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¿Debo
lamentar tu caída?
Ya han pasado 37 años desde aquel álbum homónimo
de Black Sabbath que dio
origen al metal. Lentamente el género evolucionó hasta
llegar a los 80, donde comenzó a separarse en varias ramas. Del
llamado New Wave of British Heavy Metal se desprendió el
más intenso y rápido Power Metal, con grupos como Savatage y Helloween. El NWOBHM inspiró
también a bandas como Anthrax
y Venom a crear el Thrash
Metal, mucho más rítmico, sucio y agresivo. Surgieron
grupos geniales en este estilo crudo, como Metallica y Slayer, y pronto Alemania dio a
conocer su propia rama de Thrash, con los grandes Kreator, Sodom y Destruction.
A su vez, del Thrash emergió el Death Metal,
que sin duda representó el pináculo del Metal en muchos
sentidos. La segunda mitad de los 80 vio crecer a un subgénero
que permitió un despliegue enorme de creatividad, dejando que
los grupos experimentaran y desarrollaran estilos únicos, sin
salir por eso de los límites de su música. Después
del auge de Death y Possessed, Atheist le dio un toque
técnico y jazzista al Death Metal; Autopsy llegó a extremos
más agresivos y crudos; Obituary
dejó su marca con su intenso paso mid-tempo; y Napalm Death mostró el
extremo más caótico del metal con su grindcore influido
por el punk. A finales de los 80 y principios de los 90, Europa
reaccionó al Death, creando el sonido de Estocolmo (Entombed, Nihilist, Dismember, Unleashed) y el ya famosísimo
death melódico de Gothenburg (Dark
Tranquillity, In Flames,
At the Gates).

Portada del demo
"Hatred Surge" de Napalm Death (1985)
El Doom Metal apareció también por esa
época, con su riffing lento, pesado y melancólico. Pero Candlemass, Cathedral y Solitude Aeternus sólo
establecieron los cimientos para el increíble despliegue
“gótico” de principios de los 90. Los tres grandes
británicos -Paradise Lost,
My Dying Bride y Anathema-, descubrieron un lado
más espectacular, elaborado y atmosférico del Doom, que
influyó a toda una generación de grupos. Esas tres
bandas, junto con otras como Tiamat y
Lake of Tears en Suecia,
demostraron que se le puede añadir belleza y un mayor espectro
de emociones a la música pesada.
¿Y qué decir del Black Metal? Para
muchos, ésta fue la gran promesa del Metal. Tan rápido y
brutal como el Death Metal, pero más oscuro, malvado y sin
compromisos. Olvídense de los comienzos de Venom; Bathory y Hellhammer (luego llamado Celtic Frost) fueron los más
notables precursores de la oleada que invadió Escandinavia, que
se impuso por completo en la escena. Burzum,
Mayhem y Darkthrone dominaron la primera
mitad de los 90, y dieron mucho de que hablar con todos aquellos
suicidios, asesinatos, racismo, incendio de iglesias y
profanación de tumbas. Esta gente vivía su música
con una intensidad sociopática. Así, las promesas nunca
se cumplieron del todo. Muchos se quejaban de las producciones pobres,
las ejecuciones amateur, la torpe imaginería, la
psicopatía explícita o latente, y toda una serie de
factores que segregaron al Black Metal de sus raíces y nunca lo
hicieron progresar demasiado.
Nos guste o no, el Black marcó los
límites del Metal en estado puro.
Emperor fue el grupo de metal puro que se empeñó
como ningún otro en empujar las fronteras, dejándonos
como última obra de arte su Prometheus:
The Discipline of Fire and Demise en 2001.
El "Prometheus" de
Emperor
Pero el metal puro ya había muerto algunos
años antes. A mediados de los 90, el género dio un nuevo
paso en su evolución, dando a luz subgéneros y estilos
híbridos, y en muchos casos cambios completos de
dirección que ya no eran metal del todo. En realidad, se
trató de una explosión creativa sumamente refrescante.
Toda una oleada de grupos europeos de Metal Gótico, con sus
vocales que alternaban gruñidos y femeninos etéreos,
saltaron a primera fila: Tristania,
Theatre of Tragedy, The 3rd and the Mortal, The Sins of Thy Beloved,
etcétera. Mayhem pasó de terco grupo kvlt a experimentar con sonidos
industriales y electrónicos en su Grand Declaration of War; Samael se volvió más
atmosférico y eventualmente dio un salto industrial; Therion dio a conocer su excelente
estilo épico y sinfónico; Blind Guardian sacó su
espectacular Nightfall in Middle
Earth, la mayor evolución a la que llegó el Power
Metal; Lacuna Coil tomó
el rumbo del “pop metal”; Dark Tranquillity experimentó con
nuevos sonidos en sus excelentes Projector
y Haven; Opeth evolucionó al llamado
“death metal progresivo”; In the
Woods... hizo un bonito cruce entre black/doom y sonidos a la Pink Floyd; Finntroll sacó su
satírico “polka black metal”; Solefald
hizo un impredecible sandwich de géneros y estilos; Arcturus mezcló black metal
con numerosas capas de sinfonía, sonidos electrónicos y
música progresiva, etcétera.
Pero otros grupos simplemente optaron por dejar a un
lado sus raíces de Metal y probar nuevos rumbos. Tal fue el caso
de dos de los tres grandes británicos: Paradise Lost, primero
con su rock pesado en Draconian Times
y posteriormente con un rock-pop influido por Depeche Mode; y Anathema,
que evolucionó a una especie de hard rock melancólico y
un tanto alternativo. Tiamat todavía mostraba pesadez en su
brillante Wildhoney, pero
después desarrolló un rock gótico
atmosférico. Amorphis
se convirtió en rock progresivo/pop, y The Gathering fue la sorpresa de la
escena con su rock hermoso y atmosférico liderado por la voz de
Anneke van Giersbergen. Ulver
se volvió impredecible, sacando primero un disco de folk, luego
uno de metal electrónico/industrial, luego uno de trip hop
urbano. Empyrium se
transformó en música fina y folklórica, y Katatonia en un excelente rock
melancólico e igualmente lleno de atmósfera. A muchos de
estos grupos se les clasificó arbitrariamente como “Postmetal”,
por el simple hecho de haber tenido un pasado de metal y haber
conservado una base de aficionados metaleros.
The Gathering
¿Y ahora? Desde principios de década
no hemos escuchado nada realmente nuevo o refrescante. Los grupos han
repetido su sonido constantemente, y a estas alturas muchos de ellos se
encuentran en plena decadencia. ¿Cuándo saldrá el
próximo clásico del Metal? Muchos de los nuevos
álbumes llevan una cierta cantidad de alabanzas, pero pronto se
desvanecen. Ya no ocurre como cuando Moonspell
sacó su Wolfheart, The
Gathering su Mandylion,
Katatonia su Discouraged Ones
y mucho menos aún (me imagino) como cuando Slayer sacó su
Reign in Blood o Kreator su Pleasure to Kill.
Hasta hace algunos años todavía
algunos nos sorprendimos hasta cierto punto con uno que otro disco,
como Last Fair Deal Gone Down
de Katatonia, o incluso con el Lateralus
de Tool. ¿Pero
qué ha sucedido con estos grupos? Estas bandas han mantenido
mucha solidez en sus sonidos (pienso en The Great Cold Distance y en 10,000 Days, ambos de 2006), pero
en general carecen del impacto, fuerza y memorabilidad de sus
grabaciones anteriores. Lo mismo se puede decir de My Dying Bride,
Moonspell, The Gathering, Amorphis, Rotting
Christ, Borknagar,
Arcturus, Tristania, Blind Guardian y compañía. In the
Woods... tiró la toalla hace tiempo y Sentenced decidió hacer lo
mismo hace un par de años. Ciertamente hay quienes han podido
mantener un nivel
considerablemente elevado, pero aun así
están decayendo, si acaso a un paso más lento que los
demás. Otros de los grandes se han perdido irremediablemente (Green Carnation, Celtic Frost). Y es
curioso que los álbumes y bandas “retro”,
que han regresado a las raíces (Bloodbath,
por ejemplo) sean algunas de las que más éxito tienen en
estos
momentos.
Salgamos un poco del tema para preguntarnos
¿por qué? En general, porque la cultura en el mundo
está estancada. Todavía los 90 nacieron con la
caída del muro de Berlín y en esa década se dio
una aceleradísima revolución digital que culminó
con la expansión de Internet y el reinado de las laptop y los
teléfonos celulares en la nueva aldea global. Se trató de
un período rápido y en extremo confuso. Tan rápido
fue que todavía no lo hemos asimilado del todo, y la
década actual no ha sido sino una prolongación de la
pasada. Ésa sería, a grandes rasgos, la causa principal
del estancamiento no sólo del Metal, sino de la música y
las artes en general.

Bloodbath - regreso a las raíces
El regreso a las raíces en el Metal y en la
amorfa cantidad de géneros musicales, eclécticos y sin
fronteras claras, no es sino una búsqueda de terreno
sólido e identidad. Sólo ahora se empieza a asimilar lo
sucedido en los 90 y a buscar un salvavidas en este océano
caótico y global de información anárquica y
descontrolada. Apenas ahora comienza a emerger una diminuta conciencia
de cómo están las cosas en el mundo y una cierta
intuición de una crisis mayor que está por
venir. Desgraciadamente se necesita un evento grande para que cambie el
pensamiento mundial, y con él las artes. Estamos en una
época de estancamiento, pero la apatía comienza a ceder.
La guerra en Medio Oriente y la nueva amenaza climática ya han
dado cosas nuevas en qué pensar, una dirección en la cual
encaminar nuestras energías psíquicas y creativas.
Así que mi predicción es que los
siguientes 5 años serán muy interesantes en lo que
respecta a las artes. Todavía no vemos nada que quiebre aunque
sea un poco con lo anterior, pero no debe tardar en llegar.
Pero los aficionados al Metal no deben temer, porque
esta música lleva ya casi 40 años de evolución, y
sus raíces están firmemente clavadas en el suelo. No
desaparecerá, al menos durante algunos años.
Quizás eventualmente se extinga (no se puede estar seguro de
ello), pero en todo caso algo nuevo surgirá
de sus bases, y sin duda será lo indicado.
04/2007