
Cambios a la llegada de Nirvana a la famaAcaso a Kurt Cobain le debamos las últimas chispas de rock del siglo. Decir "de la década" es poco. Y para peor, todavía no sabemos si asegurar que en el 2000, pueda aparecer un nuevo mesías-mártir del rock como resultó ser el líder de Nirvana recién empezada la década. Después de que Nevermind (1991) alcanzó el primer puesto del chart yanqui en enero del 92, nada volvió a ser igual en el rock. Nada: ni el mercado, ni la evolución musical, ni la ideología rebelde. La industria del rock publicitó un nuevo nicho, "el rock alternativo", donde figuraba todo lo que no fuera Guns & Roses, U2 o Michael Jackson, quienes entonces pasaron a formar parte de lo que se llama, ya popularmente, "Mainstream". Con el video de "Smells like teen spirit" MTV terminó de transformarse en un medio de difusión insoslayable para cualquier banda de proyección internacional. Así, gracias a Nirvana, grupazos hasta entonces catalogados "indie" (independientes) o "under" como los yanquis Sonic Youth, Dinosaur Jr., Butthole Surfers, Pixies, The Breeders, Pavement y otros vieron la luz. Lástima que, en realidad, tanta novedad desembocó en un género que de "alternativo" tuvo poco como el "Grunge" (¿alguien se acuerda de Spin Doctors hoy?), o de cómo las camisas leñadoras y los jeans rotos terminaron tanto en la vidriera de MTV como en los desfiles de Levi's, mientras la obra de Black Sabbath devenía manual de ingreso. Pero Nirvana atesoraba lo que ni Pearl Jam ni Alice in Chains ni Soundgarden ni Smashing Pumkins podían exhibir: un Kurt Cobain. El chico suburbano de clase media que sufría de narcolepsia (tradúzcase: desmayos súbitos) no sólo se atrevió a exhibir su lado femenino. Cuando decidió poner en tapa un bebé nadando hacia un anzuelo con dólares, declaraba indirectamente que el "incesticidio" (otro de sus títulos) de nacer no se curaba nunca. Vivir era una fatalidad. No en vano, su último disco en estudio se llamó In Utero (1994). No en vano, cuando ya no pudo conformarse con el paraíso falso de la heroína, acabó suicidándose. Los que fuimos testigos del caos eléctrico que fue su show en Vélez Sársfield, supimos enseguida que Nirvana no era un grupo retro más. Esa gente rockeaba como si fuera la primera y la última vez. Corazón pop en combustión metálica, cada una de sus canciones sonaba terminal. Y esa voz. Cobain fue, más que vocero, el vocalista de su generación: todo el palabrerío sobre la apatía apolítica de la Generación X quedó resumido en ese ronquido en que se oía "I don't mind" (No me importa). Sí, fue el Lennon de los 90: pero como si su carrera hubiera empezado y terminado con Plastic Ono Band. Es decir, con un grito primal (lo primero que le devuelve un bebé al mundo). El 5 de abril de 1994, cuando lo encontraron muerto, fue el fin para el último gran gesto romántico del rock entendido como contracultura. Ser a la vez un punk en contra del sistema y un millonario era una contradicción que alimentaba el cinismo indefectiblemente. Cobain ya lo sabía. Había vivido su carrera como una fatalidad. Y también su vida, como aquel bebé de Nevermind. "A Divididos alguna vez nos pasó algo parecido, cuando desde Mauro Viale hasta algunos actos políticos empezaron a utilizar ¿Qué Ves? Cuando el hit se vuelve en contra del autor''
Por Ricardo Mollo


Tributo
a
Kurt Cobain
