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Cinco historias obsesivas


1. Cinco historias.

1888. Henry James publica su noveleta Los papeles de Aspern. En ella narra la historia de un joven innombrado, obsesionado por poseer los “papeles” que su ídolo, el poeta ficticio Jeffrey Aspern, escribió a su amada Juliana Bordereau. Se entera que la anciana Juliana vive en Venecia, con su sobrina nieta, Tina; pero ésta se niega a dar a conocer su secretos. Por lo tanto urde un plan, mediante el cual logra introducirse en la casa de Juliana con nombre falso, en calidad de inquilino, y, tras muchas dificultades, establece una relación cercana con Tina. La anciana necesita dinero que dejarle a su ingenua y atontada sobrina como herencia. Entonces revela algunos de sus tesoros a este cazador, pidiéndole altas sumas por ellos. Él no puede pagar. Poco después, la anciana sufre una crisis que la deja casi muerta. Sin saber muy bien lo que hace, el protagonista aprovecha la situación para buscar en el cuarto de Juliana, pero es sorprendido. Él huye. Cuando regresa, se entera que Juliana ha muerto. Tina le da a entender que le otorgará los papeles con la condición de que se case con ella. Él la rechaza, pero se arrepiente al siguiente día. Demasiado tarde: Tina ya no lo desea, y ha quemado los papeles.

1912. Alfonso Reyes escribe su cuento La cena. Él mismo parece incluirse como protagonista. El cuento inicia con un alucinante viaje de Alfonso hacia una casa desconocida.  El día anterior había recibido una carta en la que dos extrañas, doña Magdalena y su hija Amalia, lo invitaban a cenar la siguiente noche. Llega a la casa y cena con ellas. Como hipnotizado o narcotizado por estas dos figuras casi idénticas, es conducido hacia el patio, donde escucha una curiosa conversación sobre flores y plantas. Cae dormido. Cuando despierta, Magdalena y Amalia le cuentan la historia de un capitán de Artillería que deseaba mucho conocer París, pero que sólo pasó por ahí con urgencia, pues debía llegar a Berlín para hacer unos estudios en una fábrica de cañones. Ahí pierde la vista en un accidente. Después, ambas lo “arrastran” de regreso a la sala, donde le muestran un retrato del capitán. Él se reconoce a sí mismo en el retrato, y se considera una caricatura respecto a éste. Lleno de pánico, corre hacia su casa, y al llegar, el reloj marca la misma hora que marcó cuando llegó a casa de aquellas mujeres.

1962. Carlos Fuentes publica su famoso cuento o noveleta Aura. Narra la historia de Felipe Montero, un historiador que es contratado por la centenaria Consuelo de Llorente, para corregir y completar las memorias de su difunto esposo, un antiguo general de Maximiliano de Habsburgo. La condición es que se establezca en el viejo hogar de la viuda, una casona del centro de la Ciudad de México, que en todo momento está en penumbras. Consuelo vive ahí con su sobrina, Aura, de quien Felipe queda prendado y se le figura una esclava de su tía. En medio de múltiples sucesos extraordinarios, en un estado como narcotizado, Felipe duerme con Aura, entregándosele por completo. Luego descubre que ambas mujeres, Aura y Consuelo, se identifican como una sola. Las memorias del general le revelan el secreto: Aura es una proyección de Consuelo, quien mediante una especie de hechicería ha logrado crear una imagen suya que intenta ser perpetuamente joven. Felipe vuelve a acostarse con Aura, pero inmediatamente reconoce el cuerpo de la anciana. Al final, ésta le revela que él es en realidad el fallecido General Llorente, que ha conseguido volver a ella.

1962. Al tiempo que Fuentes publicaba Aura, Sergio Pitol escribía el cuento Hacia Varsovia. Éste comienza con un joven que se dirige a Varsovia en un tren, junto a una anciana decrépita que él detesta por algún motivo. Se encuentra adormilado y carga con un enorme peso emocional, cuyos motivos se desvelan poco a poco. Al llegar a aquella ciudad, la anciana lo conduce (o arrastra) hacia un antiguo palacio casi en ruinas, donde le muestra las cenizas de su abuelo. Su historia es ésta: el abuelo era un cónsul mexicano que se casó con una mujer polaca. Sin embargo, al poco tiempo le fue infiel con su propia cuñada. Después de que su esposa lo descubrió, él la manda a México y se queda con la amante, pero muere en el incendio de un teatro. Su abuela, medio loca, antes de morir le advirtió a su nieto sobre no ir a Polonia y revolver los escombros del pasado, pero ahí estaba él, con su traicionera tía abuela, frente a las cenizas de su abuelo. Ésta le dice: “por fin alguien de su sangre viene a unirse a él”. Después, ella apaga la vela que iluminaba el cuarto, y le da un candelabrazo en la nuca, matándolo.

1994. Sealtiel Alatriste publica su novela Verdad de amor. Trata sobre Chema Sánchez, un crítico amarillista de cine obsesionado con la figura de la diva María (Félix), que por una coincidencia vio desnuda en su años jóvenes. A través de sus amigos Efraín Huerta y Fernando Benítez, se entera del rumor de que el director de cine francés Jean Renoir posee una película en donde María aparece desnuda. Se traslada a París, y junto con su amigo René Clair, urde un plan “a la Henry James” y se introduce a la casa de Renoir con la excusa de entrevistarlo. Intenta seducir a Tina, la fea sobrina putativa de Renoir. Tras una enorme serie de chismes y enredos, descubre que el sobrino de Renoir, Claude, junto con Tina -quien en aquel entonces era su novia- había filmado a María sin que ésta se diera cuenta, en el momento en que ella, sonámbula, se desnudaba frente al espejo, acariciándose todo el cuerpo. Luego, en una noche de borrachera, Claude y Tina muestran el filme a Renoir y a María, quien termina indignadísma. Como sea, la película es tan fascinante que incita a los tres restantes a hacer un rito orgiástico que repiten cada mes. Claude escapa después de un tiempo, pero Chema, al descubrir el secreto, pasa a formar parte del rito, del cual permanece esclavo.

Un estadounidense autoexiliado y cuatro mexicanos. Un espacio temporal de 106 años entre las publicaciones de la primera y de la última obra. Los elementos en común: una obsesión terrible ocasionada por una mujer, y una casa peculiar en que se desarrollan los eventos. En todas las obras están presentes una persona anciana y un pariente joven suyo (a excepción de la de Pitol, donde sólo aparece una anciana). Adentrándonos la estructura profunda de cada una, tratemos de descubrir sus sentidos particulares, y en qué consisten estas similitudes.


2. Los secretos del ídolo romántico.

La long short story de James está basada en una anécdota real. En dos, en realidad: la suya propia, cuando en 1887 conoció en Florencia a la condesa Gamba, que conservaba las cartas amorosas que Lord Byron había escrito a Teresa Guiccioli. James quería leerlas, pero la condesa se negó rotundamente a enseñárselas. Y la segunda: la historia de un tal Silsbee, adorador del poeta Percy B. Shelley, que se hospedó en casa de Claire Clairmont -amante de Byron y madre de su hija Allegra- y de su sobrina nieta, con el afán de conseguir tanto las cartas de Byron como las de Shelley, que ella también poseía. La anciana muere, y la sobrina le propone entregarle las cartas sólo si él accede a casarse con ella. Él huye despavorido (1).


         John Singer Sargent, Henry James
   
El mensaje de James es muy explícito: la obsesión es una dependencia destructiva. Como dijo Carl Gustav Jung en alguna parte, “cualquier forma de adicción -ya se trate de la adicción al alcohol, a la morfina o al idealismo- es mala” (2). Encontramos aquí dos personajes análogos -el protagonista y Tina-, cada uno con una figura superior de la que cuelgan como si su vida dependiese de ello. Por una parte está el protagonista, sumamente paranoico y fragmentado en una actitud que a ratos tiende a la decencia y la honestidad, y a otros ratos al engaño e incluso al crimen. Obnubilado por la figura de su héroe, Aspern, está dispuesto a todo por conseguir los detalles de su vida amorosa, que sin duda él querría seguir al pie de la letra. Y por el otro lado, está Tina, ingenua y bobalicona, solterona eterna y sin voluntad propia que no puede vivir sin la protección de una figura materna o paterna. Todo esto ocasiona un absurdo juego de máscaras.
   
Si se quiere, esto se puede interpretar en términos edípicos, como una dependencia absoluta a una figura paterna que afecta a los personajes en todo asunto amoroso en que se vean involucrados. De haberse unido siguiendo este esquema, habría explotado una bomba nuclear. Se entiende que algo terrible sucedió entre Aspern y Juliana, por lo que quizás se estaría repitiendo la historia en Tina y el protagonista, pero como James no da muchos detalles, no lo podemos saber de cierto. Como sea, el punto es claro y no hay por qué buscar tres pies al gato. Lo único que sabemos es que ambos se encontraban poseídos por un complejo arquetípico (Edipo) y que una logró salir satisfactoriamente y el otro, no. Para el caso, el cuento de Reyes resulta más desarrollado en cuanto a la descripción de esta posesión arquetípica.


3. Una carta de Tarot para Reyes.

¿Qué se entiende por “posesión arquetípica”? Un arquetipo es una imagen interna que forma parte de lo que Jung llamó lo “inconsciente colectivo”, es decir, una especie de esquema mental que es común a toda la especie humana. Los elementos que conforman este esquema son los arquetipos, que aparecen en forma de símbolos que actúan de manera autónoma, que escapan al control del yo, de la consciencia. Estas imágenes poseen una esencia común, pero su sentido varía de acuerdo a las vivencias personales de cada uno de nosotros. Conocemos estos arquetipos, ya que aparecen en mitos, fábulas y leyendas de todas las culturas, no se diga en todo tipo de expresiones artísticas y, especialmente, en nuestros sueños: el rey, la reina, el loco, el viejo sabio, el sol, la luna, el árbol, etcétera. Muchos de estos arquetipos se nos presentan en formas que frecuentemente nos son poco agradables, ya que manifiestan una necesidad interna que nos es oculta, y que por uno u otro motivo, tememos. Hay muchas partes de nosotros mismos que nos son molestas o desagradables, y que preferiríamos no reconocer. Pero cuando nuestra actitud es tal que impedimos toda aceptación del mensaje del inconsciente, el arquetipo a través del cual se manifiesta tratará de darse a conocer por todos los medios posibles, con tanta fuerza que incluso puede terminar por “poseernos”, por asimilar nuestra personalidad. Esto es lo que cada una de estas historias manifiesta, y se encuentra especialmente elaborado en La cena y en Aura. Enfoquémonos ahora en el cuento de Reyes.
   
La cena es un cuento que varía mucho respecto a Los papeles de Aspern, no sólo en cuanto a mensaje, sino en su fuerte forma onírica y simbólica, que contrasta bastante con el realismo de James. El protagonista habla en primera persona y su nombre es Alfonso, por lo que podemos inferir que la voz autoral es la que habla aquí. El cuento comienza con un Alfonso que corre “por calles desconocidas” y hacia un lugar desconocido, evidentemente arrastrado por una fuerte corriente subterránea e inconsciente. Las calles están solas; él debe afrontar su destino por sí mismo. Medio delira, pero lo que ve es muy significativo: “serpientes de focos eléctricos”, la imagen del ser que otorgó el conocimiento del bien y el mal al hombre, diferenciando su razón de su instinto. Algo está por salir a la luz de la conciencia, un algo totalizador, como reflejan las mandálicas glorietas circulares (3) con las que se topa a cada rato; y también relacionado con un lado primordial y ctónico, fértil, representado por las plantas de las glorietas que él ve “con una verdura irreal”. Es de noche, lo que confirma la sumersión en el inconsciente, y el tiempo debe ser exacto, como dan cuenta los cuatro relojes circulares y la extraña ansiedad de Alfonso por llegar sin retraso a la cita. El conocimiento que le será revelado no puede ser pospuesto, so pena de algo terrible.


Alfonso Reyes     
   
Dos mujeres desconocidas, doña Magdalena y su hija Amalia, lo han invitado a cenar, y parecen saber todo acerca de él. Nos encontramos aquí con dos arquetipos, que en realidad son dos caras de uno solo: por una parte está la Gran Madre, la protectora que nos dio la vida, nos crió y nutrió durante la infancia, y que posee una fortísima autoridad numinosa; y por otro, la de la Virgen, la esposa, el anima, el lado erótico, femenino, del hombre, con el cual debe relacionarse a fin de hallar una integración funcional tanto con su lado inconsciente como con las mujeres en general. La situación aquí descrita es la misma que nos muestra la sexta carta del Tarot marsellés, “El enamorado“. En ella, un hombre joven se encuentra tensionado entre dos mujeres: una madura que coloca la mano en su hombro, en actitud posesiva; y otra más joven, que apunta hacia su corazón. Flotando encima de ellos está la pícara figura de Cupido. Es el triángulo que, según Pitágoras, simboliza una realidad fundamental y espiritual humana. Da cuenta de una situación edípica, donde el joven, que representa al vigoroso yo, al ego, debe aprender a actuar por sí mismo y romper el cordón umbilical que lo ata a su madre, de manera que pueda afrontar mejor la vida y sus peligros. Como dice Sallie Nichols, “en esta carta el reto es el de conectar la vida espiritual con la vida emocional y, a través del compromiso apasionado con toda la vida, conseguir una nueva relación con los demás y una nueva armonía con uno mismo.” (4)
   
Entra en la casa de su inconsciente, con un recibidor en apariencia trivial, pero una vez que pasa más allá de la superficie, descubre un nuevo mundo que él ya anticipaba en cierta manera. Las mujeres están vestidas de negro: prometen una muerte. Amalia le parece una prima, amiga de su infancia, que ha comenzado a ser solterona, lo que confirma su calidad de anima y predice lo que está por venir. Tras haber cenado, Alfonso comienza a delirar, y es conducido a un jardincillo a través de un cuarto que le recuerda al de un hospital, lo que significa que él necesita ser curado. ¿De qué? Una vez en jardín, las mujeres comienzan a instruirlo acerca de la flores, símbolos de la vagina que durante milenios han provocado creaciones de inspiración vaginal, como por ejemplo los rosetones de las grandes catedrales, que representan el acceso a una gran aventura. Le hablan tanto de las flores amables y amorosas como de las que asfixian y matan, y posan una flor sobre su cabeza. Se trata de una clara iniciación de su sexualidad. No puede soportar estas nuevas revelaciones y desmaya. Cuando despierta, le cuentan lo que le ha sucedido al capitán, su reflejo: todo lo que deseaba era conocer París, la romántica ciudad del amor y el placer, pero en vez de eso decide entrar en conflicto con estas tendencias y partir hacia la belicosa Berlín, lo cual lo ciega a un conocimiento que tanto necesita.
   
Su actitud había sido tan ciega y sorda a los avisos de su inconsciente que, a sus 23 años de edad, Alfonso Reyes todavía no había recibido una iniciación correcta en los misterios de su sexualidad, y corría el riesgo de terminar soltero, literal y/o simbólicamente. Por suerte para él, su inconsciente le transmitió el conocimiento esencial con mucha tranquilidad, sin bloqueos. Y aunque él huye de la escena, no puede evitar tomar consciencia de lo que acaba de sucederle: los relojes están inflamados con luz, él sabe que es la hora correcta y, al llegar a su casa, se da cuenta que es la misma de las mujeres a quienes acaba de visitar.


4. La misma carta para Fuentes, invertida.

En Aura ocurre algo muy similar a lo que acabamos de ver en La cena, pero deformado por tantos conflictos que raya en lo patológico. El personaje, Felipe Montero, es un historiador, alguien que debe indagar en su propio pasado para descubrir los conocimientos cruciales acerca de sí mismo; el éxito promete una cuantiosa recompensa, totalizadora de hecho, como lo afirma la cifra de 4 mil pesos (5). La situación anímica del personaje es esquizoide, y describe al mundo exterior no como indiferente, sino como indiferenciado (6). Es un mundo con el que él no ha logrado relacionarse, por lo que no lo separa aún de su ego. El narrador habla en segunda persona, por lo que la narración se establece como un diálogo o, quizás, una especie de monólogo. Los tiempos cambian de futuro a presente, lo cual indica que el narrador en cierta forma sabe lo que va a ocurrir.
   
Felipe pensaba que el centro de la ciudad, símbolo de su propio núcleo interior, estaba vacío, deshabitado, muerto, pero descubre que no es así. Un Can Cerbero burlón guarda la puerta en forma de manija, y lo deja entrar sin resistencia. “Abandona toda esperanza si entras aquí”, parece decirle dantescamente. Está ahora dentro de la casa, de su inconsciente, y tan poco lo conoce que está a oscuras en todo momento. Una anciana que parece conocerlo desde siempre lo guía entre las penumbras. Una vez más estamos frente al conflicto madre-anima descrito por la carta de “El Enamorado”. Pero se trata de un problema antiquísimo, como demuestra la supervivencia de este arquetipo de Gran Madre, que tiene 109 años. Aura, como su nombre lo define, es eso mismo: viento, aliento, soplo, espíritu, anima. Aura es el conejo de Consuelo Llorente, a quien llama Saga, Sabia. Pero se trata sólo de una potencia, puesto que su sabiduría, como veremos, se encuentra truncada por completo.


Poster alemán para 'La strega in amore'
de Damiano Damiani, película basada
en 'Aura', de Carlos Fuentes
   
El conflicto es muy primitivo. Consuelo representa a una Gran Madre devoradora y temible, con un poder divino semejante al de la antigua diosa Lamashtu de los sumerios. El problema es eminentemente sexual, y entra en un círculo vicioso como lo demuestra la dieta de riñones que se sigue en esa casa: no dicen de qué animal son los riñones, por lo que bien podrían ser humanos. Se comen constantemente sus propias entrañas y, todo esto, por otro lado, simboliza una castración: la forma de los riñones en conjunto con la arteria aorta son similares a un pene y los testículos. Los ratones que corroen el lugar dan cuenta de lo mismo: son seres repulsivos que se ocultan en cuevas oscuras y húmedas, los aspectos destructivos de nuestra sexualidad (7). Los gatos, figuras siempre femeninas y guardianas de la sexualidad, pertenecen al anima, como bien ilustra cierto cuento de hadas (8). Y, en efecto, se encuentran con Aura, pero luego Felipe los ve achicharrándose en un jardín que, según la anciana, no existe. Esto también es muy significativo: el jardín es la parte ctónica de la casa, la parte más natural y especialmente fértil de ella. La anciana trunca esta posible fertilidad, y con ella la relación del yo con el mundo externo; después de todo, el jardín es también la parte de la casa que conecta el edificio interior con el mundo de afuera.
   
Consuelo y Aura habían sido “amuralladas”, les habían “quitado la luz”. Habían sido reprimidas, por lo que salieron a flote poseyendo a Felipe, el yo, por completo. Felipe descubre en Aura a la prostituta castradora que degüella sin piedad a un macho cabrío, pero no sólo eso: no es más que un títere, un doble de Consuelo. Por supuesto, es sólo lógico que uno busque aspectos de la madre en la pareja, pero de eso a que la madre ocupe el lugar de la pareja hay una gran distancia. La madre desea eternizarse en una imagen joven, así que también encontramos presente el arquetipo del puer aeternus, del eterno hijo de mami, sin consciencia de su pasado ni de su futuro, a menudo donjuan u homosexual, sumamente narcisista y, por lo general, un tanto suicida. Exceptuando el donjuanismo y la homosexualidad (de las cuales no se dice nada), ésa es la imagen que Fuentes pinta en Felipe Montero. Cierto, es historiador, pero esto se debe a que efectivamente reprimió tanto sus memorias que, de una u otra manera, salieron con efecto de tapón de champagne. Al final, la tensión edípica es tal que termina identificándose plenamente con la figura paterna, el general Llorente. ¿Qué es lo que sucede con Cupido? Tal como Jung lo describe:

“Eros es un personaje dudoso y seguirá siéndolo, sea lo que sea lo que la ley diga sobre él en un futuro. Pertenece por un lado a la primordial naturaleza animal del hombre, y seguirá siendo así mientras el hombre tenga un cuerpo animal. Por otra parte, está relacionado con las formas más elevadas del espíritu, pero solamente se manifiesta cuando el espíritu y el instinto se encuentran en perfecta armonía. Si alguno de estos dos está en desacuerdo, produce como resultado una lesión o un desequilibrio que pueden derivar fácilmente hacia lo patológico. Demasiada animalidad distorsiona al hombre civilizado, así como demasiada civilización enferma al animal.” (9)
 
El cuadro que aquí se presenta prácticamente es patológico. No sorprende, pues, que Fuentes se haya divorciado de su primer esposa, Rita Macedo, pocos años después de haber publicado Aura.


5. Los pecados de los padres.

El cuento de Pitol, Hacia Varsovia, difiere notablemente del resto en cuanto a su estructura profunda. No nos muestra una posesión arquetípica del tipo de las anteriores, aunque Edipo puede estar presente, ya que el personaje se encuentra dominado por la figura de su abuela, cuyo doble o hermana es, como en Aura, una terrible personificación de la muerte. Como sea, no hay aquí ninguna tensión sexual, ni complejo madre-anima en ninguna parte. Este cuento trata el pecado del abuelo del protagonista, su transmisión hacia sus descendientes y la batalla del nieto por indagar en la memoria. Recordemos que este pecado de adulterio sucedió entre una familia de cierta nobleza -un cónsul mexicano y su rica esposa polaca-, en la segunda década del siglo XX. Este tipo de cosas eran consideradas horribles, pecados capitales. Y dada la estrechez de los vínculos familiares que existía de acuerdo a aquellas tradiciones, no podía ser olvidado así nada más, y manchaba a toda la familia. Aquí, al parecer, se trató de evadir lo sucedido, pero eventualmente resultó imposible, y un miembro de la familia tenía que sacar la verdad a flote, cosa que al final lo “mata” simbólicamente. Le causó una gran angustia y dañó su honor familiar (10).


             Sergio Pitol


6. La Lilith del cine mexicano.

Verdad de amor es, si se le puede llamar así, una “novela de chismes”. En ella vemos constantes intentos por entrar en la vida íntima del ídolo, de quien pueda afirmar perversamente la identidad del fanático. De ahí el continuo juego de máscaras, el continuo vivir como si se fuera un actor dentro de una película. Las situaciones edípicas abundan al por mayor: en la competencia entre Jean Renoir y su padre por Catherine Hessling, en la situación que Claude vive con su tío Jean, la de Tina con Jean y, finalmente, la de Chema Sánchez con Jean. Se suceden una pelea tras otra por conseguir a la mujer de Jean, sea ésta Catherine, Tina o María.
   
Todos son unos donjuanes. Todos buscan a su mamacita, quien los cuide y admire, pero de lejos, porque el auténtico amor, curiosamente, se ha convertido en la peor amenaza para sí mismo. Dada la pasión arrebatadora con que se entregan a sus emociones, aparentan experimentar grandes sentimientos, pero es fácil ver que no es así. Su actitud es obsesiva y compulsiva, y como dijo Rollo May, “la actividad compulsiva nunca es acción por sí misma; nunca es acción por placer, poder o diversión. Es acción al servicio de la huida; huyen despavoridos para evitar la confrontación consigo mismos.” (11)
   
El sexo entra en acción como un mecanismo de defensa, que más que simplemente descargar tensiones nerviosas, lo que hace es otorgar al sujeto una sensación de seguridad. Es una manera de evadir la pérdida de significación ante uno mismo: si se puede excitar a la pareja, entonces significamos algo para ella, entonces podemos sentir que estamos vivos. Pero la relación que se establece es impersonal y -vale sacar otra cita de May-, “el impersonalismo tiene como consecuencia premiar a la sensación sin sensibilidad, a la relación sexual sin intimidad, y de una forma extraña y perversa convierte a la negación del sentimiento en un objetivo deseable.” (12)


María Félix en 'French Cancan', de Jean Renoir    
   
Así que todos ellos –Chema, Jean, Tina, María, Pierre August, Catherine Hessling, Claude y hasta Carlos Fuentes (cuya aparición en la novela no es gratuita)- están encerrados en un círculo vicioso de narcisismo, hostilidad, depresión y masoquismo. Es, como Alatriste lo pone, una sátira, una parodia trágica de la vida, donde cualquier relación funcional les resulta imposible puesto que, como María, todos prefieren casarse consigo mismos y excitarse con sus propios reflejos. La bohemia aquí es pintada como un escape a estas terribles problemáticas personales, de als cuales son incapaces de encontrar una salida.


7. Y al final…

Máscaras y brujas. Halloween, en su sentido más moderno. Bien se dice que la literatura es la fuente más rica de autointerpretaciones del ser humano a lo largo de la historia. Éstas cinco no son las primeras historias en exponer tal problemática edípica (o cuatro historias; según parece, la de Pitol se coce aparte), pero utilizan un simbolismo en común, que se podría remontar a una influencia mutua, consciente o inconsciente. Como sea, el matiz de cada historia varía, aunque podemos dividirlas en pares: las de Reyes y Fuentes como la misma carta de Tarot, sólo que una al derecho y la otra al revés; y la de James y el muy perverso tributo que le hizo Alatriste. Dos de ellas son ciento por ciento fatalistas, y no dan resolución alguna al conflicto: Aura y Verdad de amor. La cena y Los papeles de Aspern, por el contrario, dan cierta cabida a la esperanza, especialmente la de Reyes. En la de James sólo Tina se salva, mientras el protagonista permanece obsesionado. Esto último demuestra fragmentación o, si se quiere, un intento de globalidad. (Cosa curiosa, esto casi forma un cuaternio perfecto.) Eso es, al menos, lo que desvela la estructura profunda de estas cinco historias obsesivas.
 

Notas y citas:

(1) “Los papeles de Aspern”. Artículo de Wikipedia. <<http://es.wikipedia.org/wiki/Los_papeles_de_Aspern>> Revisado el 6 de diciembre de 2006.
(2) Jung. “El problema del mal en la actualidad”. Encuentro con la sombra. (Editado por C. Zweig y J. Abrams). Barcelona, Kairós: 2004. Pág. 242.
(3) El mandala es un símbolo circular, normalmente dividido en cuatro partes, que Jung interpretaba como representación del “sí-mismo”, del arquetipo de la totalidad psíquica, la meta del proceso de individuación o autorrealización.
(4) Nichols. Jung y el Tarot. Barcelona, Kairós: 2005. Pág. 192.
(5) El cuatro es una cifra que representa al totalidad, en cuanto a que reúne todas las funciones de la personalidad y, simboliza el lado oculto del ser humano, que complementa un triángulo incompleto.
(6) Véase Aura. México DF, Era: 1966. Pág. 12.
(7) Las mujeres, dada su alta sensibilidad erótica, suelen tener un gran temor a estos animales. Quienes no lo tienen, normalmente poseen un cierto conocimiento de erotismo que bien puede ser funcional o disfuncional. Por ejemplo, es común ver que las lesbianas se hayan deshecho del temor a estos roedores.
(8) Véase Marie-Louise von Franz. La gata. Un cuento de redención femenina. Barcelona, Paidós: 1999.
(9) C.G. Jung. Two Essays on Analytical Psychology, O.C. Vol. 7, par. 32. (Citado por Sallie Nichols en Jung y el Tarot. Op. cit. Pág. 195.)
(10) Por cierto que, de las cinco, ésta fue la historia que más batallé descifrando, precisamente porque nací veinte años después de que se escribiera el cuento y pertenezco a una generación que ya no da tanta importancia a los vínculos familiares. A partir de los setenta, la revolución cultural y la liberación sexual casi lograron desvanecer estas tradiciones y lazos psíquicos con la propia sangre, lo que en materia de identidad personal -debo admitir- resulta un tanto alarmante.
(11) May. La necesidad del mito. Buenos Aires, Paidós: 1998. Pag. 168 (con cursiva en el original).
(12) May. El dilema del hombre. Barcelona, Gedisa: 2000. Pág. 52.


BIBLIOGRAFÍA:

ALATRISTE, Sealtiel. Verdad de amor. México DF, Planeta / Joaquín Mortiz: 1994.
FUENTES, Carlos. Aura. México DF, Era: 1966.
HURWITZ, Siegmund. Lilith. The First Eve. Historical and Psychological Aspects of the Dark Feminine. Einsiedeln, Daimon Verlag: 1999.
JAMES, Henry. Los papeles de Aspern. México DF, Coyoacán: 2000.
JUNG, Carl Gustav. “El problema del mal en la actualidad”. Encuentro con la sombra. (Editado por Connie Zweig y Jeremiah Abrams). Barcelona, Kairós: 2004.
MAY, Rollo. El dilema del hombre. Barcelona, Gedisa: 2000.
---. La nnecesidad del mito. Buenos Aires, Paidós: 1998.
NICHOLS, Sallie. Jung y el Tarot. Barcelona, Kairós: 2005.
PITOL, Sergio. “Hacia Varsovia”. Soñar la realidad. México DF, Debolsillo: 2004.
REYES, Alfonso. “La cena”. Obras completas, Tomo III. México DF, Fondo de Cultura Económica: 1963.


11/2006


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