Kant o a las Ideas de Platón. Son imágenes autónomas que tienen una función compensadora de las necesidades de la mente inconsciente frente a las necesidades de la mente consciente.
3. Una muy buena observación que me hizo el profesor Jaime Treviño: el vampiro también contagia su vampirismo con una mordida, lo cual simbolizaría una proyección narcisista de sí mismo sobre la víctima. Después, cuando conoce mejor a aquella persona, se desilusiona y la deja para hacer una nueva proyección sobre alguien más.
4. Véase Hurwitz. Lilith: The First Eve. Historical and Psychological Aspects of the Dark Feminine. Einsiedeln, Daimon Verlag: 1992.
5. Véase Jung. "Los aspectos psicológicos del arquetipo de la madre". Los arquetipos y lo inconsciente colectivo. Madrid, Trotta: 2002.
6. La cultura del narcisismo. Barcelona, Andrés Bello: 1999. Pág. 55.

Bibliografía:

Eliade, Mircea. Ocultismo, brujería y modas culturales. Barcelona, Paidós: 1997.
von Franz, Marie-Louise. The Problem of the Puer Aeternus. Toronto, Inner City Books: 1999.
Horney, Karen. La personalidad neurótica de nuestro tiempo. Barcelona, Paidós: 1993.
Hurwitz, Siegmund. Lilith: The First Eve. Historical and Psychological Aspects of the Dark Feminine. Einsiedeln, Daimon Verlag: 1992.
Jung, Carl Gustav. Los arquetipos y lo inconsciente colectivo. Madrid, Trotta: 2002.
Lasch, Christopher. La cultura del narcisismo. Barcelona, Andrés Bello: 1999.


escrito en mayo, 2005

Hosted by www.Geocities.ws

1