El rap meloso de Puff Daddy & The Family y Bone Thugs-N-Harmony, el pop McDonnald´s de Spice Girls y Hanson, el "cantautorismo" afectado de Jewel, el tecno-rock made in Prodigy: esta semana, este año, en los ránkings ya todo parece como si Nirvana no hubiera existido nunca. En cualquier momento reinciden Michael Jackson o los Guns N´ Roses y el paisaje es aquél de 1991 antes de que el insuperable Nevermind los removiera de la cima. Sin embrago, el síntoma es otro: el rock de guitarra-bajo-batería con riff duro, acordes poderosos y grito, en los Estados Unidos, ya no convence a las mismas masas que alguna vez fueron grunge.
A la vista de los destinos mediocres de la "movida de Seattle" y el presente intrascendente post-Nirvana de Grohl y Novoselic, hoy ya estamos en condiciones de afirmar, señores, que el grunge no valió la pena más que por Nirvana, y Nirvana, sólo fue Kurt Cobain...

"Cobain encarnó excepcionalmente la bronca y la desesperación que sufre la juventud blanca occidental en el momento de luchar para pasar de la adolescencia a la adultez en sociedades que no cuentan con los rituales adecuados. Y es una ironía que mucha gente joven les pida ayuda religiosamente a las estrellas de rock, justamente aquellos a los que después se les hace difícil sacarse de encima las actitudes adolescentes que los llevaron a la fama."
Así explicaba el inglés Jon Savage el éxito global del himno "Smells like teen spirit" (atentos: a fin de mes se reeditan seis simples de Nirvana en formato caja de luxe). Nadie fue suficientemente creíble después del suicidio de Cobain. De la generación norteamericana de hijos de padres que se separaron en los 70, ninguno lo emuló ni un poquito, y no es por poner a funcionar un sufrimientómetro para ver quien llora mejor, pero... Beck se conforma con su papel de esteta irónico, el Pearl Jam Eddie Vedder es un Bono de bonus para los X, Billy Corgan (Smashing Pumpkins) se apoltrona como un neurótico egocéntrico y Marilyn Manson sabe cómo vender sus escándalos. A su modo, todos son unos narcisistas. El "mirá cómo sufro" nunca le calzó a Cobain, siempre más cerca de un "mirame y no me toques" que de otra cosa.

¿Cuál era la clave en la personalidad Cobain? La narcolepsia: esos minutos de estar desmayado, fuera del mundo, en pleno estado de nirvana, como "in utero". Se nos iba a cada minuto. Su vida, o por lo menos lo que él hizo público de ella, alternaba entre la muerte en vida de la heroína y las formalidades de la familia o la burocracia de una típica carrera de rock.
Doble vida digital: vivó entre el 0 y el 1, entre el off y el on todo el tiempo. Hasta que se mató... Llevó su vulnerabilidad al poder. Nunca en plan exhibicionista: era demasiado autodestructivo para eso. Se quejaba de la mayoría de su público homofóbico, misógino y machista al punto de prohibirles el acceso a su disco Incesticide en unas líneas que él mismo escribió. Habría que ver. Por ahí son ellos mismos los que ahora prefieren ver en unos rappers mafiosos con gusto por el lujo a unos suplentes para el líder de Nirvana.
Aquel bonzo para la apatía de una generación, la X, que -¡cómo pasa el tiempo!- parece haber terminado junto con él.


Por Pablo Schanton

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Tributo a
Kurt Cobain

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