Ensayos


filqro2004
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In the following you will find a list of essays I have written for my undergraduate studies at the Free University of Queretaro.


A continuaci�n encontrar� algunos de los ensayos que he redactado para mis estudios de licenciatura en filosof�a en la Universidad Auton�ma de Quer�taro.

Algunos de los ensayos llevan de manera muy obvia la marca del curso que era su origen y destino; pero de alguna manera -en algunos casos m�s limitadamente que en otros- reflejan mi pensar acerca de los problemas filos�ficos que tratan.

Claridad: Comparaci�n de la noci�n de claridad en Descartes y en Wittgenstein

Resumen

Tanto para Descartes, como para Wittgenstein, la noci�n de �claridad� juega un papel importante en el desarrollo de su argumento. El ensayo ofrece una breve descripci�n del uso que Descartes hace del concepto en la obra Meditaciones Metaf�sicas. Se ofrecen algunos aspectos del uso que Wittgenstein hace de este concepto, principalmente en relaci�n con la noci�n de �representaci�n gramatical�. Finalmente se hace notar muy brevemente que la noci�n de claridad de Descartes est� directamente en el foco de la cr�tica que Wittgenstein hace a la filosof�a cartesiana, por lo que no son solamente nociones incompatibles, sino, en cierto sentido, diametralmente opuestas.

Aproximaci�n a la visi�n est�tica de Wittgenstein

Pre�mbulo:



Wittgenstein jam�s escribi� sobre cuestiones est�ticas con la intenci�n de publicarlo. Pero seguramente no porque el tema no le interesase. Wittgenstein viv�a intensamente los problemas de la cultura, la religi�n, el arte y la est�tica y cuando en sus conversaciones y lecciones o apuntes privados reflexionaba acerca de estos temas siempre los ve�a como estrechamente unidos ente s�, realmente inseparables. No tengo como probarlo, pero a partir de la manera como trat� estas cuestiones concluyo que no hizo un intento de producir algo cuya publicaci�n hubiera podido aceptar, porque hab�a demasiados obst�culos que bloqueaban el camino a una visi�n est�tica apropiada y que era necesario antes un giro �Copernicano� del punto de vista no s�lo con relaci�n al arte y a la est�tica, sino de nuestra visi�n y actitud ante la vida. Religi�n y arte no eran cuestiones de poco inter�s para la filosof�a, sino lo que realmente importa en la vida humana; pero no los podemos ver correctamente porque tenemos la mira distorsionada por una mente acondicionada a esquemas de explicaci�n cient�fica. No podemos ver el arte y mucho menos la �tica o la religi�n con propiedad mientras nuestro paradigma de explicaci�n sea f�sico-causal-mecanicista.



Lenguaje, Causalidad y Claridad; Est�tica como elemento fundamental de la persuasi�n (aproximaci�n)

Objetivo



En la pel�cula Memorias de una Geisha el coronel Derricks del ej�rcito vencedor, encargado de otorgar contratos de suministro a los vencidos japoneses, solicita sexo por dinero a la Geisha Sayuri. Memorias de una Geisha es una pel�cula EE. UU.-americana que se produjo con miras a la taquilla en Estados Unidos. Habr�a pocos espectadores que no perciban a Derricks como un bruto frente a una sofisticaci�n er�tica que no logra entender, ni siente �evidentemente- necesitad de intentarlo. Volveremos con Sayuri y Derricks. Tanto Lyotard (en cuanto autor de Le Diff�rend) como Rorty invocan con frecuencia la legac�a de Wittgenstein; lo que tienen los tres en com�n, es que quieren romper el embrujo con qu� la ciencia nos tiene hipnotizados. Para los tres ser�a m�s importante que la filosof�a entendiera propiamente la complejidad de situaciones como la invocada en el p�rrafo anterior que seguir la pista de un solo tipo de discurso: la preocupaci�n por la epistemolog�a. Pero tanto Lyotard como Rorty abandonan parte del mensaje de Wittgenstein para poner �nfasis en diferentes aspectos de la narrativa filos�fica que se me antojan desequilibrados. Mi objetivo en este ensayo es persuadir al lector de que la cr�tica de ambos no toma en cuenta la complejidad del mensaje de Wittgenstein, y que la propuesta de cada uno de ellos distorsiona, oscurece o limita, de diferente manera, la claridad que �ste buscaba; pienso que nos ir� mejor si volvemos a establecer todo el espectro de la b�squeda que Wittgenstein identificaba con hacer filosof�a.



Racionalismo cr�tico; aspectos de la filosof�a de Karl Popper

Resumen



Se presenta en t�rminos someros la noci�n de �racionalismo cr�tico� de Popper y de algunos conceptos claves relacionados con ella. Se llega a la conclusi�n, que la negativa de Popper de tomar en serio los problemas sem�nticos vicia su filosof�a de la ciencia y en general su propuesta filos�fica.


S�lo un poma: Reflexiones sobre una vivencia est�tica

Advertencia preliminar



Hay una antigua leyenda acerca de la musicalidad del emperador Francisco Jos� I (aquel que inici� la primera guerra mundial): Se dec�a, que solamente conoc�a dos piezas de m�sica: una era la Marcha de Radetzky, y la otra no . Algo as� me pasa con la poes�a: simplemente no me entra. No tengo ni la inteligencia ni la sensibilidad para comprenderla. Tampoco me gusta el baile, ni verlo ni practicarlo, y si trato de marcar un ritmo me pierdo despu�s de los primeros tres tactos. Quiz�s tenga que ver con mi incapacidad l�rica. Pero hay una excepci�n. En mi vida hay un poema que � seg�n parece � escribi� mi destino. Este trabajo es un intento de reflexi�n acerca de esta vivencia y que tiene o no que ver con la est�tica.



Ensayo sobre la vida y obra de Cardano

1. Pre�mbulo



Entre la enorme cantidad de cambios que se dieron en la Europa Occidental durante la transici�n de la sociedad medieval a la renacentista, el repentino despertar del inter�s por las matem�ticas es s�lo una de las facetas que fue a la vez motor, soporte y resultado de las transformaciones. Una de las figuras m�s notables entre los muchos matem�ticos de esta �poca es el multifac�tico Girolamo Cardano de Pavia, pero sus logros son relativamente poco conocidos en t�rminos generales, y mucho de lo que se sabe de �l se debe a malentendidos, en su mayor parte debido a proyecciones a partir de la situaci�n nuestra. Tratar� de contribuir a que esta situaci�n mejore.
Entre mis prop�sitos, al seleccionar el tema del presente ensayo, figuraba entre otras tambi�n obtener una idea m�s clara sobre el concepto de n�mero que hubiesen tenido los hombres renacentistas como Fibonacci, Cardano y Tartaglia. Este objetivo result� ser evasivo por carecer yo de los conocimientos previos m�nimos en la materia, por no tener acceso oportuno a fuentes primarias pero tambi�n porque es un tema que sigue siendo bastante oscuro y poco comprendido para los propios estudiosos de las matem�ticas y de la filosof�a de las matem�ticas .
Agradezco a Jorge Roaro haberme conseguido el libro de Girolamo Cardano en uno se sus safaris bibliogr�ficos al Distrito Federal y al Dr. Jos� Lu�s Rolleri el pr�stamo de los libros de la historia de las matem�ticas y de filosof�a y ciencia, todos ellos citados en la bibliograf�a al final del trabajo.



La visi�n moral y pol�tica de Calicles y S�crates en el di�logo Gorgias de Plat�n

Pr�logo



Cuando leemos un di�logo como Gorgias, lleno de expresiones referidas a conceptos abstractos como �justicia�, �belleza�, �lo bueno�, �el alma�, �lo que es y no es un arte�, estamos generalmente demasiado dispuestos a asimilar la sociedad, en que fueron redactados, a nuestra propia situaci�n y se nos olvida que la situaci�n socioecon�mica y cultural de la πόλις hel�nica ten�a m�s en com�n con las ciudades mayas precolombinas, con los se�ores feudales en la Europa medieval o las comunidades regidas por �warlords� africanos o afganos de hoy en d�a, que con la nuestra . Tanto m�s debe sorprendernos la sutileza y sofisticaci�n de los argumentos y su abstracci�n y que haya podido surgir un inter�s tan sublime en lo �ntimamente humano. Pero simult�neamente debe ayudar a recordarnos que no es cierto que una cultura sofisticada pueda darse s�lo en un ambiente similar a la �alta civilizaci�n europea� y que el esp�ritu humano es f�rtil a�n en las situaciones �m�s primitivas� y adversas.
Aunque hayan pasado dos siglos desde que la �tica hel�nica se hubiese cristalizado primeramente en las grandes epopeyas hom�ricas, en los siglos IV y III estaba muy vigente todav�a el sentimiento de valor especial entre la nobleza ateniense a ra�z de la valent�a que form� su raz�n de ser y la base de su educaci�n. Me imagino que esta casta de guerreros estaba celosa de una organizaci�n social que todo lo nivelaba e igualaba bajo una misma ley vigente para todos los hombres libres, como sucediera en la Atenas de Pericles . En este conflicto social, Calicles y S�crates est�n del mismo lado durante las partes del di�logo que tiene que ver con �tica . A ninguno de los dos se les ocurre que los hombres podr�an ser todos iguales, por m�s que S�crates se refiere con frecuencia a �cualquier hombre� y su alma; el sujeto �tico de ambos es esencialmente el hombre noble y poderoso, el que no tiene en su actuar m�s l�mite que su propia voluntad. El hombre que todo puede �c�mo debe comportarse? es en el fondo la pregunta que S�crates dirige a Calicles, y este, por lo pronto, contesta �a su antojo�. El argumento �tico del Gorgias es una senda sinuosa que intenta mostrar que esto no es as�. La visi�n que S�crates tiene de la pol�tica es esencialmente un derivado de su visi�n �tica, asentada en una serie de otros supuestos plat�nicos. La de Calicles realmente parece ser incoherente y adoptarse m�s a las necesidades inherentes a la continuidad del di�logo que a la presentaci�n de una visi�n pol�tica coherente opuesta a la de S�crates.
La visi�n �tica de S�crates (y se vale suponer de Plat�n) encierra un concepto de �castigo como remedio del alma�. Evidentemente no es un tema inventado por Plat�n; todos estamos de acuerdo, a menos algunas veces, que se debe castigar quien cometa un acto que consideramos malo. Es muy dif�cil argumentar en esta circunstancia coherentemente que tengamos derecho a exceptuarnos a nosotros mismos del castigo, aplicable a los dem�s. Podemos comprender entonces la exposici�n que hace Plat�n del tema mejor como intento de explicar nuestra actitud al respecto, que a manera de postulado �tico ex nihilo.

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El concepto de la libertad en Sartre desde una perspectiva wittgensteiniana

Pr�logo



Quiz�s �l concepto m�s fundamental para las ideas existencialistas �en la versi�n sartreana- acerca de la �tica es el concepto de la libertad. Pienso que el concepto de Sartre es una idea metaf�sica-esencialista y no creo que sea posible sostenerla en esta forma coherentemente en la discusi�n filos�fica contempor�nea. Pero confieso que veo con mucha simpat�a el intento heroico de Sartre de mantener en alto la libertad del hombre-individuo frente a la idea universal del hombre como pen�ltimo reducto de la ilustraci�n. Creo que en las ra�ces cartesianas de la idea de libertad que alimenta tambi�n a Sartre podemos encontrar una manera anti-esencialista, anti-metaf�sica para defender la libertad del hombre particular. Es apenas el esbozo de una idea y para nada tengo claro si da para m�s.

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Inconmensurabilidad y Traducci�n
Thomas S. Kuhn y c�mo interpretar los cambios de paradigma cient�fico

Pr�logo



Aproximadamente siete a�os despu�s de la primera publicaci�n en ingl�s del ensayo La estructura de las revoluciones cient�ficas, su autor sinti� la necesidad de explicar en un ep�logo algunos de los conceptos y puntos de vista desarrollados en �l, ya que habr�an provocado una gran cantidad de criticismo de otros pensadores dedicados a la filosof�a de la ciencia. Kuhn expresa que tambi�n hab�a algunos comentaristas que simpatizaron con muchas de sus ideas, pero que ocasionalmente las habr�an interpretado mal y pensaba conveniente corregir su percepci�n en algunos detalles. Un tema particularmente dif�cil de digerir para los defensores de una epistemolog�a m�s tradicional queda circunscrito bajo el t�rmino de inconmensurabilidad; esta expresi�n se refiere a la imposibilidad de comparar sucesivos paradigmas cient�ficos en sus propios t�rminos, precisamente porque lo que separa un paradigma del otro es un cambio radical de percepci�n de los fen�menos que forman el paradigma y que son designados por los conceptos centrales de �l. En el ep�logo, Kuhn intenta hacer el uso de este t�rmino m�s palpable para sus detractores, tratando de complementarlo con la idea de que siempre ser�a posible traducir entre teor�as que pertenecen a diferentes paradigmas cient�ficos. Pienso que Kuhn logra efectivamente precisar en el ep�logo algunos de los puntos de vista del texto original; pero noto tambi�n, que ha empezado a explorar una nueva filosof�a de la ciencia que no aparece en la primera versi�n del libro. El argumento que Kuhn deriva de ella me parece m�s bien una distracci�n desafortunada que nada contribuye a la plausibilidad de su concepto general de la historia de la ciencia. En cuanto a la afirmaci�n de la inconmensurabilidad de diferentes paradigmas cient�ficos, Kuhn �distra�do por su nuevo y poco afortunado inter�s cient�fico, seg�n creo- diluye su concepto original innecesariamente sin lograr con las concesiones a sus detractores restar plausibilidad a sus cr�ticas o de hacer el concepto coherente.

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La resucitaci�n de Hegel en la filosof�a anglosajona contempor�nea

Pr�logo



Cuando yo me propuse estudiar filosof�a hace unos treinta y cinco a�os estaba ante la alternativa de estudiar bajo la supervisi�n del catedr�tico Erich Heintel, dedicado a la filosof�a de lenguaje, y un marxista cuyo nombre he olvidado, por verg�enza m�a. Mi inter�s en la filosof�a no ten�a nada de te�rico. Yo quer�a entender el mundo en que viv�a, por qu� era tan incongruente, por qu� hab�a tan poca coincidencia entre la vida con que me hab�an ense�ado so�ar en una educaci�n humanista y la vida como parec�a realmente ser. No pod�a entender como alguien pod�a interesarse por estudiar cosas abstractas como el lenguaje, cuando lo que se deb�a estudiar era la vida misma. As� que me puse a estudiar con el marxista y lo primero que hice fue inscribirme en un seminario sobre Hegel (no recuerdo las otras materias); pobre profesor: ten�a un sal�n lleno de novatos sin la m�s remota idea de filosof�a pero que reclamaban saberlo todo porque hab�an le�do un poco de Marx y estaban dispuestos a condenar todo bajo la etiqueta de �ideolog�a burguesa� lo que no conformaba a nuestro mal entendido materialismo dial�ctico. Recuerdo una que otra exclamaci�n desesperada del Sr. Profesor cuando atac�bamos a lo que dec�a acerca de Hegel: �pues � �pero entonces ya no hay ninguna diferencia con Marx!� Nosotros, desde luego, m�s que marxistas, �ramos rom�nticos y rom�ntica era nuestra lectura de Marx. Dec�amos �revoluci�n del proletariado�, pero nos refer�amos al rescate del sujeto �nico, profundo, libre, universal. Nuestros h�roes, sin que lo supi�ramos, eran Schiller, Lessing, H�lderlin, Schlegel y compa��a m�s que Marx, Engels, Lenin y Trotzky. Reconocerlo, sin embargo, me tom� casi una vida.

Causalidad y Libertad
Reflexiones sobre la filosof�a pr�ctica de Kant

Extracto



Kant se da cuenta de que la explicaci�n cient�fica del mundo con la ayuda de leyes mec�nicas, muy notablemente las leyes establecidas por Newton, apunta hacia una contradicci�n que la filosof�a debe resolver: el hombre es un ser moral, y la moralidad no tiene sentido si el hombre es determinado por leyes mec�nicas. Lo que Kant concluir�, para resolver este conflicto, es que el hombre no es identificable s�lo en el �mbito en el cual reinan las leyes de la causa eficiente, sino su ser da m�s all� de lo aparente: este es el sentido de la libertad kantiana. El hombre debe, pero la causa eficiente no puede explicar el deber. Entonces, el hombre es libre, porque para deber, debe poder cumplir la ley moral dictada por la raz�n pura. El principio rector es la voluntad racional.
Kant resuelve el conflicto diciendo que, a fin de cuentas, toda explicaci�n es explicaci�n nuestra de un mundo que es aparente para nosotros. Por eso, el modo de explicaci�n pertenece al sujeto, y �ste, por lo tanto es anterior al modo de explicaci�n. No es, desde luego, como si pudi�ramos cambiar el modo de explicaci�n a voluntad, sino la divisi�n kantiana del mundo en fenom�nico y noum�nico, es expresi�n s�lo del hecho que el hombre, en cuanto noumenon no es sujeto a las leyes con que aparece ordenado el mundo fenom�nico.
Para Kant, es una y la misma raz�n la que engloba tanto el mundo fenom�nico (que es el reino de la causa eficiente, junto con espacio, tiempo, cantidad, cualidad, relaci�n y las otras modalidades) como el reino de la causa por libertad. Para ello �l supone la raz�n, en su aspecto de raz�n pura, como facultad del sujeto que opera a partir de principios a priori, es decir, como determinaci�n que opera el sujeto. Esto tiene que ser as�, es decir, la raz�n pura no puede depender de la experiencia en ning�n aspecto en absoluto; de lo contrario el sujeto no ser�a anterior, sobre todo, a las leyes de la causalidad eficiente.
Pienso que nosotros tenemos hoy m�s motivo que ninguna generaci�n anterior por preocuparnos por los efectos de la aparente antinomia entre la validez ineludible de la causa eficiente y la igualmente inevitable necesitad de comprendernos como agentes libres. Por los motivos que ya he mencionado y muchos otros, sin embargo, el di�logo filos�fico contempor�neo considera el sistema kantiano y los conceptos que de �l emanan como problem�ticos. El prop�sito del presente ensayo es se�alar que, a diferencia de muchas otras propuestas filos�ficas posteriores a Kant, la filosof�a de Wittgenstein permite identificar en ella un motivo central relacionado con la preocupaci�n de Kant que dio origen al concepto de la libertad de �ste, y hace posible dar salida a ella sin por ello caer en explicaciones extrahumanas como lo har�an por ejemplo, el tomismo o el vitalismo, ni tampoco en un discurso de ontolog�a declaradamente metaf�sica como el de Heidegger . Sugiero que la manera en que una filosof�a aborda la antinomia entre causa eficiente y sentido humano del discurso, sin hacer a un lado uno u otro aspecto de este conflicto, ni recurrir a un Deus ex machina que nada explica, puede servir de prueba de �cido para dicha filosof�a.

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PUTNAM, WITTGENSTEIN & EL PRAGMATISMO

De lo que trata este ensayo



Putnam dice que Wittgenstein no es un pensador pragm�tico, pero se le puede leer como si fuera uno. Esta afirmaci�n arroja varias preguntas m�s de las que Putnam se encarga de tratar en el libro que principalmente aqu� nos ocupar�. Enumerar� a continuaci�n algunas de ellas:
(i) Si es tan conveniente ser un pensador pragm�tico �por qu� Wittgenstein decidi� no serlo? William James, por ejemplo, es un referente permanente en la obre del segundo Wittgenstein (detesto esta expresi�n, pero qu� le vamos a hacer); as� que no es porque Wittgenstein hubiera desconocido esta opci�n.
(ii) Putnam nos se�ala una serie de elementos que nos permiten ver semejanzas entre la filosof�a de Wittgenstein y la de Peirce, James y Dewey; hasta de Rorty (aunque a �ste lo maltrata bastante). Pero nunca nos dice por qu� Wittgenstein no es un pragm�tico.
(iii) Wittgenstein no es un pragm�tico, dice Putnam. �Putnam es uno? A mi me parece que Putnam es quiz�s a�n menos pragm�tico que Wittgenstein y en un sentido no menos importante que �ste (aunque diferente).
(iv) Putnam afirma que Wittgenstein comparte con los pragm�ticos una fuente de inspiraci�n: la primac�a de la filosof�a pr�ctica sobre la filosof�a teor�tica sostenida por Kant. Pienso que esto es cierto, aunque creo no exactamente en el sentido que le da Putnam. Pero sobre todo es importante notar que esta inspiraci�n lleva los pragmatistas a una filosof�a pragm�tica, pero no a Wittgenstein. Me parece que Putnam pasa por alto esta diferencia.
Me temo que este ensayo no contestar� ninguna de estas preguntas de manera directa; pero creo que todas ellas recibir�n de una u otra forma alguna luz. Resumir� en la primera parte las razones que Putnam ofrece para interpretar la filosof�a de Wittgenstein como brindando apoyo a la propuesta pragm�tica. No quiero dejar duda alguna de que Putnam me parece ser un excelente lector de Wittgenstein y si �l rechaza algunos aspectos importantes de su filosof�a, lo hace de manera muy conciente y por motivos ajenos a sus propias convicciones pragm�ticas, seg�n creo; quiz�s con la excepci�n que a continuaci�n insin�o. En la segunda parte trato de se�alar (i) algunos aspectos de la filosof�a de Wittgenstein que se pierden en una interpretaci�n como pragm�tico y por los que, precisamente, no ser�a un pragm�tico; (ii) que Wittgenstein, en un aspecto importante, tampoco es un pragm�tico en el sentido que intenta Putnam; tratar� (iii) de persuadir al lector de que Putnam rechaza la propuesta de Wittgenstein como manera de hacer filosof�a no (tanto) desde un punto de vista pragm�tico, sino porque nunca ha dejado de ser un fil�sofo de la ciencia que respira, transpira y suspira la epistemolog�a, no obstante, que, lo que �l dice, para nosotros hoy en buena medida es, justamente, constitutivo de lo que significa ser un fil�sofo pragm�tico.

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Memoria Comprometida
de Horacio Cerutti Guldberg
Resumen de lectura

Este libro, editado por el Departamento de Filosof�a de la Universidad Nacional de Costa Rica es algo as� como una compilaci�n de varios discursos y escritos preparados, respectivamente, dictados por Horacio Cerutti �hasta donde se puede saber del mismo libro- entre 1981 y 1995, la vasta mayor�a de ellos de la primera mitad de los a�os 1990. No obstante que los trabajos individuales que componen el libro hayan sido elaborados en circunstancias y por motivos muy diversos, el autor detecta en ellos una preocupaci�n intelectual recurrente que le parece justificar su compilaci�n en un libro y bajo un t�tulo que invoca, ciertamente, tanto el compromiso del autor con la causa de su quehacer intelectual como el hecho de que de un recorrido se trata, precisamente, a trav�s del tiempo de este quehacer; no obstante que su publicaci�n sea, como �l dice, el fruto de su amistad con el titular de la facultad de filosof�a que lo edita, o sea, se deba a una situaci�n m�s bien circunstancial que dictada por el mismo desarrollo de un tema espec�fico.

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Philosophia ancilla politicorum?
Reflexiones sobre la filosof�a nuestroamericanista de Horacio Cerutti

Resumen y a manera de pre�mbulo



Este escrito hay que leerlo como la segunda parte de la discusi�n del libro Memoria Comprometida del Dr. Horacio Cerutti Guldberg; la primera parte consiste de un resumen de la propuesta de su autor. Esta propuesta, en lo que aqu� nos concierne, consiste en sugerir la gesti�n de una filosof�a nuestroamericanista al servicio de un proyecto regional (geocultural) de emancipaci�n cuya funci�n consistir�a en pensar la (nuestra) realidad cr�ticamente. La metodolog�a propuesta es la reconstrucci�n racional historiogr�fica de las ideas latinoamericanas a manera de ensayo (m�s bien que de la reflexi�n sistem�tica). Lo que debe evitarse es adoptar ciegamente modelos ajenos, pues la adopci�n de los modelos impide aprender de y aprehender la realidad latinoamericana. En este escrito pretendo ahora se�alar algunos problemas de principio que el proyecto parece tener, tal como lo describe Cerutti. Intentar� hacer ver tambi�n que el discurso de Cerutti encierra inconsistencias serias que finalmente, afectan inclusive su propio proyecto, a�n si se interpreta en el sentido m�s favorable posible. Por motivos de espacio y tiempo, entre otros, este trabajo no puede m�s que insinuar y se�alar los problemas a guisa de ejemplo.

La existencia de Dios y otras preguntas extra�as
un breve art�culo para "El caf� de enfrente"

El primer p�rrafo:



Parece que me aproximo asint�ticamente a un silencio plat�nico; tanto m�s claras me parecen las cosas, tanto m�s dif�cil encuentro palabras para expresar tal claridad. Antes de caer en silencio total (al menos sobre este tema) quiero revisitar una aseveraci�n que he defendido (creo) a lo largo de los ocho semestres que dur� mi carrera (hasta ahora): ni la pregunta por la existencia de Dios, ni la respuesta a ella tienen sentido; aunque mi argumento ha variado � qu� es precisamente mi motivo para revisitar el tema, que en lo dem�s me parece ocioso.

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Dios y las preguntas extra�as, segunda parte
un breve art�culo para "El caf� de enfrente"

...unas palabras previas...



Los fil�sofos hoy en d�a, a�n sin ser declaradamente wittgensteinianos o heideggerianos, generalmente asumen las consecuencias del �giro ling��stico� en la filosof�a que es caracterizado m�s t�picamente por las filosof�as de Heidegger y Wittgenstein. Esto no quiere decir, que lo aceptan sin protestar. Por ejemplo, Habermas no suscribe lo que llama la �hostilidad a la teor�a� en la filosof�a de Wittgenstein, pero declara, por otro lado, con toda naturalidad en medio de un an�lisis sobre �las ra�ces de la racionalidad� en una frase que suena netamente wittgensteiniana: �pertenece a la gram�tica de la expresi�n �saber� que todo lo que sabemos puede ser criticado y justificado.� o a�n m�s expl�cito: �En las sociedades post-tradicionales, o en las condiciones del pensar post-metaf�sico, es v�lido, desde la postura de una tercera persona � que todo saber (tambi�n es parte de la gram�tica de esta palabra) es falible...� [Tomo estos pasajes de �Rationalit�t der Verst�ndigung. Sprechakttheoretische Erl�uterungen zum Begriff der kommunikativen Rationalit�t. Herbert Schn�delbach zum 60. Geburtstag� en Wahrheit und Rechtfertigung, Suhrkamp, Frankfurt, 1999, p. 107]. No todos los fil�sofos contempor�neos importantes asumen el giro ling��stico en este sentido. De los que s� lo hacen ser�an, adem�s de Habermas, por ejemplo, Apel, pero tambi�n Quine, Davidson, Rorty, Taylor y el Putnam pragm�tico; de los segundos, s�lo a guisa de ejemplo, Kripke, Fodor, Dennett, Churchland y el Putnam funcionalista. Pero lo que separa un grupo del otro es una cuesti�n de grados; ninguno de estos fil�sofos simplemente ignora el giro ling��stico, sino ellos reaccionan ante �l de diferente manera. La primera parte de mis reflexiones sobre las dificultades alrededor de la pregunta ��hay Dios?� dialoga con una postura que claramente no asume el giro ling��stico de esta manera; supongo ah� simplemente que, qui�n conf�a en un sentido irrestricto de semejante pregunta y su posibilidad de contestarla de una vez para todas, lo hace porque no se le ha ocurrido ver esto como problem�tico. La postura reflexiva de la que parto, en otras palabras, es la que naturalmente tenemos como hijos de la modernidad, y no ser� f�cil desprendernos de estos supuestos; espero, sin embargo, que estas contribuciones adquieran con el tiempo un significado menos restringido.

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