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ElendA World in Their Screams
Holy Records / Prophecy Productions, 2007


Después de algunos retrasos, Elend finalmente pudo publicar A World in Their Screams, álbum que cierra la trilogía Winds, iniciada en 2003 con Winds Devouring Men y continuada un año después con Sunwar the Dead. Siendo sincero, no esperaba mucho de este disco. Le había perdido fe al grupo después de oír las dos grabaciones pasadas, me pareció que les quedaba poca inspiración y creatividad, que habían recurrido a trucos trillados y redundantes. Sin embargo, esto es Elend, y el simple acto de recordar su tremenda trilogía Officium Tenebrarum me obliga a escuchar cualquier cosa nueva que publiquen.
   
Y, la verdad, me alegro de haber oído A World in Their Screams. Wow. Ciertamente no podía ver venir esta música. Dudo que alguien pudiera. Elend ha vuelto, y vaya en qué forma. Nuevamente podemos escuchar a aquel grupo agresivo, fino y espeluznante, con su firma característica y enorme calidad que parecía perdida desde hace 4 años.
   
A World in Their Screams es uno de los álbumes más agresivos en el repertorio de Elend, igualando o incluso superando a The Umbersun. Pero no se parece del todo a aquel disco. Esta música es casi totalmente ambiental. Alrededor de 30 músicos de orquesta y cantantes participaron aquí. Es algo complejísimo. Elend crea una atmósfera opresiva y tensionante con su sonido orquestal atonal, elementos electrónicos y toda una variedad de vocales, que van de la palabra hablada a arreglos corales ambientales, gritos agónicos como fondo y –me alegra decirlo- canto femenino en un papel más relevante que en los álbumes pasados. No, los gritos del Officium no han vuelto, pero no se extrañan mucho. Lo que Elend muestra aquí es de lo más maduro que han compuesto.
   
Éste no es un disco que pueda ser apreciado fácilmente en su totalidad. Es muy complejo, y uno necesita estar en un humor y ambiente apropiados para poder disfrutarlo como es debido. No es un álbum que uno pueda poner como fondo en una reunión con amigos (a menos que se trate de una reunión muy particular y sombría). Es música muy introspectiva que requiere de una cierta actitud y una cierta atmósfera. En todo caso, Elend consiguió lo que se propuso, y con creces. Creo que casi todos los fans del grupo estamos felices por eso.


08/2007






ElendSunwar the Dead
Prophecy Productions, 2004


Cuando Winds Devouring Men salió a la venta en 2003, las críticas que recibió fueron muy divididas. Mientras a muchos pareció complacerles el nuevo estilo tranquilo y ambiental de Elend, a muchos otros nos sorprendió el cambio y nos preguntamos dónde demonios habían quedado la intensidad, energía y pasión de los tres discos del Officium Tenebrarum. En Winds se utilizaron trucos muy simples y trillados; era terriblemente redundante, sonaba como “una reunión de Debussy y Stravinsky en una estación del metro llena de gente”, como bien lo puso un crítico. Elend se había perdido totalmente en una tonta confusión de discordia vanguardista, cliché melancólico y cacofonía industrial. Pero, considerando el pasado del grupo, algunos de los viejos fans todavía guardamos esperanzas de que se levantara tras este raro tropezón.

Lamentablemente, al menos con Sunwar the Dead, no lo ha hecho, ya que básicamente es una continuación de Winds. El estilo es en esencia el mismo. Otra vez hicieron a un lado el dueto vocal masculino-femenino, tan efectivo en la trilogía del Officium, para concentrarse en vocales masculinos al estilo Brendan Perry (no más gritos angustiantes). Y no son malos, pero es una lástima que releguen a las sopranos a un papel meramente auxiliar. Peor aún, Nathalie Barbary ya no aparece en este álbum. Su voz le dio profundidad y magia a los discos anteriores en buena medida, pero ahora no sólo se deshacen de ella sino que reducen a las sopranos a aburridos coros de apoyo. Hasnawi, Roland y Tschirner realmente no parecen haber entendido el potencial del dueto masculino-femenino en vocales.

Por otro lado, Sunwar the Dead se diferencia de Winds en cuanto a que tiene algunos pasajes más acelerados. Siendo sincero, se pueden disfrutar en cierta medida, pero a larga llegan a aburrir y hasta a desesperar por su fórmula y redundancia. Nuevamente incluyen ruido industrial, y nuevamente es simplón y sin sentido. En alguna parte metieron también una flauta étnica, que sólo ayuda a confundir más las cosas. Todo se escucha tan centifugado y fuera de lugar, parece un disco hecho más por obligación que por inspiración. Tiene el sello de Elend, pero le falta totalmente el fuego de aquellos discos que pusieron al grupo en una parte privilegiada del mapa. Incluso Weeping Nights, que fue compuesto como por capricho, suena decenas de veces más auténtico que esto.

En verdad quisiera saber qué diablos le ha sucedido a Elend. Éste ya no es, en ninguna manera, el grupo innovador, profundo y agresivo que solíamos conocer. Ni hablar. Si eres de los que disfrutaron de Winds, lo más probable es que también te guste este álbum. Si eres parte del otro grupo, no te apures por escucharlo. Evítate la decepción.


02/2005


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