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Carnivàle
HBO / Warner, 2003-2005
Es muy raro encontrar una gema como Carnivàle
entre tanta serie de televisión superficial y trillada. No es
que me queje de lo superficial. A veces uno necesita ver algo simple y
entretenido para poder relajarse y despejar la mente. Pero no todo el
tiempo; si es así, la TV se vuelve redundante e idiotizante. Y,
desgraciadamente, los programas desafiantes y originales escasean. Esto
ocurre no porque la gente no pueda comprenderlos y apreciarlos, sino
porque simplemente no están acostumbrados a ellos. De cualquier
manera, de vez en cuando sale al aire un programa así, y resulta
de lo más refrescante.
Carnivàle narra una
historia situada en la mitad sur rural de Estados Unidos durante los
años de 1934 y 35. Los créditos que abren los episodios
dan a entender de inmediato que no se trata de una serie cualquiera:
usando excelentes efectos gráficos nos muestran un viaje a
través de singulares cartas de Tarot, que pintan un mundo en
plena decadencia, lleno de dictaduras, pobreza y evasión
hedonista. En el fondo se libra una batalla entre opuestos de luz y
oscuridad, y nos dan a entender que el día del juicio se
encuentra pronto. La genial música folclórica-pop de Jeff
Beal también le otorga una cierta profundidad.
La serie se centra alrededor de dos personajes: uno de ellos es Ben
Hawkins, un joven fugitivo que al perder a su madre y a su granja se
une a una feria ambulante; el otro es Justin Crowe, un ministro
metodista un tanto desquiciado que libra una lucha muy fuerte consigo
mismo. Ambos poseen extrañas habilidades: Ben puede curar (e
incluso revivir) a la gente a cambio de un sacrificio, y Justin puede
detectar los peores pecados de las personas e inducirles visiones
aterradoras. Los dos tienen sueños perturbadores que poco a poco
los comienzan a vincularlos uno con el otro.
La feria a la que Ben se une no es nada común. Entre sus
miembros destacan una gitana catatónica que posee un
vínculo telepático con su hija y que puede descifrar con
precisión el destino de la gente a través de la lectura
de Tarot; un hombre ciego con poderes psíquicos y clarividentes;
y el más misterioso de todos, Management, el gerente de la feria
que nunca nadie ve y a quien todos guardan un temor casi divino. Por su
parte, a Justin Crowe lo acompañan su igualmente loca hermana
Iris y su padre adoptivo, el reverendo Balthus. Crowe comienza a
recibir visiones que gradualmente le aclaran su destino y
posteriormente se convierte en una figura mediática muy
poderosa, inspirada –según los creadores de la serie- en el
modelo del histórico y controvertido Padre Coughlin.
La mitología que se muestra en Carnivàle
es bastante ecléctica, y principalmente combina la
tradición judeocristiana con un maniqueísmo
gnóstico. También aparece mucho simbolismo
masónico y elementos de mística folclórica. La
batalla ocurre entre el bien y el mal, pero los supuestos
representantes de ambas fuerzas no parecen tener un papel 100%
definido. Los personajes son sumamente complejos y deben soportar una
lucha entre sus tendencias internas. Eso es lo que más me gusta
de este programa: nada es simple aquí, ningún rol es
seguro, y cada uno de los personajes es completamente humano, incluso
quienes según su naturaleza no deberían serlo del todo.
Así que es difícil clasificar la serie. Hay mucho drama
psicológico, lo mismo que misterio, aventura e incluso terror.
Cinematográficamente es una obra impecable. La dirección
es sorprendente, con una narración variada y con algunas
técnicas visuales de lo más efectivas. La
fotografía es excelente. Los paisajes desérticos donde se
desarrolla gran parte de la historia son muy artísticos, y los
ambientes rurales nos dan una idea muy exacta de cómo eran las
partes marginadas de EU en tiempos de la depresión. De noche las
imágenes son hermosas y a veces hasta siniestras. El vestuario
es muy apropiado. Las actuaciones son de primera calidad. Muchas
escenas, por cierto, son bastante brutales. La violencia y el sexo se
enseñan tales cuales son, de forma directa y sin censura alguna.
Entonces parece una serie ideal, pero como era de esperarse de un
programa tan poco convencional, provocó muchas críticas.
La primera es sobre su lentitud. Ciertamente hay varias partes en las
que la trama no parece moverse mucho. Alrededor de la mitad de la
primera temporada y los primeros seis capítulos de la segunda,
las piezas se conectan de manera tan lenta que podría llegar a
aburrir. Pero yo argumento que esto es necesario para poder comprender
bien la serie. Es durante estas partes que llegamos a conocer mejor a
los personajes, especialmente a los de la feria. Las subtramas
sentimentales no son cualquier cosa: son demasiado realistas y
desarrollan el carácter y la personalidad de los personajes de
manera crucial. Nos los dan a conocer, además de darnos una idea
de cómo era (¿es?) la vida de un cirquero. El mensaje
existencial es fuerte, y uno puede hacer analogías muy exactas
con la vida cotidiana. A lo mejor estas secuencias no son tan
entretenidas como las de misterio y suspenso, pero son indispensables
para poder llegar a comprender el mensaje completo de la serie. La
historia misma exige que uno se adapte a su ritmo.
Las otras críticas también tienen que ver con la
accesibilidad del programa. Algunas de ellas tienen razón hasta
cierto punto: tratándose de un programa de televisión,
debe ser difícil seguirle el hilo. Si no lo has visto desde el
principio, vas a batallar en entenderlo. Es por eso que es mejor
tenerlo en DVD. En eso estoy de acuerdo con la crítica, aunque
no sea una cosa mala per se;
es sólo mala para los ratings
y para quien nada más pueda verlo en TV. El resto de las quejas
sí son completamente tontas, ya que tachan a Carnivàle de muy raro y
demandante. Bueno, ése es el punto del programa. Requiere de una
participación activa de la audiencia, y precisamente eso es lo
que lo hace tan especial.
Por desgracia, éstas fueron razones de peso para la
cancelación de la serie. Originalmente se habían planeado
seis temporadas, pero la disminución de los ratings durante la segunda
temporada provocó su eliminación definitiva. Es decir que
nos dejaron sin dos terceras partes de la historia. Todo quedó
en suspenso, con muchísimas cuestiones sin resolver. Y, hasta el
momento, no hay ningún indicio de que la serie pueda ser
revivida. Se habló de una película de tres horas, pero
Daniel Knauf, uno de los creadores, dijo que prefería dejarla
incompleta a terminarla pobremente. Ni hablar.
De cualquier manera, Carnivàle
es una serie altamente recomendada, uno de esos pocos productos de
masas genuinamente brillantes que vale la pena ver con detenimiento. En
serio, no es frecuente encontrar algo con esta calidad.
08/2007