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Honogurai mizu no soko kara (Aguas turbias)
Hideo Nakata
Japón, 2002


Honogurai mizu no soko kara (Aguas turbias) es una película que salió en 2002, en pleno auge del horror japonés. Su trama es bastante directa y no encierra misterios. Yoshimi Matsubara es una mujer divorciada que lucha por mantener la custodia de su hija, Ikuko, del aparentemente malvado y desconsiderado ex-esposo. Se muda a un frío y feo complejo departamental, donde nota una mancha de humedad en el techo. Conforme la mancha y las goteras se empiezan a extender, Yoshimi y su hija experimentan visitas de una niña muerta. Yoshimi descubre que se trata de Mitsuko Kawai, una niña con padres divorciados que un día, al no llegar su madre a recogerla de la escuela, decide irse sola a casa (el departamento arriba del de Yoshimi), pero sube hasta la azotea y curiosea en el tanque de agua, donde cae y se ahoga. Vuelve como espectro, decidida a reclamar a Yoshimi como su nueva madre.
   
Un problema mayor con casi toda película o subgénero de terror es la tendencia a volverse viejo en poco tiempo. Eso es justamente lo que ocurre con el cine de horror japonés. Ya han pasado casi diez años desde la explosión de Ringu, y a estas alturas el subgénero ha sido drenado en su totalidad y es difícil que pueda sacar nuevas sorpresas. Sólo hasta ahora, en 2007, pude ver Honogurai mizu no soko kara, y ya después de haber visto bastantes películas del género, francamente resultó aburrida y trillada.
   
Ésta película hace gran énfasis en el drama familiar, que suele ser el tema común del subgénero. Los estragos que la modernidad hace sobre nuestros hijos, los monstruos en que los convierte. Como ya se dijo, es muy directa en ese punto. Los primeros 40 minutos o algo así casi no contienen sustos, y se centran sobre la histeria de Yoshimi y su lucha por mantener a Ikuko a su lado. Es tedioso.
   
Después de eso, todo se vuelve predecible. El espectro se hace más presente, muestra su historia  y lo que quiere, cosa que, como siempre, no se trata simplemente de que entierren su cuerpo desaparecido. Desea una compensación a lo que le sucedió, un sacrificio grande. Eventualmente lo obtiene, siendo el final trágico.
   
En general la dirección es buena, lo mismo que la fotografía y los efectos visuales. En lo que se refiere a los sustos, suelen ser los de siempre y el mayor de ellos es el rostro zombie y putrefacto de la niña muerta. El suspenso es tratado de manera típica: la cámara sigue los lentos y tardados pasos de la protagonista, quien se toma una eternidad en subir hasta el tanque, descubrir que su niña fue atacada, o que el espectro está cerca de ella; LENTO, LENTO, LENTO, y cuando la tensión ya es exagerada, ¡zaz! llega el susto. Quizás funcione con gente sensible, pero no con nosotros, cinéfilos aficionados al terror.
   
No quiero sonar arrogante ni nada, como el típico crítico amargado que cree que lo conoce todo; pero la verdad es que el horror japonés se ha vuelto viejo, y demasiado pronto. Su fórmula ya ha sido usada hasta el cansancio. Quizás si hubiera visto esta película cuando salió, hace 5 años, me habría impresionado un poco más, pero en este punto ya no vale mucho.
   
Por supuesto, mi opinión es de lo más subjetiva. No sé para cuánta gente sea válida.


04/2007


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