“¡Créate!”, grite, y las vibraciones de sonido se agruparon en silabas y las silabas en palabras y las palabras en David. David sonrió, pues así lo quiso el destino de las palabras, y me dijo: “No me hagas tan solo de palabras, no me gusta la gramática. Dame mente y manos y una pluma, para que pueda crear y ser como tu”. Entonces, le di manos finas y gráciles, que vacilaban con la pluma entre sus dedos. Como David sentía con toda sensibilidad, rió a carcajadas. “Aquí tienes, David. Ningún regalo puede superar la deliciosa realidad de sentir y reír”. Y David escribió sobre su vació: “Aquí esta mi pelo, rubio y rizo y muy gracioso”. “Te gusta reír?” Le pregunte. “Me encanta”. Sonrió y resumió con su arte. “Y tengo la cara redonda y blanca. Y los ojos grandes y oscuros, para que quepa mucho”. “Se te olvida algo”. “¿Qué?” Me pregunto casi indignado. “Pues, tu ropita, David. Necesitas una camisa y unos pantalones…”. “¿La camisa puede tener una estrella verde?” Me interrumpió emocionándose. “Lo que tu quieras”. Le conteste. Cuando termino su creación, me miro con ojos como mares profundos y negros, esperando con tanta inocencia, que haría con el en los próximos segundos de su vida. Le dije: “No me gustan tus ojos”. Tome nuevamente el bolígrafo y le escribí un alma de niño y David vivió. Entonces, me preocupe, con unas ansias terribles, que me acorralaban la mente. Busque en un diccionario, esperando calmar los nervios pesados de haber creado un ser, que vive y piensa y necesita. Cerré mis ojos, y frenéticamente rebusque las páginas de un diccionario. Mi dedo se detuvo en una pagina y bajo el, leí. La palabra se escapo de mis labios: Letárgico. Inmediatamente me cubrí la boca, mordiéndome las palabras. David me miro y se rió de mí. “No me llenes de palabras grandes. Yo solo quiero ser y sentir contigo. Llévame a un lugar en donde pueda aprender y reír para siempre.” Mis pensamientos lo llevaron a un lugar lleno de palabras como árboles, flores, aves, bosque. Un lugar lleno de cielo azul y frutas y cerezas y animales. Palabras que se repetían en verdes y rojos y rosados y amarillos. David Corrió, Abriendo sus manos para agarrar las hojas de la abundante vegetación Salpico El agua que vibraba en los ríos, y bailaban entre sus piecitos los peces multicolores que pintaban el agua con sus agallas. También, David se Acostó Bajo el árbol grande de flores violetas, azules y rosadas, que llovían sus pétalos sobre su nariz y le hacían Estornudar. Entonces, se paro de un brinco y me pregunto, aguantándose una sonrisa, “¿Por que me hiciste hacer eso?” “Para que ciertas palabras no entren dentro de ti”. David miro hacia su alrededor y con una cara dudosa, me pregunto: “¿Que palabras? ¡Todo aquí es bueno!” Cruzo sus manos, seguro de que había ganado la discusión. “Hay palabras que tu no puedes ver, pero que se cuelan entre pensamientos y silabas escondidas” David me miro asustado. “¿Que palabras?” “Te las cuento otro día, pero ahora, vamos a descansar”. Pero no le conteste, pues decirlas seria contaminarlo. Al otro día, al acercarme a la página, recordé que David no había dormido en toda la noche. Se me había olvidado escribirle que duerma. Recorrí el bosque y cruce el rió, pero no encontraba al niño. Entonces se me ocurrió, que lo había dejado bajo el árbol de flores violetas, azules y rozadas, pero cuando llegue a la loma donde se encontraba, me invadió una tristeza pesada. David no estaba. Tampoco estaba el árbol de flores que yo había sembrado en letras. Solo existía en su lugar, parte del tallo, reducido a dos pies sobre la tierra. Mire hacia el borde de la página, que era el horizonte, y casi en su fin, vi humo elevándose desde los árboles. Corrí, temiendo que David haya encontrado una palabra prohibida. Me detuve al encontrar su origen: una chimenea que salía de una Casa Compuesta por Madera Barro Y Piedra. Toque en la puerta y de ella salio David, pero, no realmente. Era un joven, como de 12 años y en sus manos había un Hacha. “David…” Le pregunte, tragándome el desconsuelo. “¿En donde encontraste todas estas palabras?” Y el me contesto: “Las cree yo. Combine letras y sonidos que me habías regalado y de ellas forme nuevas combinaciones”. “Ay, David. Pero aquellas yo no las cree. Nunca fue mi intención que…mataras a uno de los árboles que yo te regalé”. “¿Que es matar?” Me pregunto. Fue mi primer error. Había escuchado una de las palabras prohibidas y ahora era parte de el. Lagrimas brotaron de mi alma y fueron cayendo sobre la hoja de papel. Desde entonces, no dejaba de llover. Aquella noche, no pude dormir y supongo que el tampoco. Fui a visitarlo muy tarde en la noche y lo encontré sentado en su balcón, meciéndose en un sillón de madera. Tenía ollas y baldones por todo el piso, para que las gotas de lluvia no mojaran su casa. Cuando me vio llegar, su rostro se ilumino de repente con una luz que alumbro todas las nubes y por un instante, pareció dejar de llover. Corrió hacia mi, empapándose de lluvia y me dijo: “Entra a mi casa, te tengo una sorpresa”. Camine un poco tímida hacia la creación de David, temiendo lo que iba a encontrar dentro de su cabaña. David abrió la puerta y goteo agua por todo su piso. Dentro de la casa, había tan solo una estufa, un comedor pequeño y una cama; no tenía necesidad de algo más. David se agacho empezó a rebuscar debajo de su cama. “¡Aja! Lo encontré”. Me entrego una hoja, con algo escrito sobre ella. Leía: “Goternavirusas”. No entendí lo que significaba. El, fijándose en mi indiferencia, me aclaro: “Son flores”. Me miro con ojos satisfechos y continuo: “Es para agradecerte por las lluvias. Nunca había escuchado ni sentido algo tan maravilloso. No tengo nada de mi para darte, pero si te puedo regalar tus letras. ¿Te gustan?” “Son hermosas”. Le conteste. “Yo también tengo un regalo para ti, David”. David sonrió “¿Qué es?” Le escribí sobre el cielo, “Amanecer”, y los dos nos sentamos en el balcón para saludar el Sol. Desde entonces, nos dedicamos a regalar palabras. Aquella tarde, entre a la casa de David y decidí rebuscar debajo de su cama. “¿No te molesta, verdad, David?” “No, adelante. Te va a gustar todo lo que encuentres”. Al curiosear, encontré varias goternavirusas y algunas nueces. Continué sintiendo y me hinqué el dedo en algo largo y afilado. Al sacarlo descubrí que era una flecha. Mas adentro, había un arco. Me pregunte como es posible que David tenga la ingenuidad de crear esta arma y decidí llevarlo al bosque para examinarlo. Cuando me vire para invitarlo, ya no era mi David. Era un joven de 18 años. Mis palabras ya lo habían alimentado lo suficiente. Ya no era un niño y le tuve que escribir un alma de hombre. Me miro algo confundido: “¿Estas bien?” Le conteste: “Por supuesto. Hoy vamos a cazar”. Salimos al área mas espesa del bosque, en una página llena de descripciones como: densa, poblada, rígida, interesante, secreto, oscuro, verde, espinoso, lodoso, grande, extraña, callada...David observaba el verde con ojos intensos, su arca y flecha en mano, esperando a que podría matar. Entonces decidí crearle dos animales: un conejo de tamaño mediano, pero muy tierno; y un venado, grande y manso, reposando con sus crías. Le pregunte: “Dime, David, ¿cual mataras; el conejo o el venado?” David, sin mirarme, contesto: “El que me llene mas” y soltó la flecha, partiendo el venado en pétalos de sangre. Pero realmente, aquella flecha me desmembró mi corazón, pues había asesinado una criatura que era parte mía. La maldad había entrado en el bosque y me llene de muerte. Desde entonces, no pude escribir más. Y cuanto buscaba a David en el bosque, no aparecía. No se si tal vez, ha cambiado de tal manera que ya no lo puedo reconocer; o si se ha confundido entre los personajes secundarios de otros cuentos. Solo se que David me ha matado. Que ya no soy ni vida ni mente en su mundo. Tan solo soy el ente ficción de un cuento vivo; que permanece nada más que en el titulo del autor, ser que realmente no existe. Pero… Realmente… no me gustan los finales tristes. Y los personajes no desaparecen así por que si. Busque en su casa, esperando encontrar algún rastro de mi querido David. Me arrodille junto a la cama y comencé a rebuscar debajo de ella. Entonces, encontré…una misiva. Dice: ______________________________________________________________ Querida, Tuve que ir a la cuidad. Primero, visitare la cuidad de Macondo, para hacerme famoso. Luego visitare a Paris, en donde se desenvuelven todas las novelas de amor. Regresare al bosque, tan pronto encuentre la felicidad. Te veré pronto. David ________________________________________________________________________ Por suerte, no había escrito nada sobre Macondo ni Paris. David regreso tan pronto llego hasta el borde de la pagina y me encontró sentada en su cama, leyendo su escrito. Al verlo, corrí a abrasarlo, pero lo sentí un poco rígido. “¿Qué te pasa, David?” Le pregunte al hombre. “Es que…no encontré la felicidad…y parece que nunca la hallare”. “Pues, me dejas ayudarte, David. Yo se en donde se encuentra”. David se desespero “Dime en donde se encuentra y yo la buscare”. “No, David” me reí, “Te la tengo que regalar. Es una palabra”. “Adelante”. Me dijo con sus brazos cruzados. Pensé por un momento. “Hmm…es transjuvenizacion”. “Imposible. Esa palabra no existe”. “Solo cree en mi, David. Las goternavirusas no existen…pero mira cuanto me han deleitado”. Le enseñe la hoja que el me había regalado. Y al mirarla, sonrió y me dijo, “Escribe sobre mí aquella palabra” y así hice. “Transjuvenizacion”. En un instante, se disolvió el hombre y encontré a mi amado David. Mi amigo, salto en mis brazos y salimos abrazados a la lluvia para jugar y bailar y ser felices para siempre. Entonces, David, me escribió un alma de niño… Y yo viví.